Saturday, April 14, 2018

El vaquero libertario abandona su tierra




RICARDO VALENZUELA
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Era casi el último cuarto del siglo 19, un siglo que estaba dejando profundas huellas en la humanidad en muchos sentidos. Había sido el inicio de los EE. UU. como la primera república independiente del continente americano, el siglo de la independencia de México para luego envolverlo en una guerra interminable, sus dos frustrados imperios y su república tan especial. El desarrollo del sistema político de EE. UU. que, en sus primeros años de vida, como afirmara Tocqueville en su libro, se estaría convirtiendo en la nación más rica y poderosa del mundo. Había sido el siglo en el cual México perdió la mitad de su territorio, primero Texas, cuando declarara su independencia y después fuera aceptada como un estado más que, con las colonias americanas del noreste y las del sureste, formaran los EE. UU. Después llegaría la pérdida de California y Nuevo México, pasando también a formar parte del nuevo país norteamericano para darle esa nueva dimensión que lo llevara a conectar los dos océanos. Fue el siglo en que los EE. UU. mostraran al mundo un sistema político totalmente diferente al de las naciones de Europa, un sistema basado en la libertad, el poder individual, y gobierno pequeño y limitado. Era su manifiesto del destino, consolidando la profecía de Tocqueville en una clara realidad.

Había sido también el siglo en que los norteamericanos se enfrentaran en una guerra atroz y sangrienta, librada entre el norte y sur de los estados agrupados en esta novedosa Unión política. Una guerra que enfrentaría dos ideologías, el poder contra la libertad, el centralismo-estatista contra el individualismo y la autonomía estatal y, con el norte emergiendo como el vencedor, se modificaría de forma radical la plataforma creada por los padres fundadores, la cual había llevado al nuevo país a considerarse el milagro del siglo. Pero, en esa guerra, llevando el norte un objetivo oculto que nada tenía que ver con la abolición de la esclavitud y todo con revocar la autonomía e independencia de los estados miembros, sentaría un peligroso precedente de la actuación de los EE. UU. en el contexto mundial. Esa política ya la había practicado durante su guerra contra México la cual, uno de sus generales participando, Ulises Grant, la calificaría como la agresión más injusta del siglo. Pasaba luego a utilizarla en su guerra contra España, supuestamente para lograr la independencia de Cuba. Pero una política de esa naturaleza aún más cruel y sangrienta sería utilizada en contra de la población indígena del oeste del país. Era el siglo que, un desempleado filósofo alemán, Karl Marx, le diera vida al comunismo para enviar al mundo en una trágica espiral.


