Monday, May 1, 2017

La prohibición de las drogas perdió estas elecciones

La prohibición de las drogas perdió estas elecciones

Adam Bates considera que la prohibición de las drogas perdió en las urnas el 8 de noviembre.
La legalización de marihuana sigue avanzando. La legalización de la marihuana recreacional estuvo en el ticket de cinco estados antes de ayer. Las personas de California, Massachusetts y Nevada votaron a favor de legalizarla. Al momento de escribir esta nota, la legalización mantiene una pequeña ventaja, demasiado pequeña para determinar un resultado, en Maine también. La legalización fracasó en Arizona por un margen pequeño.
Más allá de legalizar la marihuana en el estado más poblado de EE.UU., el voto en California también implica que toda la Costa Oeste ha rechazado la prohibición de la marihuana. El voto en Massachusetts hace de este el primer estado al Este de las Montañas Rocallosas que ha hecho lo mismo.



Adicionalmente, la marihuana medicinal fue legalizada en Arkansas, Florida y Dakota del Norte, mientras que las restricciones sobre la marihuana fueron relajadas en Montana. En Oklahoma, que se enorgullece de ser “el estado más rojo de la nación” (Donald Trump ganó allí en absolutamente todos los condados antes de ayer), los votantes aprobaron una enmienda a la ley estatal que altera la clasificación una variedad de ofensas de drogas, las cuales pasan de ser un delito grave a ser un delito menor.
Todos estos desarrollos hablan de un creciente reconocimiento (y cada vez más bipartidista) de que los estadounidenses están cansados de la fracasada guerra contra las drogas, y especialmente de la cruzada del gobierno en contra de la marihuana. Más personas son arrestadas por ofensas de marihuana que por todos los crímenes violentos combinados en este país, y los votantes cada vez más piensan que es hora de acabar con eso.
Como señala mi colega Jeffrey Miron, la prohibición de la marihuana se basa en mitos. Las alegaciones de que la legalización de la marihuana conduce a aumentos gigantescos en el consumo; de que causa incrementos en el crimen, en las fatalidades de tráfico, y en la adicción; y de que conduce al abuso de otras drogas más fuertes, simplemente no se corrobora con los datos que hemos visto en zonas donde se han adoptado políticas de legalización en EE.UU. y alrededor del mundo.
A pesar de este creciente ímpetu a favor de una reforma, la elección de antes de ayer también inyectó algo de incertidumbre en la discusión acerca de la prohibición. La marihuana sigue siendo ilegal en virtud de la legislación federal. La Corte Suprema ya ha decidido que la prohibición federal de la marihuana es constitucional, a pesar de la legalización a nivel de los estados (aunque el congreso ha puesto límites temporales sobre el financiamiento federal para esos propósitos). Como resultado de esto, el progreso que hemos visto hasta ahora ha dependido del compromiso del Presidente Obama con respetar la voluntad de los estados cuando se trata de hacer cumplir la ley respecto de la marihuana. Esencialmente, el Presidente Obama se negó a hacer cumplir las leyes federales de marihuana cuando esas leyes estaban en conflicto con las leyes de legalización aprobadas por los votantes en los estados en cuestión.
El Presidente-electo Trump no está obligado a continuar con ese compromiso. Él, junto con su elección de Fiscal General, podrían decidir empezar a hacer cumplir las leyes federales de marihuana en los estados que han votado para legalizarla (asumiendo que el congreso provea el financiamiento), en cuyo caso los experimentos exitosos con la legalización llegarían a su fin, prácticamente de la noche a la mañana. Mientras más estados legalicen la marihuana, sin embargo, es menos probable que el gobierno federal intente de imponer el cumplimiento de la ley federal.
El Presidente-electo Trump debería dejar que los experimentos de los estados se desarrollen, y respetar la voluntad de los votantes estadounidenses, quienes cada vez más rechazan la política fracasada de la prohibición.

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