Monday, February 19, 2018

GREMIOS, SINDICATOS Y COLEGIOS PROFESIONALES



Alberto Mansueti
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En América Latina siempre hay huelgas de maestros y de médicos. “¡Más presupuesto para la Educación!” “¡Más presupuesto para la Salud!” Es crónico.

La “discusión del Presupuesto” entre diputados es una lucha sin cuartel, por la tajada más grande. Lo mismo con las “obras públicas”, a ver a cuáles empresas se las adjudican. Los “lobbystas” (pasilleros o cabilderos) de cada grupo de presión o “poder fáctico” hacen su agosto, y los “asesores de imagen”, y crápulas de la misma especie. Pero al final todo se negocia, todo es “toma y dame”, luego de forcejeos y tirones, marchas y choques con la policía.

Así es en el estatismo, cuando el Estado concentra la “toma de decisiones” sobre la asignación de recursos, y nada deja a los mercados. En el sistema de libre mercado las cosas son más pacíficas y más simples: los Gobiernos no “toman decisiones” en economía, educación, salud etc. Cada quien es el que decide, a través de la oferta y la demanda, ya sea como consumidores, en los mercados de bienes y servicios; y en los mercados de factores productivos, como agricultores, trabajadores, empleados, empresarios, proveedores de insumos, etc. ¿Cómo? Mediante precios no distorsionados. El proceso es individual pero impersonal. Las ganancias son los premios, y las pérdidas, los castigos.

 
Ahora, bajo el régimen estatista, los premios son subsidios, directos e indirectos, en dinero o en especie, “proteccionismos” o sea favoritismos, descuentos en impuestos, y decretos para molestar a la competencia. Y los castigos, son los mismos: impuestos, prohibiciones, restricciones y limitaciones, o la negativa a conceder “favores especiales”. Los intereses opuestos buscan inclinar a “el Gobierno” en su provecho, y contra los rivales. Tratan de torcer la mano y forzar el brazo, en el dictado de eso que antes llamaban “políticas públicas”, y ahora “políticas de Estado”. Cualesquiera son  los medios:  intercambios de favores, pagos y extorsiones “ilegales” (sobornos), chantajes, calumnias, puestos para familiares y “favoritos”, regalos costosos, “medición de fuerzas”, fraudes electorales.

Los conflictos de intereses son inevitables, y la hiper-politización y partidización de los “intereses especiales”, de la prensa, y de la vida pública y privada. Eso no es política; es ¡“politiquería”! Y la gran “corrupción” es la junta, contubernio, matrimonio espurio entre el Estado y los intereses especiales. Es la madre de todas las corrupciones; las “coimas” son sus hijas.

Los gremios docentes y médicos, politizados y manipulados por partidos y facciones, usan con frecuencia métodos mafiosos. Estos dos gremios son principalmente del “sector público”, por eso cada huelga docente o paro médico no afecta a las escuelas privadas ni a las clínicas privadas, a las cuales las cúpulas dirigentes envían a sus propios hijos, y acuden a medicarse. Los empleados del Estado, ya sea los contratados para funciones públicas genuinas, como los demás, están siempre sujetos a una doble servidumbre: (1) la despótica burocracia del “Ministerio”; (2) la cúpula mafiosa del gremio o sindicato. Pleitos confusos y muy largos. Llevan casi siempre a las marchas callejeras, a mordiscos, golpes, puños y patadas, gases lacrimógenos y cachiporrazos con la policía o los soldados, y balas, de goma, o no de goma. Y muertos: “mártires” que usan como bandera.

¿Los liberales estamos en contra de los sindicatos? No. Igual que con los gobiernos, sólo queremos que vuelvan a sus funciones originales propias, hoy secuestradas por el Estado. Los “colegios” y las “guildas” son antiquísimas instituciones, que mucho han servido de contrapeso al Estado.

Tres funciones legítimas y éticas cumplían sindicatos y gremios, como entidades voluntarias y de servicio: (1) Servir como escuelas de capacitación profesional y técnica a sus afiliados; (2) servir como agencias de empleo y “bolsas de trabajo”, o sea intermediación en mercados laborales, pero sin violencia; y además, (3) servir en seguridad y previsión social, con Cajas y “Montepíos” para viudas y huérfanos, enfermos, desempleados temporales, etc. No con monopolios o privilegios exclusivos, sino en libertad, en franca y abierta competencia, respectivamente, con las instituciones educativas; con las empresas de búsqueda y selección de personal; y con las empresas de seguros.

Pero bajo el estatismo, los gremios ya no son organizaciones voluntarias sino coactivas. Violando el derecho a la libre asociación, la membrecía se hace forzosa, y las cuotas sindicales: los descuentos son “por nómina”. Y los gobiernos han secuestrado y anulado a los sindicatos en sus funciones propias. Les ha quitado o mermado: (1) sus funciones de capacitación profesional, de las cuales se ha apropiado el Estado, ya que “la educación le corresponde”. (2) El Estado pasa a ser una gran agencia de empleo “público”; y en los sectores privados, mediante las “leyes laborales”, decreta por fuerza condiciones para la contratación “colectiva”, no hay negociación individual. (3) El “Seguro social” es del Estado.

Los gremios han aceptado estas tres amputaciones, y se les permiten el uso de la coacción, violando las libertades laborales y de contratar. Y los politiqueros les han “descubierto” una “función” crucial: pueden emplearse como armas de presión y agitación política. Por eso se les conceden casi todas sus exigencias. ¿Quiénes pagamos? (1) A los empleados “públicos”, los contribuyentes, con impuestos cada vez más elevados. (2) A los empleados del sector privado, los consumidores, con precios cada vez más elevados. (3) Parte de la carga, cae sobre trabajadores, que no consiguen trabajo, porque no hay, dado lo costoso que resulta crear empleo que en estas condiciones.

Lo dicho vale para los colegios de médicos, ingenieros, abogados etc. Históricamente tenían una función adicional: servir como garantes en la acreditación de las calidades profesionales de sus miembros, la cual también les ha secuestrado el Estado, y otorgado a las Universidades, todas del Estado, o controladas por el Estado. Hoy la incorporación a un Colegio profesional es un mero trámite burocrático: la secretaria te toma los datos, te inscribe en el Registro, y luego te dan “el carnet”. ¡Listo! ¿Te toman examen? No. Antes sí. La Universidad certificaba tus estudios; pero el Colegio, previo un examen, acreditaba tu capacidad. El Colegio te evaluaba en tu competencia profesional; e indirectamente, a tus profesores, tu Universidad. Esta amputación a los Colegios profesionales, es una de las razones por las que la educación superior sigue en declive.

Se argumenta que antes, un Colegio podría negar acreditaciones para así restringir la oferta de profesionales; ¿cómo se resolvían estos conflictos de intereses entre Colegios y Universidades? Simple: había jueces imparciales y decentes, estrados de justicia donde había justicia, a la cual se recurría. Como los problemas, las soluciones también se ligan y “encadenan” unas con otras. Por eso hay que hacer las Cinco Reformas, todas.
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