En este entorno se desarrollaba una región al norte del continente bautizado como América, que tendría una gran relevancia, no solo a nivel bilateral, sino a nivel mundial. La región que incluye el sur oeste de los EE. UU. y el noroeste de México, en donde se encontraban dos culturas, dos idiomas, dos religiones, dos sistemas políticos, en una época en que los hombres en esa región eran libres, valientes, temerarios, para poder lidiar no solo con los peligros de una naturaleza salvaje, también con una región prácticamente despoblada y sin más ley que la fuerza. Una región en la cual se enfrentarán en feroces batallas americanos contra mexicanos, mexicanos contras franceses, mexicanos contra filibusteros ingleses, pero también contra filibusteros americanos. Una región en donde americanos y mexicanos se enfrentaban a las tribus indígenas más feroces del continente como fueron los apaches, comanches, yaquis, que costara muchos miles de vidas. Una región del mundo en la cual, si los hombres no portaban activos como valor, integridad, honor, palabra, fortaleza ante la adversidad y, sobre todo, un colt 45 en la cintura, su expectativa de vida era realmente corta. Una zona virgen y de grandes conflictos, pero también de grandes oportunidades que atraían todo tipo de caracteres de diferentes partes del mundo.
En esta región emergían ambos países desarrollando, como en ninguna otra parte del mundo, el nuevo concepto conocido como; “Democracia Jacksoniana”. Aun cuando en los EE. UU. en ese siglo 19 la gente, cuando escuchaba la palabra democracia solía pensar en el partido demócrata, se desarrolló un nuevo concepto totalmente diferente al significado de la palabra. Era claro que los padres fundadores habían estructurado el nuevo país como una República y sabemos que no eran grandes admiradores del concepto de esa palabra, democracia. La palabra se empezó a usar en los EE. UU. cuando Alexis de Tocqueville, durante los años de 1830 recorriera el país y como resultado de su experiencia publicara un libro titulado; “Democracia en América”, en donde no hablaba del partido demócrata, sino de lo que sucedía en el nuevo país que tanto lo impresionara. Tal vez eso fue lo que provocó cierta confusión que nos haría pensar EE. UU. era una democracia, pero era la interpretación de este hombre, no la verdadera configuración política del nuevo país. Lo que se llegó a conocer como “Democracia Jacksoniana” fue un concepto libertario que se desarrolló en el marco de un gobierno Republicano, no un atento para cambiar el concepto de república.
La idea central de la “Democracia Jacksoniana”, era una profunda creencia en el auto gobierno emanado de la sociedad civil. Pero también los Jacksonianos pensaban el gobierno se debería de usar en una forma muy amplia, pero totalmente diferente. Esa creencia no pedía por más interferencia del gobierno en asuntos de la sociedad, todo lo contrario. Se referían principalmente a individuos y familias gobernándose ellos mismos, es decir, sociedades administrando sus propios asuntos sin interferencia del gobierno. Creían en la amplitud de una participación popular en el gobierno usando para ello el sufragio, pero no el sufragio universal que sería herencia de los movimientos socialistas mundiales, pero su principal énfasis era liberar a la gente del control opresivo de otros, incluyendo aquellos en el servicio formal al gobierno, para deshacer ese yugo. La Democracia Jacksoniana tuvo sus raíces en el pensamiento de Thomas Jefferson. Él también había pensado en democracia, pero en un concepto diferente y lo explicaba de esta manera:
“La experiencia ha demostrado que para las masas de individuos que componen las sociedades, es más seguro que ellos mismos se reserven rectamente el ejercicio de todos los poderes para actuar en lo que ellos son competentes, y delegar a sus representantes designados el manejo de asuntos en los cuales ellos no tengan esa competencia, y cuando estos no actúen honorablemente, que solamente puedan ser removidos por los mismos que los armaran con esta responsabilidad”. Es decir, ellos pensaban que esos representantes fueran empleados de la gente, y no la gente empleados de esos que conformaran el gobierno.
Los Jacksonianos luchaban para que la gente controlara el gobierno, no para favorecer a grupos especiales, sino para limitarlo, controlarlo y no actuara de esa manera en beneficio de pocos a expensas de todos. Ellos también creían en las sagradas propuestas de la Constitución y el gobierno limitado. El mismo Jackson afirmaba; “Solo hay una regla segura, y es el confinar rígidamente al gobierno en la esfera de sus deberes dictados por la misma Constitución. Vamos respetando nuestra carta magna como ha sido escrita, o enmendarla bajo el amparo de ella misma, si es que la encontramos defectuosa. El mejor gobierno es el que gobierna menos. Porque no hay ningún depositario del poder que pueda ser tan confiable para legislar por el interés general de la sociedad, y operar eficientemente directa o indirectamente el trabajo y la propiedad de la comunidad, que los individuos empoderados y responsables. El principio filosófico de esta democracia debe ser estructurar un sistema de justicia, y dejar la responsabilidad de los negocios e intereses de esa sociedad, a la libre competencia y las asociaciones, al principio de actuar por voluntad propia”.  
Era lo que se había jugado en la guerra civil y los Jacksonianos la perdían. En ese horizonte, un vaquero libertario cruzaba el estado de Texas, en busca de la libertad que en su tierra se había perdido con esa guerra. Un hombre que, a pesar de que, por jugadas del destino, se convirtiera en uno de los ganaderos más importantes de los EU, un empresario exitoso en infinidad de proyectos que desarrollara, socio mayoritario de un banco comercial y de otro banco de inversión, que lo clasificaba como uno de los hombres más ricos y exitosos de esa era, dedicó gran parte de su vida a preservar y engrandecer las ideas económicas y políticas con las que se diera vida a los EU, ideas siempre cuajadas con ese elemento que el tanto amaba, la libertad. Arriesgaría mucho en su cruzada, y sus logros tal vez la historia se encargaría de calificarlos y establecerlos en su propia dimensión. Pero lo que no requería calificación, era la vocación liberal de este vaquero y la de sus hijos y descendientes, que no solo sería vocación, sino una vida entera entregada al principio de libertad.
Un hombre que después de vivir una vida plena, una vida de logros que él, ni en sus más sublimes sueños se podría haber imaginado, llegaba al invierno de la misma para atestiguar la forma en que los dos países que amaba, México y los EU, se hundían en un remolino de guerras, derramamiento de sangre, destrucción, y cómo las fuerzas ocultas que estaban destruyendo lo que en EU habían construido los padres fundadores, que fuera el ejemplo para otros países, para su gente,  y la causa de su prosperidad y su libertad. Pero también, cómo los alfiles de esas fuerzas incrustados en el gobierno de ese país aprovecharon la confusión de la revolución mexicana para tomar control de ella, y dirigir los cambios que ansiosamente esperaban los mexicanos, pero hacia un estadio diferente en el cual el país era empujado hacia el socialismo, la pobreza, y la opresión. Y, como se dice por ahí, la historia la escriben los victoriosos, en ese proceso se encargaron de enlodar el nombre y las acciones de los patriotas que no aceptaron seguir sus mandatos. Finalmente, su decepción al ver cómo en solo la segunda década del siglo 20, ambos países eran cincelados hacia el futuro con ausencia de su libertad. 
Su nombre es Con Vallian, un rudo vaquero que, al darse cuenta de que la gente no aceptaba sus principios libertarios, especialmente el de paz, había decidido no participar en la guerra civil por considerarla un infierno que fuera promovida por los políticos norteños, con el objetivo de cortar las alas liberales que se estaban desarrollando en el sur, con una potencia que no les pareciera a los enemigos de la libertad. Al inicio de la guerra él se había marchado a Japón con uno de sus compañeros de estudios en West Point, Kenny Yamamoto, y había regresado siendo otra persona, cuando ya la guerra estaba terminada, para encontrarse con la gran devastación que se había provocado en el sur del país. Encontraba su estado de Texas invadido por militares del norte, con un gobernador militar tirano impuesto también por los líderes norteños, todos los derechos individuales de la población suspendidos, y una actitud de venganza de parte del norte para destruir totalmente el sur.

