Saturday, December 2, 2017

México y EU se enfrentan en un segundo raund



REFLEXIONES LIBERTARIAS
El vaquero libertario y profeta (131)
Ricardo Valenzuela
Image result for mexico vs eu cartoon
En medio de las conversaciones entre Vallian y Rolando Quevedo, aparece Samuel, esposo de Isabel, rector de la universidad, y un intelectual que se le podría considerar experto en las relaciones entre Mexico y EU, y que también estaba de visita en Los Sicomoros. Luego de exponerle todo lo que se había comentado esa mañana, Samuel toma la palabra e inicia. Miren Ricardo y Rolando, creo que el identificar el problema que se está provocando entre los dos países motivado por los apaches, es conveniente y hasta necesario. Sin embargo, yo pienso que las relaciones entre Mexico y EU en estos momentos están entrando a un estadio que, repito, a mi me parece muy peligroso. La anexión de toda esta zona de parte de los EU, es algo reciente y dolorosamente vive en la memoria de los mexicanos. Es cierto que el presidente Díaz ha mostrado supuestamente buena voluntad hacia nuestro país, pero también hay que recordar su famosa frase: “Pobre Mexico, tan lejos de Dios y tan cerca de los EU”. Entonces, creo que no hay que saltar de entusiasmo por el futuro de la relación bilateral.

Ahora, sabemos perfectamente que todas las guerras y enfrentamientos que hubo en Mexico después de lograr su independencia, destruyeron la, de por sí ya,  raquítica economía del país. Entonces, Díaz sabe que para lograr esa anhelada recuperación económica, necesita de las inversiones de EU, porque, como muchas veces tu lo has dicho Rolando, si esto no sucede, los vientos revolucionarios que soplan en Mexico, se pueden convertir en graves tempestades. Pero, por otro lado, ciertos segmentos de nuestra sociedad, especialmente los políticos, pero no son los únicos, con sus comentarios han estado enviando mensajes preocupantes para el gobierno mexicano. Los incidentes sin fin que provocó la larga lucha contra los indios salvajes y la “penetración pacífica”, al parecer cada día más extensa y muy ostensible, han influido en el sentimiento público mexicano. Medir hoy la amplitud y profundidad de la herida, resulta una difícil tarea. La prensa desde la época de Manuel González se ha ido pervirtiendo. Y la mayor parte de la prensa liberal se ha cobijado con el gobierno, y rara vez se atreve a disentir con él. Y así, el ánimo público, cada día es más desconfiado y rencoroso.


Pero al parecer, el gobierno de EU ha estado ajeno a la existencia de este estado anímico, pues al estar mas sombrío, hace poco James Blaine se lanza, primero, a exponer una beatífica filosofía de “penetración Pacifica”, y después, buscando la oportunidad para iniciar con vigor su ejecución. Desde luego que Blaine está seguro de que el testimonio de los últimos quince años ha disipado cualquier duda que Mexico pudiera haber abrigado acerca de la política norteamericana, respetuosa de su independencia y su integridad territorial, ya que EU no tiene ni el más remoto deseo de extenderse al sur del Rio Bravo. Piensa que a su país le ha tocado vivir pacifica y prósperamente durante un largo tiempo; por eso tiene obreros calificados, empresarios y capital. Nada más lógico que ese “deposito de vitalidad nacional” quiera derramarse sobre los maravillosos recursos de Mexico, que labrarán su fortuna. Así pues, evitando dar la impresión de que auspicia empresas norteamericanas concretas, el gobierno debe aprovechar toda oportunidad juiciosa para esclarecer el espíritu que gobierna este movimiento hacia la explotación de los recursos mexicanos, y darle a ese gobierno la clara impresión del deseo y esperanza sinceros del gobierno de EU, de que esos recursos puedan multiplicarse y fructificar en beneficio, sobre todo, del pueblo mexicano.

Pero toda esta intervención de Blaine, quien en esos momentos era Secretario de Estado, no eran bien recibidas por PH Morgan quien actuaba como Ministro de EU en Mexico, y tampoco por Ignacio Vallarta, el funcionario mexicano encargado de todas esas conversaciones, y en esos momentos era muy importante hablar con una sola voz y, en especial, con las mismas ideas y las mismas propuestas. Así como los mexicanos desconfiaban de los “gringos”, el gobierno de EU, al establecer su estrategia para dirigir inversiones a Mexico, tenía también mucha desconfianza del gobierno mexicano, de la forma en que se les trataría, en especial en las esferas judiciales y administrativas. Particularmente desconfiaban de los tribunales mexicanos y su capacidad para impartir justicia expedita a los beneficiarios de cualquier concesión. En esos momentos se negociaba la posibilidad de concesiones para el establecimiento de líneas de ferrocarril, tan importantes para Mexico en esos días. El gobierno mexicano había exigido que las empresas concesionarias renunciaran a su nacionalidad de origen para considerarlas mexicanas para todos los efectos.   

