Monday, May 22, 2017

¿Importan las elecciones en Irán?

¿Importan las elecciones en Irán?

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Por Álvaro Vargas Llosa
Los países occidentales están, como cada cuatro años, muy pendientes de las elecciones presidenciales que tendrán lugar hoy en Irán. Como de costumbre, la prensa y los especialistas las presentan como una lucha de poder entre “moderados” y “conservadores”. El Presidente Hassan Rouhani, que opta a la reelección, sería el moderado y el principal retador, Ibrahim Raisi, cercano al verdadero jefe del país, el ayatola Alí Jamenei, sería el “duro”.
En esa teocracia basada en el poder de los mulás, donde nadie puede presentarse si no lo aprueba el poder político y sólo votan los que esa instancia permita que voten, la realidad es más complicada.
El sistema tuvo su prueba máxima en 2009, cuando los verdaderos moderados, especialmente el candidato Hasan Musaví, agrupados en el Movimiento Verde (por el color de sus estandartes), fueron encarcelados tras un fraude masivo en favor de Ahmadinejad, el Hugo Chávez persa. Musaví y otros líderes, como Mehdi Kerrubí, siguen presos (en su domicilio) y Rouhani ha admitido, hace poco, en un mitin en el que irrumpieron manifestantes en favor de la democracia reclamándole no haber cumplido la promesa de liberarlos, que no se lo permitieron. Incluso fue más allá, afirmando que sólo ha podido dar cumplimiento a aquellas cosas que han sido autorizadas desde arriba.


¿Quiere decir que no hay diferencia entre las candidaturas? No. Raisi es peor porque es un fanático chiita muy cercano al ala más implacable de la Guardia Revolucionaria, muy desconfiado de los valores occidentales y el capitalismo, y con una larga historia en el sistema jurisdiccional, desde el cual ha mandado fusilar gente. A diferencia de Rouhani, que aspira a que Irán sea, como China, una mezcla de dictadura con capitalismo bajo control estatal, pretende dar marcha atrás en la limitada apertura llevada a cabo por el actual Presidente.
El ayatola Jamenei preferiría a Raisi, pero entiende la utilidad de Rouhani, responsable del acuerdo nuclear firmado en 2015 con EE.UU. y otros cinco países gracias al cual fueron levantadas algunas de las sanciones que estaban estrangulando a la economía. Además, en la medida en que el mundo exterior ve a Rouhani como “moderado”, Jamenei entiende que le puede ganar un respiro necesario en un momento en el que la estrategia del Estado iraní, aplicada por medio de la Fuerza Quds, especializada en acciones internacionales, pasa por marcar una zona de influencia en Siria, Irak y Líbano.
Mientras Rouhani, que no ha cuestionado esa estrategia, se dedica a tratar de que la economía avance con inversiones extranjeras, Irán pisa fuerte en Medio Oriente y gana tiempo para retomar la estrategia nuclear cuando recupere fuerza.  De allí el matrimonio de conveniencia entre Jamenei y Rouhani hasta ahora.
Pero un factor puede jugar en contra del Presidente y darle la victoria a Raisi: el descontento popular con una economía que va en cámara lenta después del largo período de agravamiento durante las sanciones internacionales. Como los votantes democráticos están impedidos de hacer sentir su peso, el partido se juega entre votantes mayormente resignados o adheridos al sistema imperante. Y en ese espacio, todo depende de la popularidad o impopularidad de Rouhani.
En cualquier caso, Occidente no debe esperar grandes cambios. Raisi, bajo supervisión de Jamenei, mantendría el acuerdo nuclear para dedicarse a la estrategia de poder de la teocracia iraní durante uno años. Rouhani ofrecería más de lo mismo. Entre ambas cosas, la diferencia no es demasiado grande.

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