Se daba cuenta cómo el gran ideario de los padres fundadores que para él se resumía en una de las frases de Jefferson; “Cuando el gobierno teme al pueblo, hay paz y libertad. Pero cuando el pueblo teme al gobierno, hay tiranía. Estoy a favor de un gobierno que sea vigorosamente frugal, pequeño y sencillo”, se desvanecía ante el asalto del norte. Se daba cuenta el norte activaba su plan para limitar agresivamente la autonomía e independencia de los estados, a favor de un gobierno central poderoso y obeso, todo ello en contra de las ideas que le habían dado vida a la nación. El oeste americano que, siendo una reciente adquisición mediante las agresiones y el despojo a México, era una región despoblada en donde el gobierno todavía no se ocupaba de someter ni oprimir y, por lo cual, la libertad se encontraba, como la hubiera definido Locke; “un estadio en el cual el hombre podía ser totalmente libre en ese esquema de libertad que solo ofrece la naturaleza”.
En el peregrinar de este vaquero con su mirada hacia el oeste, se encuentra con una pareja de pioneros de Filadelfia emigrando al salvaje oeste americano del Siglo XIX. El vaquero, desde el primer momento del encuentro, establece una rara e interesante conexión con ellos, y decide sumarse a su jornada para ayudarles encontrar un pedazo de tierra que el gobierno les había asignado. Durante su trayecto se convierte en su protector, amigo, un modelo para el hijo de la pareja que llegó a idolatrarlo ante los celos del padre, un admirado personaje para el jefe de esta e inclusive, una peligrosa tentación para la mujer, a la que finalmente seduce y se convierten en amantes en lo que dura su peregrinar hasta los límites de Texas—Nuevo Mexico, cuando el vaquero se despide para ir en busca de su destino.
Al ir avanzando, este salvaje vaquero, Mr. Vallian, sorprendentemente se devela como un verdadero libertario para quien el tesoro más preciado era ese; la libertad. Uno de los rasgos de su personalidad más interesantes era su gran independencia, su fortaleza mental y emocional, lo que la gente identificaba como una actitud hostil y antisocial calificándolo de ermitaño, salvaje o egoísta. Sin entender que bajo la apariencia de un hombre rudo, había un ser humano con infinidad de cualidades y virtudes, así como un indomable valor, honestidad, integridad, honor, respeto de su palabra. Sí, era un hombre rudo, pero también era un hombre de su época. Una era en que el oeste americano se abría al mundo con los peligros que ello representaba, y el que no estuviera preparado para hacerlo, no podría sobrevivir. Pero si alguien estaba preparado para una aventura como esa, era Vallian.
Vallian se describía como un hombre que no era “neddy”—es decir, él no necesitaba vejigas para nadar, ni necesitaba de alguien para lograr sus más puros propósitos, y mucho menos, alguien para ser feliz, pues todo eso el consideraba era su responsabilidad y de nadie más, por eso el no esperaba milagros que llegaran a darle solución a todas sus necesidades. Exhibiendo una gran fortaleza de carácter, no requería de los soportes emocionales de parte de otras gentes que luego se convierten, inclusive, en peligrosas adicciones. Tampoco requería de otro tipo de populares estimulantes que se utilizan para eso, para sobrevivir emocionalmente, como relaciones amorosas de codependencia, alcohol, la religión mal entendida, etc. Era pues, la representación de la individualidad siempre rechazando lo que él llamaba, el borreguísimo social.
Durante toda la jornada este hombre magistralmente maneja conceptos desde familia, gobierno, sociedad, amistad y, algo especialmente interesante, la iniciativa del hombre para actuar sin que, como lo describiera, “te anden arreando como al ganado, o seas parte de una mandada siguiendo una ruidosa caponera.” Es decir, hablaba de esa responsabilidad individual para ir en la persecución de tus sueños sin esperar que alguien más, y menos el gobierno, te los hiciera llegar a tu puerta. Dibujaba de forma genial los valores sobre los cuales el oeste americano se estaba desarrollando: “Mind your own business” y deja en paz a tus semejantes y ellos harán lo mismo contigo. “Laissez-Faire” en su rudimentario concepto, pero tal vez lo más puro de un gobierno que gobernara lo menos posible. Para él no había fronteras entre estados o países, y la diferencia entre los seres humanos no era la apariencia física, sino lo que guardan en lo profundo de su humanidad.
Afirmaba Vallian que lo peor que le podía suceder a un hombre, era convertirse en un becerro lepe, es decir, un becerro huérfano sin poder valerse por sí mismo. Porque los becerros lepes (huérfanos) si no aparece otra vaca para amamantarlo, la mayoría de las veces fallece de hambre en medio del monte, es devorado por lobos, pero la minoría que sobrevive es porque eran de un carácter de lucha que se sigue desarrollando a través de su vida, y nunca los abandona. De manera especial manejaba brillantemente la filosofía de un orgulloso y poderoso individualismo, y la verdadera crueldad de lo que tanto predican las iglesias; la compasión mal entendida, arma, según él, que utilizan las religiones para controlar. Exhibía una sana ambición para, a base de su esfuerzo personal y mucho trabajo, llegar a ser propietario de su propio rancho, pero sin esperar “ayuda” del gobierno ni acciones benevolentes de nadie más. Es decir, sus objetivos de vida eran el motor para tomar acción en su lucha para lograrlos. Uno de sus dichos favoritos era: “el que no tiene planes, está siempre planeando su fracaso”.
Una noche, sentados alrededor de la fogata la mujer le pregunta qué pensaba de Ulises Grant. El vaquero responde no conocerlo. La mujer con incredulidad le reclama; “¿cómo es posible que no sepa quién es el presidente del país?” Vallian responde; “¿Por qué habría de saber?” La mujer continúa; “porque es nuestro líder, el que ganó la guerra contra el sur, y está haciendo grandes cosas por nosotros, está ayudando a todos los americanos. El hombre que representa a todos los americanos y camina hacia la grandeza para que lo sigamos. Es el hombre ganó la guerra para que todos pudiéramos vivir en paz”.
