Monday, April 16, 2018

“INJUSTA” DISTRIBUCION DEL INGRESO


REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
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Uno de los problemas más penosos que existe en el mundo es la dispareja distribución del ingreso y la riqueza. Sin embargo, todos los programas que durante años han activado los gobiernos en su combate contra la pobreza, han sido un rotundo fracaso y fuente de monstruosos fraudes de parte de quienes han manejado esos programas. Inclusive, en países como EU que, desde 1964, Johnson iniciara su muy personal batalla con, “the great society”, se han gastado casi 20 trillones de dólares—el monto del PIB— y la pobreza ha permanecido al mismo nivel. Es un hecho que hoy día lo que levanta las más agresivas críticas en la sociedad es la “injusta” distribución de la riqueza. Es claro que tenemos los muy ricos y los muy pobres. Pero la salomónica solución de este problema no es el buscar la matemática igualdad en la distribución de toda la riqueza, quitando a unos para dar a otros.

Nuestra primera protesta frente a esta alternativa es que no ayudaría a la solución del problema, porque aquellos montados en la ola de pobreza son infinitamente superior en número que los ricos, y activando una redistribución total de esa riqueza, los pobres de manera individual recibirían un incremento insignificante. Mientras que los ricos despojados dejarían de producir. Pero aun cuando esta afirmación sea correcta, el argumento no es completo. Quienes exigen igualdad en la distribución del ingreso no toman en cuenta el punto más importante; la riqueza disponible, el total del producto anual del trabajo de una sociedad, no es independiente de la forma en que se distribuye, entonces ¿La distribución es realmente injusta? Pregunto porque ya no estamos en los tiempos en que la riqueza solo se adquiría por herencia, por asalto y robo, por conquista de unos pueblos a otros, y por ello se pensaba que la riqueza eran algo estático y lo que unos adquirían era lo que otros perdían.

El hecho de que este producto de las naciones hoy día sea tan grande no es el resultado de fenómenos naturales ni de una ola de tecnología independiente de todas las condiciones sociales, es el resultado de las instituciones sociales. Solo porque la desigualdad en la riqueza es posible en el orden social, solo porque estimula a todos para a competir produciendo al maximo posible a costos bajos para para luego premiar a los mejores, es que la humanidad hoy día tiene a su disposición esa riqueza anual para su consumo. Pero si este incentivo se destruye, el trabajo, la inversión y productividad se verían reducidas lo mismo que el pastel a repartir, de tal forma que la porción en esa cruzada por la igualdad en el ingreso le daría a cada individuo mucho menos de lo que el pobre recibe en estos momentos.

La desigualdad en la distribución del ingreso tiene también una segunda función: hace posible el lujo y las caprichosas compras de los ricos. Se han escrito y afirmado infinidad de tonterías acerca del lujo faustoso. Los ataques en contra de ese tipo de consumo siempre se han basado en la afirmación de lo injusto de que unos disfruten de gran abundancia mientras otros no pueden satisfacer sus necesidades mas apremiantes. A primera vista este argumento pareciera ser válido. Pero se puede demostrar que ese consumo fastuoso desarrolla un papel crucial en el sistema de cooperación social, y el argumento pierde su validez.

Nuestra defensa del consumo fastuoso no es, sin embargo, el tradicional argumento que constantemente escuchamos de la gran “derrama de dinero entre la gente común”. O el que, “si los ricos no satisficieran sus deseos de indulgencia, el pobre no tendría trabajo ni ingreso”. La afirmación es realmente ridícula en aspectos sociales y económicos. Pero emergen otras como: “si el consumo de lujo no existiera, el capital y el trabajo que se hubieran estado aplicando para producir esos bienes suntuosos; pasaría a ser usado en la producción de artículos de consumo masivo, artículos necesarios en lugar de esos bienes superfluos”. Pero ¿Qué sucede cuando se aplican estas políticas compasivas? Está comprobado que en todos los países que se han implementado los impuestos al lujo, de inmediato el desempleo aumenta y la demanda disminuye. Si cerraran todas las fabricas de autos de lujo (Mercedes, Jaguar, Lexus, Roll Royce, BMW) se perderían millones de empleos en todo el mundo, se perderían consumidores, se perderían ingresos fiscales para el estado.

