Monday, April 23, 2018

¿Partido libertario mexicano?


“Cuando hubo oportunidad los partidos políticos no siguieron la corriente mundial. Ahora necesitamos un partido que promueva la autosuficiencia CON CAPACIDAD DE IMPORTAR, no la dependencia PIDIENDO AYUDA, la individualidad, no el colectivismo.”

RICARDO VALENZUELA
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Desde que tengo uso de razón siempre tuve claro que en México había dos corrientes políticas que no correspondían a mi ideología y mis ideales. La corriente marxista que en las diferentes etapas de nuestra historia ha sido representada por partidos como el PPS, el Partido Comunista Mexicano, Partido del Trabajo y recientemente por el PRD. Por otro lado, la corriente estatista, socialista, corrupta, antidemocrática del PRI.
Rechacé la avenida del PRI desde mi infancia al atestiguar las tribulaciones de mi abuelo materno sufriendo las agresiones del aberrante producto de la revolución mexicana; “la Reforma Agraria.” Acusándolo de latifundista, constantemente lo despojaba del fruto de su trabajo que con tantos sacrificios él había construido, iniciando a principios del siglo 20, trabajando como arriero en el mineral de La Colorada, Sonora.



Años después, como estudiante primero y luego como profesionista, pude atestiguar la forma en la que el PRI estaba destruyendo nuestro país. Me tocó ver con asombro y frustración el robo fraguado por Echeverría en el Valle del Yaqui en 1976, el robo de la banca por parte de López Portillo en 1982, el robo al bienestar de los mexicanos con las inflaciones devaluaciones ridículas de los años 80s. La quiebra declarada ante la comunidad internacional en Septiembre de 1982.
Como era lógico, para alguien formado en la facultad de economía y administración del Tecnológico de Monterrey, llegó el momento en el que, ante mi frustración, me asomé con timidez al ideario del único partido contra el cual no tenía mala disposición; el PAN. Me di cuenta de que en gran parte coincidía con sus principios—todavía no descubría mi liberalismo. Los escritos liberales de Don Manuel Gómez Morin me cautivaron de inmediato. Sin embargo, cuando me llevó a enfrentarme con las actitudes del panismo moralizador e intruso en las vidas de los individuos, me di cuenta que ese tampoco era mi rebaño.
Eran los años 70 y el socialismo parecía haberse adueñado del mundo. El comunismo se extendía por todos los rincones del planeta. El mismo presidente Nixon en los EU exclamaba; “ahora todos somos Keynesianos” al tiempo que implantaba la estrategia básica de los estados socialistas; control de precios y salarios. Pasaba luego a destruir los acuerdos de Bretton Woods sacando el dólar del patrón oro. Sin embargo, al abrir el capítulo de la década de los 80, algo insólito empezó a suceder. Lo que el autor Francis Fukuyama relató en su libro, “El fin de la historia y el último hombre,” parecía haberse hecho una realidad. Un mundo libre y arropado por los mercados libres.
Pero México es otro país y los partidos políticos no siguieron la corriente mundial. Los izquierdistas, ahora en el “reparo” del PRD, no solo continuaron con sus actitudes de antaño, las habían radicalizado. La izquierda en México sigue siendo agresiva, terca, ciega, continúan con sus estrategias tan popularizadas por los perfectos idiotas latinoamericanos. Los izquierdistas mexicanos todavía piensan que con el enfrentamiento, la violencia, el saboteo y la guerrilla pueden finalmente conquistar el poder. Para ellos el Estado sigue siendo su Dios creador y repartidor de todas las cosas. ¿Los ciudadanos? peones del gran ajedrez estatal, piezas al servicio del Estado.
Los herederos de Calles (PRI) provocaron su propia revolución moderna que nadie ha entendido. Enarbolando la bandera del Neoliberalismo en una borrachera elitista, se tiraron a saquear el país transfiriendo la propiedad de los activos nacionales al club de amigos del Señor. En la época de la revolución los pobres eran oprimidos por el patrón y lo cambiaban por el Estado. Ahora de nuevo se revertía la ecuación. Pero los revolucionarios que no habían sido invitados a la fiesta, simplemente decidieron quemar la casa en donde se desarrollaba el fandango. Finalmente la casa se vino abajo y todos ellos terminaron “homeless” y desamparados. Ambos movimientos encontraron la respuesta de la sociedad civil en las urnas en las elecciones que hicieron historia.
Ante ese panorama y su victoria del 2000, el PAN tenía ante sí una oportunidad histórica. Tenía la oportunidad de convertirse en el partido con la oferta política que la mayoría del pueblo reclama. No el partido del líder carismático, sino el partido de la sustancia, de las ideas, de la libertad, la prosperidad, de la democracia.
¿Qué es lo que tenía que hacer el PAN? Definirse claramente y dejar de andar coqueteando con Dios y con el diablo. Dejar de inmiscuirse en la vida privada de los ciudadanos; dejar de prohibir las minifaldas, los table dances. Finalmente, el que no quiera ver a las chicas de los table dances o los talk shows en televisión, pues simplemente no asista a esos lugares o apague la TV, pero tampoco coarten la libertad de otros.
Pero el PAN no definió su posición y siguió hablando de “tercera vía”, “centro,” “centro izquierda,” “mercado compasivo y con rostro.” Siguió tratando de ser el moralizador de la sociedad, la consciencia de la misma pero sobre todo, no actuó ejecutando las reformas urgentes requeridas dejando escapar la gran oportunidad de convertirse en el partido de la mayoría de los mexicanos, el partido que obligue a los otros a realmente actuar como fuerzas políticas positivas y de cambio.
Muchos fuimos los que esperábamos escuchar del PAN; ésta es nuestra filosofía: “Todos los individuos tienen el derecho de ejercer el sólo dominio de sus vidas y derecho de vivirlas como ellos lo decidan; siempre y cuando al hacerlo no lastimen, defrauden, afecten, agredan a los demás ni interfieran con el mismo derecho de otros para vivirla en la misma forma, es decir, como ellos lo hayan decidido.” Ese día habría nacido el PAN moderno, el PAN liberal de Gómez Morín.
Pero ante un PAN en el poder actuando como el viejo priismo, ha nacido la demanda de un verdadero partido liberal. Un partido que abrace sin titubeos una verdadera economía de mercado. Un partido que se dedique a la protección de vida, libertad y propiedad de los ciudadanos y se olvide de la demagogia que ofrece la solución de todos los problemas del ciudadano desde la cuna a la tumba.
Un partido que termine de rescatar el poder que el Estado le arrebató a la sociedad civil. Un partido que haga política y no dé clases de catecismo. Un partido que defienda el verdadero patrimonio de los mexicanos a través de una moneda fuerte y respaldada. Un partido que promueva la autosuficiencia no la dependencia, la individualidad, no el colectivismo. Un partido que promueva un mundo de oportunidades para todos mediante esquemas de libertad envuelto en el estado de derecho. El partido de la oferta política hacia la prosperidad.
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