Monday, May 8, 2017

Los controles de precios, miles de años de desatinos

Los controles de precios, miles de años de desatinos

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Por Karelys Abarca
Los controles de precios representan una medida de política económica que aplican los gobiernos desde hace mucho tiempo, para regular la inflación. Se intente controlar los precios de los bienes y servicios o los precios del trabajo, por lo general se logra exactamente lo contrario, una mayor inflación o una mayor escasez del rubro regulado. Son más de 4.000 años de historia económica que muestran ejemplos de fracasos de la medida. El asunto es que si no conocemos la historia, estamos condenados a repetirla.
Desde el mundo antiguo ha existido una pugna entre los gobernantes y los mecanismos de libre intercambio del mercado como fenómeno social. La idea del poder político sobre la existencia de un “precio justo” para las cosas, ha sido frecuente en diversos momentos de la civilización humana. Al menos en los últimos 4.000 años, los gobiernos han intentado controlar los precios del sistema, y cuando fracasan buscan los culpables fuera de esta política.


En la antigüedad quien tuviese control sobre los alimentos, tenía el control político absoluto. En el Antiguo Egipto, el Faraón no sólo controlaba el suministro de los granos y cereales, sino también la propiedad de la tierra, imposibilitando a los pobres de obtener bienestar a través de su trabajo. En todas las civilizaciones antiguas, en Babilonia, en China, la India, en Grecia o Roma, los controles de precios y salarios provocaron el mismo efecto, escasez de los rubros controlados e inflación. Lo que es peor, estas medidas siempre beneficiaron a unos, mientras afectaron a otros, lamentablemente a la mayoría.
En el antiguo Imperio Romano, en época del Emperador Diocleciano, los precios se incrementaban de manera exorbitante, a pesar de los intentos de controlarlos a través de leyes. El emperador, sin aceptar los desequilibrios de la economía, atribuía la inflación a la avaricia de sus súbditos y en un decreto que data del año 301, amenazaba con la muerte a cualquier vendedor que cobrara precios por encima de los límites oficiales. Sin embargo, la inflación siguió creciendo.
Los castigos a los agentes del sistema, especialmente a los productores, tampoco han servido para regular el crecimiento de la inflación durante los controles, pues las leyes de mercado son tan implacables como las leyes naturales. El poder político no logrará jamás por decreto que el agua hierva a menos de 100 grados centígrados, así como no logrará evitar que los precios sigan creciendo, a través de controles y amenazas.
En la Edad Media la doctrina del “precio justo” tuvo un énfasis religioso, la persecución por “usura” dificultó la acumulación de capital y colocó todo el poder económico en los señores feudales que controlaban la tierra y se enriquecían a costa de generar escasez y pobreza en los serviles. Por eso la Edad Media se considera una época oscura y de estancamiento en la historia económica de la humanidad, pues la productividad y rentabilidad se consideraban un pecado.
Los primeros pasos en el surgimiento de la banca, que permitiría la acumulación de capital y el consecuente surgimiento de la industria varios siglos después, fue posterior a la época del Renacimiento, cuando empezó a tomar cuerpo la idea del libre mercado que tanto defendieron los precursores de la ciencia económica. El liberalismo económico tuvo que caminar de la mano del liberalismo político, para el nacimiento del libre mercado moderno.
La monarquía francesa de finales del siglo XVIII, provocó el derrumbe del sistema de controles de precios, cuando estos controles provocaron que desapareciera totalmente el principal alimento de los pobres, el PAN. Las clases más necesitadas de Francia impulsaron la Revolución por hambre, más que por la ideología de la Ilustración,  abriendo paso a la economía de mercado.
Los controles de precios y las regulaciones provocaron también la insostenibilidad del gobierno de los Romanov, la inflación y escasez en la época de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética. Es una medida descarnada para la ciencia económica, pero que acumula poder político para los que la aplican, por eso nunca termina de desaparecer de la receta de los gobiernos. Esta medida es atractiva porque promete proteger a los consumidores con problemas financieros, pero crea distorsiones que hacen que unos ganen y otros pierdan.
Sin embargo, no muchos entienden porqué la medida fracasa en la práctica, y la siguen aplicando con expectativas que funcione. Es una respuesta muy fácil de responder con las leyes económicas más elementales, las leyes de la oferta y la demanda. Cuando un gobierno regula un precio, colocando un nivel fijo determinado, elimina la negociación directa entre productores y consumidores, es decir, elimina la posibilidad que los mecanismos naturales del mercado realicen los ajustes. Si se coloca un precio determinado por debajo de los costos de las empresas, afectará a los productores e incentivará la demanda, creando una brecha que se llama escasez. De igual modo si se coloca un precio muy alto que favorece a las empresas, se contraerá la demanda y habrá sobreproducción.
Los controles de precios eliminan los juegos ganar- ganar, haciendo que unos agentes económicos ganen y otros pierdan. En la cadena de desajustes en la economía, se generan mercados paralelos o mercados negros, trabas burocráticas y corrupción que terminan exacerbando los precios y generando más inflación, pues los productos regulados que se vuelven escasos, son los que más caros se venden en el mercado negro. Además si la escasez es muy elevada, se generan colas para adquirir los productos regulados y el costo en tiempo, hace que prosperen los especuladores y siga creciendo la inflación. Es la situación actual de la economía venezolana, donde coincide la profundidad de los controles con la inflación más alta del mundo.
En conclusión, aunque la historia económica mundial ha demostrado que los controles de precios y salarios representan una medida de alto costo de oportunidad para la sociedad donde se aplica, sigue siendo atractiva para los gobiernos como política que genera falsas expectativas de regulación de crecimiento de los precios, aunque en la práctica pase exactamente lo contrario.

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