Saturday, January 13, 2018

No tranzo, y si avanzo

“Curiosamente, quienes están abrazando el liberalismo y rechazando al gobierno corrupto, son los jóvenes de clases medias y bajas. Tal vez el futuro de un México libre será pincelado por ellos.”


Ricardo Valenzuela
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Hace ya más de 20 años fui contactado por un conocido escritor, para informarme estaba por publicar un libro en el cual narraba el proceso que vivieran algunos conocidos liberales que los llevara a su conversión. Me sorprende cuando me dice quería incluir mi historia. Días después le enviaba mi nota describiendo, igual que afirmara el gran líder Lakota, Russell Means, “Cómo encontré la libertad en un mundo de opresiones”.
Yo había emigrado a los EEUU decepcionado de mi país ante la debacle de los años 70 y 80. Arribaba con un sueño tequilero: Inventar un nuevo sistema económico para destruir el socialismo, pasar luego a desmantelar el capitalismo que, según mi experiencia, era igualmente destructor. No entendía que el capitalismo que yo conocía, era el “capitalismo mexicano de compadres”. 
Poco después de mi arribo, presenciaba un debate entre candidatos de los partidos políticos clásicos, republicano, demócrata, pero se sumaba otro aspirante de un partido para mí desconocido; “libertarian”. Abre el evento y los clásicos llevan a cabo su comentario inicial, mientras yo exclamaba como los colombianos; “qué pereza”. Era el turno para el candidato libertarian, y con algo de curiosidad decidí dedicarle un par de minutos, y es cuando inicia:



“En nuestro partido luchamos para que el país regrese a los principios que le dieron vida expresados en la declaración de independencia, la declaración de derechos, y la constitución. Un gobierno pequeño solo responsable de proteger la vida, libertad, propiedad de los ciudadanos, y asegure el cumplimiento de los contratos. Queremos al gobierno fuera de nuestros hogares, fuera de nuestros negocios, ya no queremos cargar al gobierno sobre nuestras espaldas. Queremos mercados libres, libertad para comerciar con todos los países del mundo, libertad de expresión, abolir los criminales impuestos con que nos oprimen. Queremos deshacernos de la horrorosa tramitología que los ciudadanos, como el mártir del Gólgota, tienen que recorrer para cualquier acción por mas lícita que sea.
“Buscamos un mundo de libertad en donde todos seamos soberanos de nuestras vidas, sin que nadie nos obligue a sacrificar valores, e inclusive esa vida, para beneficio de otros. Y si este gobierno continúa en su jornada destructiva de la libertad individual, debemos de ejercer el poder que nos da la constitución para abolirlo, y construir una nueva forma de organización política que respete estos principios. Debemos recordar que la guerra de independencia, así como la guerra civil, fueron provocadas por la opresión y, sobre todo, los impuestos pretorianos con los que ensillaban a la gente”.
Al terminar el programa con esa impactante advertencia, lo único que emergía de mi conciencia fue; “Este tipo me robó la idea, eso es lo que yo quería inventar”. Sentí haber llegado a mi casa después de un largo viaje, y sin mapa. Mi conversión había sido instantánea. Finalmente entendía que, “El liberalismo en México no existe y nunca ha existido”. 
A 20 años de distancia hago una nueva evaluación de la misma situación que provocara esa solicitud. En los últimos años hemos tenido dos administraciones priistas, dos panistas, y el liberalismo, aunque ellos se declaren liberales, ha brillado por su ausencia. La administración que está por terminar ha borrado el liberalismo de su léxico, y ha regresado al país al priismo de antaño con una nueva característica: Un federalismo que ha permitido a los gobernadores saquear las arcas de sus estados, al mismo ritmo que los federales siempre han saqueado las del país. Todos los grandes negocios, nuevos y viejos, giran alrededor del estado escogiendo ganadores y perdedores.
Pero hay además una nueva tendencia preocupante. En la historia política de México, la participación de jóvenes de clases altas era nula. El enemigo era el gobierno y se les preparaba para ser buenos empresarios. Para ellos era una actividad despreciable, un camino hacia la perdición al contagiarse con ese virus que destruye valores e integridad. Sin embargo, hoy día es impresionante observar la cantidad de jóvenes de esas clases altas, dedicados a la política como su medio de vida. Los herederos del mundo empresarial han invadido la política, no por idealismo, sino para formar parte de ese cartel. Ya no se dedican a establecer esquemas para minimizar riesgos financieros, ahora se dedican a atornillar a proveedores y constructores del gobierno.
No son burócratas y menos idealistas, no han sido inspirados por el Maquío Clouthier, son príncipes y princesas que perdieron sus feudos. Son aristócratas que, por circunstancias de la vida, quedaron sin servidumbre y, como Vicente Fox, han aprendido a vender sus favores para asegurar tiempos futuros. Son los mirreyes de la política protegidos por una extensa red de complicidades. Y una gran indiferencia nacional asesina a los mejores. Recuerdo entonces cuando, siendo estudiante del TEC tuviera mis largas conversaciones con Don Eugenio Garza Sada, y me explicaba el TEC había nacido para formar jóvenes con mentes independientes, rebeldes, críticas, para cuestionar un gobierno que cada día extendía más sus tentáculos y oprimía la sociedad, y me afirmaba:
“Nuestros graduados deben portar mentes independientes, no datos inservibles que hayan memorizado. Deben haber desarrollado un pensamiento crítico, incrementado su creatividad y, sobre todo, carácter para que utilicen esa materia prima y se formen como los líderes que tanto requiere el país. Si cuando un joven termina su carrera, hemos provocado olvide esa triste frase; “que te mantenga el gobierno”, hemos sido exitosos en formar esas mentes libres e independientes. Si también empiezan a cuestionar con honestidad, sagacidad e inteligencia, el eterno status quo del país, hemos cumplido. Porque lo único más perverso que el deseo compulsivo de mandar, es la resignada disposición a obedecer sin cuestionar. El símbolo del TEC son borregos, pero sus egresados no deben serlo.”
Pienso que Don Raúl Baillères tendría opiniones similares, solo que él, a través del ITAM, con una estrategia diferente pero objetivos comunes, se dedicó a producir economistas liberales para infiltrar el gobierno, especialmente en las finanzas públicas y ámbitos económicos, siendo los únicos que, aun remando contra la corriente, han mostrado resultados positivos en los gobiernos de los últimos años.
Pero tenemos otra tendencia también muy preocupante, es que otros jóvenes profesionistas que no estuvieron dispuestos a vender su alma al estado, decidieron buscar su destino en otros países, provocando una grave hemorragia de capital intelectual. Los encontramos en grandes despachos de abogados, bancos, Casas de Bolsa, Investment Banks. Entonces, unos nadando en el estiércol de la política y otros abandonando el país, ¿qué futuro le espera a México? Curiosamente, quienes están abrazando el liberalismo y rechazando al gobierno corrupto, son los jóvenes de clases medias y bajas. Tal vez el futuro de un México libre será pincelado por ellos.
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