Friday, June 23, 2017

Los "nuevos liberales": 20 premisas

ALBERTO MANSUETI



El capitalismo es el único sistema moral, porque para ganarse el sustento hay que producir o ayudar a producir alguna cosa deseada, que la gente demande en los mercados, y se venda y compre en libertad, sin coacción alguna, ni privilegios para nadie. Y es el más eficiente en este sentido.

Hartos de predicar en el desierto por años y décadas, algunos liberales del Perú y Latinoamérica hemos tomado el toro por las astas, y pasado a la acción política, creando un partido.
Porque en todas partes es lo mismo: nuestro mensaje liberal es ignorado o resistido fieramente por todos quienes de una u otra manera se benefician del estatismo, o esperan beneficiarse a futuro. Y cuando ese mensaje llega al público no comprometido, muchos lo entienden y aceptan, pero la segunda pregunta que hacen es: “¿Y cuál es el partido …?” (La primera es: “¿Y en qué país … ?”) Si la respuesta es “No hay tal partido”, la gente piensa que en esas ideas tan bellas, pero abandonadas tiempo atrás en casi todo el mundo, algo debe haber erróneo, dañoso, utópico o disparatado. Que seguramente deben ser impracticables por alguna razón (vaya a saber cuál), al punto que sus defensores no se juegan por ellas en la arena política. Y ahí se acaba todo.
Sin un partido liberal presente en la escena política no es posible siquiera llamar la atención del público para el mensaje liberal, mucho menos prestarle credibilidad y brindarle apoyo. Sin embargo, antes de pasar a campo tan cenagoso, neblinoso y traicionero como el de la política, hemos de clarificar algunos conceptos controversiales y candentes:
1. Qué es el liberalismo. El liberalismo no es una religión, una filosofía o una ciencia. Aunque emparentado con las verdades permanentes de la tradición judeo-cristiana occidental, con las filosofías realistas, y con lo mejor de las ciencias humanas, el liberalismo es no más ni menos que doctrina política: la de los Gobiernos limitados, los mercados libres, y la propiedad privada.



La respuesta a la primera pregunta que la gente hace, sobre en cuáles países el liberalismo se ha practicado, tiene vigencia, o la ha tenido, es esta: ese sistema político, legal y económico, practicaron en el pasado los países de Europa del Norte y EEUU de América que por esa causa se hicieron ricos, con libre comercio internacional y patrón oro. Hasta que más tarde, ya en el siglo XX, fueron llevados al estatismo y al socialismo, algunos mediante la fuerza bruta y por la vía de las armas, de un solo golpe, otros poco a poco, con engaños y por la vía de los votos. Y así, en forma abrupta o paulatina, fueron cayendo en el empobrecimiento, en la dependencia y adicción a las limosnas o “programas sociales” del mal llamado “Estado de Bienestar” (el Bienestar del Estado), y en sucesivas crisis financieras y económicas, hasta llegar al presente colapso global.
2. Gobierno Limitado. La Revolución Francesa abrió la puerta al estatismo definiendo una lista de “Derechos del Hombre y el Ciudadano”, que pronto se fue haciendo tan numerosa y extensa como la de funciones, poderes y recursos que dóciles Parlamentos atribuyeron a los Gobiernos con el pretexto de proteger los tales derechos.
El Liberalismo Clásico en cambio limita al Gobierno a preservar los derechos humanos naturales a la vida, libertad y propiedad, con sus soldados, policías y jueces, cumpliendo sus tres funciones propias: seguridad externa e interna, tribunales de justicia, y ciertas obras públicas de infraestructura, nada más. Y al estilo de la Constitución de EEUU, enumera prohibiciones a los Gobiernos, más que derechos de los ciudadanos. También limita a los gobiernos en poderes y recursos: los indispensables para el cumplimiento de sus funciones, y no otras, que han de ser cumplidas por familias, empresas, escuelas y centros de enseñanza, iglesias y demás sociedades voluntarias, instituciones que por su naturaleza son y han de ser privadas y separadas del Estado. Y para efectivizar esos límites a los Gobiernos se inventaron los Parlamentos, y los partidos liberales.
