Monday, September 17, 2018

Preludio de la gran depresión ¿Que realmente sucedió?


REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
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Una de las mentiras y manipulaciones más crueles de la historia económica mundial, es la forma en que, primero, con maquiavélica habilidad se declarara culpable al mercado libre de la Gran Depresión de 1929, buscando darle sepultura eterna. Segundo, de la misma forma se declararía el New Deal como el celestial instrumento y a FD Roosevelt el Jesucristo de la economía y la política, que arribaba para salvar al mundo de los pecaminosos e inciertos mercados libres. De esa forma los modernos luzbeles, repartiendo sus regalos y promesas de riqueza sin mucho esfuerzo, sellaban el futuro de los países bajo una nueva tiranía. La de los políticos profesionales y su burocracia, de la cual todavía no hemos podido deshacernos.

El año de 1929 se describe como el año del gran trauma americano. El impacto de la sacudida que sufrió el país modificó la estructura mental de la gente y sus razones son muy claras. Generalmente, las depresiones duran de uno a dos años; los precios y el crédito se contraen de forma agresiva, las posiciones insolventes son liquidadas, el desempleo temporalmente aumenta, para luego iniciar una rápida recuperación. Sin embargo, el rasgo diferente de la gran depresión de 1929, entre muchos otros, es que duró once miserables años. Pero además de su duración, se distinguiría por un criminal nivel de desempleo nunca visto que llegaría a un 20% en 1931, y permanecería superior al 15% hasta el inicio de la segunda guerra mundial.


El impacto más importante de la gran depresión fue causado en el pensamiento universal al culpar al capitalismo Laissez-Faire, como causante de la misma y sus consecuencias. Se formó así una opinión generalizada—entre economistas y el público en general—que un capitalismo mal estructurado operando durante los años 20, con la trágica avenida de la depresión mostraba que el obsoleto Laissez-Faire ya no funcionaba. Y ante los destrozos que estaba produciendo, se requería la intervención del gobierno para estabilizar la economía y controlar los ciclos de los negocios. Pero si el ejército en moderna batalla del manejo monetario-fiscal y sus estabilizadores no pudieran proteger el capitalismo de otra severa depresión, este mismo grupo se entregarían al socialismo como la respuesta final. Para ellos sería prueba definitiva que ni un capitalismo reformado e iluminado podía operar.

Pero si llevamos a cabo un análisis más profundo, esta reacción tan común de ninguna manera es autoevidente. Se basa en una suposición no probada de que los ciclos de negocios en general, y las depresiones en particular, nacen en las profundidades del mercado libre en economías capitalistas. Sin embargo, esta suposición es un mito que se basa en la fe, no en pruebas claras. Marx fue el primero en afirmar que las crisis de los negocios son producto de los procesos de mercado. Sin embargo, hay otra tradición de pensamiento económico, pero solamente enarbolada por unos cuantos economistas y desconocida por la gente. Este punto de vista sostiene que los ciclos de negocios y las depresiones, provienen de los disturbios generados en el mercado por intervenciones monetarias. La teoría monetaria sostiene que el dinero y expansión del crédito con los que el sistema bancario inunda la economía es lo que causa los “booms-busts”. Esta teoría fue extensamente desarrollada por Ludwig von Mises a principios del siglo 20.       

Sin embargo, la economía durante los años 192os era una mezcla de dos fuerzas muy diferentes y básicamente en conflicto. Por un lado, los EU habían experimentado una genuina prosperidad, basada en ahorros e inversión de capital altamente productivo. Este avance incrementó los estándares de vida de los americanos. Pero, por otro lado, también sufrían de una expansión de crédito que provocaba una gran acumulación de capital mal invertido, lo que finalmente los llevó a una inevitable crisis. Aquí operaban dos fuerzas, una que pudiéramos llamar buena, y la otra mala—separadas, pero interactuando para producir el histórico doloroso resultado final. Precios, producción, y comercio fueron los efectos compuestos. Tal vez debemos recodar los errores de presunción y complacencia que cometieron muchos economistas, como también líderes políticos y financieros, durante el gran boom.

