Monday, July 16, 2018

EL SUEÑO DEL PODER


Alberto Mansueti
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“Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando.”

Así comienza el monólogo más famoso del teatro clásico español, en “La vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), en el Siglo de Oro. Son líneas del personaje principal, Segismundo, hijo de Basilio, Rey de Polonia, al final del primer acto.

En América Latina estrenamos Presidentes nuevos en Colombia y México, Iván Duque y Andrés Manuel López Obrador, de la derecha mala y la izquierda dura respectivamente. La gente se dice: “¿Qué decisiones va a tomar el nuevo Presidente, cuál será el rumbo que escoja, qué políticas va a seguir?” Se parte de un supuesto falso: que el nuevo Presidente tiene amplio margen para tomar decisiones, escoger el rumbo A, B o X, seguir las políticas tales o las cuales.

 
Se supone que el Presidente tiene “el poder”, para escoger y decidir dentro de un amplio margen de libertad. Pero no es así. El margen para sus decisiones es sumamente estrecho, porque el estatismo es un férreo sistema, impuesto como camisa de fuerza, sobre gobernados y gobernantes por igual. Los Presidentes no son muy amigos del capitalismo de libre mercado; pero aún si lo fueran, es un rumbo que no podrían tomar, aunque quisieran. El estatismo, “el sistema”, no les da espacio para eso; sólo tienen un camino: intervencionismo, dirigismo, centralismo y controlismo gubernamental.

Ese sistema se ha venido diseñando e implementando desde hace mucho tiempo, más de 50 años, casi 100, en todos los países de América latina; a través de normas constitucionales, de leyes, decretos y sentencias judiciales. Como si fuera poco, toda la cultura política lo avala y legitima, y los principales actores sociales y políticos comparten y defienden sus principios, reglas y valores. Es un sistema que excluye las libertades para las personas y las entidades privadas, puesto que todos dependemos del Estado, pero que irónicamente también les ata las manos a los Presidentes y Ministros. Y como bien explica la Psicología, la “dependencia” crea “adicción”.

El sistema nos tiene a todos sometidos. El XIX fue “el siglo del liberalismo”: se partía del supuesto que las empresas, y las entidades educativas, médicas y de asistencia social debían ser instituciones privadas, y manejarse con entera libertad. Tras la Primera Guerra Mundial (1914-18) esto cambió muy drásticamente; se adoptó la premisa contraria: deben ser regidas por “el Estado”, como propietario de ellas, o en todo caso dirigidas y controladas por el Estado como ductor y gerente, si son privadas, porque la libertad genera caos, desorden, monopolios y otras injusticias y abusos.

El estatismo se define con la palabra “sometimiento”. Es el sistema por el cual los Gobiernos someten a las personas y entidades privadas, y se arrogan el poder de dirigirlas y controlarlas, asumiendo que es para el bien de toda la sociedad, y de ellas mismas. ¿De donde sale esta definición? ¿Algún Tratado de Sociología, Derecho o Economía? No; es del propio Jesucristo. Con otras palabras, está en los tres Evangelios “sinópticos” (paralelos); Mateo 20:25, Marcos 10:42, y Lucas 22:25.

Hasta los propios Presidentes quedan entrampados en el sistema, y terminan limitados en su capacidad de acción, y sometidos al “status quo”. Por eso su “poder” es un sueño, como anticipó hace 400 años el profeta Calderón de la Barca. Y ese no es el mayor problema; sino que el sueño termina en pesadilla, siendo el estatismo causa de todos los grandes males del siglo XX, como crisis y recesiones económicas, guerras por doquier, ignorancia y pobreza.

Si Jesucristo o Calderón no le parecen a Ud. confiables, puede consultar libros de muchos buenos sociólogos, juristas y economistas; incluso algunos que no son liberales, como por ejemplo “La sociedad bloqueada”, del sociólogo francés Michel Crozier, 1970. Asume una defensa de la revuelta de mayo del ‘68 en París, como protesta contra una sociedad “bloqueada”, o sea encadenada, incapaz de resolver conflictos y progresar.

De los autores liberales, Friedrich Hayek muestra cómo paso a paso llegamos a esto en “Camino a la servidumbre”, 1944, que podría llamarse “Camino al sometimiento”. Su profesor Ludwig von Mises, en “La burocracia”, de ese mismo año, retrata al burócrata, tres veces peores que el político: por tener en sus manos las riendas efectivas del poder; por no dar la cara; y porque no es transitorio como el político sino permanente. Y otro Premio Nobel de la Economía, Milton Friedman, en “La Tiranía del Status Quo”, 1983, explica que aún a gobernantes como Thatcher y Reagan, el sistema no les deja demasiado terreno para que puedan avanzar.

No se haga ilusiones con los nuevos Presidentes. No mucho pueden hacer para bien. Están atados por una cadena, que tiene muchos eslabones; entre otros, estos siete:

(1) “Las leyes malas”, que describo en mi libro con ese título; (2) los otros poderes del Estado, más allá del “Ejecutivo”: Congreso, tribunales, y poderes locales, regionales y municipales. Y toda la gama de los “poderes fácticos”: (3) la todopoderosa burocracia; (4) la prensa y las iglesias, que junto con maestros y profesores, hacen el aparato de adoctrinamiento cultural; (5) la enredada maraña de los “intereses especiales”, y sus variopintos grupos de presión, empresariales, ideológicos, gremiales y profesionales, buscando conservar o aumentar subsidios, prebendas y privilegios; (6) las fuerzas, partidos y caudillos de oposición, que buscan ponerle palos en la rueda, y lanzar piedras desde varios frentes, temas y ángulos de disparo. (7) El mundo: el estatismo “global” de la ONU y sus más de 100 “agencias” internacionales, las fábricas mundiales de leyes malas; por aquí este eslabón se encadena con el primero, y así se cierra este círculo vicioso e infernal.

“Sueña el Presidente que es Presidente”, nos diría hoy el poeta Calderón, “y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando.”

Esta cadena no cambia, así cambien los Presidentes. Sólo pueden andar dentro del sistema y a favor, nunca en contra, y menos aún cambiarlo. Si son de izquierdas, con el marxismo cultural además del clásico; y políticas duras, los del Foro de Sao Paulo; o blandas, los del “Comité Latinoamericano” de la Internacional Socialista. Igual si son de “la derecha mala”; pero con tropezones, vacilaciones y caídas, hasta ser derrocados, como Kuczynski, completamente incapaces de cambiar el sistema. Este cuadro político es el mismo en todos los países latinoamericanos. En Argentina por ejemplo, dije hace mucho tiempo que Macri iba a caer, como De la Rúa, o ser forzado a adelantar elecciones, como Alfonsín. Y también que los peronistas volverían en 2019, tal vez con otro caudillo, o con la misma Kristina, si no podían ponerse de acuerdo en otro. Que conste.

Por todas las precedentes razones, nosotros los del Foro Liberal de América Latina, queremos cambiar el sistema, a través de Cinco Reformas. ¿Vamos a poder o no? Eso va a depender de tu apoyo: si lo tenemos o no, si contamos o no contigo para eso. ¡Hasta la próxima!

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