Saturday, September 8, 2018

La devaluación que no debió ser II


Ricardo Valenzuela

“El peso es un contrato entre el gobierno y su poseedor. Ese contrato garantiza que cada peso valdrá lo mismo hoy como mañana. Cuando el gobierno no respeta el contrato, está quebrantando la ley. El único papel del gobierno en la economía debería ser garantizar la integridad de las transacciones en el mercado”.

Domingo Cavallo  
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Era el último día de 1993, y el presidente Salinas se encontraba celebrando los 5 años de logros en su administración los que, ante los ojos del mundo, eran realmente admirables: se había controlado la inflación ubicándola en 10%, se había reestructurado y reducido la criminal deuda, se había estabilizado el peso, el presupuesto arrojaba superávit, la economía de nuevo crecía. El programa de estabilización había operado casi milagrosamente. En eso, el jefe del estado mayor presidencial lo aborda para darle un parte. Había estallado una guerrilla en Chiapas. Se iniciaba uno de los ataques más inmorales en contra de las reformas cuyos resultados la comunidad internacional hubiera bautizado como el “milagro mexicano”. Los especuladores mundiales de inmediato activaban su programa para tomar ventaja de un país herido.

A inicios de 1995, Jude Wanninski, un gran experto en política monetaria comparecía ante el Congreso de EU para hablar de la devaluación que estaba destruyendo nuestro país. Semanas después, Wanninski me hacía llegar el informe de ese evento y el de la comparecencia de Art Laffer con el mismo proposito.

Las devaluaciones son siempre eventos muy dolorosos, especialmente para la gente ordinaria que son los últimos en enterarse que sus salarios, pensiones, y ahorros han sido destruidos. Pero si analizamos los hechos que las provocan, nos daremos cuenta de que la mayoría de las veces son innecesarias. Para una nación-estado el rechazar su deuda nacional, es una confesión de haber fracasado.    

La devaluación del peso mexicano en diciembre de 1994 fue completamente innecesaria. La explicación fue que se estaba provocando un peligroso déficit en su balanza comercial, que es la peor de las charlatanerías económicas. Esta excusa fue primero rechazada por Miguel Mancera, presidente del Banco de Mexico. Mancera luchó contra los poderosos intereses políticos que eran los únicos beneficiados en esta criminal acción. Pero hay suficiente información para afirmar que el déficit fue solo una burda excusa. Cuando los especuladores encuentran alguna debilidad en el sistema político de cualquier nación, se tiran como lobos rabiosos contra su víctima. Fue lo que encontraron en México en la transición de poder a un joven presidente que no estaba probado, Ernesto Zedillo, comparado con la rica experiencia de un Salinas de Gortari, que había iniciado su presidencia peleando exitosamente una devaluación similar.   

Hay que recordar que EU desde su inicio tuvieron un déficit permanente hasta 1914, y el dólar al final de esa cadena de faltantes era la moneda mas fuerte y mas demandada del mundo. Pero esto era porque los acreedores de EU conocían la integridad de su sistema del gobierno, sabían que después de la guerra civil, los bonos preguerra fueron pagados en oro a su valor original ratificando la valía de sus compromisos. En 1900, los bonos corporativos triple A se podían flotar al 2% y el vencimiento promedio era de 40 años. Pero estamos hablando de un gobierno que siempre cumplía sus promesas, en las buenas y en las malas. Pero ahora la prensa financiera mundial ha caído en la trampa del “déficit comercial”, pero no la página editorial del Wall Street Journal. Unos meses antes publicaba el siguiente artículo titulado; Dollar Turmoil:

“La Confusión #1 es pensar que el mejor tipo de cambio es el que produce el ‘balance comercial adecuado’. Con el colapso del marxismo esta se ha convertido en la idea más perniciosa y destructiva sobre la faz de la tierra. La historia revienta con las narrativas de países que se han arruinado devaluando sus monedas en su intento para expandir las exportaciones. El coqueteo con esta idea es la mejor explicación al explosivo choque del mercado de valores en 1987, y es la ruta mas segura hacia la inflación y recesiones mundiales”.

Pero entonces ¿Quiénes se benefician de las devaluaciones? Encontrando la respuesta descubriremos por qué los gobiernos, al estilo de la mafia, son extorsionados para ejecutar devaluaciones. En su testimonio ante el Comité de Banca del senado, el presidente del FED, Alan Greenspan, afirmaba que el gobierno mexicano tenia amplias reservas al inicio de 1994, pero por razones no-económicas se provocó su desplome. Citó algunas de ellas para entender la baja demanda de los pesos: El estallido de Chiapas, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato a la presidencia, el asesinato de Ruiz Massieu, y la falta de certeza alrededor de las elecciones que ya estaban en puerta. Cerraba afirmando, “se creía que el peso se fortalecería con el triunfo de Zedillo, pero no sucedió, pues el nuevo presidente no ocultaba su desesperación y soledad”. Greenspan unos días antes había estado de acuerdo en que el peso se podía revaluar.

Es fácil entender lo sucedido. El secretario de hacienda, Guillermo Ortiz, lo había anunciado expresando que México tenía el aval de las instituciones financieras internacionales para devaluar el peso. Recordaba entonces el argumento de los enemigos del TLC siempre expresando el “te lo dije”. Al no poder competir con eficiencia, había que devaluar. El mensaje de Ortiz era claro. Los verdaderamente beneficiados con la devaluación fueron los especuladores, agentes que tuvieron la información con anterioridad para llevar a cabo los mecanismos y vender corto, para luego pagar con menos dólares los pesos devaluados.

Esto fue capitalismo en su peor forma, o más bien, un robo que le da mala reputación al verdadero capitalismo. Esa diabólica sociedad que, provocando el sufrimiento de la gente, lucran con sus apuestas arregladas. Pero esto ha estado sucediendo durante mucho tiempo cuando el FMI y el Banco Mundial, vagan errantes por el mundo en busca de países con déficits comerciales para repetir la receta y, como los vampiros, chuparles la sangre, pero dejándolos vivos, aun cuando queden esqueléticos, para seguir chupando durante mucho tiempo.

Si la devaluación no se evitó por los motivos que fueran, se hubiera podido manejar un programa para revaluar el peso utilizando los $20 billones de la Tesorería, en lugar de dárselos a los especuladores de Wall Street. El valor de todos los activos en pesos se hubiera recuperado y la economía mexicana podía haber emergido más fuerte que antes de la crisis. El FED podría haber comprado pesos en el mercado abierto, y hubiera sido un gran negocio a medida que el peso se recuperara hasta $3.5. El argumento que no se podía porque había ya contratos firmados en contra del peso devaluado, era aceptar favorecer a los especuladores a costa del pueblo mexicano. Pero esa es la naturaleza de la bestia.

Los herederos del nacionalismo revolucionario han ahora heredado el mando. Su plan iniciado aquel enero de 1994, finalmente les ha redituado. Han revivido sus muertos que no habían dejado descansar. La gran diferencia es que ahora no habrá sorpresas como; “defenderé el peso como un perro”. Ahora la ruta es clara ¡por donde diga mi dedito! y el viaje que se inicia es con la proa hacia infierno.

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