Wednesday, May 3, 2017

TLCAN y elecciones

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río 
 
En entrevista con el canal de televisión CNBC, el secretario de Comercio estadunidense, Wilbur Ross, pidió al Congreso de su país apresurarse en otorgar a la Casa Blanca la autoridad para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) antes de que lleguen los tiempos de la sucesión presidencial en México y el proceso tenga que desarrollarse con el siguiente gobierno mexicano, lo cual demoraría los planes de “modernización” del acuerdo tripartita, el cual fue calificado por el propio Ross como “vetusto”.



El tiempo, ciertamente, es un obstáculo para la renegociación, aunque ha sido el propio presidente estadunidense, Donald Trump, quien ha quemado semanas preciosas que luego no se recuperarán.
Apenas el jueves pasado, Trump dio a conocer su voluntad de comenzar el proceso. Esto fue luego de que, por la mañana de ese día, circularon versiones de que el mandatario estadunidense estaba a punto de anunciar que sacaría a su país del TLCAN mediante una orden ejecutiva. Esto generó una incertidumbre financiera que hizo caer al peso mexicano.
Por la noche, la Casa Blanca informó que Estados Unidos permanecería por ahora en el TLCAN, decisión que Trump había tomado, se dijo, luego de hablar telefónicamente con los mandatarios de México y Canadá, Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau.
La mañana del viernes, la Cancillería mexicana aclaró que la conversación entre Peña Nieto y Trump se había dado por iniciativa de aquél. A mediodía, el Presidente estadunidense contó que estaba a punto de sacar a su país del acuerdo, pero que había recibido sendas llamadas de Peña Nieto y Trudeau pidiéndole una oportunidad para renegociar el TLCAN.
Es en ese contexto que se dieron las declaraciones de Ross a CNBC.
Sin embargo, la cercanía del proceso electoral federal en México no es el único problema que enfrenta actualmente la renegociación.
La Casa Blanca tendría que dar varios pasos antes de sentarse a negociar con mexicanos y canadienses.
Primero, esperar a que Robert Lighthizer, su propuesta para encabezar la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), sea ratificado por el Senado, cosa que podría demorarse un par de semanas.
Luego, notificar formalmente al Congreso de sus intenciones de renegociar el acuerdo.
Eso abrirá un periodo de 90 días en los que legisladores y empresarios conocerán los planes del gobierno sobre la renegociación.
Durante ese lapso, el gobierno de Trump tendrá que proveer al Congreso de una lista de propuestas  específicas que los representantes comerciales estadunidenses llevarán a la mesa de las conversaciones con México y Canadá, y el calendario de las conversaciones. Los negociadores tendrán que estar disponibles para reunirse con comisiones senatoriales, por las dudas que pudiesen tener los legisladores. Asimismo, la Casa Blanca deberá entregar un análisis del impacto económico que potencialmente tendrán los cambios al TLCAN.
Todo lo anterior, con la finalidad de obtener una “autorización para promoción comercial”, comúnmente conocida como “vía rápida”. Eso permitirá al USTR negociar sin la intervención del Congreso, al cual se someterá el texto de los cambios, que los legisladores no podrán alterar sino solamente votar en sentido afirmativo o negativo.
Los especialistas creen que, dado todo este panorama de requisitos, las negociaciones con sus socios comerciales comenzarán a finales del verano, cuando ya esté muy cerca en México la postulación de los candidatos presidenciales.
Los negociadores tendrán que ser muy hábiles para sacar un nuevo acuerdo antes de que arranquen en forma las campañas para la Presidencia de México. Y así será muy difícil que el replanteamiento del TLCAN no se convierta en uno de los temas de la lucha para llegar a Los Pinos en 2018.
No debiera extrañar a nadie que los aspirantes de la oposición quieran hacer ver mal al gobierno federal –y, con ello, al candidato oficialista– en el curso de las negociaciones y ante el resultado de las mismas, si es que éste se logra antes de la jornada electoral.
Cuestionar a la autoridad es el papel de la oposición.
El problema será alinear, durante los próximos meses, los intereses del país y los de los partidos que estarán luchando por llegar a la Presidencia.

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