Entonces el vaquero revira: “Lo siento señora, pues yo no creo en esas ayudas desinteresadas, siempre que alguien ayuda a otra persona, es porque espera algo a cambio. ¿Qué es lo que ese hombre Grant espera de ustedes?” Pero él mismo responde; “el que dependan de ese gobierno para, como los jabalíes que yo alimentaba en mi cabaña de la sierra, después ya no buscaban sus pastos pues sabían cada mañana yo los alimentaría, y esa es la fórmula más efectiva para perder el espíritu de lucha. La ayuda que ustedes reciben, como las tierras que les han regalado en esta región, llevan el precio de la sumisión a ese gobierno y, sin lugar a dudas, luego lo tendrán de poderoso patrón, o, peor, esa esclavitud por la cual supuestamente pelearon se va a repetir, pero ahora las cadenas de esa nueva esclavitud serán invisibles, pues los propietarios de ellas las ocultaran para que la gente no se dé cuenta que han perdido ese tesoro que es la libertad. Y la llave para la liberación, la tendrá siempre el gobierno”.
La mujer insiste; “pero es impresionante ver a los representantes del gobierno cuando tocan a tu puerta para informarte de los programas de apoyo y ayuda a la comunidad desde dinero para viajar como nosotros, tierras, ganado, semilla para cultivar”. Vallian fusilándola con la mirada le rebate preguntando con cierto tono de molestia: “Ustedes vienen de Pensilvania ¿no es así?” “Efectivamente”, responde la pareja.
Continúa el vaquero. “El fundador de ese Estado y que le dio su nombre, William Penn, en una ocasión que sintió la agresión del gobierno contra uno de los humildes campesinos llegaba a sus límites, afirmó: “El pobre hombre en su humilde choza, desafiante enfrenta las fuerzas de la Corona. Su refugio podrá ser frágil; sus techos remendados; sus paredes rajadas; sus pisos serán de tierra, su arado de madera, sus bueyes de labranza flacos, el viento podrá soplar a través de sus averiadas paredes; la tormenta la podrá invadir por las ventanas quebradas, la lluvia podrá inundarla; pero quien nunca entrará a esta casa, por las buenas o por las malas, es el Rey de Inglaterra; que sus fuerzas nunca se atrevan a cruzar el umbral de mi casa, porque este es el altar de mi familia y mi libertad, y nadie lo penetrará sin mi permiso sin que lo pague con su vida.”
Continúa Vallian. “Que no se atrevan esos representantes del gobierno a cruzar el umbral de la puerta de mi humilde casa en la cumbre de la sierra, ni tampoco a invadir mis espacios de libertad, pues yo no creo en la benevolencia de los píos, en la santidad de las iglesias y sus representantes, mucho menos en el idealismo del gobierno y de sus políticos demagogos, siempre gritando que ellos solo buscan el bienestar de la gente, no el de ellos, al mismo tiempo que aprietan más sus cadenas de opresión y se roban el dinero que le expropian a la gente con sus funestos impuestos que cobran con violencia”, termina el vaquero.
Siguiendo en la sobremesa, el citadino pregunta si había participado en la recién terminada guerra civil, a lo que Vallian responde que no. Sin ocultar su malestar le interroga de nuevo “¿por qué?” El vaquero responde: “Porque no era mi negocio ni mi asunto.” Entonces el interlocutor agresivamente le reclama: “Pero fue una justa lucha para liberar a los esclavos y para que el país no se partiera en dos.” Vallian le dirige una mirada que casi lo perfora y afirma: “Entonces los que deberían de haber peleado eran los esclavizados,” y pasa a repetir las palabras de Jefferson: “Nadie merece su libertad si día a día no está dispuesto a morir luchando por ella.” “Si fueron otros los que pelearon para darles su libertad, si ellos no se la ganaron, nunca serán verdaderamente libres. Y si ante los deseos de opresión del norte, el país se hubiera partido en dos, de perdida una de esas mitades sería libre y no un todo oprimido, controlado y sin esa libertad como lo que tenemos ahora”.
Continúa el vaquero. “Ustedes andan muy perdidos. La verdadera razón de la guerra civil no fue la liberación de los esclavos. El motivo fue la forma que el norte inició la destrucción del federalismo que le había dado vida a este país. Fue también las protestas sin respuesta para el sur, por la forma en que el norte lo ahorcaba con impuestos. El origen de los EE. UU. fueron las 13 colonias nacidas en una libertad nunca vista, independientes y soberanas. Regiones de libertad, de impuestos moderados, estado de derecho, y eso es lo que el norte ha destruido. Ustedes tienen la misma gran confusión que existe de la forma en que Texas—según historiadores mexicanos—le fue arrancada a México. La realidad es que los mexicanos residentes de Texas fueron quienes promovieron su independencia cuando Santa Anna destrozó el federalismo, para concentrar el poder absoluto en la ciudad de México. Se rebelaron contra otro Virreinato”.
“Nosotros tenemos la misma confusión e historia parecida. El Sur—como lo contempla la constitución—al estar en desacuerdo con la concentración de poder que se llevaba en Washington. Poder que les arrebataba a los estados, todo eso promovido por el mismo Lincoln, y además el abuso contra el sur haciendo que pagaran el 70% de los impuestos federales, declaró su secesión para formar una verdadera República que les permitiera continuar viviendo bajo las ideas de Jefferson de meritocrácia, gobierno limitado, y una gran zona de libertad económica que estaban edificando al país más rico del mundo. Pero el norte industrial, rico y contagiado con otras ideas que llegaran con los inmigrantes de países europeos socialistas, no lo iba permitir y se desató esa carnicería. La gente tiene una imagen muy equivocada de Lincoln, pero fue un tirano que durante la guerra violó todas las leyes de convivencia pacífica, hizo a un lado el Habeas corpus para poder llevar a cabo sus arrestos arbitrarios, y luego enviar a los arrestados a prisión sin juicio, mantuvo campos de concentración en donde murieron muchos sureños”.
“Y aclaro, yo estoy en contra de la esclavitud, pero, repito, eso solo fue el pretexto para iniciar la guerra.”