Pero ¿entendemos el concepto de lujo? Para formarnos esa concepción correcta, primero debemos entender que el concepto es muy relativo. El lujo consiste en una forma de vivir que contrasta con la de las grandes masas en la era que cada uno vive. Entonces, el concepto es esencialmente histórico. Muchas cosas que hoy día para nosotros son necesidades, en otra época eran consideradas lujos. Durante la edad media, una dama aristócrata bizantina que había contraído nupcias con un rico comerciante de Venecia, en lugar de comer usando los dedos, hacía uso de un implemento que hoy día es conocido como tenedor. Los venecianos lo miraban con asombro y como un profano lujo innecesario. Cuando la dama contrajo una penosa enfermedad, todos pensaron era el merecido castigo de dios por esa letal extravagancia antinatural.

Hace unos cien años un baño interior era considerado un lujo, hoy día es una necesidad. A finales del siglo 19 no había automóviles, y hace unos 70 años el tener un automóvil era clara señal de una vida llena de lujos, pero hoy día en países más desarrollados hasta los peones que trabajan en el campo tienen su auto. Este es el curso de la historia económica. El lujo de hoy es la necesidad del mañana. Los avances primero llegan como un lujo de la gente de las clases altas, para que después se conviertan en una necesidad para todos. El consumo faustoso le da a la industria el estímulo de crear e introducir nuevos productos. El emprendedor se dedica a crear necesidades para la gente ¿Quién necesitaba una computadora o un celular hace 30 años?  A todo esto, es que debemos las innovaciones y el progreso por el cual los estándares de vida de todas las esferas de la población han sido mejorados gradualmente.

Es obvio que no hay simpatía por el chamaco rico que se dedica a gozar de todos los placeres de la vida sin trabajar. Y lo más probable es que continuando en el mismo sendero, se convierta en el tipo de parasito que pasan por la vida consumiendo todo sin producir nada. Pero aun un espécimen como este tiene una función en la vida del organismo social. Él siempre está fijando el ejemplo de una vida de lujo que despierta entre la multitud, además de la envidia, su conciencia de nuevas necesidades de algo que ellos esperan tener y para ello deben de trabajar duro, y le da a la industria el incentivo para satisfacerlas. Hubo una época en la cual solamente los ricos se podían dar el lujo de visitar países foráneos. Hoy día, durante los veranos Europa es invadida por cientos de miles de turistas que distan mucho de pertenecer a la clase privilegiada  

Uno de los logros más importantes del liberalismo, fue esa libertad que le daba al hombre que nunca había tenido. Y en los países que lo habían establecido, provocaba cambios radicales abriendo la avenida para, ya no solo tener un lugar en la punta de la pirámide social por motivos de su nacimiento con una posición privilegiada por la riqueza o el alto rango de sus padres, sino que ahora, aquellos que habían trabajado duro y hacían fortuna se ganaban ese lugar en la pirámide por sus propios méritos. Las barreras que antes separaban a los señores de los siervos habían caído. Ahora todos eran ciudadanos con los mismos derechos. Fue el nacimiento de los burgueses, miembros de las clases bajas que hacían fortuna y se ubicaban como los ejemplos a seguir.

El comportamiento en la disparidad del ingreso pasaba a ser el resultado de un mercado verdaderamente libre en el cual se compite, y para aquellos que acuden con los mejores productos y han controlado sus costos, pasan luego a ser calificados por un sistema de precios libres y normalmente se hacen acreedores a un premio que se manifiesta en forma de ganancia, formación de capital y su ruta hacia la prosperidad. Solo el mercado libre puede llevar a cabo una distribución en la cual cada quien reciba lo que merece.  

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