Tuesday, May 22, 2018

CAPITALISMO EN INDIA


Alberto Mansueti
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Pronto habrá elecciones presidenciales en tres países latinoamericanos. En Venezuela (20 de mayo), todos los opositores son de izquierda: “disidentes” de Maduro, no del socialismo. En Colombia (27 de mayo), y en México (1 de julio), los respectivos candidatos de izquierda dura tienen oponentes sólo de izquierda blanda; o apenas “de centro”, y si alguno gana, hará el triste papel que la derecha mala hizo en Perú con Kuczynski, y hace en Argentina con Macri y en Chile con Piñera. Siempre pasa lo mismo.

América Latina no se despega del socialismo, porque aún faltan las fuerzas políticas decididas a ofertar a la gente un cambio de sistema, “sin pelos en la lengua”, y con un proyecto sólido y atractivo para la transición.

 

No es así en otras regiones del ex “Tercer Mundo”; por ej. en India. En los años ’50, el por entonces dominante “Partido del Congreso Nacional” (NCP) impuso el socialismo; pero desde fines del siglo XX hay fuerzas políticas de signo contrario, que empujan en la dirección opuesta, con reformas de fondo. En lo que va del siglo XXI, la economía india crece a un ritmo sostenido, mayor a un 5 % anual como promedio nacional, aunque con marcadas disparidades regionales.

En el año 1998, el partido “Bharatiya Janata” (BJP) y otras 12 agrupaciones de tipo regional, religioso y “single issue” (punto único) conformaron la “Alianza Democrática Nacional” (NDA) de oposición, que fue gobierno entre 1998 y 2004, y regresó al poder en 2014, con un 38,5 % de votos. El actual primer ministro Narendra Modi pertenece a esta amplia y exitosa coalición NDA.

Es un cambio crítico; ¿cómo fue eso así? Responde mi amigo indio Barun S. Mitra, a quien tuve el gusto de conocer hace unos 15 años, en una reunión de la Society for Individual Liberty (ISIL), que impulsaba el formidable Vince Miller (1938-2008). En el “Índice de Libertad Económica” de la Fundación Heritage 2006, Barun explica: fue la poderosa resistencia de la economía informal.

Mitra examina cinco sectores: la industria automotriz, la informática, la minería (especialmente oro), la energía, y los servicios bancarios. Muestra en cada uno la potencia de la economía informal; y en las actividades donde ha logrado más victorias en su lucha legal o ilegal contra el estatismo salvaje, contra las reglamentaciones, burocracias y papeleos, los altos impuestos y la “mentalidad anti-capitalista”, se observa mayor avance en creación de riqueza y reducción de la pobreza.

Es simple: bajo el socialismo, el capitalismo es ilegal; actividades económicas privadas normales como trabajar, comerciar, emprender, contratar libremente para ganar dinero, ahorrar, invertir para hacer crecer los negocios propios, están prohibidas, o fuertemente penalizadas, de hecho o de derecho.

Es igual que en América Latina; pero la gran diferencia es que muchos emprendedores indios, sobre todo de ciertos Estados regionales, captaron el punto clave: no basta con sobornar a los politiqueros y los burócratas corruptos, para eludir las trabas y penalidades; hay que apoyar la creación de partidos políticos nuevos y decididos a legalizar el capitalismo de libre mercado, opuestos al socialismo, y a la vez al capitalismo malo o “de amigotes”, el de la oligarquía prebendaria. Así en los años ’90 surgieron los partidos del frente NDA, que hoy gobierna nuevamente la India.

No faltan dificultades, porque la mentalidad de izquierda es aún fuerte; pero el federalismo, muy descentralizado en India, tiene una gran ventaja: la gente puede ver y comparar los muy dispares resultados, en cuanto a crecimiento y calidad de vida, en los Estados más y menos capitalistas. Así hay Estados florecientes como Gujarat, Maharashtra, Haryana y Punjab, y más recientemente Tamil Nadu y Karnataka; y hay otros estancados como Orissa, Bihar, Rajasthan, Madhya Pradesh y Uttar Pradesh. Lo dice Johan Norberg: no sólo entre las naciones sino también dentro de las naciones, la distribución desigual de la riqueza se debe a la desigual distribución del capitalismo.

Un punto destacable: los Estados más capitalistas han ensayado fórmulas privatizadoras y de liberación de la competencia abierta más allá de la economía: en la enseñanza y la atención médica; por eso se ven similares disparidades en los resultados para la educación y la salud.

¿Y cuáles son los principales obstáculos al capitalismo? Pueden señalarse dos:

(1) Uno es la feroz y mentirosa propaganda de las izquierdas. Desde la época de Manchester a fines del siglo XVIII hasta hoy, cada vez que alguna zona subdesarrollada logra despegarse del estatismo y abrirse al “laissez faire”, la prensa lo oculta, nada informa. Y cuando los resultados son asombrosos y se tornan inocultables, los medios publican siempre los mismos mitos y leyendas sobre “los obreros explotados trabajando por sueldos miserables”, sobre “los niños obligados a ir a las fábricas”, sobre “las mujeres violadas por sus patrones”, sobre “los cinturones de miseria”, sobre “el hacinamiento y las viviendas insalubres en las ciudades fabriles”, sobre “el capitalismo que genera violencia”, sobre “la desigualdad y los contrastes entre ricos y pobres”; y así por el estilo, continuamente. Mienten, para engañar y confundir a la gente.

(2) Y logran su propósito: la gente se amedrenta. De allí resulta el otro gran obstáculo: el miedo que cunde entre los defensores del libre mercado, y que les lleva a volverse cobardes. En vez de asumir con coraje las expresiones satanizadas como “capitalismo liberal” o “derecha política”, única forma de quitarles el estigma, recurren a subterfugios verbales para disimular. Así añaden más confusión a la confusión. Y llenos de pavor, se esconden tras curiosos pretextos, de orden práctico, y hasta tienen coartadas de tipo “teórico”, para no entrar en la arena política de manera transparente, en caso de tener esa vocación; o de no tenerla, apoyar decididamente a quienes sí la tenemos. Y muchas veces, demasiadas, “apoyan al mal menor para evitar el mayor”; o sea: al socialista que aparenta ser algo menos duro, y que hundirá el país a un ritmo más pausado, y no de inmediato.

Insisto: todas estas cosas pasan en la India; pero no sólo en la India.

¡Hasta la próxima!
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