Monday, July 23, 2018

LIBERALES Y LIBERTARIOS


Alberto Mansueti
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“Liberales y libertarios, que hasta ahora tenían limitado acceso a los medios, hoy reciben atención; pero a la mayoría de los televidentes y lectores no queda claro qué diferencia a estas dos posiciones”. Así comienza el economista argentino Adrián Ravier su excelente nota informativa en el portal “Infobae”, 19 de enero de 2018, titulada “Liberales versus libertarios”.

El kirchnerismo fracasó; pero el macrismo no ha tenido éxito, apunta, lo cual abre una saludable ventana para otras posiciones. Liberales y libertarios opinan en radio, televisión y prensa escrita, dejando ver al público muchas fuertes discrepancias, hasta hoy confinadas en las redes sociales, testigos minoritarios de sus agrias discusiones. Agrego de mi parte que igual pasa con tiendas de izquierda, como el trotskismo, que se ve hoy en las calles y avenidas, cortando el tránsito con sus “piquetes” y “acampadas”; y que desde el año 2012, el nacionalismo católico cuenta con TLV1, canal televisivo que se ve por Internet, en Argentina y otros países de la región.


De entrada, Ravier aclara una confusión: en EE.UU., “liberal” (en inglés con acento en la “i”), significa “de izquierda”, ya que los socialistas se robaron el término para ellos. Por eso muchos conservadores (“conservatives”) pro libre mercado, como el Dr. Ron Paul, prefieren llamarse “libertarians”, dado que la mayor parte de la derecha republicana es proteccionista en la economía y pro guerra en la política exterior, y la expresión “classical liberalism” es demasiado académica.

En cambio en español, la voz “libertario” identifica al anarquismo, desde tiempos remotos, que es una política alineada con las izquierdas. Por eso los “anarco-capitalistas”, y muchos ateos beligerantes, se hacen llamar “libertarios” (también en EE.UU.). Pero el término “liberal” (en español), nos identifica a los liberales clásicos, en el sentido europeo continental de la expresión, o sea en pro de los gobiernos limitados, mercados libres, y propiedad privada.

¿”Por qué es importante llamar la atención” sobre estas diferencias? se pregunta Ravier. Porque se requiere imperiosamente discutir fría y racionalmente el tamaño, las funciones y el gasto del Estado, y la carga tributaria, a fin de reducirlas.

Pero los “libertarios” anarquistas no ayudan, con sus gritos destemplados, para abolir el Estado y los impuestos (“todo impuesto es un robo”). Y además, porque para estas tareas se requiere de políticos realmente liberales y comprometidos con el cambio de sistema (no Macri), munidos de un programa sensato y atractivo de reformas, para ofrecer en la etapa de transición, al estilo de los países post-comunistas. Los anarquistas gritando “¡todo político es un criminal!” no ayudan, dice Ravier, con razón.

Agrego: tampoco ayudan los “libertarios” ateos incoherentes, enemigos de la religión y negadores de la existencia de Dios; pero que se pasan todo el tiempo hablando de religión y de Dios, relegando los temas de la economía y la política a muy segundos y terceros planos, y agrediendo o molestando a los creyentes. Y acusando de “conservadores”, con desprecio, a toda persona, sea o no religiosa, que se opone a la “ideología de género” y a la Agenda LGBTI.

Hasta aquí, mis lectores tienen los elementos para entender la posición de los liberales clásicos, recibiendo fuego a mansalva, como siempre de parte de los mercantilistas y las izquierdas (que para colmo, ahora muchos se disfrazan de “Neo” liberales y de “socio-liberales” respectivamente); y hoy en día, de parte también de “libertarios” anarquistas y ateos combativos. A todos los ataques se agregan últimamente las invectivas contra la democracia liberal y la inmigración, de parte de muy confundidos “millenials”, asumiendo posturas “Neo-nazis” o filonazis, creyendo así “desmarcarse del sistema”.

La comunicación (ya no digamos “diálogo”) con los libertarios anarquistas es imposible, por su grado eminente de irracionalidad: son como “autistas políticos”, y ciegos a toda evidencia, no quieren ver que el capitalismo es absolutamente incompatible con el anarquismo; en este punto Ayn Rand tenía razón.

Con los ateos es diferente; es posible la comunicación racional, e incluso el diálogo, y hasta la cooperación con ateos conservadores, que los hay muchos. Pero aquí dejo a Ravier, y voy por auxilio a Gabriel Zanotti, otro de mis maestros. “La verdad os hará liberales”, tituló en su Blog “Filosofía para mí”, 9 de julio de 2017, un excelente resumen sobre el debate, que viene oyendo desde hace 43 años, dice. (Detalles en su “Hacia un liberalismo clásico como defensa de la intimidad personal”, 2005.)

Da en el clavo, y rotundamente: a ciertos “libertarios” les fastidia escuchar que hay verdades morales objetivas y absolutas, porque asumen que eso es abrir la puerta al totalitarismo, para imponerlas por la fuerza. No lo ven, pero es precisamente al revés, nos explica Zanotti: afirmar verdades tales como el inviolable derecho moral a la intimidad personal, es el único modo de cerrar al totalitarismo las puertas, hablando filosóficamente (no políticamente; claro está, para eso es un partido político).

El liberalismo político, sostiene, es “un intento de limitar el poder de las autoridades políticas contra el abuso del poder”. Nombra aquí a Juan de Mariana, Francisco de Vitoria, John Locke, Montesquieu, Tocqueville, “los papeles del Federalista”, Lord Acton, Mises, Hayek, y dice que la lista es más larga. Pero, ¿con cuál fundamento? Pues hay “tres grandes corrientes”, escribe; y las resume así:

(1) Para Popper, Mises, Hayek, es “la limitación del conocimiento” la clave de la sociedad libre, y califica de “Neo Kantiana” a esta postura. (2) Con sus diferencias, Rand, Rothbard y Hoppe, plantean el eje central en la “propiedad del propio cuerpo", y por eso “la moral se concentra en el principio de no agresión”. (3) La tercera, iusnaturalista tomista. Menciona a “Hooker, Locke, Tocqueville, Constant, Burke, Acton, Lacordaire, Montalembert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, Maritain, Novak, y los actuales Sirico y Samuel Gregg”; y agregaría Ratzinger, lista Zanotti.

Si no le entiendo mal (la filosofía no es mi campo), y aún a riesgo de simplificar, creo que puso el dedo en la llaga. Creo que por ahí pasa la “brecha” (usando yo una palabra de moda en Argentina) entre los liberales y libertarios. Y el problema es Kant, “criminal filosófico” según Ayn Rand, otro punto en que tuvo razón.

Sostengo que con su escepticismo malvado, Kant degolló a Occidente, al negarle la posibilidad de afirmar verdades, y defenderse así de los totalitarismos. Por eso el liberalismo “kantista” fracasó; y de ese lamentable fracaso, surgen todos los “libertarianismos”, que Zanotti agrupa en su “segunda corriente” (que llama, con ciertas reservas, “Neo aristotélica”). Pero que tampoco sirven como dique eficaz, para nada.

El utilitarismo economicista tampoco funciona, mucho menos el “gradualismo” cobarde; y esto se ve a diario, por todos lados, digo de mi parte. Hay que buscar entonces una base ética, menos endeble que las otras dos, mucho más sólida, y es por los lados del cristianismo clásico; Zanotti tiene plena razón, su ejemplo es para seguirse… Hasta aquí yo, por ahora, ¡ya se me terminó el espacio otra vez!
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