Friday, May 25, 2018

LA ENVIDIA LEGITIMADA


Ricardo Valenzuela
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Mucho se ha discutido la ideología económica del Papa Francisco que algunos definen como simple marxismo, una nueva ráfaga del viento que empuja las velas de católicos en su travesía abandonando su iglesia. Hace unos días, cayeron en mis manos un par de notas que exploran el tema con profundidad. La primera es autoría de Thomas Di Lorenzo, un economista y profesor en la Universidad de Loyola quien, procede a destrozar el contenido de un reporte de la iglesia: “el presente sistema económico financiero”. Un pronunciamiento que de inmediato delata a la burocracia de la iglesia como su autora. Ambas notas desnudan a sus autores y al mismo Papa, como verdaderos ignorantes de conceptos económicos.

El título del reporte es; “Oeconomicae et pecuniaria quaestiones”. La publicación expresa alarma acerca de la creciente influencia de los mercados financieros en el bienestar material de la humanidad, y procede con una serie de peticiones absurdas. Exigen más intervención gubernamental, más regulaciones, más política, más free lunch, más planeación central, más impuestos y menos libertad. Al leer esta parte me parecía escuchar una declaratoria de Marx, Lenin o Stalin.

Manejan el concepto de “utilidad” como algo ilegitimo puesto que, según ellos, no promueva a la persona humana. Sugieren que el bienestar debería ser medido con un criterio diferente al PIB, más humano y espiritual. Me llegaba a la mente una entrevista que le hicieron a Milton Friedman cuando le preguntan ¿Cuál es la responsabilidad social de la empresa? Sin titubear él responde; “generar utilidades”. Al ver la impresión en la cara del publico prosigue. “Repito, generar utilidades porque una empresa que no las genera, no puede tener empleados bien remunerados, no puede ofrecer nada en el mercado, no paga impuestos, no puede pagar a sus proveedores, sin utilidades va a la quiebra”. Le faltó al maestro agregar que, si la gente no tiene ingresos, pues tampoco habrá para las limosnas en la misa dominguera.   

Pensaba luego en la famosa frase de Adam Smith: “No es por la benevolencia del carnicero, del panadero, o el cervecero, es que tengo la cena sobre mi mesa. Sino por su ambicion de obtener una ganancia y, en la persecución de un objetivo tan personal, sin proponérselo, está también promoviendo el bienestar de la comunidad siempre guiados por una mano invisible”. Ahora, es muy importante distinguir la diferencia entre ganar dinero y crear valor. Porque se puede ganar dinero sin crear valor (los políticos son los expertos en ese campo), pero la forma más ética de obtener una ganancia es creando bienes y servicios que tengan valor en un mercado competitivo. La iglesia gana mucho dinero y es muy cuestionable el valor que crea.

La segunda fue publicada por el director del Acton Institute, Kishore Jayabalan, quien inicia analizando la obra producida por dos periodistas italianos asentados en el Vaticano bien conectados con el Papa, en donde hacen una defensa de las ideas económicas de Francisco en su nota;” Papa Francisco: Questa Economia Uccide (esta economía mata) en la cual los autores, con vestimenta de porristas, se vuelcan con un cargamento de alabanzas a las ideas del Papa argentino, pero con argumentos tal vez aprendidos en la universidad del Peje.

Inician con el subtitulo “Los ataques contra el Papa marxista” en donde proceden con un agresivo ataque a una publicación que cuestiona por qué los obispos como el de Chicago, Blase Cupich, y el cardenal Oscar Rodriguez Madariaga, tienen una visión tan confusa y equivocada de la economía de mercado, como lo evidenciaron en la Conferencia Catolicismo y Libertarianismo. La nota continúa afirmando que es muy claro que el nombramiento de Cupich se debe al efecto Francisco, cuando, como es obvio, ambos favorecen la lucha contra la pobreza y trafico humano ignorando la lucha contra el aborto y la homosexualidad, preguntando luego si la causa de esta dicotomía es mas secular progresista que cristianismo ortodoxo.

Rush Limbaugh diariamente describe la filosofía económica del Papa como “Marxismo puro” frente a sus casi 20 millones de radio escuchas; Sara Palin afirma que Francisco en su retórica suena claramente como socialista; el congresista Paul Ryan argumenta: “El hombre es de Argentina donde nunca han conocido el capitalismo. Lo que han tenido es capitalismo crony. No conocen el verdadero sistema de libre empresa, sino el clásico arreglo que Mises describiera como intervencionismo”. Y esa es una de las defensas que usan los dos periodistas autores. Argentina es sin duda un país donde esa sociedad gobierno-empresarios es lo que ha regido durante siglos. A Juan Pablo II le tomó tiempo entenderlo, pero finalmente lo hizo.

Es muy claro que esta obra es una defensa y reafirmación de las enseñanzas católicas sociales, armas contra sus enemigos capitalistas americanos. Además de citar las criticas de Pio XI al mercado financiero mundial, acuden también a las ideas socialistas de Leon XIII quien abogaba por la sumisión de los derechos de propiedad privada para promover el bien común, y la forma en que condenaba la autonomía de los mercados de cualquier tipo. Pasan luego a citar a Benedicto XVI y su Caritas in Veritate para demostrar que no solamente un Papa argentino tiene mala opinión del capitalismo democrático.

Pero lo que no hicieron fue acudir a la obra de ese gran economista Peter Bauer criticando la obra de Paulo VI Populorum Progressio y Octagesima Adveniens, que publicara en 1981 titulado: “Economía Eclesiástica: Envidia Legitimada” Después de destruir todos los argumentos de las dos obras y en general de esa tendencia general de la iglesia proseguía: “El espíritu de estos documentos es contrario a los elementos de la vieja tradición católica. No son ni siquiera cristianos. Son utopías, ideologías chiliasticas, combinadas con una gran preocupación por las diferencias económicas, es un amalgama de ideas de sectas milenarias, de las extravagantes demandas de los primeros americanos promotores de la ayuda externa, y de un mesiánico componente de Marxismo-Leninismo.

Estos son documentos e ideas inmorales en varios niveles. Inmorales porque están incompletos. Su falta de reflexión y compromiso ideológico los lleva a proponer y promover ideas que se contradicen con los principios originales de la iglesia. Son también inmorales porque le dan color a la noción de que la envidia es legítima, y propagan confusión del concepto de caridad”. Los clérigos contemporáneos han perdido su camino llegando a niveles extraños para ellos. Sus preocupaciones reflejan una reacción de pánico ante el temor de perder su clientela. La aceptación de ideas evidentes en discordia con la realidad es un reflejo de la credulidad de la gente, incluyendo clérigos, que han perdido su fe, y cuando el hombre deja de creer en una divinidad, simplemente no cree en nada. Y para reencontrar la verdad se requiere una fuerza excepcional que rescate la fe y así renazca la esperanza de que la verdad, ante discusiones acerca de la igualdad, triunfará, pero no con la ayuda de clérigos modernos y menos con el Papa Francisco.

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