Friday, June 15, 2018

Hasta Comunistas ahora son pro Libre Comercio


REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela

La avalancha irracional, infinita y creciente de los ataques a Trump de parte de sus enemigos, con la activación de sus tarifas al comercio ahora hasta los comunistas se han convertido en santos patronos de libre comercio, para acribillar al presidente con pronunciamientos que envidiaría Cantinflas. El propósito de esta nota no es defender las tarifas activadas por Trump, con las que no estoy de acuerdo, sino explorar cual es el marco legal y la realidad de los tratados de comercio.

Para los liberales, libre comercio es ausencia de intervención del gobierno en el comercio: sin tarifas, sin cuotas, sin subsidios. Pero, para los oficiales del gobierno significa un complejo entarimado de políticas comerciales manipuladas, y el poder para establecer las reglas del comercio global. ¿Cuáles importaciones serán grabadas, y que tanto? ¿Qué exportaciones serán subsidiadas, que tanto? ¿Cómo se harán respetar las políticas internas como empleo, el medio ambiente y, en especial, las políticas sociales? Así nacen “aparentes” acuerdos comerciales.

Cuando un proyecto de verdadero libre comercio emerge en el horizonte de un país, es muy fácil comprobar su verdadera etiqueta. De inmediato el gobierno, la prensa, los grandes negocios se opondrán de forma casi violenta. Aparecerán luego largas letanías advirtiendo del peligro que representa de llevarnos a las prácticas del siglo 19. La media vendida y los sabios académicos rápidamente pasarán a las advertencias con el viejo embuste, de un comercio sin intervención del gobierno será anárquico y explotador. El establishment ante la posibilidad del libre comercio reaccionará con el mismo entusiasmo de un político que le notifican ha perdido la elección

El establishment mundial, desde la segunda guerra mundial inició sus gritos de entusiasmo pidiendo el libre comercio, pero, en realidad, siempre han estado nutriendo bajo la mesa a los opositores de la verdadera libertad de intercambio. Las organizaciones emanadas de los fatales acuerdos de Bretton Woods, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, iniciaron el franco apoyo a los nuevos acuerdos comerciales basados en las ideas mercantilistas de que las exportaciones es lo que hacen ricos a los países, y las importaciones los empobrecen.

La mayoría de las decisiones en Bretton Woods fueron tomadas bajo el consejo de dos economistas; John Maynard Keynes, héroe de todos los gobiernos socialistas durante el siglo 20, y Harry Dexter White, con credenciales del partido comunista de EU y que luego fuera acusado de espionaje a favor de Rusia. Por esto y otros motivos, sabemos que los gobiernos no tienen interés en genuinos acuerdos de libre comercio.   

Las palancas para manipular el comercio mundial las tiene la OMC que administra 60 acuerdos, impone a todos sus miembros la adhesión a la totalidad de ellos. Esto es una enorme complejidad de las negociaciones sobre su modificación, porque involucran forzosamente a todos los miembros. Las ventajas que cada país obtiene, o los perjuicios que sufre, supuestamente se compensan en campos diferentes, y la negociación debe tener un consenso general y equilibrios de extrema complejidad. Es decir, el verdadero libre comercio mundial no existe y la Organización Mundial de Comercio es otra burocracia más. Y cuando se les da a las burocracias este poder, el resultado es una maraña de trabas y los caminos alternos, no muy legales, para evitarlas.

Pero si somos verdaderos apóstoles del libre comercio sabemos que los tratados no tienen razón de existir, y así lo afirmaba el gran Pareto en 1901: “No hay necesidad porque lo que supuestamente deben de arreglar, no existe cuando los países ya intercambian libremente. Esta era la doctrina de J.B. Say y de toda la escuela económica francesa. Era la doctrina de la escuela económica inglesa. Cobden, al asumir la responsabilidad del tratado comercial de 1860 entre Francia e Inglaterra, se inclinaba más a revivir la infame política de los tratados de reciprocidad y empezó a olvidar la doctrina de economía política de la cual había sido un defensor intransigente”.

Cobden insistía con su contraparte francés, Chevalier: “No necesitamos tratado, el libre comercio debería ser unilateral. Libertad total en el comercio internacional”. Cobden renunciaba a su responsabilidad argumentando lo secreto de las negociaciones, por lo cual no tenía la información necesaria para negociar. Hoy, la falta de transparencia en las negociaciones de libre comercio hace muy difícil conocer cuál será el contenido de un tratado. Mientras se negocian algunos de estos tratados, ya hay ejemplos de aplicación de otros acuerdos similares. Nos podríamos referir al General Agreement on Tariffs and Trade (GATT), el General Agreement on Trade in Services (GATS), el Agreement on Trade-Related Aspects of Intellectual Property Rights (TRIPS) o a acuerdos más regionales como el North American Free Trade Agreement (NAFTA) o la European Economic Area (EEA).

El hecho de que los gobiernos negocien en nombre del libre comercio debería resultar sospechoso para cualquier libertario o verdadero defensor del de la libertad de intercambio. A todas las burocracias del mundo, como lo comprobara Buchanan en su Public Chooice, lo que les interesa es acumular más poder a base de interferencias en los mercados, para su beneficio.

El gran Murray Rothbard se oponía al TLC y demostró que estaban llamando acuerdo de Libre Comercio, a lo que en realidad era una forma de cartelizar e incrementar el control del gobierno sobre la economía. Había pistas muy evidentes de que, en la trastienda de estos acuerdos se ocultaban prácticas proteccionistas. Cerraba afirmando; “el genuino libre comercio no requiere de tratados”. Los gobiernos nunca renuncian a su poder, y los tratados genuinos requieren de una disminución de los poderes del estado. Pero al llegar a la conclusión de los modernos acuerdos, nos damos cuenta de que son para afianzar ese poder no limitarlo ni compartirlo.

Además, los tecnicismos y el secretismo que rodean a los acuerdos de libre comercio favorecen el mercantilismo y el proteccionismo en la medida en que las regulaciones técnicas se usan para favorecer a los productores que están bien relacionados políticamente. Esta dirección pública hacia la hegemonía regulatoria es evidentemente algo totalmente opuesto al libre comercio. De hecho, el libre comercio supone dejar que los consumidores elijan pacíficamente qué productos quieren promover en lugar de determinar qué está disponible mediante coacción burocrática.

Como señalaba Vilfredo Pareto: “Desde el punto de vista del proteccionista, los tratados de comercio son lo más importante para el futuro económico de un país. Cada vez que se aprueba un nuevo tratado de “libre comercio”, lo que se ve es la atenuación de las barreras arancelarias, pero lo que no se ve es la proliferación y armonización de barreras no arancelarias que impiden la libre empresa y crean monopolios a escala internacional a costa del consumidor. Entonces, como lo propuso Trump ante el G7. Es la hora del verdadero libre comercio sin tarifas, sin subsidios, sin barreras.

No comments:

Post a Comment