Friday, November 10, 2017

Mensaje del vaquero a estudiantes



REFLEXIONES LIBERTARIAS
El vaquero habla ante estudiantes
Ricardo Valenzuela
 
Al aproximarnos al nuevo siglo, se ha declarado una guerra por parte del gobierno y sus políticos profesionales, contra los que amamos la libertad. Porque para nosotros el gobierno agigantado y de mano dura, siempre es el resultado de fuerzas reaccionarias, de reyes y emperadores, los federalistas y capitalistas pegados a la ubre. El sistema impositivo abusivo, especialmente el impuesto sobre ingreso personal, es la conspiración para robar a la gente de trabajo y repartirlo entre la elite de la burocracia. Como el establishment no puede aceptar empresarios que han hecho su fortuna sin su ayuda, quieren más poder para el gobierno, amplios poderes para intervenir en contra del “exceso de poder de las corporaciones”.


Pero al mismo tiempo que el gobierno arrecia su lucha para expandirse, los verdaderos empresarios responden creando más riqueza, mas productos y servicios y se defienden estableciendo creativas estructuras legales, como forma de defensa a esos los ataques de un gobierno que cada día se torna, en una caricatura de lo que los fundadores habían establecido. A finales del siglo 18, Benjamín Franklin caminaba por las calles de Filadelfia cuando un grupo de ciudadanos lo detiene para preguntarle: Dr. Franklin ¿Qué clase de gobierno nos están entregando? Franklin les responde; “una República, a ver cuando les dura”. Parece que esa república nos ha durado solo cien años.

En este enfrentamiento, los blancos principales del gobierno van a ser los empresarios y, en especial, esos que han calificado como los “barones ladrones”, los verdaderos impulsores de la economía y creadores de la revolución industrial. El gobierno cuenta con aliados muy peligrosos como son los empresarios estatistas. En ese proceso del gobierno para acrecentar su poder atacando a los empresarios libres, atraer a los sumisos para convertirlos a la religión del Estado, y pasarlos al grupo de los ganadores y el resto de la población somos perdedores.

El proceso regulatorio se ha llevado a niveles que hacen la marcha de los negocios muy difícil. Es ahí donde se acomodan esos seudo empresarios que, en lugar de riesgo-utilidades-pérdidas, sin dignidad se acercan a la burocracia buscando rentas-sin riesgo-sin pérdidas. En esa vergonzosa ecuación se coordinan para eliminar el elemento que construye economías sanas, productivas y crecientes; la competencia. Lo que se construye son esos seudo empresarios que, sin ese enorme salvavidas, son ineficientes, se acostumbran a ganar dinero fácil, y dejan un putrefacto legado al futuro. Sin un contra ataque, muy pronto nos daremos cuenta que emprendedores como Carnegie, Morgan y tantos otros, desaparecieron y ahora es el gobierno el “principal impulsor” de la economía.  

En segundo lugar cuentan con los sindicatos. En los últimos veinte años hemos sufrido casi 25,000 huelgas en unos 20,000 negocios, a los que han afectado de forma muy importante. Todos los sindicatos han crecido y se han  radicalizado, hasta llegar a estos momentos en que son identificados como socialistas, y a muchos de sus líderes se les etiqueta como marxistas. Estos movimientos sindicales se han hecho muy violentos. El presidente ha establecido una Comisión para enfrentar esa problemática, y sus primeros comentarios fueron: “Esto es guerra. Estos bárbaros destruyen el producto tanto del trabajo como capital, desafían a la ley y el orden, disturban la paz social, intimidan al capital, convierten los caminos del trabajo, en donde debe haber abundancia, en corredores de pobreza y crimen. Son peligrosos enemigos del país”.

¿Cómo defendernos?

Uno de nuestros mejores estrategas en esa guerra, es Andrew Carnegie. Un hombre de mente educada para no flotar con muchas ideas, y se concentra en una sola visión. Una de sus máximas favoritas es: “Pon todos tus huevos en una sola canasta, y luego vigílala con ojos de lince”. El cree en la simplicidad de los negocios. El maneja los suyos bajo el viejo concepto de una sociedad simple, y nunca ha comercializado sus bonos o sus acciones. El odia la especulación y solo cree en financiación interna—eso significa, invertir usando el dinero de la misma empresa—opera todos sus negocios bajo ese tipo de sociedades y hace grandes críticas al crecimiento de empresas apalancadas, y del sistema de compra-venta de papel, que es la forma que todos utilizaban para financiarse. El nunca compra a crédito y así llegó a ser el hombre más rico del mundo.

El argumenta que los ciclos de negocios no son accidentes y hay que hacer previsiones al respecto. Para que la economía crezca, afirma, se tiene que crear crédito. Entonces, cuando el sistema bancario se contrae, esos créditos que se otorgaron cuando el mar estaba sereno, no pueden ser pagados. La virtud absoluta reside con el hombre que mantiene efectivo durante las depresiones—porque entonces puede comprar trabajo y materias primas a precios de ganga. En cualquier empresa eficiente, descontar costos y precios debe ser una actividad continua para poder competir, pero las depresiones proporcionan las mejores oportunidades para eso. Cualquiera puede ganar dinero en las épocas de boom en la economía, pero ganarlo cuando esa economía está deprimida, es el gran testimonio de habilidad. Es también gran filósofo de la administración de empresas y cree en el capital humano, detecta los mejores prospectos, los contrata pagándoles sumas por encima del mercado, los forma como grandes ejecutivos. Afirma: “El Sr Morgan compra sus ejecutivos, yo cosecho los míos”  Todos sus negocios se manejan a base de meritocrácia. Escoge a los ganadores, les apartaba paquetes de acciones a las que se deben de hacer merecedores, y los hace socios.

Carnegie es un hombre que confiaba en los mercados libres. Por eso, el se concentraba más en los costos que en las ganancias, porque si los costos estaban bien estabilizados, las utilidades se presentarían de forma automática. El siempre afirmaba; “El precio en el mercado no debe ser la gran preocupación, y se debe ubicar el precio en donde dicte ese mercado. Porque en el mercado libre la productividad es la única razón para precios altos.” Eso aunado a la habilidad de este hombre para rodearse de gente que el mismo calificaba como genios positivos, fue que pudo construir la empresa más valiosa del mundo. La gran demanda por su acero había surgido de los ferrocarriles para construir sus vías, y cuando esa demanda se estacionara, empezaba la era de los edificios construidos con estructuras de acero, y los negocios de Carnegie volaban a la estratosfera cuando en un año, las utilidades de la empresa fueran igual a su capital. Es decir, las ganancias de la empresa arrojaban una rentabilidad del 100% sobre su capital. Después lo arroparía la demanda de acero para los puentes, para los barcos. Finalmente vendería su empresa a un grupo encabezado por JP Morgan, por el equivalente de $447 millones de dólares a los valores de hace mas de cien años. Ese es el primero de nuestros generales en esta batalla.     

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