Tuesday, May 2, 2017

¡Viva la diversificación espontánea!

¡Viva la diversificación espontánea!

Iván Alonso se pregunta si realmente la diversificación productiva es un objetivo que se debe perseguir y si el estado debe involucrarse en ello.
Un pequeño debate se ha armado entre el Ministro de la Producción, Bruno Giuffra, y su antecesor en el cargo, Piero Ghezzi, sobre los centros de innovación y transferencia tecnológica (CITE). Este debate tiene como trasfondo otro más grande y más importante sobre la diversificación productiva, que el ex ministro glorificó con un plan nacional del que los CITE son tan solo una parte. Hay dos preguntas cruciales. ¿Es la diversificación, en sí misma, un objetivo digno de perseguir? ¿Es necesario que el estado se involucre?



Se da por sentado que la respuesta a la primera pregunta es afirmativa. No podemos vivir “sólo” de exportar minerales, se dice, tomando cierta distancia de la realidad. Y suponiendo que fuera el caso, retruca este economista, ¿por qué no? Si el mundo quiere minerales y nosotros tenemos minerales, ¿por qué deberíamos renunciar a producir más, dejando de lado otras actividades, justo en el momento en que se pueden vender a buen precio?
El contraargumento es que nos vamos a quedar atrapados en el socavón cuando los precios bajen, como siempre, inevitablemente, bajan. Pero es un contraargumento falaz porque supone que los recursos son inmóviles, que no pueden reasignarse de una actividad a otra. Así como en un momento la gente deja de hacer otras cosas para meterse a la minería, así también puede dejar después la minería para volver a lo de antes o hacer algo completamente distinto. Es cierto que algunos recursos quedan inmovilizados —piense en el tajo—, pero no es menos cierto que el costo de esos recursos ya habrá sido parcial o totalmente recuperado, quizás hasta recuperado con creces.
No es verdad, en todo caso, que hayamos vivido “sólo” de la minería. El Perú es más un país manufacturero que un país minero. Aun en el pico del “boom” de los minerales, en el 2005, la extracción de petróleo y minerales representaba el 15,8% del producto bruto interno (PBI), y la manufactura, el 16,3%.
Ahora, en respuesta a la segunda pregunta, podemos ver cómo se ha diversificado la economía espontáneamente, sin que el estado hiciera un esfuerzo consciente por conseguirlo. Desde que comenzó el “boom” minero, a fines del 2003, hasta el 2015, el PBI minero creció en 58%, mientras que en electricidad y agua, comercio y otros servicios el crecimiento fue de más de 100% en cada caso.
Es hora de terminar con el mito de que la economía peruana no se ha diversificado. Eso es lo que les pasa a las economías cuando crecen. Si los ingresos de la gente aumentan, la gente consume más. No solamente más cantidad, sino más variedad.
Quiere cosas que antes no podía tener. Algunas de esas cosas se traen de afuera, pero las empresas locales también responden a la nueva demanda con nuevos productos.
De paso, descubren que pueden exportar, y no solamente minerales. Del 2003 a la fecha, las exportaciones no tradicionales han crecido proporcionalmente tanto como las tradicionales. El Perú ha pasado de exportar 20.000 partidas arancelarias a más de 30.000, y no se han descubierto en todo este tiempo, hasta donde sabemos, 10.000 minerales ni han aparecido 10.000 nuevos colores de prendas de algodón.
Otra demostración es la aparición de nuevas carreras. Hay chicos que estudian para ser cocineros o para programar videojuegos. Cosas que el mercado demanda.
La diversificación productiva avanza sola. Déjenla así.

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