Thursday, June 15, 2017

Estoy herido pero todavía puedo pelear XII



¿Voy a la línea o al staff?
Ricardo Valenzuela
Continúa su entrenamiento con el mismo entusiasmo de siempre. A medida que avanzaba mas le gustaba. El nuevo ambiente de la casa de asistencia le había caído bien, la señora era una buena mujer, sus hijos buenos muchachos y muy serios. La comida y la atención eran muy buenas y estaba feliz con ese cambio. En el mes de Noviembre su plan profesional da un giro inesperado. Enrique Estrada, el encargado del Grupo de Ejecutivos en Desarrollo, le notifica que el jefe del Departamento de Desarrollo Organizacional tenía interés en que lo asignaran a su equipo. Ricardo de inmediato le confirma su deseo de ir a la línea no al staff. Sin embargo, Estrada insiste en que por protocolo tenga una entrevista con Arturo Alvaradejo, el jefe de dicho departamento y un ejecutivo prestigiado en el grupo. La reunión se efectúa y Alvaradejo, quien era casi igual de seductor que Ricardo, luego de varias reuniones le ofrece un paquete interesante, especialmente en lo referente a ingresos, y lo convence para sumarse a su grupo. 


 
Aun cuando le faltaba unos meses para terminar el entrenamiento, Alvaradejo solicita que Ricardo le sea asignado de inmediato para de esa forma concentrar el final de dicho entrenamiento en esa nueva área; la de desarrollo organizacional. Ricardo inicia así un nuevo programa ya concentrado a su nueva responsabilidad que le parece interesante. A los varios días Arturo Alvaradejo le notifica el que, como parte de este nuevo entrenamiento, será enviado a tomar un seminario de administración por objetivos al Tecnológico de Monterrey. A Ricardo se le ilumina la cara, el seminario sonaba muy interesante, pero sobre todo, regresar a su alma mater y a esa ciudad que tanto quería y en la que tenia tantos amigos. Se hacen los arreglos, y al día siguiente sale a su destino. El vuelo era directo y después de una hora le palpita el corazón al ver desde el aire la bella ciudad en la cual había dejado tantos recuerdos.

Ricardo llega a Monterrey en Noviembre de 1969 en un México que ya estaba en ebullición por el cambio político que se avecinaba. Díaz Ordaz terminaría su mandato el año siguiente, pero era ya hora del famoso “destape.” México durante las últimas décadas se había debatido entre un socialismo a la mexicana, y una economía de mercado también muy sui generis, que se había bautizado como economía mixta-siendo en realidad un capitalismo crony y de Estado. En EU Richard Nixon acababa de tomar posesión como presidente, en medio de lo que era una confrontación entre las dos grandes potencias del mundo en la llamada guerra fría. La Unión Soviética cada día más agresivamente expandía sus tentáculos para dominar el mundo. Muchos intelectuales a nivel mundial afirmaban que el comunismo le ganaba la partida a la libertad. Estábamos por iniciar la década de los 70s, una década que marcaría al mundo para siempre.

Aun cuando la administración de Díaz Ordaz estadísticamente ofrecía cuentas muy halagadoras, era un hecho que México se había rezagado en su desarrollo tanto económico como político, y se requerían cambios urgentes e importantes. La gran depresión de 1929 en los EU había hecho resurgir una nueva forma de gobernar que el gran Von Mises había calificado como “intervencionismo.” Un estado asumiendo funciones que nunca había tenido y, en lugar del papel que los padres fundadores habían claramente establecido en su constitución, protección de vida, libertad y propiedad, habían pasado a invadir todas las esferas de la sociedad. Los personajes más importantes de la primera parte del Siglo XX, sin duda habían sido Keynes en Inglaterra, y Rossebelt en los EU. Esos dos hombres habían cambiado la forma de hacer política, pero sobre todo, la función del Estado en el manejo económico de las naciones. El Estado había pasado de ser el árbitro, a ser el gestor, promotor, rector calificador y repartidor de las economías del mundo occidental. 

