Sunday, June 11, 2017

El vaquero libertario y poeta X



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
Después de cabalgar tres días por la hermosa sierra del Socorro, iniciaban el descenso y aparecía ante ellos un enorme valle cuyos linderos eran la sierra que en estos momentos escalaban, al norte una caprichosa formación de las rocallosas—que son una extensión de la sierra madre que divide Sonora y Chihuahua—al oeste las mismas formaciones de las rocallosas, y al sur un ancho rio custodiado por una larga cordillera parte de las sierras Sangre de Cristo, que era bien conocido por ser uno de los escondites preferidos de los apaches.

Dos vaqueros que hicieran una avanzada reconociendo el terreno para asegurar no había apaches en la cercanía, regresaban para reportar haber encontrando huellas, pero eran rastros con varios días de antigüedad, por lo que concluían no había peligro anormal para seguir avanzando. Reportaban haber identificado huellas de por lo menos 10 a 15 guerreros, y las orillas del rio habían carneado un novillo gordo, y de seguro no cabalgaban hambrientos.




Terminando el descenso y al pie de la sierra, ante los ojos de Vallian aparece un enorme valle cubierto de grandes pastizales verdes, a pesar que era el mes de Octubre, muy pasada la temporada de lluvias de verano. El clásico lomerío de esa región que los viejos vaqueros afirmaban se extendía hasta el norte de Sonora cubriendo Cananea. El enorme valle también se adornaba con frondosos encinos, grandes árboles de uvalamas, y a las orillas del rio sauces, álamos, cedros y palos blancos. Si Vallian había pensado ya atestiguara toda la belleza de Los Sicomoros, ahora se daba cuenta de lo que equivocado que estaba. El vaquero ahora pensaba; este debe ser el bíblico lugar que dios construyera para Adán y Eva.   

Habían ya alcanzado la interminable planicie, y caminaban sobre un pasto verde semejando una alfombra. A medida que avanzaban se revelaban ante ellos infinidad de ojos de agua, que a su alrededor saciaban la sed de pequeños oasis formados por verdes arboledas, en donde el ganado, luego de beber agua, se echaban bajo los árboles para rumiar sus pasturas, para después consumir alimento balanceado ofrecidos en largas canoas de madera, y en otras un buen complemento de sal. Las montañas cercando el valle, mostraban ya algunas manchas de nieve presagiando el ya próximo invierno. Vallian sin poder controlar sus emociones, empareja su caballo al de Don Julián y emocionado le dice; Jefe, esto es el verdadero paraíso terrenal.

Don Julián sonríe y le dice; espérate mata sietes, no has visto nada. En esos momentos en el horizonte se empieza a dibujar lo que a Vallian le pareció un bosque en medio de esa gran planicie de verdes pastizales. Luego de cabalgar durante una hora, llegaban a ese paradisiaco lugar conocido como. El Paredón Bayo, uno de los ranchos que formaban el gran conjunto de Los Sicomoros. En realidad era un gran bosque que muchos años atrás, el abuelo de don Julián lo iniciara como una pequeña huerta. Alrededor de una gran casona estilo colonial mexicano, como abrazándola se erguían todo tipo de árboles frutales como; naranjos, limones, manzanos, chapotes, higueras, uvalamas y hasta un viñedo que ocupara más de 10 hectáreas.

En un pequeño llano a espaldas de la casona, se observaban las clásicas instalaciones de un rancho ganadero; corrales, almacenes, caballerizas, galeras y una bella iglesia. Al lado de esas instalaciones, Vallian identifica una enorme construcción de gruesos adobes, bellamente acabada y muy bien mantenida. Luego, por lo menos 20 cabañas en muy buen estado, igualmente construidas con gruesos adobes y techos de maderas finas, y finalmente lo que claramente se ve, eran las viviendas para los vaqueros y sus familias. Vallian entre confundido, sorprendido y ausente, pregunta ¿Qué es esto jefe? En esos momentos suena una campana y una cantidad de niños empiezan a emerger corriendo de la construcción más grande. Es cuando Vallian se da cuenta se trataba de una escuela.