El vaquero libertario y profeta II
Ricardo Valenzuela
Cuando Vallian termina su perorata, se da cuenta del asombro dibujado en el rostro de la pareja. “Mr. Vallian”, le dice la mujer, “no teníamos idea de sus conocimientos de historia.” El vaquero responde: “Soy un hombre rudo y la gente supone sin mucha educación, pero algo que me inculcó mi madre fue el amor por la lectura, y gran admiración por Thomas Jefferson y el resto de los padres de este país. Cuando ella me enseñó a leer, porque aprendí antes de asistir a la escuela, me di a devorar las obras que habían moldeado la mente de esos hombres que tanto admiro, después continué mis estudios, pero es un tema del cual prefiero no hablar, porque es un área de mi vida en la cual se ha provocado un gran vacío, y una gran frustración que siempre me acompaña.”
“¿Qué fue lo que aprendió de todas esas lecturas?” Le pregunta ahora el hombre. “Aprendí que los padres del país, conscientes que los primeros inmigrantes llegaron en busca de libertad, lejos de la opresión de Reyes, iglesias y ejércitos, formaron una República comercial en la cual el hombre común tuviera oportunidades en un ambiente de libertad donde, a diferencia de los sirvientes feudales, fuera dueño de todo el fruto de su trabajo, y todos seríamos iguales, pero solamente iguales ante la ley y con los mismos derechos, porque no somos todos igualmente dotados ni tampoco igualmente responsables. No habría gobiernos opresivos escogiendo ganadores y perdedores. Con las frases de Jefferson como; “el mejor gobierno es el que gobierna menos, O, El árbol de la libertad debe de ser regado de cuando en cuando con la sangre de los mártires y los tiranos,” se inició la formación de la ideología que ahora rige mi vida, y es la que el norte está tratando de destruir y enterrar, para poder adquirir un control total de la sociedad de parte de un pequeño grupo de políticos profesionales y sus financieros”.
“Adams escribió que este nuevo país era parte de un gran plan para “la iluminación del ignorante y la emancipación de algo tan antiguo como la misma humanidad, la servidumbre humana,”. Pensaba que las leyes republicanas, combinadas con una buena educación, producirían una sociedad virtuosa, responsable y motivada para el trabajo duro porque podría mantener el fruto de ese trabajo. La virtud puede ser enseñada, afirmaba, y la educación será la herramienta que produzca caballeros para escalar los altos niveles de la sociedad, y ya no sea un privilegio de nacimiento, como lo es en Europa.  Pero ¿Qué ha sucedido? Pues el estado poco a poco ha tomado control de la educación para crear mentes dependientes, gentes resentidas con los que han sido exitosos, rezando en el altar de ese nuevo ente nebuloso que llaman estado. Gentes de mentes débiles dispuestos a entregar sus vidas para que alguien más las conduzca, hacia donde ese alguien decida, puesto que eso es lo que lo que les da seguridad, pero siguen arrastrando las cadenas”.
Hace una corta pausa y prosigue: “Pero yo pienso que eso va a depender de la forma que eduquen a la gente. Porque cuando a las masas les siembran ideas dementes en la cabeza, se comportan como los caballos mal amansados y ya no sirven ni pal arado. Así vale más que se queden brutos pues la educación puede ser un arma de dos filos, tiene la capacidad de crear caballeros virtuosos, pero también hombres resentidos, dependientes, envidiosos y violentos. Y ese es uno de los grandes temores que yo tengo, he sabido la forma que ustedes los yankees están creando sistemas educativos para eso, formar esclavos sin cadenas, cuando menos cadenas visibles, porque ahora son invisibles, y con esos sistemas de educación, además de matarles el carácter, crean seres resentidos y envidiosos. ¿En esas manos va a estar el futuro del país”?
Dentro de su esquema libertario, este vaquero manejaba de forma genial el concepto de los derechos naturales del hombre, derechos con origen anterior a los gobiernos: El derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuya protección justificaba, inclusive, el cegar otras vidas y poder mantener esos derechos. Y el deber supremo de los gobiernos, debería ser la defensa de ellos mediante un sistema judicial limpio, honesto y justo. No uno que, como afirmara Federico Bastiat, se convirtiera en lo diabólico que debe combatir, la mayor concentración de criminales.  “Antes la gente admiraba a quienes hacían fortuna honestamente, todo mundo los quería imitar.  Pero ahora los odian, la envidia que provocan se ha convertido en una enfermedad.  Ahora en lugar de tratar de imitarlos, le exigen al gobierno que les quite parte o todo de lo que han creado y se los entregue a ellos ¿A dónde vamos a llegar así? “Porque si le van a estar quitando a los que producen para darle a los que no producen nada, este país no tiene futuro.  Porque la expropiación no es la única forma de arrebatar a los que han hecho fortuna, luego van a usar los impuestos pretorianos hasta que llegue el momento que a ellos no les convenga seguir trabajando ”.
El hombre de Filadelfia le reclamaba; “no puedes tomar la ley por tus propias manos, hay un gobierno para protegernos”. Vallian respondía; “yo no he visto algún gobierno que los proteja contra lobos, indios, asaltantes y cuatreros, durante los últimos 40 días, ustedes casi pierden la vida cuando los encontraron esa partida de bandidos ¿Dónde estaba ese gobierno protector?” “Pero matar es pecado, respondía el citadino”. Vallian cerraba el dialogo diciendo; “prefiero ser yo el pecador y no el que me apunta con su colt 45 exigiéndome le entregue mi caballo, y no un ángel de virtud, pero todo espinado porque, sin caballo, he tenido que caminar las últimas 20 leguas” Continuaba. “Hay muchos tipos de asaltantes y el gobierno, en lugar de protegerte, se puede convertir en uno de los peores de ellos cuando pretende robarte el fruto de tu trabajo, oprimirte, controlarte hasta dejarte casi amarrado como a los becerros cuando los van a herrar. Y cuando ven algún obstáculo en este camino, hacen la guerra como la que acaban de terminar.” 
“No entiendo”, le revira el hombre. “Es sencillo” replica el vaquero, “Jefferson lo dijo claramente: “El curso de la historia siempre ha sido que los gobiernos se agigantan mientras las libertades se encojen, y la consecuencia es el abuso de poder y la opresión de la gente. Y cada vez que se libra una guerra, cuando callan los cañones, desaparece el humo de la batalla y el ruido de la metralla, siempre emerge una sociedad menos libre y menos próspera”. Por eso los creadores de la constitución trataron de desparramar ese poder y no se concentrara en alguna de las ramas del gobierno y, sobre todo, en Washington. Solo hay que voltear a otros países del mundo, a cualquiera, y veremos la forma en que los gobiernos oprimen a la gente. Si Jefferson tiene razón en eso que afirmaba, no me puedo imaginar qué tipo de gobierno tendrán nuestros descendientes en los próximo 50 o 100 años, y eso me aterra.”
“Cuando logramos la independencia, las colonias se convirtieron en estados soberanos y nacieron sus constituciones. Los estados eran autónomos y todos en conjunto, formaban una gran zona de libertad económica sin impuestos ni tarifas. Un paraíso terrenal de libertad y oportunidades. Un paraíso sin monarquía, sin aristocracia, sin iglesias poderosas, sin ejércitos invasores ni militares abusivos. Pero, primero en el norte y ahora en el sur, el gobierno federal se expande y las libertades cada día están más amenazadas. La guerra de independencia fue provocada por eso; los impuestos con los que sangraban las colonias que es uno de los ataques más crueles a la libertad. El arrebatarle al hombre el fruto de su trabajo.  En la era colonial los habitantes de las colonias eran gentes bien enteradas e informadas, leían las obras de los liberales más importantes del mundo como Adam Smith, John Locke, Bastiat e inclusive, aquí se producían algunas como “Sentido Común” de Thomas Paine, que fue el himno de guerra para la lucha por la independencia. Pero hoy día, la gente no entiende lo que pasa, no sabe ni quien capó al apache”.
La pareja no salía de su asombro ante las afirmaciones del vaquero, y el hombre casi con ansiedad pregunta “¿Qué piensa sucederá en el futuro?”
El montaraz luego de expulsar una bocanada de humo prosigue. “Jefferson antes de su muerte hizo varias advertencias.” “No se enamoren de ese nuevo concepto tan de moda en todos los círculos intelectuales del mundo, la democracia, porque, de la forma que en estos momentos la están estructurando, puede convertirse en el mandato de la plebe cuando un 51% de la gente acuerda oprimir al otro 49%. Y repito, siempre que hay guerra y se disuelve el humo de los cañones, emergen naciones menos libres y gobiernos agigantados. Habrá devastadoras guerras en Europa en menos de cien años, EU no debe participar porque si lo hace, iniciará la pérdida de libertad y su declive. Y así como los políticos del norte aprovecharon la guerra civil para tendernos las cadenas, los políticos del futuro harán lo mismo.”
Cuando llegan al punto en que sus caminos se apartan, Vallian se dispone a continuar su jornada y la mujer al despedirse le afirma: “Bien Mr. Vallian, espero tenga una buena vida.”
El vaquero sonríe y responde: “Señora; mi vida no podría ser mejor, tengo todo lo que necesito: Primero, ese Sr. Grant que dicen me anda buscando cargando una trampa de coyote para ayudarme, está a más de 3,000 millas de aquí, y que nunca se atreva a cruzar el umbral de mi potrero, pues siempre cargo mi colt 45 y una carabina 30-30 para defender mi territorio. La opresión del gobierno seguirá extendiéndose por todo el país, pero yo continuaré cabalgando hacia el oeste donde no haya llegado. Tengo café, frijoles y carne seca en mis alforjas, buen tabaco para masticar. Le suelto la rienda a mi caballo y al caer la noche hago campamento, tiro una cobija en el suelo y con otra me cubro, me acuesto recargado en mi silla de montar y miro las estrellas, respiro profundamente la libertad, dibujando el propósito de mi vida y cómo lo voy alcanzar, se callan las cuichis y los coconitos, aúllan los lobos y coyotes, empieza el canto del tecolote y en la lejanía se escucha el llanto alegre del yorihuín, cierro los ojos y me duermo; esa es mi casa y mi vida Señora, y no la cambio por nada.”