3. Libertad, y otros valores. El Liberalismo Clásico es mucho más que “las ideas de la libertad”, expresión un tanto etérea y ambigua, cuya imprecisión ha determinado en gran parte el fracaso del liberalismo como empresa política. Porque de la premisa liberal de rigurosa separación entre lo público y lo privado en todas las esferas de la vida social, resulta una amplia libertad individual para todas las personas, pero también otros valores, preciosos para las sociedades, como orden y la paz, seguridad y justicia, prosperidad y progreso, tan valiosos e igualmente necesarios y anhelados como la libertad.
4. Estatismo. Es lo diametralmente contrario al liberalismo: la usurpación por parte del “Gran Gobierno” obeso, de funciones, poderes y recursos, que por su naturaleza pertenecen a las personas individuales y entidades voluntarias o privadas, tanto en la educación, como en la economía y finanzas, atención médica, jubilaciones y pensiones, y muchas otras esferas de la sociedad. Esa usurpación se ha llevado a cabo mediante leyes especiales para cada una de esas áreas de la vida social, dictadas con ese propósito perverso. Tales leyes han sido pasivamente toleradas por la población, adoctrinada en las falacias del estatismo, y carente de un partido político liberal capaz de resonar en la opinión pública, y de hacer resistencia efectiva desde el Parlamento.
Los desastrosos resultados del Estatismo parten de poner al revés el mundo social. Por un lado el “Gran Gobierno” se apropia de funciones, poderes y recursos para la docencia, la atención médica, y las jubilaciones y pensiones; pero la educación que controla el Estado es cada vez peor, los Hospitales estatales son insufribles, y las prestaciones previsionales llegan a miserables. También se entrometen los gobiernos en la emisión de dinero, la banca y las finanzas, los negocios, el comercio y la economía en general; las consecuencias son igualmente malas: cunden la inflación, el paro y la escasez. Por otro lado, las funciones propias de los gobiernos son desatendidas; y por ello imperan la inseguridad en las calles, la injusticia en los tribunales, no se emprenden nuevas obras públicas, y hasta el mantenimiento de las existentes se hace esperar. ¿Es un dramático error? Los Nuevos Liberales no somos ingenuos: es a propósito. Según los teóricos marxistas de fines del siglo XX, el objetivo es poner a la población ignorante y enferma, empobrecida y asustada, a la espera de los “Programas Sociales”; y para colmo, distraída su atención con los escándalos politiqueros y los espectáculos de “entretenimiento” que le brindan los medios de “comunicación”, a fin de tenerla por completo bajo su dominio.
5. Capitalismo. El sistema liberal de economía es el Capitalismo competitivo, a partir de la separación entre lo público y lo privado en la esfera de la producción e intercambio de bienes y servicios, según y conforme las leyes propias de la oferta y demanda en mercados libres, pero con un dinero no carente de respaldo real, y un sistema de banca privada con reserva 100 % en los depósitos. Ese capitalismo liberal ya no se practica en casi ninguna nación del mundo, con la relativa excepción de algunos lugares de Asia. Porque en todos ha sido abandonado en favor del estatismo.
Ese abandono ha llevado paso a paso a las naciones a la enorme crisis que hoy afecta a la economía global, mayor que la de 1929, tal como expone la Escuela Austríaca de Economía. La recuperación plena del capitalismo liberal es el único remedio disponible. Porque no hay otro.
6. Mercantilismo y Socialismo. Son los enemigos históricos del liberalismo, el primero desde el siglo XVIII a lo menos, y el segundo desde el XIX. Más allá de los discursos bonitos, mercantilismo es la tradicional alianza del Gran Gobierno con las grandes empresas monopolistas, que les permite sólo a ellas crear riqueza, para sí mismas, aprovechando sus privilegios; y los demás productores apenas sobreviven, y no todos. Socialismo es la más moderna “re-distribución” de la riqueza, mediante los impuestos y la inflación, desde los productores privados (medianos y pequeños sobre todo), en favor de todas las castas parasitarias de las izquierdas (políticas, burocráticas, académicas, mediáticas y sindicales), enquistadas en el Gran Gobierno, o por él amparadas y financiadas. En inglés suelen llamar “Liberalism” al socialismo democrático; por eso se hace indispensable el adjetivo “Clásico”.
