Thursday, August 23, 2018

La condena a México de Milton Fiedman II


La condena de Milton Friedman
Ricardo Valenzuela
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Las semillas de mi actitud no solo critica, sino condenatoria del Mexico que me ha tocado vivir, fueron sembradas aquel septiembre de 1976 cuando, a mis 30 años, un par de meses después de que fuera nombrado Director General del Banco Ganadero y Agrícola en Hermosillo, Sonora, me encontraba en mi oficina cuando recibía la noticia de la devaluación del peso. De inmediato empezaron las llamadas de los periodistas de columnas financieras pidiéndome les explicara que era lo que sucedía. En esa época la prensa distaba mucho de ser libre por lo que, ellos esperaban yo les diera un punto de vista claro, pero sin criticar al gobierno, o tal vez darle un sesgo positivo de lo que sucedía como, “van a aumentar las exportaciones etc.” Cuando les empecé a describir las causas (malas políticas económicas) y las consecuencias que llevarían al país a ese nuevo estadio económico, la Estanflación, la combinación de inflación con profunda recesión, me di cuenta de que no era lo que ellos esperaban escuchar y no publicarían.

Días después viajaba a la ciudad de México para una reunión-comida que había programado con Ruben Aguilar, director general de Banamex, un admirado paisano sonorense y hombre de gran sabiduría. Durante la comida Rubén me expone su gran preocupación de lo que podría suceder antes que Echeverria terminar su mandato. Me explicaba que unos días antes, a eso de las 3 AM, Echeverria había convocado a Los Pinos a Fernandez Hurtado, presidente del Banco de Mexico, y a él como director general de Banamex y presidente de la Asociación de Banqueros, para preguntarles como verían una posible expropiación de la banca, establecimiento de control de cambios y el cierre de los bancos durante quince días. “Al final lo convencimos de no hacerlo”, me dice Rubén y continúa, “yo veo la situación muy grave y muy incierta”. Me regresaba a Hermosillo con una gran incertidumbre y mi aversión por los políticos crecía.

El declive económico de Mexico continuaría este camino inflación-recesión, el peso caía en una espiral de devaluaciones que continuaría durante los 80s hasta que se llegara a cotizar a solo una fracción del penny estadounidense. Era el reinado de los keynesianos que también habían infectado a los EU como lo mostrarían las administraciones de Nixon, Ford y Carter. Pero con la elección de Reagan, quien había estudiado economía, y la clásica teoría de suppy-side, las cosas empezaron a cambiar. Con la elección de Salinas se abría un nuevo panorama cuando el nuevo presidente buscara ideas de economistas orientados a la libertad económica para formar su gabinete.     

Las reformas de las que hablaba Milton Friedman se iniciarían en 1988. Mexico se había cegado con las olas de inflación y deflación provocadas por el abandono de la liga dólar-oro de parte de EU. La inflación monetaria de los 70s provocaba que los bancos presionaran a Mexico para adquirir mas deuda, mientras que el país apostaba que su fórmula petróleo-inflación financiaría una expansión ilimitada del sector estatal. Cuando la política monetaria de EU iniciaba sus vaivenes ante la extrema contracción en 1980-1985, Mexico elegía la peor respuesta ante la presión del FMI, sus bancos acreedores, y los economistas keynesianos asesores de Lopez Portillo: una devaluación masiva del peso, con su consecuente de inflación y un incremento de facto en los tipos de impuestos marginales.

En 1988 se iniciaba el programa para la estabilización del peso. Si los esfuerzos se concentraban en provocar un crecimiento agresivo, en lugar de la vieja deuda, Mexico podría expandir su camino fuera del problema de la deuda. En 1989 un acuerdo con acreedores reduciendo esa deuda acompañado por una reducción de impuestos y políticas monetarias estables, seria el inicio del camino. Había que olvidar el proteccionismo que trataba a Mexico como si fuera un indefenso infante que necesitaba protección del depredador del norte. La nueva clase política tenia confianza de que Mexico podía y debía competir en los mercados mundiales. Ellos también pensaban que el aspecto regulatorio era una carga con la cual el país ya no podía avanzar, y había que atacar ese problema.

Se abría el país a los mercados, se ordenaban las finanzas públicas, se controlaba la inflación, se privatizaban empresas paraestatales, se le daba autonomía al Banco de Mexico, se provocaba superávit en el presupuesto, pasábamos a formar parte del TLC, se estabilizaba el peso. Pero al final de la administración de Salinas de Gortari, los enemigos de la libertad estaban listos para recuperar el poder que habían perdido. Y la mejor forma para hacerlo, cuando no conseguían que su candidato fuera el ungido, era destruyendo todo lo que Salinas había construido y regresar al limbo de la mediocridad, pero un limbo controlado por ellos.

En enero de 1994, al inicio de operaciones del TLC, explotaba la guerrilla en Chiapas con una masiva difusión a nivel internacional. Un par de meses después el candidato Colosio era asesinado y se iniciaba una desenfrenada fuga de capitales, presagiando una posible devaluación, que era el objetivo de los malosos. Al no lograrlo, pasaban a su segunda etapa asesinando a Ruiz Massieu, secretario del invencible PRI, y esa misma semana más de $10 billones de dólares abandonan el país, ante la terquedad de los dinosaurios de provocar la devaluación antes de que terminara la administración del hombre que habían aprendido a odiar, Carlos Salinas de Gortari, y no cedían. Pero en diciembre de ese mismo año, la nueva administración de Zedillo sucumbe aceptando una devaluación enviando al país a un remolino, y de nuevo lo llevara a la quiebra.

Pasaron tres administraciones en las cuales el poder todavía los evadía. Pero la llegada de un nuevo priista a la presidencia en 2012 sería la llave para que los malosos lo recuperaran, pues él se los entregaría sin recurrir a sus viejas tácticas de guerrillas saboteadoras, asesinatos, chantajes, extorciones. El nuevo presidente se los entregaría producto de su corrupción, ineptitud, que había provocado el desbordamiento de la sociedad en algo que, inclusive, sintiera su futuro amenazado, así como su misma libertad, pero todavía con una ficha importante en su poder para negociar. Su apoyo y su promesa de no utilizar tácticas electorales bien conocidas, dándole avenida libre a los nuevos revolucionarios. El país era entregado a los herederos de Elias Calles, la economía mixta, sustitución de importaciones, control de precios y salarios, precios de garantía, nacionalismo revolucionario, expropiaciones.  

Finalmente, el proceso iniciado en 1994 había culminado en lo que tanto añoraran; la recuperación del poder que perdieran en 1988. Y mientras que los victoriosos de forma anticipada inician el ejercicio de ese embriagador elemento que con tanta sabiduría describía Lord Acton: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, el mundo espera ahora el siguiente capítulo de esta Fellinesca obra con los mismos ingredientes que hicieran explotar la inútil y fatal revolución mexicana hace más de 100 años, odio, envidia, deseos de venganza, para provocar el que México perdiera el siglo 20 y continuar en ese limbo de la mediocridad. ¿Perderemos también el siglo 21? 
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