México durante los años 1950 - 1969 había registrado un comportamiento macroeconómico admirable. El Producto Interno Bruto había crecido a un promedio de casi 7% anual y la inflación había promediado el 4% anual. Esto fue lo que se conoció como el Desarrollo Estabilizador que simplemente fue el resultado de abolir una serie de instituciones y prácticas heredadas de la revolución mexicana, combinado también con un comportamiento más estable de los mercados mundiales. Era importante también señalar que, la revolución habiendo destruido todo el país, cualquier tipo de crecimiento partiendo de cero, obviamente lucía como gran hazaña. Durante esa época esos elementos estructurales del programa económico fueron apoyados por una política monetaria y fiscal sumamente estricta. El endeudamiento del sector publico permaneció consistentemente por abajo de un 3% del PIB, mientras que los instrumentos de control monetario fueron orientados al objetivo de estabilidad de precios y tipos de cambio. Uno de los arquitectos de esta pasmosa estabilidad había sido el eterno Secretario de Hacienda Ortiz Mena, un chihuahuense con raíces en Sonora.

Ricardo regresaba a la casa que lo había formado profesionalmente. Durante casi toda la década de los 60s el Tecnológico había sido su casa intelectual. Sin embargo, no lo había preparado para lo que lo esperaba con el inicio de los años 70, en los que el desarrollo estabilizador sería tirado por la borda, dando paso a uno de los periodos de inestabilidad más largos y dolorosos de la historia de nuestro país. Había arribado a Monterrey y se hospedaba en el viejo Hotel Monterrey ubicado en la calle Morelos en el centro de la ciudad. A los varios días de estancia en esa ciudad, se desayuna con la noticia de que el partido (PRI) acababa de designar como candidato a la presidencia de la República al Secretario de Gobernación, Luis Echeverría. Recibe la noticia con escepticismo, pues en esa época no le interesaba la política, y no tenía la menor idea de quien era ese hombre premiado con la lotería del poder.

Sin embargo, se decía que el candidato Echeverría era un político joven, de una nueva generación y nuevas ideas. Muchos mexicanos pensantes se habían pronunciado por el Secretario de Hacienda Ortiz Mena, a quien consideraban un gran economista y definitivamente el responsable del buen  comportamiento económico del país durante los últimos años. Ricardo leía los periódicos y pensaba; “bien, iniciaré mi carrera bancaria ya en el verdadero campo de batalla, al mismo tiempo que inicia esta nueva administración.” Ante ese panorama había asistido al primer día del desarrollo de su seminario en el campus del Tec., y le parecía interesante a secas. Él había esperado algo diferente. Había también ya tenido la oportunidad de saludar a algunos de sus amigos, entre ellos a Luis Donaldo Colosio todavía estudiante del Tec, quien tendría un importante papel en el futuro del país.

Desde el primer día un nutrido grupo de sonorenses que todavía permanecían estudiando en el Tec, lo habían contactado para invitarle unas cuantas cervezas en el bar de Sanborns, para recordar las travesuras en las que participara solo unos años antes. Ahí estaba con sus buenos amigos, Gabriel Corella de Nogales, el Chito Santisteban de Chihuahua, la Güera Sanz también de Chihuahua y gran jugador de básquet y, finalmente, el gran chingón Manuel Pereda de Chihuahua, con el cual hubiera pasado muchas horas de parranda en esa ciudad, y también algunas en el bote cortesía de los pleitos que seguido armaban.

Al tercer día de su estancia en Monterrey lo contacta uno de sus viejos amigos, Adrián Álvarez, quien era de también Chihuahua y estudiaba leyes en la Universidad de Nuevo León. Estando de nuevo en el bar de Sanborn’s tomándose unas cervezas para celebrar el encuentro, conocen a un par de hermosas muchachas americanas que se identifican como maestras precisamente del colegio Americano de Monterrey. De inmediato la personalidad carismática de Adrián las cautiva, se unen a la mesa de ambos, y se inicia una fiesta que duraría el resto de su estancia en Monterrey. Ricardo queda impresionado con la belleza de Lisa, maestra de secundaria del propio colegio. Esa noche la pasa con ella y al día siguiente se muda a su casa en la colonia del valle, en donde, debido al trato de rey que ella le proporciona, permanece ahí hasta el final del seminario. La experiencia para Ricardo había sido diferente, Lisa lo había atendido y mimado como nunca alguien lo hubiera hecho, como ella misma lo describió; te atiendo como si fuera tu esposa. El problema era que a Lisa le gustaba tanto el trago como a Ricardo, y se le prendía el foco rojo.