El problema con el Mercantilismo es que se permite la propiedad privada, pero no como un derecho natural inalienable para todos, sino como un privilegio, cuyo ejercicio los gobiernos conceden a unos sí y a otros no, y estableciendo las condiciones. En el Mercantilismo los mercados son libres, pero no para todos, sino sólo para los empresarios y agentes económicos bien “conectados” con los gobiernos intervencionistas. La riqueza creada de esta forma es insuficiente, y vienen las insatisfacciones, quejas y protestas.
En este punto llega el Socialismo, y arremete contra lo que llama “el capitalismo”: en lugar de suprimir los privilegios, suprime la propiedad privada; y en vez de ampliar la libertad de mercados, la restringe aún más, o elimina por completo. Así cunde la pobreza, y luego la miseria, según cuán lejos se llega en este proceso. Adoctrinada por la propaganda socialista la gente se confunde, y toma al Mercantilismo existente por el capitalismo genuino, y mira al Socialismo como su salvación.
7. El Sistema. Un “sistema” de economía y política es un conjunto de principios, reglas y valores, que se encarna en un cuerpo de leyes, y en una estructura social y gubernativa. El estatismo de hoy es un sistema opresivo, empobrecedor, embrutecedor, esclavista y envilecedor, que combina ambos tipos de perversiones: el mercantilismo, que es malo; y el socialismo, que es peor.
Este sistema se nos ha impuesto y se nos impone mediante el “Pacto Social”, acordado entre los representantes de las oligarquías mercantilista y socialista en el Congreso, para intercambiar sus respectivos votos a favor de las Leyes Malas de los unos y los otros. El mercantilismo y el socialismo se complementan: el primero genera el caldo de cultivo para la izquierda, que es la pobreza, la cual el socialismo explota e instrumenta políticamente en su beneficio exclusivo, mediante las dádivas que reparte entre los pobres “conectados” directamente con sus canales políticos, y las promesas de dádivas que reparte al resto, para mantenerles pasivos. Y el socialismo sirve al mercantilismo: le permite presentarse como “el mal menor”, y por tanto preferible.
Pero el “Estado de de Bienestar” es inviable estadísticamente, porque es imposible satisfacer a todos y cumplir todas sus promesas, y por eso es utópico; además es extremista, porque nos conduce al “extremo” de subordinar absolutamente todas y cada una de las actividades humanas al Estado.
8. Las Leyes Malas. Son las leyes “especiales” (diferentes y contrarias a los Códigos ordinarios), que con el pretexto de “prevenir” ciertos males reales o imaginarios, agreden la economía y ofenden la justicia, el Derecho y la razón, decretando inspecciones y sanciones por doquier, impuestos y multas, e inicuos privilegios (muchas veces ocultos o disfrazados) para los mercantilistas y los socialistas. En el sistema liberal, las leyes no son para “prevenir” crímenes o abusos vigilando y controlando a todo el mundo en todas y cada una de las esferas de la vida social en especial, para evitar que se cometan, tarea ésta imposible; son en cambio para obligar a los responsables, una vez cometidos, a resarcir o compensar a sus víctimas. Por ello mismo son disposiciones de orden general, para que las personas puedan acomodar voluntariamente sus negocios mediante acuerdos y contratos, y resolver sus conflictos posibles o presentes, por sí mismas, o acudiendo a los jueces ordinarios.
Sin embargo los defensores del social-mercantilismo jamás se van a “convertir” al liberalismo, pues aprovechan y se benefician del Sistema. Por ello es que jamás oyen ni atienden a las explicaciones científicas ni a las razones morales, aún cuando los liberales ingenuos se las expliquen y repitan hasta el cansancio. No serán convencidos, tendrán que ser desalojados; y en Democracia eso es con un partido político. Es la única forma, no hay otra.