Continúa Samuel. Es importante conocer y analizar estas negociaciones porque son las que marcaron la pauta para las futuras relaciones bilaterales entre nuestros dos países. Tanto Blaine como su representante en Mexico, Morgan, se quejaban constantemente de la dificultad de estas negociaciones. Blaine lo hacía de forma muy especial cuando afirmara: Mientras Mexico crea que EU desea anexarse alguna porción de su territorio; mientras la presencia de norte americanos y sus inversiones sean vistos como esfuerzos torcidos e insidiosos para adquirir y ampliar su influencia con fines ulteriores, las relaciones entre los dos países estarán expuestas—aun sin provocaciones—a graves perturbaciones. En un memorándum, Blaine le daba instrucciones a Morgan de negociar una serie de puntos, incluyendo todas sus inquietudes y preocupaciones. El Ministro Morgan se asustaba al recibir instrucciones tan extensas, elaboradas y firmes, y pide aplazar sus conversaciones con Mariscal y le envía a Blaine una serie de instrucciones que él consideraba importantes.

Pero la respuesta de Blaine es agresiva y tronante y le ordena que “especifique cabalmente” los puntos de sus instrucciones que encontraba objetables y las razones para no darle curso inmediato, pero Morgan se mantiene firme hasta enviar una larga explicación. Blaine responde insistiendo que las clausulas nacionalistas de las concesiones pueden acarrear graves disputas entre los gobiernos, y Mexico debe contestar con hechos y no concón consideraciones teóricas. Moran de nuevo responde con el despacho más extenso que hubiera emanado de su pluma durante los seis años de su gestión. En su comunicado Morgan, con especial claridad, señala dos puntos que él considera importantes. El primero es asegurar que desde su llegada a Mexico se había echado a cuestas, por iniciativa propia, la tarea de convertir a los mexicanos a la fe del progreso material y del capitalismo extranjero; y el segundo, describiendo como las cosas son mucho más complejas, y esto a pesar de que las instrucciones de Blaine rezuman “sentimientos tan bondadosos” y tanta sabiduría.

Morgan claramente afirma el haber invertido seis años convenciendo a los mexicanos que el gobierno de EU no apetece ni una pulgada cuadrada de territorio mexicano, que vela por el progreso de Mexico como algo propio, y estará siempre dispuesto a ayudarlo, pues por fortuna EU cuenta con una voluntad infinita y riqueza casi ilimitada para hacerlo. Jamás, afirmaba Morgan, he dejado de insistir que México posee todos los climas y todos los suelos, y lo único que necesita para convertirse en una de las naciones más ricas, más pobladas, y más poderosas del mundo, es un gobierno estable, estado de derecho, el desenvolvimiento apropiado de sus excepcionales recursos y una política de inmigración inteligente, unos aranceles cuerdos y normas comerciales liberales. Morgan estaba elogiando el efecto pasmoso que han producido en el país solo unos cuantos años de de paz; insistía en que el pueblo mexicano hallaría en EU un mercado que consumiría sin hartarse cuanto México produjera, y que a la vista está, todo cuanto pueda exigir su progreso material: capital, técnica, dirección, maquinaria, herramientas.

Pero el obstáculo mayor que he descubierto, es la fobia mexicana contra el extranjero, y de manera especial contra el norteamericano. Muchas veces he tenido que recordarles que los EU fue la primera nación que reconoció su independencia y su único aliado y amigo durante la intervención francesa. Todo cae en oídos sordos, y lo segundo, enciende la indignación de los mexicanos, ciegamente convencidos de que ellos solos echaron a los franceses de su suelo. Mariscal, inclusive, en una nota oficial afirma que México solo recibió apoyo moral de los EU, ¡Apoyo moral el de Sheridan y sus cuarenta mil hombres apostados en el rio Bravo! Los mexicanos tildan de traidores a sus compatriotas que creen en los beneficios mutuos de un intercambio comercial, y desde luego la mayoría juzga que los ferrocarriles serán agentes destructores de su nacionalidad; que los estados fronterizos se llenarán de pobladores gringos; que las minas y otros recursos pasaran a sus manos; que las escuelas norteamericanas invadirán el país; que las iglesias protestantes dominaran sus catedrales; los inmigrantes norteamericanos les arruinarán su cultura, y no tardarán en iniciar una rebelión contra el gobierno para anexarse a EU.    


No comments:

Post a Comment