Thursday, April 19, 2018

El hijo que amé y admiré

RICARDO VALENZUELA

“A pesar de su corta vida, al partir deja un mundo mejor solamente por eso, por haber vivido.”



Lo conocí muy chamaco cuando era pretendiente de mi hija Satenik, a quien, aun antes de que le llegara su turno para conocerlo, ya le había robado el corazón. Me lo describían asistiendo a la misa dominical y la forma tan solemne en que tomaba la comunión, para luego caminar lentamente con sus manos unidas a la altura del pecho, hasta llegar a su lugar para hincarse y continuar orando. Me decían era muy guapo y apuesto. Un muchacho muy bien parecido. La primera vez que pude mirarlo con atención yo pensaba; está demasiado bien parecido para ser un buen muchacho. Luego me afirmaba ¡Normalmente todos los guapos son vagos! Pero no, éste no era el caso.
Advirtiendo el serio interés de mi hija, contactaba algunos amigos para recabar información de mi potencial yerno. Me enteraba su nombre era Robert Bennen, originario de Nogales, Arizona, hablaba el castellano mejor que yo, puesto que su madre era mexicana, era miembro de una prestigiada familia que, durante varias generaciones, se habían dedicado a manejar una gran empresa dedicada a la comercialización de frutas y legumbres importadas de México. Una actividad en la cual habían sido muy exitosos formando, inclusive, algunas asociaciones con los agricultores más conocidos de Sinaloa. Me impresionaba darme cuenta que este muchacho, sin duda, era un alma pura habitando un cuerpo sano mantenido a base de varias horas diarias de ejercicio que, con una disciplina espartana, lo hicieran poseedor de cintas negra y varios dan de Karate, Kick Boxing y Jew jitsu.



Después lo conocía formalmente ya como novio de mi hija, y me daba cuenta de que lo apreciado originalmente, era solo la punta de un gran iceberg que, al transcurrir los meses, se debelaba ante mí mostrando lo que ocultaba hundido en la profundidad y, como dijeran los vaqueros, puro chuqui. Un muchacho graduado con honores en la Universidad de Arizona, exageradamente formal y maduro para su edad, de modales finos, amante de su trabajo que ejecutaba a la perfección. De una honestidad a prueba de todo, complementada con una integridad y amor por la verdad. Era tal mi asombro que en ocasiones me decía a mí mismo; “demasiado bonito para que sea cierto”, para luego rebatirme; ¡pero definitivamente es cierto! Se dibujaba ante mí el perfil de un marido ideal para mi hija y ello me daba mucha paz, pues el objetivo más importante de mi vida, siempre ha sido el vigilar que mis hijas tengan el esquema adecuado para ser felices.
Pasaba el tiempo y ya casado con mi hija, estaba ya convencido que este pulcro muchacho la haría feliz, y mi confianza crecía para darle vida a una bella relación de padre-hijo. Pero tal vez la cumbre de nuestra relación aparecía la primera vez que conversamos de política. Al iniciar el intercambio, claramente se debelaba ante mí un muchacho muy seguro de sus ideas, amante de la libertad económica, política y social. Pasaba luego a expresar su crítica y rechazo de los gobiernos por la forma en que, cada día extendían su venenosa hiedra de intervenciones burocráticas, a través de las cuales agresivamente aumentaban su ya exagerada proporción de consumo del PIB. Siendo que paralelamente a esa invasión, decrecía el respeto de los derechos individuales y la justicia. Me confesaba luego su gran simpatía por el partido libertario de EU. Ahí descubría otra de sus cualidades. Era un lector compulsivo que devoraba libros de temas diversos con ferocidad, consolidando su capital intelectual.
Habiendo terminado su educación profesional se iniciaba en el negocio que hubiera fundado su bisabuelo, Tade Produce. Pero exhibiendo su sólida formación libertaria, se rehusó a simplemente recibir, no solo una oportunidad, sino una herencia, llevando a cabo una negociación con su padre para comprar la empresa. Al terminar ese programa de Compra-Venta, tomaba posición total para iniciar el desarrollo de sus planes. En una de nuestras reuniones me decía; “suegro, además de continuar con los negocios tradicionales de la compañía, quiero desarrollar un programa especial de apoyo para pequeños agricultores de Sonora. El objetivo sería abrir para ellos los mercados de exportación, allegándoles capital, y con esas herramientas se formen empresarios agrícolas modernos y libres, se olviden de la medusa burocrática que los ha hecho depender del gobierno como una forma de su control político”.
Con entusiasmo había iniciado el primero de sus programas en la región del rio de Sonora. Con su apoyo y dirección se iniciaba la promoción de siembra de ajo, cuando ya su empresa tenía establecidos los compromisos de venta a compañías en EU. Un proyecto que ya tiene una vida de tres años y se sigue desarrollando. Tenía ya en su agenda el proyecto que a mí me parecía el más interesante. Pensando en que el agricultor tuviera acceso ininterrumpido al capital requerido para sus operaciones, estaba en los inicios de la formación de un fondo especial (tipo Merchant Bank) al cual se pensaba invitar como socios a grandes empresas agropecuarias, bancos con una clara orientación a la agricultura y al comercio internacional, para la aportación del capital social. Después acudir a los mercados internacionales de capital, vía emisión y venta de bonos, captando los recursos para el fondeo de esas operaciones. De hecho, yo había hecho planes para presentar un avance del proyecto a mi buen amigo, Pedro Aspe, en una de nuestras reuniones en Álamos.  
Con el mismo entusiasmo me afirmaba éste era el esquema de un servicio completo para los agricultores, incluyendo penetración de nuevos mercados, entrenamiento para los productores y pudieran participar en esta agricultura del siglo 21. Les aseguraría las fuentes de financiamiento, se apoyaría el aspecto técnico de sus siembras, para luego llevar sus productos al mercado. Y es que el Bobby además de ser un emprendedor de gran visión y amor por los mercados libres, era también un idealista, un soñador que dirigía su mirada más allá de asegurar una buena ganancia. También pensaba en la promoción del desarrollo económico, creación de buenos empleos, integración regional, pero todo como una gran responsabilidad de la sociedad civil, no del gobierno. Él sabía que cuando guardas un sueño y una gran visión en el fondo de tu corazón y diligentemente luchas para lograrlo, algún día se hará realidad.
“Sueña grande y sublime, y así como tú te sueñas, en eso te convertirás. Tu visión es la promesa de lo que algún día encontrarás. Ese ideal clavado en tu corazón, es la profecía de lo que algún día se te revelará”.
El domingo pasado nos dejó para emprender el viaje eterno. Había muchos otros planes que ejecutar, sueños que realizar, espacios para conquistar, que ahora ahí yacen inermes sobre su escritorio. Pero sus sueños no morirán porque su memoria jamás lo va a permitir. Y así como él mismo repetía constantemente la frase del filósofo; “nunca te deshagas de tus sueños y tus ilusiones, porque si lo haces, existes, pero has dejado de vivir”. El seguirá viviendo en el corazón de mi hija Satenik, de sus hijos Victoria, Robert, Carolina, y en el de todos los que lo conocimos, aprendimos a quererlo y nunca lo olvidaremos.
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