Friday, February 16, 2018

Las deudas de México


Antonio Navalón 
 
México está muy endeudado con mucha gente. Y en ese sentido, lo que menos me preocupa es lo que se le debe a los bancos o a la comunidad financiera internacional.
Me preocupan las deudas sociales, me preocupan las deudas entre nosotros, me preocupan las deudas que tenemos en México con los mexicanos.
Mañana en Nueva York seguirá el turismo electoral y el INE reunirá a los nueve partidos políticos de México con los representantes de los inmigrantes mexicanos.
Pero no se engañe, el diálogo con los inmigrantes forma parte de uno de esos convencionalismos que nos salen muy bien en este país. Decirles que sí pero no decirles cuándo, y en el fondo tener un pretexto para que elección tras elección les compliquemos el camino y no puedan votar.
El voto migrante es temido, sobre todo porque el Gobierno cree que dada la poca atención, y el sacrificio ritual y social que ha significado la política del país hacia sus migrantes, ellos ahora votarán en su contra.



Además de ese cálculo que está al alcance de cualquiera, lo que tendríamos que preguntarnos es hasta qué punto seguimos teniendo derecho moral, si sólo pensamos en ellos cuando nos mandan sus remesas, porque para eso sí los queremos, para obtener más y más dinero que aquí no producimos.
Dinero ganado con el sudor de su frente, venciendo el abandono de todos.
Dinero que se ganan luchando contra corriente ahora en Trumpilandia en un país llamado Estados Unidos.
Y mientras tanto seguimos diciendo que sólo se expedirán 500 mil credenciales para votar en el exterior, a pesar de que son más de 12 millones de mexicanos los que residen en el extranjero.
Seguimos diciéndole a nuestros compatriotas que vayan a hacer fila a los consulados para tramitar su credencial de elector, exponiéndolos a que los detenga la policía de migración y los termine deportando, inaugurando así una nueva etapa de colaboración entre México y Estados Unidos.
México tiene una deuda y no se puede permitir el lujo de seguir creando generalidades políticas, negando a esa gran cantidad de ciudadanos a los que no quiere y de los que sólo desea el producto de su trabajo, pero no el reconocimiento de sus derechos, ni la facilidad de su integración.
No sé qué les van a decir los nueve partidos políticos mañana a los representantes de los inmigrantes en Nueva York, pero lo que sí sé es que los inmigrantes buscan integrar cada vez más a sus hijos, los llamados dreamers, desde la conciencia de que ellos ya no quieren hablar en español y ya no quieren saber nada de su país de origen, porque al final los dreamers saben que México no le dio nada a sus padres y mucho menos les dará algo a ellos.
Siendo así, entonces el INE y los partidos políticos ¿a qué van?

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