Monday, October 2, 2017

El vaquero libertario vs. banqueros internacionales



REFLEXIONES LIBERTARIAS
El vaquero libertario y profeta
Ricardo Valenzuela
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Es cuando Vallian toma la palabra para afirmar. Yo pienso que para entender de forma muy clara lo que ha sucedido en la guerra por el control de la moneda, como al principio de su charla lo afirmó el Sr. Price, debemos de ir, ayudados por la historia, a los orígenes del dinero que, sin lugar a dudas, fue catapultado por la división del trabajo y el intercambio de bienes. Fue cuando el hombre se diera cuenta de los beneficios que se derivan del intercambio, lo que a su inicio se mantuvo en el plano más fundamental de esas transacciones. Es decir, en esos intercambios, el hombre solo analizaba el beneficio que el producto adquirido tuviera para él. Así, un hombre que mantuviera un producto que para él era menos valioso que el que mantuviera otro posible participante que hacía la misma evaluación pero en reversa. De esa forma, si la espada en mi poder tiene menos valor para mí, que el arado en posesión de otro hombre y viceversa, permite que se lleve a cabo ese intercambio para beneficio de ambos.

Todos los fenómenos esenciales de la vida económica se pueden describir en términos de bienes y servicios, o decisiones que se tomen al respecto, y su relación entre ellos. Es cuando el dinero entra en la ecuación, pero solamente en el papel de una herramienta técnica que se adoptó para facilitar el intercambio. Pero esta herramienta, con seguridad, se puede volver obsoleta y si sucede, puede ser un fenómeno que específicamente se atribuye al modus operandi. Pero mientras funcione normalmente, no debe afectar el proceso económico que se comporta del mismo modo que se comportaría en una economía de permuta: esto es lo que esencialmente el concepto de Dinero Neutral significa. Por eso el dinero ha sido llamado una asidera o un velo, para las cosas que son verdaderamente importantes para ambos, los hogares o las firmas en sus prácticas diarias, y para el analista que los observa e interpreta. No solo puede ser descartado en cualquier momento de nuestro análisis de los elementos del proceso económico, sino que debe ser descartado como un velo pude ser recorrido si queremos ver la cara que oculta.

 
El dinero no fue producto de acuerdos de parte de hombres economizando, tampoco es producto de actos legislativos. Nadie lo inventó. Cuando individuos economizando en situaciones sociales se dieron cuenta de su interés económico, se dieron a obtener el conocimiento y la experiencia para saber que, entregando productos de bajo valor cambiario, por otros de mayores posibilidades de cambio, los situaba cerca de obtener sus propósitos económicos. Con el progreso de la economía social, el dinero emergía independientemente en diferentes centros de la civilización. Y porque el dinero es un producto natural de la economía social, la forma específica en que apareció en todas partes y en todos tiempos, fue resultado de específicas situaciones económicas cambiantes. Entre la misma gente en diferentes tiempos, y entre diferentes gentes al mismo tiempo, diferentes productos han alcanzado la posición especial en el comercio que describimos.

Desde el desarrollo progresivo el comercio y la función del dinero, se provocó una situación económica en la cual productos de todas clases, son intercambiados unos por otros, y desde que los límites entre los cuales los precios se establecen, se hacen progresivamente más estrechos bajo la influencia de una competencia viva, fue fácil para que emergiera la idea que todos los productos se establecerán, en cierto lugar y en un cierto tiempo, en relación de precios de unos y otros, en las bases en que puedan ser cambiados unos por otros. Pero todos esos arreglos eran entre la sociedad civil sin que interviniera ninguna autoridad. Era el mercado libre en el papel fundamental de una economía, estableciendo precios. Sin embargo, como sabiamente lo afirmara Jefferson; “ante el crecimiento de los gobiernos, siempre las libertades se encogen y se limitan”. Siempre que los gobiernos observan que cualquier actividad de la sociedad civil crece y se desarrolla, de inmediato quieren controlarla. En el caso del dinero, con más voracidad lo buscan porque es la sangre de los países.    

La historia del dinero virtualmente coincide con la historia de su falsificación, depreciación y devaluación de las monedas de parte del Estado. A pesar del gran descontento que siempre ha provocado el que los soberanos falsificaran las monedas, nunca se ha retado seriamente el monopolio sobre la acuñación que produce pierda valor, como tampoco el control estatal sobre las formas de creación de ese dinero que siempre ha permitido al gobierno su manipulación para sus propósitos. Y tal vez lo más extraño es que ese monopolio legal ha sido raramente cuestionado por economistas, un grupo que, supuestamente como artículo de fe acepta, el que ese monopolio es diabólico. Esta falta de oposición ante el monopolio de dinero, sería más entendible si la producción de ese dinero tuviera las propiedades de un monopolio natural. Pero como se ha demostrado, no existe una necesidad técnica de que el dinero sea producido por un monopolista, y menos por el Estado.

