Tuesday, August 7, 2018

Confusiones sobre la Economía de Mercado


Ricardo Valenzuela
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Hace unos años me invitaron a una entrevista en una estación de radio de Los Angeles. El tema era inmigración, pero, como había participación de los radioescuchas, se inició una avalancha de llamadas tratando de lincharme por mi posición defendiendo el retiro del gobierno de las actividades que, de forma natural, pertenecían a la iniciativa privada. Me impresionó una dama que me acusaba de aliado del capitalismo mexicano, y al responderle que en Mexico nunca había existido el capitalismo, me rebatía esgrimiendo como ejemplos a Azcárraga, Slim, Salinas Pliego etc. Al ver su furiosa reacción cuando le notifico que eso no era capitalismo, me di cuenta de la gran confusión que existe de lo que realmente es el capitalismo, motivo de su mala reputación. A partir de esos momentos entendí por qué la gente entre el paraíso o el infierno, escogen el infierno.  

¿Qué realmente es capitalismo? 

Hay solo dos formas para organizar la vida económica. La primera es por la decisión de familias e individuos de llevarla a cabo a base de cooperación voluntaria, y este arreglo se le conoce como mercado libre. La otra es bajo las órdenes de un dictador, y se le conoce como economía comandada. En su forma mas extrema, cuando el estado expropia todos los medios de producción, es llamada socialismo o comunismo. Sin embargo, puede haber una mezcla, y desafortunadamente es la que portan hoy día la mayoría de las naciones del mundo. Pero esa mezcla tiende a ser sumamente peligrosa. Si la mezcla es de economía libre y tintes de coerción, las secciones coercidas constantemente tienden a incrementarse.

Una de estas etiquetas necesita ser enfatizada y bien definida. Mercado libre no significa y nunca ha significado que todo mundo puede hacer lo que le de la gana. Desde tiempos inmemorables la humanidad ha operado bajo el estado de derecho, escrito o no escrito. Bajo un sistema de mercado, como en cualquier otro, a la gente no se le permite matar, molestar, robar, difamar, defraudar, agredir, o intencionalmente perjudicarse unos a otros. Porque si no es así, la libre elección y todas las libertades individuales serían imposible. Pero un sistema económico dominantemente debe ser libre o comandado. No hay de otra.  

Desde la introducción y la expansión del marxismo, la mayoría de la gente que participa en discusiones de temas económicos siempre han estado confundidos. Es común escuchar a “líderes sociales” afirmando y denunciando los sistemas económicos que, según ellos, responden “solo a las fuerzas del mercado y son gobernados por la motivación de ganancias para unos cuantos en lugar de las necesidades de muchos”. Luego advierten que ese tipo de sistema puede causar que “el suministro mundial de alimentos llegue a un nivel sumamente peligroso”.

Sabemos que hay sinceridad en ese tipo de afirmaciones, pero al mismo tiempo demuestran cómo las frases nos pueden traicionar. Nos han llevado a pensar de “la motivación por ganancias” como un motor egoísta y miope confinado a un grupo pequeño de quienes ya son ricos, y cuyas ganancias se producen a expensas de todos los demás. Pero profundizando un poco, la motivación por las ganancias es algo que todos tenemos y debemos compartir. Es un motivo universal para lograr condiciones mas satisfactorias para todos nosotros y nuestras familias. Es una motivación de auto preservación. Es lo que motiva a un padre a no solo estar tratando de alimentar y dar un techo a su familia, además, si es posible, estar mejorando constantemente esas condiciones. Este es el motivo dominante para lograr que las actividades sean productivas.

COOPERACIÓN VOLUNTARIA

Esta motivación muy seguido es calificada como egoísmo y no hay duda de que hasta cierto punto lo es. Pero es difícil imaginar cómo la humanidad—o cualquier especie animal—pudiera sobrevivir sin un egoísmo racional. El individuo tiene que asegurar su sobrevivencia antes que las especies sobrevivan, y lo que llaman la motivación por las ganancias no puede ser considerada egoísta. Una organización que no produce ganancias fracasa y desaparece. Y al desaparecer se esfuman los empleos, los servicios o productos que ofrecía en el mercado y, sobre todo, se esfuman los impuestos que pagaba al gobierno. En una sociedad primitiva la unidad raramente era el individuo, sino la familia, e inclusive el clan. La división del trabajo se iniciaba en la familia. El padre salía a cazar o a sembrar los campos; la madre cocinaba, cuidaba y alimenta a los niños; los niños salían por la leña.

