Monday, August 21, 2017

Un bully llamado Irlanda

Ricardo Valenzuela
 
“En un pequeño país al que nadie presta atención, se ha estado desarrollando una callada revolución durante los últimos casi 30 años, que tiende ahora a convertirse en el milagro económico del nuevo siglo y un ejemplo para las naciones del mundo.”



Desde finales de la era de las tinieblas en el siglo XI, Europa se convirtió en el centro económico, político, cultural del mundo. Sin embargo, a partir del inicio del siglo XX, explotaron dos apocalípticas guerras que la dejaron completamente destruida. El comunismo devoró la mitad del Continente y, finalmente, el socialismo arroparía el resto de la región. Estos eventos dieron origen a su estancamiento para que los EU tomaran ese liderazgo que aún mantienen. Frente a la caída del comunismo y el desprestigio socialista, surgió la oportunidad de establecer una plataforma económica entre la nueva Europa y los países del TLC.

Pero el abandono de la UE por parte de Inglaterra, la quiebra de Grecia con una deuda de 165% de su PIB, Italia y su deuda del 136% de su PIB, los endeudamientos de España de 98% de su PIB, Portugal 129% de su PIB, Francia 97% de su PIB, Bélgica 110% de su PIB. Un crecimiento económico para este año de un raquítico 1%, una agresiva tendencia deflacionaria, la invasión musulmana de prácticamente todo el continente, hacen lucir al viejo continente como un buque a punto del naufragio, con los tripulantes confundidos y a punto de la histeria.



En la región del TLC se avista un singular problema. Un primer ministro en Canadá expresando su gran admiración por Fidel Castro, y abriendo sus cartas similares al rancio socialismo de Europa. Un kamikaze como presidente electo de los EU vistiendo la pintura de guerra y, para cerrar el fellinisco círculo de este nuevo horizonte, un México histérico tratando de revivir a Pancho Villa y Emiliano Zapata, para ir al encuentro del enemigo en la frontera, como lo hiciera Villa al invadir Columbus aquel 9 de Marzo del año 1916.  
Sin embargo, en las costas de Inglaterra, en un pequeño país al que nadie presta atención, se ha estado desarrollando una callada revolución durante los últimos casi 30 años, que tiende ahora a convertirse en el milagro económico del nuevo Siglo y un ejemplo para las naciones del mundo. Una revolución sin armas ni guerrilleros, pero que ha rescatado a millones de la pobreza en solo tres décadas. Este particular evento se desarrolla en Irlanda. Hace tiempo, un intelectual mexicano comparaba a México e Irlanda, en el sentido que ambos eran países católicos, pobres y subdesarrollados, con poderosos vecinos protestantes y ricos. ¿Cómo se ven en estos momentos?
El rechazo del tratado de Niza ubicó a Irlanda en el centro del debate en relación al futuro de la Unión Europea. Cuando el humo de los enfrentamientos desaparecía, Irlanda había proporcionado una importante lección política y económica al resto de las naciones miembros de la Unión. Este pequeño país, que solo representa el 2% de la actividad económica de la Europa unificada, en unos cuantos años ha elevado los niveles de vida de sus habitantes a la altura de los países desarrollados del mundo. Aun cuando su ubicación geográfica la coloca lejos del Continente, para preocupación de los burócratas de Bruselas, está proporcionando un modelo a seguir para los aspirantes a la membrecía.
Hay infinidad de opiniones en relación a la rebelde actitud de Irlanda, pero el principal reactor que la alimenta ha sido la serie de medidas intrusivas que Bruselas ha pretendido imponer en el manejo de sus finanzas, tratando de reducir el acelerado crecimiento que ha experimentado ya durante años, muy por encima del resto de los países de Europa. La UE, como todos los “clubes”, tiene sus reglas. Las reglas macroeconómicas están contenidas en su pacto de estabilidad y crecimiento a través del cual, controlan a los rebeldes y su mal comportamiento.
Sin embargo, el problema con Irlanda no ha sido el que se haya “portado mal,” todo lo contrario, se ha “portado demasiado bien” y la disputa con Bruselas ha sido en el sentido de cómo responder y actuar, ante lo que la burocracia Europea considera su agresivo crecimiento. Ellos resaltan el imperativo para lograr más coordinación de las políticas para el desarrollo, entre los miembros de la Unión. Entonces, Irlanda, con su crecimiento ejemplar, su baja inflación, su delicada seducción para atraer la inversión internacional, el superávit en su presupuesto, sus bajas cargas impositivas, sus finanzas en orden; se ha convertido en patito feo y mal ejemplo de la nueva Europa.
Irlanda ha sido también fuertemente criticada por sus políticas impositivas Supply—Side importadas de los EU, y que han atraído cantidad de empresas a nivel mundial. Los burócratas de Bruselas están ahora tratando de forzarla para que establezca un sistema fiscal semejante a las opresivas cargas del resto de Europa y, además, para que comparta el superávit de su presupuesto puesto que, según ellos, ese flujo proviene de todos los ciudadanos de la Unión. El sistema impositivo ha sido la columna vertebral de la nueva estrategia económica de Irlanda, misma que los países ahora candidatos a formar parte de la Unión, estudian con gran interés.
Después de años de errores y correcciones, Irlanda ha logrado establecer una estrategia especial para los retos del nuevo milenio. Los gobiernos finalmente han logrado un acuerdo para aplicar una política basada en bajos impuestos y una tenue regulación, dejando a los mercados seguir su curso. Ello ha creado un atractivo clima de negocios, convirtiendo al país en magneto para la inversión internacional. La crisis mundial del 2008 le creó serios problemas pero, con políticas inteligentes, los pudo resolver en solo tres años, para emerger con un crecimiento del 7.9% en 2015. 
Este diminuto país famoso, más que por su milagro económico, por la hambruna del siglo XIX, o por sus sangrientas guerras entre protestantes y católicos, es ahora la admiración del mundo. Irlanda ha catapultado el ingreso per cápita de sus habitantes, a niveles superiores a los de la mayoría de países en Europa. Con menos del 5% del territorio de México, y con menos del 4% de nuestra población, tiene un ingreso per cápita seis veces el nuestro. Pero en el índice de libertad económica mundial, Irlanda se ubica en el #8, mientras que México se tambalea en el #62. En el índice de mundial de Libertad Humana, Irlanda se ubica #4, México #77 y, EU, bajo la tiranía Obama, resbala al #23.
El “mal comportamiento” de Irlanda tiende a convertirse en bendición para el mundo entero. Y es que está ya abriendo un serio debate sobre el mejor modelo económico para lograr la ansiada prosperidad, dado las preocupantes olas de populismo, nacionalismo y proteccionismo, que se extienden agresivamente por todo el globo. Irlanda ha abrazado el antiguo modelo Anglo Sajón de mercados libres, un gobierno vigilante del cumplimiento de la ley, y los resultados están a la vista. Porque el coquetear con nacionalismo, proteccionismo y, peor, responder con histéricas conductas como las de, “Nosotros los pobres y Ustedes los ricos”, es la receta segura para un triste desenlace ante un enfrentamiento entre el bully, Gral. Custer, y “Pepe el Toro.” 

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