El articulo I en la sección 8 y 10 dice: “El congreso deberá tener el poder de acuñar moneda, regular su valor, el de monedas foráneas, fijar el estándar de pesos y medidas, y adquirir los elementos para castigar a los falsificadores. Ningún estado deberá acuñar dinero, emitir notas de crédito, o establecer algo que no sea monedas de oro y plata como medio de pago de deudas”. Los delegados del Congreso Continental fueron muy precisos en el uso de sus palabras. Al Congreso se le dio el poder de “acuñar monedas”, pero no imprimir. Un gran abogado constitucionalista explica que “acuñar dinero” es estampar pedazos de metal y usarlos como medio de intercambio en comercio de acuerdo a los estándares de un valor fijo. Lo que prohibían los padres fundadores era la “emisión de notas de crédito” que, de acuerdo con lo escrito y afirmado por quienes escribieron la misma Constitución, claramente se referían a el papel (TE DEBO) que se intentaba circular como moneda corriente, en otras palabras, era la prohibición de emitir dinero Fiat sin respaldo de oro y plata.

El punto importante de todo este problema es que, mientras la Constitución claramente prohíbe a los estados emitir dinero sin respaldo, específicamente no prohíbe al gobierno federal hacerlo. Eso sin duda fue un desafortunado descuido de los autores, pero ellos jamás se imaginaron ni lo soñaron, el que sus descendientes fueran tan estúpidos para no entender el intento. Pero, no debería ser fácil no entender el intento. Todo lo que alguien puede hacer, es revisar la historia monetaria que se llevó a la convención  Constitucional y leer las cartas y debates de los hombres que estamparon su firma en el documento fundador. Al revisar los debates en el piso de la convención, nos podemos dar cuenta la pasión de los delegados en el concepto de dinero. Todos ellos podían recordar de sus experiencias personales en el caos provocado en las colonias causado por las emisiones de dinero sin respaldo. Hablaban contra ello en términos muy claros, y ellos fueron brillantes al pedir nunca se volviera a tolerar, en los estados, pero tampoco en el gobierno federal.    
La simple idea de un banco central operado por banqueros profesionales, es algo que se ha debatido en EU desde la era de los padres fundadores. Thomas Jefferson y Alexander Hamilton mantuvieron acalorados enfrentamientos en pro y contra de la idea. Hamilton, quien era un judío nacido en el Caribe, creía en un fornido gobierno central y también un banco central que fuera manejado por la elite del dinero. La visión de Hamilton era muy aproximada a las monarquías de Europa, gobierno central poderoso, y estados serviles y domesticados. Ahora también se sabe que era cercano asociado de los Rothschild, a quienes mucho ayudara en sus esfuerzos para fundar un banco central en EU, semejante al Banco de Inglaterra que ya ellos controlaban.
Esta lucha de los banqueros internacionales para instalar su fraudulento sistema, ha sido particularmente agresiva en EU desde su misma fundación. Pero patriotas americanos decidieron enfrentar a los Rothschild, para mantener el país libre de sus garras. Ello fue el inicio de una feroz lucha que ya dura más de 100 años, lucha que inclusive ha cobrado la vida de varios presidentes de los EU, pero es una parte de la historia que permanece oculta. Cuando Benjamín Franklin llegaba a Inglaterra como representante de las colonias, le preguntaban cómo era posible que las colonias estuvieran tan prósperas, mientras que su madre patria enfrentaba una situación difícil. El respondía: “Es muy simple, nosotros somos libres como el viento, la gente opera con esa libertad, y emitimos nuestra propia moneda. Pero lo hacemos de la forma debida y responsable, para que los productos fluyan con facilidad de productores a consumidores. Así, creando nuestro propio papel dinero, apuntalamos el poder de compra de la gente, y no tenemos que pagar intereses”.
Pero los Rothschild se enteraban de lo expresado por Franklin, y de inmediato presionaron al Parlamento Británico para aprobar una ley prohibiendo a las colonias emitieran su propio dinero, obligándolos a utilizar el emitido por ellos mismos. El medio de circulación de las colonias fue reducido drásticamente, y ello provocaba una grave depresión que afectaba a las trece entidades. La gente cada día se enfurecía más por las medidas de Inglaterra, hervía el potaje de rebelión.
Explotaba la revolución y las colonias se independizaban de Inglaterra. Luego, en 1776 nacía la Declaración de Independencia. Los libros de historia erróneamente afirman que fue el impuesto del Té lo que encendiera la Revolución. Pero Franklin afirmaba algo diferente: “Las colonias fácilmente hubieran podido digerir y hasta aceptar el impuesto sobre el Té, si antes no se hubiera provocado la crítica situación económica causada por las acciones de los banqueros y el Parlamento. A un pueblo sufriendo una depresión, no se le debe castigar con más impuestos. Pero la pérdida del poder para emitir nuestra propia moneda, rescatando ese poder de las garras de los banqueros internacionales, fue la verdadera razón que detonara la Revolución”.
Al terminar la Revolución, los padres fundadores quisieron proteger al país incluyendo un artículo especial en la Constitución. Con él le daba el poder exclusivo al Congreso para emitir dinero. Pero los Rothschild no se daban por vencidos y cuando su agente, Alexander Hamilton, era nombrado Secretario del Tesoro en el gabinete de Washington, de inmediato, siguiendo instrucciones de sus amos, se daba a la tarea de promover la fundación de un banco central con capital privado, armado con la facultad para crear dinero—endeudamiento. 
Thomas Jefferson, Secretario de Estado en el mismo gabinete, se oponía ferozmente al proyecto, pero Hamilton, a base de falsedades, convencía al presidente Washington quien llegara a apoyarlo. En 1791 nacía el banco federal, Bank of the United States, con una concesión por 20 años y de esa forma los Rothschild lograban su propósito. Pero en 1811 al vencer la concesión y el congreso, ahora influenciado por Jefferson y Andrew Jackson, negaba la solicitud de renovación. Se iniciaba una sangrienta guerra.
Nathan Rothschild desde Londres enviaba un ultimátum para el nuevo país: “Renuevan la concesión del banco, o los EU enfrentarán una guerra que lo destruirá”. Los patriotas americanos no calibraron el poder del grupo de banqueros, y no le daban importancia a la amenaza. Ahora Nathan Rothschild ordenaba: “Enseñen una lección a estos imprudentes americanos. Envíenlos de regreso a su lastimoso estado colonial”. El gobierno británico declaraba la guerra a los EU. Los Rothschild conseguían lo que se proponían puesto que, el congreso de EU aprobaba la renovación de su banco en 1816. 
Esto era el inicio de graves enfrentamientos entre los Rothschild y patriotas americanos los cuales, durante los siguientes años, los llevara a una furiosa guerra para crear y cancelar tres concesiones para establecer su banco central.
Andrew Jackson

