Wednesday, February 7, 2018

Marxismo al inicio del siglo XX ¿qué era y qué proponía?



Ricardo Valenzuela
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Como ya se ha expuesto infinidad de veces, es importante conocer profundamente la vida de este hombre que pariera un conjunto de ideas las cuales, al igual que mi profesor, opino que le van acarrear grandes tragedias a la humanidad. Yo pienso que este siglo 20 quedará marcado por un marxismo que provocará infinidad de guerras con sus consecuentes resultados de muerte, hambruna, opresión y, lo más dramático, en algunos países y regiones del mundo, la pérdida total de sus libertades para vivir en gigantescas prisiones como ya es el caso de Rusia. Aun cuando ha sido muy completa la definición que ya se ha hecho de Marx, quedan una serie de pinceladas de su vida y personalidad, muy poco conocidas pero importantes para tener un cuadro completo de este hombre y su obra. De esa forma podremos entender mejor, no solo al hombre, pero también sus seguidores y herederos que, como en Rusia, estarán tratando de establecer esas cadenas por todos los rincones del mundo. Y sabemos que, si para lograrlo, tienen que usar la violencia, la guerra y la opresión, no vacilaran en hacerlo.


Karl Marx fue un hombre completamente infeliz durante toda su vida. Alguien quien, a pesar de ser considerado un genio, era también un hombre haragán que no buscaba empleo para poder mantener a su familia, lo que provocara que tres de sus hijos fallecieran por inanición. La mayor parte de su vida fue sostenido por su buen amigo Engel quien era miembro de una familia rica y aristócrata. Marx fue un hombre que constantemente vivía en medio de una gran problemática y siempre andaba huyendo. Cuando fuera expulsado de Alemania en 1849 luego de su fallada revolución de los trabajadores, fijaba su residencia en Londres. Durante los siguientes 30 años viviría, escribiría, en la ciudad burguesa más grande del mundo. Sus primeros años en Londres fueron tiempos muy duros para él y su familia cuando sufrieran enfermedades, muertes prematuras, y una desesperada pobreza. Marx tendría que empeñar lo poco de valor que tenían para mantener viva a su familia—desde su vajilla en platería, la ropa de cama, hasta la ropa de los niños. Cuando estaba viviendo con su familia en Prusia, un policía que lo espiaba entregaba el siguiente reporte:

“Marx es un hombre de mediana estatura, de 34 años de edad, pero a pesar de su relativa juventud, su cabello ya se está tornando gris; su figura es poderosa. Sus ojos grandes fieros y penetrantes tienen un misterio demoniaco. A primera vista el parece como un hombre de genialidad y lleno de energía. Su vida privada es totalmente desorganizada, es una persona cínica, muy mal anfitrión, alguien con una existencia de gitano. El bañarse, arreglarse, el cambiar su ropa interior, son eventos realmente raros en él; se emborracha muy seguido. Muy seguido haraganea durante días, pero si tiene trabajo que ejecutar, desorganizadamente trabaja noche y día, y muy seguido pasa noches enteras sin dormir. Marx vive en uno de los peores, y más baratos barrios de Londres, y en su vivienda todo está roto, andrajoso, haraposo; todo está cubierto con una gruesa capa de polvo; por todos lados se ve el desorden. Cuando alguien entra a su habitación, los ojos arden por el humo del carbón y los tufos del cigarro. Todo es sucio, todo lleno de polvo. Pero nada de esto le causa vergüenza alguna a él ni a su esposa”.      

Sin embargo, lo más contradictorio de la vida de Marx, es que durante los últimos años de su vida se tornaba en uno de sus odiados burgueses después que su amigo Engel pagara sus múltiples deudas, y le asignara un ingreso anual bastante atractivo. Fue cuando, como buen capitalista, se inició como inversionista de la bolsa de Londres para convertirse en uno de los ciudadanos más acaudalados de la ciudad. Pero aun con la contingencia de su obra, Marx hasta su muerte fue un perfecto desconocido, y quien se encargaría de promover su obra sería su gran y entrañable amigo  Engels. Y no sería hasta ya entrado este siglo 20 cuando su influencia se hiciera sentir. A su muerte en 1883, solo un pequeño grupo de gente que no llegaba a dos docenas acudiría a su funeral. Era un hombre olvidado y para muchos desconocido. No fue llorado ni siquiera por sus compañeros de las minas de Siberia, como Engels había sugerido, y muy pocos recordaban El Manifiesto Comunista. John Stewart Mill nunca había escuchado algo de él o de su obra, es decir, para Mill era un completo desconocido.

