Friday, June 23, 2017

¿Capitalismo? Sí, ¡cómo no!

ARTURO DAMM


“No confundamos elementos capitalistas, mezclados con elementos de otros sistemas económicos, con capitalismo.”

“Necesitamos un nuevo paradigma, repensar el capitalismo, reescribir algunas reglas del juego. No digo sustituir al capitalismo, sino que el capitalismo y la hiperglobalización nos han llevado a unos problemas sociales, políticos y ambientales que no son sostenibles. Tenemos que repensarnos como sociedad”, palabras pronunciadas por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina, la CEPAL.
Mucho es lo que se puede comentar de lo dicho por Bárcena, pero, por motivos de espacio, centro la atención en el tema del capitalismo que, junto con la hiperglobalización, y desde la perspectiva cepalina, ha creado problemas sociales, políticos y ambientales insostenibles.



Si por capitalismo entendemos el sistema económico vigente, entonces claro que el mismo deja mucho que desear, tanto en materia de dinamismo, como de estabilidad. Pero la pregunta es: ¿lo que tenemos es capitalismo, verdadero capitalismo? Para responder hay que definir. Si por capitalismo entendemos el arreglo institucional que reconoce plenamente, define puntualmente, y garantiza jurídicamente, la libertad individual –dejar hacer– y la propiedad privada –dejar poseer–, con un único límite, que nada de ello suponga violar derechos de terceros, lo que tenemos dista mucho ser de capitalismo.
Lo que tenemos (por ejemplo en el caso de México) es una combinación, por demás sincrética, de elementos capitalistas, comunistas, socialistas, mercantilistas y keynesianos, que dan como resultado una economía mixta, en la que encontramos chile, dulce y manteca. Capitalismo: libertad individual, propiedad privada y competencia. Comunismo: monopolios gubernamentales en sectores estratégicos. Socialismo: redistribución gubernamental del ingreso. Mercantilismo: privilegios gubernamentales a grupos empresariales (capitalismo de compadres). Keynesianismo: gasto gubernamental con la intención de apuntalar el crecimiento, el empleo y el ingreso.
No confundamos elementos capitalistas, mezclados con elementos de otros sistemas económicos, con capitalismo. Lo primero lo tenemos, lo segundo no, siendo que los elementos extraños al capitalismo (comunismo, socialismo, mercantilismo y keynesianismo, todos los cuales suponen, en mayor o menor grado, de una u otra manera, el  intervencionismo gubernamental en la economía), limitan sus posibilidades para dar los mejores resultados posibles.

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