Monday, April 9, 2018

Enviar soldados a la frontera es innecesario y peligroso

Alex Nowrasteh considera que el despliegue de tropas estadounidenses a lo largo de la frontera mexicana en tiempos de flujos migratorios entrantes bajos y en declive es innecesario y peligroso.

El Presidente Donald Trump recientemente dijo que enviaría a las fuerzas armadas a la frontera mexicana como respuesta a la muy exagerada historia de alrededor de 1.000 centroamericanos que están caminando hacia la frontera de EE.UU. para pedir asilo, cosa que están en su derecho de hacer en virtud de la ley estadounidense. “Hasta que podamos tener un muro y una seguridad adecuada, vamos a estar protegiendo la frontera con nuestras fuerzas armadas”, dijo el Presidente Trump el día martes. “Este es un gran paso. Realmente nunca hemos hecho eso antes, o seguramente no hace mucho que lo hacíamos”. Al contrario, los presidentes estadounidenses han mandado las fuerzas armadas a la frontera para asistir en el cumplimiento de las leyes migratorias varias veces y en todas esas ocasiones el flujo de inmigrantes era significativamente mayor al de hoy.



Cuando el viejo Servicio de Inmigración y Naturalización (INS, por sus siglas en inglés) lanzó la Operación Wetback en 1954 (si, así es como la llamaba el gobierno), el entonces Fiscal General Herbert Brownell le pidió a las fuerzas armadas de EE.UU. que ayude a ubicar y remover a los inmigrantes ilegales. Según Matt Matthews en su estudio “Las Fuerzas Armadas de EE.UU. en la frontera mexicana: una perspectiva histórica”, las fuerzas armadas se negaron a desplegar a las tropas para ese propósito porque interrumpiría el entrenamiento, costaría demasiado dinero en tiempos de recortes al presupuesto, y hubiese requerido al menos una división de tropas para asegurar la frontera. Según Matthews, el director del INS, el general Swing, dijo en 1954 que desplegar a las tropas de las fuerzas armadas de EE.UU. en la frontera era una idea “perfectamente horrible” que “destruiría las relaciones con México”. También fue innecesario.
En 1954, los 1.079 agentes de seguridad fronteriza realizaron 1.028.246 detenciones de inmigrantes ilegales o 953 detenciones por agente ese año. Si consideramos el total de la frontera, los agentes de seguridad fronteriza en realizaron 2.817 detenciones al día en 1954 con una fuerza que era un 95 por ciento más pequeña que aquella de la Patrulla Fronteriza de hoy. En otras palabras, el agente de seguridad fronteriza promedio detenía a 2,6 inmigrantes ilegales al día en 1954. Ni el Presidente Eisenhower ni las fuerzas armadas consideraron que el flujo entrante de inmigrantes era lo suficientemente importante como para merecer el despliegue de tropas a lo largo de la frontera. La expansión del programa Bracero de Visas Temporales para Trabajadores incentivó la migración legal a tal grado que condujo a que prácticamente todos los potenciales inmigrantes ilegales se desplazaran al mercado legal, colapsando el número de arrestos en un 93 por ciento para 1956.
En 2018, el Presidente Trump ha ordenado enviar tropas a la frontera para ayudar a que el actual número de 19.437 agentes de seguridad fronteriza detengan a cerca de 1.000 centroamericanos que buscan asilo y que lentamente están transitando el camino hacia el norte (pero que probablemente no llegaran hasta la frontera). Actualmente hay alrededor de 19 agentes de seguridad fronteriza por cada centroamericano que busca asilo en esta caravana. En 2017, la Patrulla Fronteriza detuvo a alrededor de 360.000 inmigrantes ilegales o cerca de 18 por cada agente de seguridad fronteriza a lo largo de todo el año, lo cual resulta en una detención por cada agente de seguridad fronteriza cada 20 días. Según esta medida, los agentes de seguridad fronteriza en 1954 detuvieron en promedio 53 veces más inmigrantes ilegales que lo que los agentes de seguridad fronteriza detuvieron en 2017. Si la caravana actual llega a la frontera de EE.UU., agregaría el equivalente a un solo día de detenciones. La Patrulla Fronteriza debería estar preparada para lidiar con este número relativamente pequeño de buscadores de asilo sin la ayuda de las fuerzas armadas, como lo han hecho muchas veces antes.
También no queda claro lo que las tropas realmente lograrán en la frontera. Dado que los miembros de la caravana pretenden entregarse a la Patrulla Fronteriza o a los oficiales de aduanas para pedir asilo, las tropas no sirven propósito alguno. No disuadirán a quienes buscan asilo. Los agentes de seguridad fronteriza no son abrumados por los ingresos aún cuando constantemente lloran pobrezas en un esfuerzo por capturar más recursos de los contribuyentes. La explicación más probable para el despliegue propuesto es la política, la cual también explica los despliegues anteriores.
Otros despliegues militares hacia la frontera
Desde 1982, la mayoría de los despliegues y operaciones militares a lo largo de la frontera mexicana tenían la intención de contrarrestar la importación de drogas ilegales. El despliegue regular de tropas para ese propósito llegó a su fin en 1997 luego de que un U.S. Marine le disparó y mató a Esequiel Hernandez Jr., un ciudadano estadounidense, cuando se encontraba pastoreando chivos. Para julio de ese año, el Secretario de Defensa William Cohen suspendió el uso de las fuerzas armadas en la frontera para misiones anti-narcóticos.
El 15 de mayo de 2007, el Presidente Bush ordenó enviar 6.000 tropas de la Guardia Nacional a la frontera como parte de la Operación Jump Start para fortalecer la ejecución de la ley fronteriza conforme el gobierno contrataba a más agentes para la Patrulla Fronteriza. En 2006, habían alrededor de 59 detenciones por cada agente de la Patrulla Fronteriza o una detención por cada agente cada cuatro días. La operación Jump Start acabó el 15 de julio de 2008. En ese año, hubo un promedio de una detención cada nueve días por cada agente durante todo el año. El Presidente Obama también desplegó 1.200 tropas hacia la frontera en 2010 para asistir a la Patrulla Fronteriza durante una época de detenciones en declive. Estas tropas se fueron en 2012. Ese año, los agentes de seguridad fronteriza individualmente detuvieron un promedio de un inmigrante ilegal cada 16 días.
Los dos despliegues recientes para ayudar a hacer cumplir la ley migratoria a lo largo de la frontera sucedieron cuando había menos detenciones, como se puede ver por la mayor cantidad de días entre cada detención para cada agente (Gráfico 1). Mientras más alto el número para la línea azul en el Gráfico 1, menos personas detiene cada agente de seguridad fronteriza individualmente. Desde alrededor de 1970 hasta 2006, la Patrulla Fronteriza se enfrentó a un flujo entrante anual de inmigrantes ilegales que excede con creces cualquier nivel de los años recientes y aún así el Presidente Trump ha decidido que este es el momento de poner a nuestras tropas en la frontera.
Gráfico 1: Número promedio días entre cada detención por agente por año