El par de semanas en Monterrey le dan a Ricardo la oportunidad de ver de nuevo a su admirado maestro, el Dr. Georgio Berni, jefe del departamento de economía del Tecnológico, quien tanto lo había ayudado y orientado en sus años de estudiante. Platicaron durante largas horas de infinidad de temas, pero especialmente de la situación de México. Berni era de la vieja guardia de economistas. De los economistas formados antes de que el Keynesianismo invadiera el mundo. El creía en los mercados libres originales, los que habían regido al mundo durante todo el siglo XIX y la primera parte del que se vivía en esos momentos. No creía en el estado intruso que se había desarrollado desde los años 30s. ¿Sabes una cosa Valenzuela? le afirmaba el ultimo día que lo vio: “Este estado intruso en los próximos años se va a desarrollar mas y con mas tentáculos, se vienen tiempos de gran opresión estatal y de gran sufrimiento para la humanidad.”

Las palabras de Berni le parecían exageradas, pero años después comprendería que realmente habían sido una profecía. El maestro también le había afirmado: “Todo el mundo está feliz con la llegada de Nixon a la presidencia de los EU, y ahora con la candidatura de Echeverría en México. A mi no me gusta ninguno de ellos. Nixon me parece un hombre sin ideología, y en política no tenerla, es deshonestidad y sobre todo confusión. Es como tomar el timón de un barco sin saber a donde quieres ir, y dejarlo a merced de la marejada. Echeverría me recuerda mucho a Mussolini. En mi juventud tuve esa horrible pesadilla, el atestiguar la forma en que aprisionó a Italia para llevarla al desastre a base de autocracia, demagogia, promesas populistas, y después a base de violencia y más autocracia. Además, continuaba, nadie conoce a ese hombre, nadie sabe quienes son sus padres, es todo un misterio, pero misterio aterrador. ”  

Continua Berni: Es una pena que la economía mundial se esté colectivizando, que se esté matando la iniciativa individual. Pero te digo otra cosa Valenzuela, esto no va a funcionar. Todos estos experimentos estatistas que desgraciadamente se están instalando en los países que siempre han sido el ejemplo para el mundo, como EU,  ahora Inglaterra, y desde finales de la guerra en todo Europa, van a fracasar. Y con los fracasos vienen los cambios. Estos van a provocar el regreso de las ideas de libertad económica que tanto se han atacado, pero son las que en su momento desarrollaron a los países ricos del mundo. Tal vez a mi no me toque verlo, no sé si a ti, pero a nuestros hijos y nietos definitivamente, no tengas duda. Termina tu carrera de economía Valenzuela, eres más economista que administrador. Termínala porque te digo otra cosa, a futuro, el mundo estará regido por los economistas y tú necesitas enseñar tus credenciales de economista porque además eres líder. Ricardo con sus prisas por iniciar su aventura, había dejado un par de clases pendientes para terminar la carrera de economía. En los Siguientes años las pagaría en un curso de verano.

Después de esa reunión, Ricardo se queda profundamente preocupado y sobre todo reflexivo, efectivamente le habían quedado pendientes dos clases de la carrera de economía que por desesperado no había presentado a titulo cuando Berni se lo ofreció, al momento de recibirse como Lic. En Administración. Estaba totalmente de acuerdo con la afirmación de Berni en el sentido que él era más economista que administrador, e inclusive financiero. Le preocupaba también las predicciones del maestro, no podía visualizar un mundo totalmente controlado por los gobiernos, una economía sin libertad, de gente supeditada y dependiendo cada día más de los gobiernos. El mismo Berni en su época de estudiante le había regalado una copia de la obra de Von Mises; “La Acción Humana,” que sin duda había sido el manifiesto de la libertad en contra de la opresión de los gobiernos. En esos momentos sin estar totalmente consciente, en lo profundo de su ser, se había introducido la semilla del liberalismo.


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