Andrew Jackson fue el primer presidente originario de la región oeste de las Apalachians. Era un hombre muy especial para sus tiempos, era un soldado de recio carácter y lejos de ser refinado, era explosivo y portaba un lenguaje de arriero, un hombre que fuera electo sin el apoyo ni reconocimiento de alguna organización política. Cuando fue reelecto, en julio de 1832, de inmediato vetaba la renovación del permiso para el Banco de los EU, declarando la guerra a los Rothschild.
El congreso de los EU había votado aprobar la renovación de dicha concesión, pero fue entonces cuando el presidente la vetara. El argumento para el veto daba un interesante mensaje: “No son los ciudadanos de nuestro país los beneficiados si este proceso se aprueba. Más de ocho millones de acciones de este banco son propiedad de extranjeros. No hay un peligro más grande para nuestra libertad e independencia, que un banco cuya naturaleza se ha construido con tan poca raíz y compromiso con nuestra nación”. El veía este banco como las cadenas que grupos de extranjeros portaban para, económica y financieramente, esclavizar el país.
“Controlando nuestra moneda, recibiendo nuestro dinero público, encadenando a nuestros ciudadanos a una dependencia, sería un peligro más grande que la amenaza militar del más poderoso de los enemigos. Si este proyecto se conjugara con el principio del gobierno de protección para todos, en lo alto y en lo bajo de la pirámide social, y fuera como el cielo cuando envía su lluvia para que todos nos mojemos, sería un gran beneficio. Pero en el acto que se me presenta solo veo un inmenso abandono de esos principios de justicia”.
Al año siguiente declaraba frente a los banqueros internacionales lo siguiente:  
“Ustedes no son más que un reducto de víboras. Pero yo voy a sacarlos de su madriguera, y por la gracia de Dios afirmo que serán expulsados de mi tierra. Si la gente entendiera el nivel de injusticia que desparraman ustedes, los señores del dinero y su sistema bancario, al instante estallaría una sangrienta revolución”.
Meses después habría un fallido intento contra la vida del presidente. Fue entonces cuando le afirmara a su Vicepresidente, Martin Van Buren: “El poder del dinero, señor Van Buren, está tratando de matarme”.

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