Estudiando esos errores y tal vez corrigiendo nuestra cosecha actual de economistas aduladores que presumen pronosticar el futuro, según ellos, con un pequeño margen de error, algo adelantaríamos. Pero tampoco deberíamos burlarnos indebidamente de los porristas que se daban al exagerado elogio del sistema económico de EU hasta casi finales de 1929. Porque como ellos tenían en mente el primer encallamiento—la genuina prosperidad lograda a base de grandes ahorros e inversión—y no estaban equivocados. Su grave error fue ignorar el segundo siniestro encallamiento de la expansión de crédito.

Muchos analistas han señalado como raíces de la Gran Depresión, la inflación que produjo la primera guerra mundial y sus años posteriores, así como la presunta inadecuada liquidación de la recesión de 1920-1921. Sin embargo, una liquidación suficiente y profunda no requiere de una contracción monetaria o de precios a los niveles anteriores del boom. Por eso es importante viajar y analizar el ciclo de 1920-1921 y rápidamente veremos cómo la expansión de crédito empezó a distorsionar la producción, y dejaba posiciones insolventes del boom anterior sin liquidar. Es decir, este proceso se asemeja a una plaga que ataca las tierras sembradas de los agricultores. Las parcelas que fueron afectadas de deben destruir totalmente, porque si no se hace, ellas mismas infectarán de nuevo a las otras parcelas ya sanas.

Debemos luego comparar políticas públicas y la relativa duración de las depresiones 1920-1921 y 1929-1933. Si llevamos este análisis con la profundidad debida, nos daremos cuenta de lo superficial e irresponsable de los estudios de la gran depresión llevados a cabo por casi la totalidad de economistas. Y es aquí cuando nace el mito de la magia que llegaba a la Casa Blanca con la elección de FD Roosevelt como presidente de los EU. Pero no solo eso, se fijaba la ruta por la cual la economía de EU debía navegar con un nuevo capitán, el Estado.      

Esta probado hasta la saciedad el que, cuando los países enfrentan serios problemas financieros y económicos, los esfuerzos gubernamentales de aliviar, en lugar de agravar, una depresión, el único curso válido es el laissez-faire y dejar que la economía fluya en su proceso natural. Solo cuando no hay interferencia directa, o amenazas de interferencia en precios, salarios, liquidación de negocios, los ajustes necesarios procederán de forma natural y, después de algunos sobresaltos, se nivelará esa nave de la economía. Cualquier proposición de acciones precipitadas para estremecer el entorno, pospone el colado y agrava las ya complicadas condiciones.

El sostener los niveles de salarios crea desempleo masivo, el sostener precios perpetúa y crea exceso de inventarios sin vender. Pero, un drástico recorte en el presupuesto gubernamental—ingresos vía impuestos y en sus gastos—abre las puertas para acelerar el ajuste cambiando las preferencias sociales hacia más ahorro e inversión y menos consumo. Porque el gasto del gobierno, cualquiera que sea, es solamente consumo nunca inversión; así cualquier reducción en el presupuesto promueve la proporción inversión/consumo en la economía, y permite una validación más rápida de los proyectos inservibles y de rendimientos negativos. Entonces, la participación mas apropiada del gobierno en una recesión o depresión es recortar el presupuesto y dejar que el proceso natural de la economía opere. Pero el pensamiento económico moderno considera este dictado totalmente obsoleto, y ahora tiene inclusive soporte en la ley económica que no tuvo en el siglo 19.

