Tuesday, August 1, 2017

¿Cuál es el próximo paso para Venezuela?

¿Cuál es el próximo paso para Venezuela?

Juan Carlos Hidalgo aclara algunos mitos acerca de la crisis en Venezuela y analiza los posibles escenarios.
El voto fraudulento e ilegítimo del domingo para instalar una asamblea constituyente en Venezuela es el paso definitivo hacia la consolidación de una dictadura de jure en ese país.
La asamblea constituyente disfrutará de poderes supra-constitucionales, lo que significa que sus prerrogativas irán por encima de escribir una nueva constitución e incluirán, entre otros, disolver y deshacerse de todas las instituciones existentes-incluyendo aquellas controladas por la oposición u ostentadas por miembros críticos del régimen, como la Asamblea Nacional y la Fiscalía General —y cancelando las elecciones programadas que el gobierno ciertamente perdería. Horas después del voto, Nicolás Maduro anunció públicamente que la asamblea constituyente privaría a los miembros de la oposición de su inmunidad y despediría a María Luisa Ortega, la Fiscal General del Estado.
Algunos de los mitos de la crisis necesitan ser tratados:



Venezuela se halla al borde de una guerra civil: Para que haya una guerra, ambos lados necesitan estar armados. En el caso de Venezuela, solo un lado —el gobierno— tiene las armas: el régimen de Maduro goza del respaldo total de las fuerzas armadas, de la Guardia Nacional —que es responsable de reprimir brutalmente las protestas— y los colectivos, que son pandilleros armados que aterrorizan a la población en motocicletas con la asistencia de la policía y la Guardia Nacional. De las más de 120 personas asesinadas desde que empezaron las protestas hace cuatro meses, casi todas han sido manifestantes u otros ciudadanos asesinados por las fuerzas de seguridad.
Las fuerzas armadas podrían retirar su respaldo a Maduro en cualquier momento: Esto no es más que una ilusión. Por más de una década, las fuerzas armadas han sido cuidadosamente purgadas de miembros que no respaldan el proyecto autoritario de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro. El gobierno de Maduro es un régimen militar, aunque su cabeza sea técnicamente civil: 13 miembros del gabinete (de 32) son oficiales militares, así como también lo son 11 de 20 gobernadores chavistas. Las fuerzas armadas están aprovechándose del status quo; están profundamente involucrados en el contrabando y el narcotráfico.
La alternativa a respaldar al régimen para los altos mandos de las fuerzas armadas no es servir a un gobierno democrático o retirarse con una pensión del Estado sino ser procesados por corrupción masiva o ser extraditados a EE.UU. por cargos relacionados al narcotráfico. Además, incluso habiendo crecientes reportes de un descontento cada vez mayor a nivel de las tropas, los servicios de seguridad cubanos han infiltrado las fuerzas armadas y pueden detectar fácilmente y prevenir cualquier levantamiento antes de que este se de. Este es el marco ideal para consolidar una dictadura.
Una solución negociada es la única alternativa: Este es, sin duda, el escenario ideal. Pese a ello, el régimen de Maduro no está interesado en ceder el poder. Cualquier acuerdo aceptable para la oposición necesariamente implica convocar a elecciones libres, que Maduro perdería con certeza. Para Maduro y sus secuaces, perder el poder significaría buscar asilo político (probablemente en Cuba) o acabar en prisión en Venezuela. Se han dado varios esfuerzos para lograr un compromiso entre el gobierno y la oposición. Pero en cada uno de estos casos, el gobierno ha usado las negociaciones para comprar tiempo y dividir a la oposición, a medida que aumentaba el número de prisioneros políticos, privaba de poder al legislativo y cancelaba las elecciones programadas. No es de sorprender que la mayoría de la población se haya rendido ante la idea de negociar una solución y busque la salida inmediata del régimen.
El país está profundamente dividido: Este fue definitivamente el caso tras la muerte de Hugo Chávez en 2013. Pero desde entonces, la rápida deterioración de la situación económica y la crisis humanitaria que ha cercado el país, ha hundido el apoyo al régimen. Encuestas indican que hasta un 80% de los venezolanos quieren que Maduro se vaya. Aunque muchos ex chavistas siguen desconfiando de la oposición, reconocen la necesidad de un cambio de régimen.
Cuba puede jugar un papel positivo en la solución a la crisis venezolana: Esto es un absoluto sinsentido. Cuba no solo es un aliado de Venezuela, el régimen de Maduro es una marioneta de Cuba. Desde los días de Hugo Chávez, los cubanos han asesorado de cerca al gobierno venezolano sobre cómo desmantelar instituciones democráticas. Los agentes cubanos controlan muchas agencias dentro del gobierno venezolano y están profundamente infiltrados en las fuerzas armadas. Como contraparte, los cubanos obtienen petróleo venezolano barato, un subsidio que en algún momento alcanzó el 20% del PIB de la isla. Cuba ha dejado claro en las últimas semanas que no dejará a su colonia escapar de su control.
Y, ¿ahora qué? Nadie sabe con certeza qué pasará. La presión internacional aumenta junto con protestas cada vez más activas en las calles. Las sanciones económicas dirigidas a individuos dentro del régimen seguramente dolerán. Es difícil concebir una instalación exitosa de una dictadura integral cuando se tiene a millones de venezolanos firmemente opuestos a tal movida, y a miles de ellos protestando a diario en las calles. Sin embargo, el régimen —con la cooperación de Cuba— tiene un control firme sobre las fuerzas armadas y sobre la Guardia Nacional. Siempre y cuando éste sea el caso, es difícil esperar algún cambio positivo en el futuro cercano. La consolidación de una dictadura al estilo cubano sigue siendo una posibilidad.

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