El vaquero libertario y poeta III
Ricardo Valenzuela
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Vallian se despedía de la pareja de pioneros que finalmente habían localizado la parcela de tierra que el gobierno les asignara, en su plan gubernamental que promovían a través del departamento de Interior para los asentamientos del oeste de EU, que se encontraba totalmente despoblado y virgen. Habían ya iniciado la construcción de su casa en lo que era un paso más hacia la realización de su sueño, un rancho ganadero ubicado en la línea divisoria de Texas y Nuevo Mexico. Era una región especial para la cría de ganado con sus lomeríos de pastizales que se extendía más allá de lo que alcanzaba la vista. Las lomas se adornaban con bellos encinales, cedros, y a las orillas de los arroyos enormes álamos y sauces, poco más arriba, ya en las faldas de la sierra, aparecían hermosos pinos.

Cabalgando hacia el suroeste, Vallian pensaba los McKaskel era una familia afortunada y no tenía duda serían exitosos en su proyecto. Pero era una región completamente alejada de la civilización y, se podría decir, una zona despoblada en donde la ley era un producto totalmente desconocido. Los apaches y comanches fieramente combatían cualquier tipo de asentamientos con un ideal para no perder esas hermosas regiones del país porque consideraban era su casa, era su tierra, en donde habían estado durante miles de años. Eran tribus que, en los últimos 35 años del siglo 19, se embarcarían en una mortal lucha contra los blancos, tanto americanos como mexicanos, que cobraría miles de vidas en la geografía donde se desarrollaría la vida de Vallian. La salvaje región de Sonora, Chihuahua, Nuevo Mexico, Arizona y Texas. Los apaches inclusive consideraban todo el norte de Sonora suyo, y sería donde continuarían su lucha casi hasta finales de los años 30 del siglo 20.