9. “El camino desde la servidumbre”. El “Camino a la servidumbre” se llamó a la ruta desde el Capitalismo del siglo XIX hasta el estatismo y el socialismo, usurpando los gobiernos funciones privadas mediante leyes inicuas, que con los más disímiles pretextos incrementan la autoridad de los gobiernos en toda clase de asuntos tales como dinero y banca, comercio y transporte, industria y servicios, actividades agropecuarias y extractivas, educación y cultura, medicina, artes y ciencias, deportes, medios de prensa, etc. A la vez estas leyes usurpan competencias y poderes (es decir: libertades), y recursos, alegando necesitarlos para cumplir tantos fines y objetivos declarados.
A partir de ahora en cambio, el mismo camino debe hacerse de reversa; y ante la usurpación, proceder a la devolución de tales funciones, poderes y recursos. Y no va a tomar 100 o 200 años, porque esas leyes pueden ser derogadas todas simultáneamente (en el país entero, o en ciertas regiones); y así debe ser, para que los efectos de su supresión puedan ser potenciados entre sí, y el “Estado de Bienestar” hacerse innecesario en una economía no mercantilista sino capitalista, abierta y en expansión creciente, capaz de crear riqueza abundante, y generar oportunidades y empleos disponibles para todas las gentes.
10. Moral y economía. El capitalismo es el único sistema moral, porque para ganarse el sustento hay que producir o ayudar a producir alguna cosa deseada, que la gente demande en los mercados, y se venda y compre en libertad, sin coacción alguna, ni privilegios para nadie. Y es el más eficiente en este sentido. Pero hoy el capitalismo está prohibido, o legamente muy restringido. Legalizar plenamente el capitalismo es lo que procede; pero antes, su rehabilitación moral y ética. La “corrupción”, que tanto escandaliza a nuestra clase media, es inherente al estatismo, que se hizo para robar; y no hay forma ni manera alguna de que pueda ser honesto. Ni eficiente, porque es irrealista.
Por otro lado, las metas trazadas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista del año 1848 ya se han cumplido en el terreno de lo económico, y se han hecho realidad, sea por la vía bolchevique (comunismo) o menchevique (socialdemócrata): el Gran Gobierno controla nuestra producción e ingresos, el dinero, la banca y el comercio; y si aún nos dejan respirar, es para que podamos seguir trabajando para ellos. Además es completo el control gubernamental en la educación, que les sirve para inculcar alocados pretextos y excusas ante los evidentes fracasos del Sistema, como también las creencias en falsos remedios. Por ello, ahora las izquierdas van por los objetivos que quedan, en la moral, el lenguaje, la razón, la ciencia y la civilización, buscando la destrucción del matrimonio y la familia; eso se llama Posmodernismo o “Marxismo Cultural”, indispensable para que los individuos quedemos aislados y en solitario, impotentes, indefensos y por completo a merced del Gran Estado providente, de sus dádivas y su tutela. Y por supuesto, desarmados.
11. Izquierdas y Derechas. La Izquierda es el socialismo, del cual nazismo y fascismo son variantes extremas; y la “Derecha” es lo que no es Izquierda: el mercantilismo o “capitalismo de compadres”, que es la derecha mala, y el liberalismo, que es la derecha buena. (Izquierda buena no hay). Perder el miedo a las palabras (por ej. capitalismo, privatización, burguesía y derecha) es el primer paso para perder el miedo a las cosas que ellas nombran. Nada se logra con miedo.
La terca negativa de algunos a reconocer al liberalismo como derecha no es realista, no es creíble. Porque el capitalismo es de derechas en lo ideológico, así como el socialismo lo es de izquierdas; y negarlo sabe a disimulo mal intencionado, lo que debilita la defensa de cualquier causa, por noble y honesta que sea. Sin embargo, la negación es típica de quienes no se han separado de las izquierdas por completo, como muchos voceros del anarco-capitalismo, pese a que esa posición sí podría ser considerada como la derecha extrema.
