Saturday, March 10, 2018

LA DONNA CAPO DE TUTI



Ricardo Valenzuela
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Los últimos dos años los EU han vivido una situación que fácilmente se podría haber plasmado en uno de los libros de Mario Puzo, autor de “El Padrino”, en donde los estadounidenses y el mundo entero, han atestiguado algo que se pudiera identificar como una sangrienta lucha entre familias de la mafia, que ha provocado floten a la superficie del entorno nacional las más bajas pasiones de los miembros de la “cosa nostra” política que se enfrentan por el poder. La gran diferencia es que en este enfrentamiento no hay mandamientos ni código de honor a seguir, y el FBI, en lugar de luchar contra ellos, se ha convertido en uno más de sus miembros, armado, entre otras cosas, con el “omerta” moderno para cubrir sus huellas.


Durante los últimos 12 meses, ha emergido a la superficie una serie de sucesos que claramente sugieren se ha llevado a cabo una conspiración que involucra a altos oficiales del FBI y el Departamento de Justicia, durante la administración de Obama, actuando de la forma  más deshonrosa quebrantado la ley, para exonerar a Hillary Clinton de graves crímenes federales y, ante la eventualidad de que perdiera la elección, armarle un cuatro a Donald Trump y su campaña, aludiendo una colusión con Rusia para robar la presidencia. Esta conducta no ha sido basada en mera preferencia política, como se ha comentado, ha nacido de un profundo desprecio y odio hacia Trump, su agenda y, sobre todo, la incapacidad de aceptar una derrota. Esta es una conspiración que exhibe la bajeza de quien estuvo a punto de gobernarnos, y la descomposición de la rama judicial quienes, perdiendo toda clase  de ética, se convierten en lo diabólico que deben combatir.

En el curso de esta conspiración, el director del FBI James Comey, la procuradora general Loretta Lynch, el subdirector del FBI Andrew McCabe, el subdirector de Contra Inteligencia del FBI Peter Strzok, el jefe de Strzok y abogada del FBI Lisa Page, el abogado General del FBI James Baker, el alto oficial del Departamento de Justicia Bruce Ohr—y muchos otros—comprometieron la aplicación ética de leyes federales de forma tan descarada que los ciudadanos han perdido la confianza en esas instituciones. Una encuesta reciente de CBS nos informa que el 49% de los americanos creen que el Abogado Especial James Mueller, y su encarnizada lucha para probar la colusión Trump-Rusia, ha probado ser una descarada persecución políticamente motivada. Y en una encuesta de Harvard, informa que el  65% de los votantes están convencidos que el FBI ocultó al congreso información vital acerca de las investigaciones de la colusión Trump-Rusia 

El prestigiado abogado Joseph diGenova, ex Procurador General del Distrito de Columbia, abogado del Comité de inteligencia del Senado, abogado especial para la Cámara de Representantes, afirma que durante su carrera, primero como fiscal federal, después como supervisor de miles de fiscales y supervisor de todas sus actuaciones, en su papel de Abogado General de los EU. Nunca había atestiguado una investigación tan fraudulenta que haya fracasado en establecer los elementos básicos de prueba criminal, como la que condujo James Comey. Desde que L. Patrick Gray actuara como Director del FBI durante la era de Watergate y su manejo de las evidencias como mago de carpa barata,  jamás la cabeza de esa prestigiada institución se había desacreditado tanto como ahora lo ha hecho Comey

¿Ahora qué hiciste Hillary?

El escándalo de los correos electrónicos de Hillary se inició en el 2013 con la investigación de La Casa de Representantes del ataque a la embajada en Benghazi, Libia, aquel fatal 11 de Septiembre del 2012. Fue durante esta investigación cuando el solicitar acceso a los correos electrónicos de la Secretaria de Estado, Clinton, se convirtió en un problema. Pero no fue hasta que el New York Times publicó la historia el 2 de Marzo del 2015, afirmando que Clinton mantenía un correo privado y secreto, cuando explotara la bomba. Miles de correos que La Casa de Representantes primero pidiera, y después legalmente exigiera, convenientemente desaparecieron—y se iniciaron los reportes de la utilización de jabón especial para limpiar, luego de la destrucción a base de golpes de martillos de los celulares y lap tops de la  Secretaria de Estado. Ante esa situación y las actitudes de la gente alrededor de ella; Claramente era ya hora de que el FBI y el Departamento de Justicia actuaran, utilizando las herramientas legales a su disposición para asegurar los correos y otro material que se les había legalmente exigido. Pero, inexplicablemente no hicieron nada.

Una herramienta a su disposición era el “gran jurado”—el sine qua non de las investigaciones criminales. Los Gran Jurados se integran con 16 a 23 ciudadanos que escuchan el caso de un fiscal contra un presunto criminal. El sujeto de la investigación no está presente durante todo este procedimiento, que pueden durar hasta un año. Un Gran Jurado proporciona a investigadores la autoridad de recabar evidencias emitiendo órdenes judiciales para allegarse documentos o entrevistar testigos. Los agentes del FBI o fiscales no pueden demandar esa evidencia. Solamente un gran jurado o una corte, en los casos en que el receptor de esas órdenes rehúse el mandato de un gran jurado de entregar documentos o testificar.

Aunque parezca increíble, el director del FBI Comey, y la Procuradora General Loretta Lynch, rehusaron el utilizar un gran jurado durante la investigación de Hillary Clinton. Como los investigadores no tenían autoridad legal para solicitar evidencia, Comey entonces, de forma ilegal, dio inmunidad a cinco de los más cercanos colaboradores de Clinton a cambio de evidencia que podría haber sido obtenida con el mandato legal de un gran jurado. Aun cuando el 2 de Julio de 2016 Clinton afirmó 39 veces en una entrevista, desafortunadamente hecha por el corrupto agente del FBI Peter Strzok, el que ella no recordaba ciertas cosas debido a un golpe que había recibido en la cabeza, Comey negó una solicitud de otro agente para obtener la información médica de la Secretaria.

Comey declaraba que él había elegido la inmunidad por su preocupación por el tiempo. Sin embargo la investigación se inició en el verano del 2015, un año antes de que él hubiera hecho tal arreglo. Solo para comparar. El Gral. James Cartwright, quien se declaró culpable en Octubre del 2016 acerca de una información confidencial que el supuestamente le chorreo al The New York Times. En este caso el Departamento de Justicia presumió acerca de las órdenes judiciales para obtener información y llevar a cabo búsqueda de evidencia física. En ese caso no solo no hubo un gran jurado, el FBI nunca emitió una orden judicial para la búsqueda de evidencia—algo que se hace cuando se piensa que alguna persona puede destruir evidencia. Clinton borró la mitad de sus correos electrónicos, bajo penalidad de perjurio, de que ella había entregado todos sus correos al gobierno que “se relacionaban con su trabajo”. El FBI después encontró una cadena de correos clasificados como “secretos o confidenciales” que ella nunca había entregado. Aun así, no se emitió una orden judicial para buscar esa evidencia.
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