Los apaches habían estado en guerra contra los españoles desde el siglo 16 cuando estos llegaran a Nuevo Mexico. Aun cuando los sacerdotes intentaban convertirlos al cristianismo, los españoles habían sido sumamente crueles en la lucha contra esos pueblos. Los capturaban para luego venderlos como esclavos, o simplemente enviarlos a Cuba para usarlos en la edificación de sus fuertes e iglesias. El odio y la agresividad de los apaches se habían incrementado a través de los siglos. Al arribo de Vallian, el fenómeno era especialmente peligroso debido a la nueva política de exterminio total que ahora implementaban los EU, y ante tal cacería, las tribus enfurecidas cruzaban la nueva frontera entre EU-Mexico, para llevar a cabo sus correrías y establecer sus asentamientos en Chihuahua y el noroeste de Sonora, en donde sus ataques provocaban pavor en el norte de Chihuahua y en toda la región del rio de Sonora. Inclusive, el jefe apache Gerónimo, había nacido y se le había bautizado en el pueblo de Arizpe, Sonora, para luego ser adoptado por una familia Elías de cuyo rancho se fugó a los diez años.

Vallian se dirigía a Nuevo Mexico huyendo de las multitudes de inmigrantes que, como los McKaskel, en avalanchas invadían el oeste en busca de una mejor vida. Su sueño era iniciar su proyecto para establecerse como ganadero, pero sin aceptar ayuda alguna del gobierno, puesto que él consideraba e insistía, era una fórmula de crear dependencia. Después de todo, él era un vaquero texano que hubiera nacido en Nuevo México, crecido y trabajado en ranchos ganaderos en todo el estado de Texas y Oklahoma. El oeste estaba abierto para hombres de ambiciones sanas y, lo más importante, era una región de libertad. Pero también, porque un hombre que el admiraba y respetaba, un texano llamado Leobardo Gálvez, con cierta terquedad le había insistido en lo interesante del pueblo de Socorro en Nuevo Mexico. Y aun cuando Leobardo no le hubiera dado más explicaciones, había insistido de forma casi agresiva, en lo interesante del pueblo y sus grandes oportunidades, y era donde él debería seriamente considerar para ya establecerse.