En esos momentos casi sin poder articular sus palabras explota. Jefe ¿Es esto lo que estoy pensando? Don Julián esbozando una gran sonrisa le responde. Pues no sé qué es lo que estás pensando, pero esto es una escuela operando. El rudo vaquero con los ojos llorosos le revira. No lo puedo creer jefe, y que dios lo cubra de bendiciones. Por favor cuénteme esta increíble historia. Don Julián inicia. Desde la época de mi bisabuelo, después que, por decreto real se nos daba la propiedad de estas tierras, el ya había identificado este lugar como un verdadero paraíso. Aun cuando se decidió que el comando de este proyecto se estableciera en Los Sicomoros, el se había enamorado de este lugar, y decidió edificar un segundo comando en El Paredón Bayo, a pesar de la lejanía. Esta parte de Los Sicomoros, corre hasta la esquinita en donde ahora se tocan Nuevo Mexico y Sonora. Todo ese amor y entusiasmo fue transmitido a mi abuelo y a mi padre. Tanto que mi padre inició incursiones a pueblos de Sonora como Bavispe, Fronteras, Arizpe.

Mi abuelo además era apasionado de la horticultura, y lo que se inició como una pequeña huerta, la convirtió en un gran experimento q, a base de su terquedad, pudo producir todo tipo de todo tipo de frutales. El afirmaba que el lugar estaba bendito y por eso le daba higos, uvas y manzanas en la misma estación. La casa se construyó en dos generaciones, mi bisabuelo y mi abuelo. Cuando mi padre falleció, yo decidí aportar a este gran sueño construyendo esta escuela. Tenemos cinco maestras y abarcamos los primeros seis años con programas muy distintos a los que tu, de forma atinada afirmas, el gobierno pretende formar borregos. Los niños son hijos de los más de cien vaqueros que tenemos en los 30 ranchos que conforman la operación de Los Sicomoros.
Al inicio del año escolar los padres interesados en la educación de sus hijos, los traen y nos los entregan. Separamos niños y niñas, y las cinco maestras los supervisan en la escuela y en las cabañas donde viven. Además de la educación les proporcionamos alimentos, ropa y cuidados de salud. Si alguno de ellos quiere continuar su educación, lo becamos para que escoja, a nuestra satisfacción, a donde quiera asistir.

Pero ya mata sietes, vamos a la casa para acomodarnos y conozcas a alguien. Caminaron atravesando la huerta hasta llegar a la casa que deja a Vallian sin aliento. Era aun mas grande y lujosa que la de Los Sicomoros pues su belleza y elegancia era tal, que pareciera se hubiera trasplantado un castillo español de la era medieval. De repente don Julián le dice, te voy a presentar al responsable de esta operación. A las puertas de la casa los recibe un hombre maduro con un gran parecido a alguien que no podía ubicar. Don Julián le dice; mata sietes, te presento a mi primo Rodrigo de Zamora. Al ver la cara de sorpresa de Vallian, continúa. Rodrigo es hijo de un hermano de mi padre que hace muchos años se regresara a España. Para liquidar su participación en Los Sicomoros, se le dio un paquete de inversiones que la familia, a través de los años, había establecido en España. Pero por designios de la vida, Rodrigo está de vuelta.

Mucho gusto Sr Vallian, le dice Rodrigo con su acento español tendiendo la mano. El gusto es mío, responde el vaquero en perfecto español. Continúa Rodrigo, pasen por favor pues la cena está lista. Invaden la casa que pareciera un museo, para entrar a una amplia sala en donde esperaban dos guapas mujeres. Don Julián con sorpresa afirma, no estaba enterado de la visita de tu familia Rodrigo, cuando acude a saludarlas de beso. Voltea buscando a Vallian y le dice, mata sietes te presento a la esposa y la hija de mi primo Rodrigo. Las mujeres por más que tratan no pueden ocultar su asombro al ver a ese vaquero de 1.93 Mts de estatura, cuerpo atlético, cabello negro y ojos azules. Vallian sin duda era un hombre muy bien parecido

Vallian exhibiendo modales de Lord Inglés, se acerca para besarles las manos y exclamar en un perfecto español. Encantado de conocerlas, a lo que las mujeres sin esconder su nerviosismo, casi balbuceando responden, igualmente.  



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