En el clan o en grupos más amplios hay aún más especialización de trabajo. Hay agricultores, carpinteros, plomeros, comerciantes, arquitectos, doctores, abogados. Ellos se abastecen unos a otros intercambiando sus servicios. Debido a esta especialización, la producción se incrementa agresivamente más que proporcionalmente a los números; se convierte en un conjunto de acciones increíblemente eficientes y sus participantes en expertos. Desarrollan un inmenso sistema de cooperación voluntaria productiva, e intercambio voluntario benéfico para todos.  Cada uno de nosotros es libre para decidir la ocupación en la cual nos vamos a especializar. Y al seleccionar somos guiados por las recompensas que podamos obtener en esta ocupación, su relativa facilidad o dificultad, lo placentero o no placentero, requerimientos especiales, habilidades necesarias, entrenamiento requerido. Su recompensa es decidida por la forma en qué tanto valúan nuestros servicios otras gentes.

ECONOMÍA DE MERCADO

Este inmenso sistema de cooperación es conocido como economía de libre mercado. No es algo que haya sido conscientemente planeado por alguien. Fue producto de una evolución. No es perfecto, en el sentido que pueda llevarnos a un balance máximo de producción y/o distribución de las recompensas o penalidades, en proporciones exactas a los beneficios/castigos que cada quien merece. Pero esto no es posible bajo ningún sistema económico. El destino de cada uno de nosotros es siempre afectado por los accidentes o catástrofes, así como las bendiciones o maldiciones de la naturaleza, como lluvia, temblores, tornados, huracanes etc. Una inundación o una sequía podría destruir nuestras cosechas, y eso provocaría un desastre entre determinados productores, y tal vez precios récord y grandes utilidades para quienes no fueron afectados. Y no hay sistema económico que pueda solucionar la negligencia de los seres humanos que los operan—la ignorancia, ineptitud, la mala suerte de algunos, o la falta de visión de todos nosotros. Y nadie nos debe rescatar.   

Sin embargo, las alzas y bajas de la economía de mercado siempre tienden a la autocorrección. La sobreproducción de automóviles o apartamentos se traducirá en menos producción al año siguiente. Una producción limitada de maíz o trigo provocará que las siembras de esos productos en el siguiente año sean mayores. Aun antes de que hubiera estadísticas del gobierno, los productores eran guiados por precios y ganancias. La producción entonces tenderá a ganar eficiencia constantemente porque los productores menos eficientes serán eliminados del mercado, y los más eficientes tendrán incentivos para invertir y expandirse. La gente que reconoce las ventajas de este sistema lo llaman economía de mercado o de libre empresa. Sus enemigos y la gente que quiere abolirlo lo han llamado—desde la publicación de “El Manifiesto Comunista” en 1848—capitalismo. El título fue inventado con la intención de desacreditarlo—asegurando era un sistema desarrollado por y para los “capitalistas”—por definición los odiados ricos que, según ellos, usaban su capital para esclavizar y explotar a los trabajadores.  

Todo ese proceso fue estúpidamente distorsionado. El empresario estaba invirtiendo sus ahorros acumulados con riesgo en lo que el pensaba era una buena oportunidad. No tenía ninguna seguridad ni garantía de que fuera exitoso. Debía luego ofrecer el salario reinante o algo mejor para atraer trabajadores. Mientras las empresas fueran más exitosas, los salarios tenderían a ser más altos. Pero Marx hablaba como si el éxito de cada negocio nuevo estuviera asegurado, y no había incertidumbre ni riesgo. Esto resultaba en la condena del empresario por su riesgo inexistente y su falta de espíritu de exploración e innovación. Marx pensaba que las ganancias era algo totalmente asegurado y las despreciaba. Asumía que la riqueza nunca podría ser creada honestamente por exitosos tomadores de riesgo, sino que era heredada o robada.   

Sin embargo, la etiqueta capitalismo, sin ser la intención, pagó tributo a uno de los principales méritos del sistema. Al recompensar a la gente que habían arriesgado invirtiendo su capital, empezó a colocar constantemente en manos de los trabajadores, mejores herramientas para incrementar la producción per cápita, cada día más y más. El sistema de propiedad privada y capitalismo es el sistema mas productivo que haya existido. El Manifiesto Comunista fue una llamada a las masas para iniciar el proceso para llegar a envidiar y odiar al rico. Les decían que su única salvación era expropiar a los expropiadores, el destruir las raíces y los brazos del capitalismo por medio de revoluciones violentas. 

Marx atentó racionalizar este curso construido sobre lo que el consideraba como inevitable, deducido de la doctrina de Ricardo. Pero la doctrina era errónea; y en manos de Marx el error se convirtió en una fatalidad. Ricardo había concluido que todo valor era creado por el trabajo—que es algo que hasta cierto punto puede tener cierta verdad, si contamos el trabajo desde el inicio de los tiempos—el trabajo de todo mundo que fue a la construcción de casas, desmonte de tierras, barbechos, la creación de fábricas, herramientas y maquinaria. Pero Marx decidió usar el término aplicado al trabajo corriente del momento, y a la labor de solo los empleados contratados. Con esto, totalmente ignoraba la contribución de bienes de capital, la visión empresarial de inversionistas, la habilidad de los gerentes y directores, lo que aportaba la investigación y desarrollo.