12. Anarco-capitalismo. Una obvia contradicción, porque no hay capitalismo sin Gobierno Limitado a la preservación de los auténticos derechos naturales, como “árbitro de instancia final”, y último recurso para dirimir los desacuerdos y conflictos entre las agencias y actores privados. No obstante, este absurdo “anarco-capitalismo” sirve como una pobre compensación psicológica por el fracaso político que ha marcado hasta hoy al liberalismo, y un cómodo pretexto para la inacción política.
13. “Neo” liberalismo y Centro. Es el programa de las reformas “macroeconómicas” de los años ’90, inspiradas en el “Consenso de Washington”, o la continuación del mercantilismo por otros medios, más actualizados. Busca resolver los problemas del estatismo, entre otros la insolvencia del “Estado de Bienestar”, pero no los problemas de la gente. Para ello ha privatizado muchas empresas y actividades estatales pero sin desregular, convirtiendo así a los monopolios estatales en monopolios privados; y ha exigido más impuestos, a fin de solventarse, y decretado más regulaciones, a fin de justificarse.
En el Perú y en Latinoamérica se nos presenta una falsa dicotomía, como si este “Neo” liberalismo y las izquierdas fuesen las dos únicas opciones posibles y disponibles; y de hecho en nuestros países siempre uno de estos dos polos es Gobierno y el otro la oposición. Sin dudas los liberales clásicos estamos en la derecha del espectro ideológico; no obstante, en este espectro político actual, los liberales quedamos en el centro, porque rechazamos el “Neo” liberalismo, que es malo, y las izquierdas, que son peores.
14. “Política Correcta”. El liberalismo es individualista y “políticamente incorrecto”, por eso es 100 % inconciliable con los colectivismos, ya sean de izquierdas o de derechas, sea de antigua data como el obrerismo, el nacionalismo o el imperialismo, o sean los más a la moda del día como el feminismo, el ecologismo o el indigenismo; y por las mismas razones, tampoco congenia con las bases o fundamentos intelectuales y espirituales de estas corrientes, ya sean los procedentes del viejo baúl destartalado de la Ilustración, como el positivismo o el conductismo, o ya sean los más actualizados, como el Posmodernismo, el relativismo y la New Age.
15. Anticlericalismo. En América latina no hubo Reforma Protestante, y la separación de Iglesia y Estado fue un proceso (aún inconcluso) realizado no por reformadores religiosos y líderes cristianos reformados, como en el norte de Europa, sino por los políticos criollos “liberales”, inspirados en el ideario anti-religioso de la Revolución Francesa, lo cual ha sido origen de conflictos, confusiones y traumas. En EEUU nunca hubo unión de Iglesia y Estado; y la Independencia y la Constitución fueron hechas por líderes cristianos de diversos credos, y aún deístas, agnósticos e indiferentes, unidos en una esa acción política. Así debe ser también en nuestros países la empresa libertaria; por eso el fervoroso ateísmo beligerante les cuadra quizá a ciertos adolescentes buscando afirmar su personalidad frente a sus padres y maestros, pero no cabe en una política de gente adulta.
16. La Democracia, los partidos y los “políticos”. La democracia no es el diablo; es la regla de la mayoría, y será tan buena o mala, justa o inicua, moral o inmoral, estúpida o sabia como lo seamos la mayoría de gente que votamos. Los partidos políticos no son inventos del diablo; son organizaciones humanas que sirven como instrumentos sociales para hacer política, así como las empresas sirven para hacer negocios, y los mercados para desarrollar la economía. Y por fin, no “todos los políticos” son diablos corruptos y mentirosos, porque no todos son estatistas; hay políticos liberales, y somos decentes, honestos y veraces.