La guerra civil acababa de finalizar y los confederados, al mismo ritmo que los norteños de la unión desarrollaban su agresiva soberbia ante la victoria, ellos incrementaban su resentimiento y deseos de venganza, no solo por haber perdido en el conflicto, en especial por el trato que les diera el norte ya vencidos. Vallian tenía claro que el agresor había sido el norte y, sobre todo, más claro tenía la esclavitud había sido el pretexto para el inicio de hostilidades, así como el ataque no provocado de una zona libre que construía el sur, ante la protesta del norte, haciendo uso de su autonomía. Los estados sureños que conservaban las ideas libertarias de los padres de la patria eran agredidos por su firme oposición al centralismo que Lincoln establecía, a quien ellos consideraban el Santana americano. Nuevo Mexico estaba ya invadido por los victoriosos norteños y Vallian lo estaba comprobando. Ello provocara que seguido recibiera agresiones verbales de parte de los yankees, que lo reconocían como el clásico “rebelde”.

En estados como Texas y algunos otros confederados, los perdedores se habían estructurado como guerrillas para seguir combatiendo y nacían organizaciones como el Ku Klux Klan. Si a ello le sumamos los enfrentamientos entre mexicanos originales de Texas y Nuevo Mexico con los inmigrantes anglosajones, los apaches y comanches en son de guerra, Vallien pensaba toda la región era un enorme volcán dormido a punto de explotar. Su ideología libertaria lo impulsaba a buscar vivir en paz a pesar de que, siempre en defensa propia, había tenido que privar de la vida a seres humanos, en especial cuando cabalgara en las filas de los Rangers de Texas. Por ello, caminaba hacia el oeste buscando ese refugio de paz, su destino y, en especial, su libertad. Ahora no estaba seguro de encontrarlo, pero ese tipo de situaciones nunca lo habían hecho retroceder y mucho menos inmovilizarse.

Siendo un vaquero con gran pasión por el conocimiento, lo llevaría a educarse a través de la lectura descifrando el divino concepto de libertad. Ese concepto que hombres como Jefferson, Adams, Jackson, e inclusive, el mismo Jefferson Davis—presidente de los estados confederados—habían estado dispuestos a entregar su vida para lograrla, presentía la suya se asomaba a un futuro de incertidumbre. Su educación formal apenas llegaba hasta el quinto grado, o era lo que él le decía a la gente escondiendo un secreto porque había una parte de su vida que ocultaba, pero durante años había devorado libros que le daba una perspectiva diferente ante la vida. El primero que le regalara uno de sus maestros fue; “Dos tratados de Gobierno”, de John Locke, y ello le cambiaría su vida. Le había impactado la forma en que Locke afirmaba los derechos naturales no eran una concesión del estado, eran otorgados por dios y anteriores a los gobiernos. Entonces no había nada de divinidad en ninguna forma de gobierno, aun en los de toda américa latina que eran apoyados por la iglesia católica, primero como colonias españolas y ahora como naciones independientes.

Después de cabalgar durante varios días, llegaba al bello pueblo de Socorro, Nuevo Mexico, una región de grandes explotaciones ganaderas que construían una sociedad próspera y hasta hacía algunos años, libre y en paz. Pero al pasar Nuevo Mexico a ser territorio de los EU, se iniciaba una expansiva ola de inmigrantes anglosajones que de inmediato provocaban enfrentamientos con los mexicanos originales. Esos mexicanos en su mayoría eran descendientes de los españoles que arribaran hacía más de 300 años para fundar los primeros asentamientos. Era gente muy trabajadora y de buenos fundamentos éticos y morales, tal vez por eso habían prosperado admirablemente en todas sus actividades. Era además una comunidad muy unida y, lo más importante, no habían traído con ellos las malas costumbres que la corona de España dejara clavadas en México y ahora, como un ancla atada al cuello, ese país no podía avanzar ni progresar puesto que desde su independencia, se habían sumergido en guerras interminables. Eran libres e independientes, muy devotos a sus familias y a su religión.

El territorio de Nuevo Mexico, que originalmente incluía Arizona, era la región más abandonada desde la frontera del rio Suchiate hasta Alaska y, por lo mismo, gran refugio de bandoleros, aventureros, fugitivos de la ley y, en especial, de las tribus guerreras no solo de los apaches, también los comanches y otras que abandonaban sus lugares de origen por la invasión de los blancos y el acoso que sufrían de parte del ejército. Era también el epicentro de las luchas entre blancos, apaches, comanches y bandoleros que provenientes de México, invadían los estados fronterizos para sus fechorías, entre los cuales tal vez el más famoso fuera Joaquín Murrieta, un hombre originario de Sonora que, con un ejército personal, penetraba California, Arizona y Nuevo México, supuestamente para vengar el despojo de la mitad del territorio mexicano, pero en realidad era su paraíso para practicar el abigeato fácilmente introduciéndose para robar ganado. A pesar del gris panorama que el vaquero encontraba, decide quedarse, cuando menos por un tiempo, en ese bello pueblo.

Procede a instalarse en el único hotel de Socorro. Vallian inicia la redacción de una larga carta para Susanna Mc Kaskel, la esposa del pionero que había acompañado hasta su destino. Entre ellos había surgido una extraña relación que, durante los últimos días de aquella jornada, los había convertido en apasionados amantes para enviarlos a un remolino de confusiones que, particularmente al vaquero, le provocara pensar se había enamorado al mismo tiempo que se sentía culpable por traicionar a quien le había dado la bienvenida. La carta era larga y melancólica y de nuevo le confesaba sus sentimientos, pero también le decía, en medio de un halo de tristeza, estar consciente de que nunca se volverían a ver puesto que su situación conyugal no se los permitiría. Finalmente, una vez más les ofrece su ayuda y si algún día lo necesitaran, sabrían como contactarlo.


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