LOS ERRORES DE MARX
Los errores de las teorías de Marx desde entonces han sido expuestos por multitud de brillantes escritores. De hecho, sus absurdas conclusiones han sido probadas como grandes errores inclusive cuando Des Capital aparecía, por pacientes investigaciones del conocimiento contemporáneo disponible de ingresos, pago de salarios y ganancias. Pero las abundantes, organizadas e inclusive oficiales estadísticas todavía no aparecían para refutarlo con más fuerza. Pero solo para citar una de las cifras que conocemos bien: En las ultimas décadas, las corporaciones americanas “no financieras” pagan a sus empleados en promedio, mas de un 90% del total disponible para dividirse entre los dos grupos, y solo 9.8% a los accionistas. Esto es ganancias después de impuestos. Pero solo aproximadamente la mitad de esta cifra en promedio es lo que se ha pagado en dividendos en años recientes, contradiciendo las afirmaciones populares de que los empleados solo obtienen 25% de lo disponible y los accionistas 75%.

Económicamente el comunismo ha sido un rotundo fracaso. No solo ha fallado en mejorar el bienestar de las masas; lo ha deprimido, ha provocado hambruna y muerte. Antes del comunismo, el gran problema de Rusia era encontrar mercados extranjeros para el sobrante de sus cosechas. Después del establecimiento del comunismo, el problema se transformó en importar para alimentar a su pueblo.

Aun así, El Manifiesto Comunista y la cantidad de propaganda socialista inspira a los cortos de mente, y continúa ejerciendo una gran influencia. Aun muchos de los confesados anticomunistas, piensan que el modo más efectivo para combatirlo es el hacerle concesiones. Algunos, inclusive, lo aceptan—socialismo pacifico—como la única cura para lo “diabólico” del capitalismo. Otros están de acuerdo en que es algo indeseable, pero, según ellos, lo diabólico del capitalismo es real por su falta de compasión, porque no provee una red de seguridad para los pobres y los desafortunados, porque no redistribuye la riqueza de forma justa—en pocas palabras, falla en proporcionar “justicia social”. Pero todos esos criticismos no se dan cuenta que hay una clase de gente, los políticos que tenemos el poder de elegir en lugar de los dinosaurios, que podrían llevar a cabo las medidas correctivas si solo tuvieran el deseo y coraje para hacerlo.

Pero lo mas triste es que los políticos han estado prometiendo hacerlo durante mas de un siglo. El problema es que sus remedios legislativos siempre han sido erróneos. Si hay quejas que los precios son muy altos, se pasa una ley para congelarlos. Y el resultado es que pocos y mas pocos bienes y servicios son producidos, o, se desarrolla el mercado negro. La ley es ignorada y finalmente es derogada. Si la queja es por rentas muy altas, se congelan las rentas. Se deja de construir nuevas viviendas, los viejos apartamentos no son mantenidos por los dueños hasta que se derrumban. Eventualmente es permitido se paguen rentas mas altas, pero muy por debajo de lo que dicta el mercado. El resultado es que los ocupantes, a quienes se ha tratado de favorecer congelando rentas, llega el momento que sufren más que los dueños por la falta de vivienda que se provoca.

La ayuda a los desempleados y el Seguro Social se establecieron para proporcionar esa famosa “red de seguridad”. Pero esto se ha traducido en que muchos de ellos que, al sentir esa protección, no buscan otro empleo y ahí permanecen creando esa gran capa de dependencia. Estos programas han crecido de forma ridícula y para financiarlos constantemente se han estado incrementando los impuestos, pero tampoco aumentan las expectativas de más ingresos para el gobierno, porque los incrementos en impuestos reducen los incentivos de ganancias e incrementan las pérdidas en los negocios, y la producción. Pero el gobierno sigue gastando y las redes de seguridad continúan creciendo. Es cuando hace su aparición la inflación, desmoralizando aún más la inversión y producción.

Todo esto es muy triste, pero son las consecuencias que aparecen en país tras país. Es muy difícil señalar hoy día uno que no haya alcanzado un nivel de bancarrota producto de sus programas de bienestar social, y sus monedas constantemente se han estado depreciando y ellos endeudando. Nadie ha tenido el valor para sugerir desmantelarlo o reducirlo a un nivel que pueda ser manejable. Pero en su lugar solo escuchamos el grito “mas impuestos a los ricos” y redistribuir la riqueza. Y así nos encontramos atrapados en este laberinto sin encontrar la salida, y poca esperanza de que algún día la encontremos.    
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