17. Burguesía y clase media. Los representantes del mercantilismo y del socialismo conforman dos oligarquías dominantes y aferradas a sus respectivos privilegios. De ambas es víctima la clase popular, sometida por la ignorancia y el engaño celosamente cultivados, y convertida en mera carne de cañón electoral. Una parte del pueblo se encadena con los mendrugos de los “Programas Sociales”, y la otra parte es mantenida en la ilusión de la paciente espera. De la clase media, una parte se ha incorporado al sistema como sus funcionarios y empleados, y otra parte se debate en la dura lucha diaria por la supervivencia, entre el tedio y la frustración decepcionada. De esta segunda parte de la clase media, debe emerger la “burguesía”, para que como ha sido siempre en las grandes gestas liberales, asuma la iniciativa y el liderazgo.
A este fin, los profesionales, los medianos y pequeños empresarios, y asimismo los técnicos y trabajadores independientes, deben saber que jamás van a tener éxito económico, ni real progreso personal y familiar, sin un radical y profundo cambio de sistema. Y que el cambio requiere una acción política inteligente y eficaz, firme y determinada; y su participación es indispensable. No hay otro camino.
18. Oposición Liberal en el Congreso. La política liberal es para ser puesta en práctica; y eso no es sólo con exposiciones puramente académicas, sino con una fuerte corriente de opinión, y un partido político que la exprese, inspirado en el Liberalismo Clásico, presente en los medios de comunicación y en el escenario electoral, y encaminado a hacer mayoría en el Congreso, para derogar las leyes malas.
Hasta tanto sea mayoría, este partido ha de permanecer al margen de los sucesivos gobiernos de turno, votando en contra de las nuevas leyes malas propuestas para decretarse, y en principio por la abstención en todas las sucesivas e interminables “reformas” en las leyes malas vigentes, que por lo común pretenden acomodar a un grupo o factor de poder, desacomodando a otro. Sin este partido presente, la clase media podrá hacer caminatas, marchas y manifestaciones de protesta por calles, plazas y avenidas hasta caerse de cansancio, pero los logros seguirán ausentes.
19. La Devolución y Las Cinco Reformas. El objetivo es restablecer el sistema de libertades, mediante privatizaciones y desregulaciones, separando lo público de lo privado, en cinco áreas: política, leyes, justicia y Gobierno (1); economía y finanzas (2); educación en todos sus niveles (3); atención médica y hospitalaria (4); y seguros, jubilaciones y pensiones (5).
20. “Un país, dos sistemas”. Si la mayoría liberal en el Parlamento es numéricamente suficiente, la Gran Devolución y las Cinco Reformas podrán ser decretadas en todo el territorio del país; esa es la meta en el Plan “A”. De lo contrario, se podrán establecer en determinadas regiones o ciudades, para comenzar, sirviendo de modelo y ejemplo al resto; tal es la meta en el Plan “B”, y sólo a este fin y con esta condición podría participar el Partido Liberal en elecciones regionales y municipales, si hubiese una mayoría liberal en el Parlamento nacional, pues dentro del Sistema nada bueno pueden hacer las autoridades locales, aún con las mejores intenciones, y no es bueno mentir a la gente al respecto. Por otra parte, las Cinco Reformas han de ser impulsadas desde la opinión, la prensa y el mismo Congreso, tanto en la nación, como en las regiones y ciudades; y al efecto, toda oportunidad puede ser aprovechable.
En el Perú, como en casi todos los países latinoamericanos, de tanto votar por “el mal menor” hemos caído en un mal mayor, enorme, de dimensiones diluviales. Y ya no podemos, como antes, culpar a las dictaduras militares. Estamos obligados a admitir la amarga realidad: que las presentes calamidades políticas y económicas son el producto de malas escogencias democráticas, resultantes de votar en cada elección por “El mal menor”, o lo que era percibido como tal. Si votamos por “el mal menor”, la realidad es que estamos escogiendo el mal, y a sabiendas.
No hemos considerado otras opciones posibles, todas igualmente democráticas; por ejemplo: la abstención electoral masiva como protesta por la pobreza de ofertas políticas y electorales, y su uniformidad, porque todas ellas han sido y son variantes del estatismo. Los liberales auténticos tampoco hemos creado un partido, o ganado influencia sobre alguno de los existentes. Así ha resultado este “mal mayor”: el Sistema, y su perpetuación. Es hora de buscar LA SALIDA.

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