Marx para obtener el poder que el siempre definía como algo inevitable, afirmaba la revolución era necesaria. Era además, un proponente de la utilización de la violencia para destruir los gobiernos y pasar al establecimiento del socialismo revolucionario. Aun cuando no rebelaba sus planes en detalle, El Manifiesto Comunista incluye un programa de diez puntos que nos podrían dar una idea más clara de la perversidad de sus pretensiones:

1)     Abolición de la propiedad en la tierra y aplicación de todas las rentas de tierra para propósitos públicos. (es decir, se abolía totalmente la propiedad privada en todas las aéreas agropecuarias)
2)    Un pesado y gradual impuesto sobre el ingreso. (No satisfecho con la infinidad de expropiaciones propuestas, el individuo quedaba a merced del estado que definiría que porcentaje del fruto de su trabajo podría mantener, sin que el generador de ese ingreso tuviera otra alternativa.
3)    Abolición de todos los derechos de herencia. (al momento que alguien falleciera, todos sus bienes, ignorando sus descendientes, de forma automática pasaban a ser propiedad del estado)
4)    Confiscación de todas las propiedades de emigrantes y rebeldes.
5)    Centralización del crédito en manos del estado a través de un banco nacional con capital estatal y un monopolio exclusivo. (Todo esto combinado y coordinado con la impresión de dinero de parte del banco central propiedad del estado, hasta llegar a una sociedad en la cual el dinero desaparezca).
6)    Centralización de todos los medios de comunicación y transporte en manos del estado.    
7)     Extensión de la propiedad de parte del estado de fabricas e instrumentos de producción; iniciar la producción de tierras desperdiciadas, y la mejora de los suelos generalmente en acuerdo con el plan común que el mismo estado establecería cada año.
8)    8) Obligación igualitaria de todos para trabajar. Establecimiento de ejércitos industriales, especialmente para agricultura.
9)    La combinación de la agricultura con industria manufacturera; abolición gradual de las diferencias entre pueblo y municipio, distribuyendo de forma más conveniente la población en todo el país. (es decir, los ciudadanos se moverían como piezas de ajedrez a capricho del estado sin que ellos tuvieran voz ni voto)
10)           Educación gratuita planeada por el estado para todos los niños en escuelas públicas. Abolición del trabajo infantil en la forma presente. La combinación de la educación con la producción industrial. (el modelo educativo tendría como objetivo supremo, el que los niños desde temprana edad identificaran al estado como el ser supremo a cargo de su futuro y sus vidas)     

En pocas palabras, bajo el sistema marxista desaparece el orden natural que tanto promovieran Adam Smith y John Locke. Desaparece el mercado con sus leyes de oferta y demanda enviando, a través de los precios, las señales de lo que el mercado requiere y demanda. Igualmente, bajo el régimen marxista desaparece ese elemento que siempre ha provocado y promovido productividad, mejores productos y servicios a los mejores precios; “la competencia”. Ahora, es difícil imaginar que todo esto se pueda lograr sin acudir a la violencia. Marx también acudía a sus poderes de convocatoria para lograr una autoritaria dictadura del proletariado. También pedía la abolición total de la propiedad privada, no solo en agricultura sino en todas las actividades, basado en su teoría de que la propiedad privada era la causa de rivalidades, lucha de clases, y era una forma de esclavitud. Sin propiedad privada, no habría necesidad de intercambio, de comprar o de vender, por lo tanto, habría que eliminar el dinero. La producción y el consumo continuarían a través de una planeación central sin intercambio y sin dinero.

Marx también demandaba la abolición de la familia tradicional, en un esfuerzo para detener la explotación de los niños por sus padres, para luego introducir una “comunidad de mujeres”. Establecerían también un programa de educación de la juventud para “destruir las relaciones más sagradas, y remplazar la educación en casa por una educación social. El marxismo afirma que la religión es el opio de los pueblos. Entonces, pasan a eliminar todas las verdades eternas aboliendo todas las religiones, y toda moralidad. Marx pensaba que su socialismo revolucionario produciría la total expresión de la existencia humana y su felicidad. El objetivo de “opulencia universal” que manejaba Adam Smith, según Marx, seria lograda a través del comunismo. Y después, cayendo en una de sus muchas contradicciones, afirmaba el arribo de una sociedad sin clases y sin estado en donde todo recaería en la dictadura del proletariado   



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