Laissez-Faire ya no era la política económica tradicional en EU en 1929, el preludio de la Gran Depresión. Ese verdadero Laissez-Faire sentó precedente en la primera gran depresión de EU en 1819, cuando el gobierno federal solo actuaba para facilitar los términos de pago de sus deudores en la venta de sus tierras y en su responsabilidad como protector. El Presidente Van Buren también sentaba un curso verdaderamente liberal durante el pánico de 1837. Gobiernos federales subsecuentes seguirían un camino similar, los pecadores serían los gobiernos estatales que periódicamente permitían bancos insolventes el seguir operando sin pagar sus obligaciones, barriendo la basura debajo de la alfombra. En la depresión de 1920-1921, la intervención del gobierno fue un poco más descarada, pero se permitía que los salarios cayeran y los gastos e impuestos del gobierno fueron reducidos. Esta depresión terminaba en solo un año—en algo que Benjamin M. Anderson llamó “la última recuperación natural hacia el pleno empleo”  

Laissez-Faire era la política dictada tanto por la teoría como sus históricos precedentes. Pero en 1929 ese sólido curso rudamente fue hecho a un lado. Liderado por el presidente Hoover, el gobierno se embarcó en lo que Anderson de forma muy precisa llamó el “Hoover new Deal”. Porque si definimos el New Deal como un programa anti-depresión marcado por un extenso plan económico del gobierno y una agresiva intervención—incluido el impulso de los niveles de salarios, expansión de crédito, respiración artificial a empresas moribundas, y el incremento de los gastos del gobierno (subsidio para desempleo y obras públicas)—Herbert Hoover debería ser considerado el fundador del New Deal de los EU. Desde el inicio de la depresión el establecía su camino dirigido hacia la violación de todos los cánones del Laissez-Faire. Como consecuencia, abandonaría la oficina con una economía en la profundidad de una depresión nunca experimentada, sin una recuperación a la vista después de tres años y medio, y con un terrible y sin precedente nivel de desempleo alcanzando un 25%.

El papel de Hoover como fundador del revolucionario programa de planeación gubernamental para combatir la depresión, ha sido manipulado por la historia. Franklin D. Roosevelt, en gran parte, solamente elaboró las políticas que había estructurado su antecesor para luego aplicarlas con verdadera compulsión. El burlarse del trágico fracaso de Hoover para curar la depresión como un ejemplo típico de lo inoperante de Laissez-Faire, es un garrafal error al interpretar los récords históricos. La ruta de Hoover, debe quedar muy claro, fue la planeación gubernamental y el inicio de las intervenciones del gobierno que lo llevó al fracaso, no el mercado libre. Esto era uno de los primeros logros del nuevo Fondo de la Reserva Federal activado en 1913

Para definir los esfuerzos intervencionistas de la administración de Hoover tratando de curar la depresión, debemos de citar al mismo Hoover exponiendo su programa, durante la campaña presidencial de 1932:

“podríamos no hacer nada. Pero eso nos llevaría hacia una penosa ruina. Pero contrariamente hemos enfrentado esta situación con propuestas a los negocios privados y al congreso, del más gigantesco programa para defensa económica y de contraataque, que jamás haya emergido en la historia de la república. Lo hemos puesto en acción. Ningún gobierno en Washington hasta ahora había considerado que tiene esa amplia responsabilidad de liderazgo en estos tiempos. Por primera vez en la historia de depresión, dividendos, ganancias y el costo de vida, han sido reducido antes de que los salarios sufrieran. Habían sido mantenido hasta que el costo de vida decreciera y las ganancias se evaporaran. Ahora son los salarios reales más altos del mundo

Creando nuevos trabajos y el dando al sistema como un todo, un nuevo soplo de vida; nada como esto se había ideado en toda nuestra historia que haya hecho más por………. “el transitar común de hombres y mujeres”…….. Algunos economistas reaccionarios urgen para que permitamos que la liquidación tome su curso hasta que hayamos tocado fondo. Pero nosotros hemos determinado no seguir el consejo de esos amargados liquidadores y atestiguar todo el cuerpo de deudores de EU caer en bancarrota y los ahorros de la gente destruidos”.  

De esa forma Hoover le abría los brazos a una depresión que casi destruye los EU y convergería en la Segunda Guerra Mundial.
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