Fuente: Protección de Aduanas y Frontera y Servicio de Inmigración y Naturalización.
Cuestiones legales
Si el despliegue de tropas a lo largo de la frontera propuesto por el Presidente Trump es legal es una pregunta difícil de responder. El uso de las fuerzas armadas en la ejecución de leyes domésticas debe ser autorizado por el Congreso pero ellos lo han autorizado para la ejecución de las leyes de drogas a lo largo de la frontera en varias ocasiones. Además, el cumplimiento de la ley en la frontera puede ser distinto del cumplimiento de la ley doméstica considerando que incluso los derechos de los ciudadanos estadounidenses son legalmente coartados en las zonas fronterizas. Adicionalmente, se puede argumentar que el Congreso concedió fondos y una amplia autoridad para desplegar tropas a lo largo de la frontera con la Ley para Autorización de Defensa de 2005 para defender en contra de una “amenaza” o “agresión” en contra del territorio o de la población doméstica de EE.UU. Como sucede con la mayoría de los poderes, el Congreso ha cedido gran parte de su autoridad en esta área al Presidente. Sin importar la legalidad, el despliegue propuesto de tropas estadounidenses hacia la frontera sin una misión clara en tiempos de flujos entrantes bajos y en declive de inmigrantes ilegales constituye una innecesaria pérdida de tiempo y recursos que podría poner a estadounidenses en peligro, sin obtener nada a cambio.
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