Tuesday, June 12, 2018

MODERNIZACIÓN, DINERO Y RELIGIONES


Alberto Mansueti
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¿“Todas las religiones son iguales”, como afirman los escépticos? ¡No! Pero es cierto que en algunas religiones paganas, sus mejores reglas morales se parecen. En la Teología calvinista son parte de la “Gracia común” de Dios a la humanidad. Y congenian con el capitalismo, si no son pervertidas por el endiosamiento y adoración al gobernante, como muchas veces sucede.

Desde los años ’70, los “cuatro tigres asiáticos”, Hong Kong, Taiwan, Singapur y Corea del Sur, adoptaron un capitalismo bastante liberal, y desde entonces el crecimiento económico ha sido muy sostenido. Además de mercados libres, hay un grado aceptable de libertades religiosas. ¿Y cuáles son las religiones mayoritarias? ¿El protestantismo calvinista, como podría suponerse, según los estudios de Max Weber?

 
No; las religiones más seguidas, estadísticamente, son el taoísmo, el budismo, y la “religión china tradicional”, mezcla de taoísmo y confucianismo, prevalente entre chinos étnicos. Como también el hinduismo, el sintoísmo y el Islam, entre inmigrantes (o descendientes) llegados respectivamente desde India, Japón, y países musulmanes. El cristianismo en sus variadas expresiones está muy presente, y algunas crecen; pero aún es minoritario.

En los “tigres”, las religiones orientales no han sido obstáculos, por decir lo menos, al trabajo, al ahorro, al emprendimiento y al desarrollo capitalista, ni al “afán de lucro”; ni tampoco al respeto por la propiedad privada o el comercio en libertad. Ni han hostilizado la actividad bancaria.

En India contrastan los estados atrasados y pobres, aún sometidos al socialismo, con los más prósperos, que lo han abandonado; pero sin muchas diferencias en las prácticas religiosas más populares. Lo mismo en el sur de China, donde hay capitalismo, aunque con menos libertad de cultos. Hay allí más diversidad religiosa (y sincretismo) que en el interior socialista, pero siempre hubo, por el contacto marítimo con el mundo.

En las religiones orientales, la cosmovisión es escapista, anti-racional, y quietista, pero la ética no condena el dinero en sí mismo, como hace la propaganda de izquierdas; y si se revisa bien sus reglas, máximas y proverbios, ¿coliden con las normas y valores básicos del capitalismo liberal? En principio no; y algunas de sus enseñanzas morales los alientan.

(1) Hinduismo. La teología es complicada por la adoración politeísta a varias divinidades, mayores y menores, pero la ética de sus escritos sagrados, “vedas”, Upanishads y Bhagavad-Guita, prescriben “deberes eternos”, como la honestidad, no dañar a seres vivientes, paciencia, tolerancia, autocontrol y compasión. ¿Esto es contrario al capitalismo? No.

Lo más problemático son las castas, los “karmas” y las reencarnaciones sucesivas. El sistema de castas es como cualquiera de estratificación social rígida. Y fue cuestionado por el budismo, una disidencia del hinduismo que por ello se hizo muy popular. El socialismo fracasó en prohibir por ley todo el régimen de castas, en 1950, pues no desapareció; y recientemente lo agravó con sus leyes para la “discriminación positiva”, en base a victimismo y cuotas obligatorias.

Lo que borra las fronteras entre las castas es, como siempre, el dinero: si tienes éxito en los negocios y te haces rico, en la India moderna (capitalista), a nadie interesa en cuál casta naciste. Y hasta te feliciten y te ponen como ejemplo, por superar tu “karma” (cualquiera sea). Milton Friedman en “Capitalismo y Libertad” (1962), ya enseñó que el libre mercado es el mejor disolvente para los prejuicios de casta, clase, raza, clan o religión.

(2) Budismo. Se duda que sea una religión, ya que no hay “dioses” o deidades; más bien es una doctrina y práctica “espiritual”, no basada en teologías, sino en el “conocimiento de uno mismo”. Es la enseñanza de Siddharta Gautama (s. IV a.C.), el Buda (“iluminado”), ética que se resume en el “Camino Óctuple” o “las ocho nobles verdades”. ¿El severo ascetismo riñe con el capitalismo? Sí; pero hay otras exégesis, fomentadas en parte por el típico sincretismo de estas religiones, “senderos” y sectas orientales, que se han influido e influyen mutuamente.

Por ejemplo el actual XIV Dalái Lama, Tenzin Gyatso, se declaró marxista. Pero por otro lado, hay el budismo de ciertos gurúes para gusto de los Beatles (Maharishi Mahesh Yogi), y las estrellas de Hollywood (p. ej. Osho), que les dejan harto dinero para sus lujos y placeres nada ascéticos.

Y hay el budismo para ejecutivos y personal de grandes corporaciones. Destaca el “venerable” Lobsang Namgyel, ex empresario australiano. Enseña pensamientos “positivos” (eso recuerda a los pentecostales); y “acabar con los destructivos”, para lograr paz y armonía en las empresas, y más productividad, que se refleja en los balances y precios de las acciones. ¿Y cuáles son “destructivos”? Los que fomentan paros y huelgas, discusiones “paritarias”, feroces guerras sindicales por “convenios colectivos”; por lo que esta doctrina sería de provecho en países como Argentina. ¿Y qué diría Marx? ¡Que eso es “la religión, opio del pueblo!”

(3) Poco se conoce de Lao-Tse, fundador del taoísmo. Su existencia histórica, y su autoría del libro Tao Té Ching, son temas de controversia, así como sus diálogos con Confucio, un maestro ambulante en la China del siglo V a.C., cuyas enseñanzas se leen en sus “Analectas”. En este panteísmo, lo divino es el cosmos, y es armónico; si se rompe su armonía, hay graves consecuencias. Y Lao Tse enseñó que los reyes lo rompen cuando tratan de reemplazar las leyes naturales con sus propios decretos, o sea leyes malas. Y Confucio predicó en contra del monarca injusto y despótico, que así viola el “Mandato del Cielo” (Tian Ming).

Esta religión tradicional pone límites a los Gobiernos. Y sobre su ética, la Profesora Rosana Pinheiro-Machado, de Brasil, la describe como alabando el ahorro y condenando el despilfarro, en su estudio “A ética confuciana e o espírito do capitalismo” (Internet). Esta moralidad podría explicar el éxito económico de los inmigrantes chinos en países extranjeros.

(4) El sintoísmo en Japón, por el contrario, sí choca con el capitalismo, porque es una religión muy nacionalista, y que endiosa a los monarcas, asumiendo que las dinastías imperiales son descendientes de “Amaterasu”, la diosa del Sol. Pero eso hicieron también en Occidente los emperadores romanos a partir de Julio César, cuando secuestraron el viejo y austero culto familiar y sacerdotal a los dioses de la Era republicana, tomado de los griegos. Los césares “divinos” ofendieron a los senadores, y la autoridad del Senado disminuyó en tanto el “cesarismo” se propagaba. El cristianismo terminó con semejante aberración, a partir de Constantino.

En Japón, la adoración al Estado y al gobernante produjo los jóvenes pilotos suicidas en la Segunda Guerra Mundial, aquellos “kamikaze”, que nos recuerdan a los “niños-bomba” del islamismo, que ahora está secuestrado por la estatolatría y el terrorismo. Pero el Islam amerita otro artículo, por razón de su actualidad.

¡Muchas gracias!

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