Monday, May 1, 2017

GALERÍA DE PERDEDORES



Alberto Mansueti
En toda elección presidencial, al saberse los resultados, la atención se enfoca en el ganador. El perdedor, o perdedores, apenas se mencionan, y rápido se olvidan, excepto si alguno “canta fraude”; pero de todos modos, al poco tiempo ya nadie recuerda ni sus nombres. Yo sí.

Y en especial cuando enfrentaron a candidatos socialistas del Foro de Sao Paulo, y hubieran podido ganar, de no haber sido timoratos en sus campañas electorales. Veamos algunos casos recientes, con elementos comunes, y lecciones que aprender. Por orden cronológico:

 
(1) Chile, noviembre de 2013. Evelyn Matthei, candidata oficialista, perdió en segunda vuelta frente a la ex Presidenta Michelle Bachelet, de la izquierda. Antes, en marzo del 2010, Sebastián Piñera había competido con Eduardo Frei (h.), que era candidato de “la Concertación”, y así Piñera no pudo escapar de ser “candidato de la derecha”, y ganar con los votos de la pura derecha, tal vez contra sus íntimos deseos. Y no hizo ni una sola reforma de fondo. Por su parte, Matthei ofreció en su campaña un largo rosario de micro-ofertas populistas; pero, para populismo, ¿quién mejor que la izquierda?

(2) El Salvador, marzo de 2014. En segunda ronda, Norman Quijano, de ARENA, perdió ante Salvador Sánchez Cerén, del oficialista FMLN. En su campaña “no confrontativa”, Quijano prometió no quitar “conquistas sociales” del FMLN. Y para gobernar como la izquierda, ¿quién mejor que la izquierda?

(3) Bolivia, octubre de 2014. En primera vuelta y con 61 % de los votos, Evo Morales, Presidente desde 2005, se impuso a sus opositores Samuel Doria Medina, Jorge “Tuto” Quiroga, el ex Alcalde paceño Juan del Granado, y otro líder indígena, Fernando Vargas, ninguno de los cuales planteó desafío alguno al socialismo del Presidente. Y para gobernar como Evo, ¿quién mejor que Evo? Aunque en febrero de 2016 Evo Morales perdió su referéndum re-reeleccionista, ante una mayoría que quiere cambio; pero los opositores parecen sordos, y siguen en lo mismo.

(4) Uruguay, noviembre de 2014. El opositor Luis Lacalle perdió ante Tabaré Vázquez, quien ganó la Presidencia por segunda vez. Lacalle prometió “un Uruguay distinto”. ¿Distinto en qué? “¡Gestión, gestión, gestión!” dijo al más puro estilo “tecnocrático”, en su campaña de jovencitos, redes sociales, “comunicación no verbal”, y las últimas modas del marketing político. Pero al final del día la mayor parte de la gente rechazó su Uruguay “distinto”, y eligió el más parecido al de siempre.

(5) Nicaragua, noviembre de 2016. Fueron derrotados ante Daniel Ortega y su esposa, el ex guerrillero de la "Contra" Maximino Rodríguez, con 15 % de los votos; el ganadero José del Carmen Alvarado, con 4,5 %; el Pastor evangélico Saturnino Cerrato, con 4,3 %; el abogado Erick Cabezas, con 2,3 %; sexto y último el Sr. Carlos Canales, con 1,4 %. ¿Alguno de los opositores habló en su campaña de capitalismo para todos, crear riqueza y acabar con esos “planes sociales” sandinistas como Hambre Cero, Plan Techo, Usura Cero, Merienda Escolar, Bono Productivo o Casa para el Pueblo? No, ninguno.

(6) Ecuador, abril de 2017. Guillermo Lasso perdió por estrecho margen, tras una campaña muy gris y deslucida, salvo la escandalosa “denuncia de corrupción” contra el Gobierno socialista, en febrero, con las revelaciones de un prófugo de la justicia, Carlos Pareja Yannuzzelli. Lasso todavía anda “cantando fraude”, pese a que los resultados ajustados son frecuentes en los comicios, tanto como los empates en algunos deportes. Por décimas porcentuales ganaron sus Presidencias en México Felipe Calderón, en Chile Sebastián Piñera, en España José María Aznar, en EE.UU. George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump, en Corea del Sur Park Geun Hye, y no por eso han sido “ilegítimos”. Pero en América latina, la derecha mala es mala perdedora.

¿Cuáles elementos comunes hay en estos seis casos? Casi sin excepciones:

(1) Buscaron presentar una imagen “no ideológica” sino más bien “pragmática”. Al contrario: acusaron de “ideológicos” a sus rivales socialistas, como si ser “ideológico” fuese un delito, y como si ese delito fuese el mayor de las izquierdas, y exclusivo de las izquierdas.

(2) Evitaron a toda costa ser catalogados como “de derechas”, prefirieron, si acaso, presentarse a sí mismos como “de centro”. Así en temas de principios, moral y valores, como también de libre mercado, rehuyeron toda definición muy tajante que pudiera “crear controversia”.

(3) Si acaso, hicieron alguna declaración retórica en abstracto; pero evitando, de ser posible, firmes compromisos en políticas y medidas concretas de sentido anti-socialista, para no ser tachados como extremistas, o peor aún, como “fundamentalistas”.

(4) En esta misma línea, no hicieron cuestionamientos serios al “consenso socialdemócrata” reinante, evitando chocar contra sus paradigmas más fuertes. Sólo trataron, y a veces, de llevarlo a un punto más “moderado”, y “menos radical”. Aunque mencionaron la empresa privada y los mercados como “lo que funciona”, encontraron más cómodo hablar de “soluciones técnicas”; y sobre todo, cuidar de no caer en lenguaje “políticamente incorrecto”.

(5) Por consiguiente, no hicieron oferta de ninguna propuesta de cambio brusco respecto de lo usual, ni abogaron por reformas anti-sistema, en dirección contraria a lo convencional.

Y perdieron.

Ud. quizá piense en otros candidatos, que no he mencionado: Horacio Cartes en Paraguay, abril de 2013; Mauricio Macri en Argentina, noviembre de 2015; y P. P. Kuckzynski en Perú, junio de 2016. Ellos tres ganaron elecciones de esta forma “no estridente”. Permítame decirle:

(1) No fue que ganaron en realidad, sino que sus rivales perdieron. La mayoría no votó en favor de ellos, sino en contra de sus respectivos contrincantes; y es mucho más fácil ganar “antivotos” que ganar votos: basta con lucir como “mal menor”.

(2) La “política correcta” puede servir a un candidato para ser Presidente, si tiene apoyos y dinero suficientes; pero no le sirve para gobernar: ¡mire lo mal que lo hacen estos tres! Por eso, si Ud. piensa en ser candidato, y cuenta con suficientes apoyos y dinero, puede ensayar este estilo “de centro”; pero si gana, ¡va a tener serios problemas!

(3) Y si Ud. es candidato, pero sin apoyos y dinero, no lo haga así tipo “no controversial”, porque habrá otro competidor suyo que va a hacer la misma política “moderada”, pero con muchísimos más recursos, y con ellos le va a derrotar a Ud. ¿Me explico? En tal caso, mejor es ser ”frontal”, y anti-sistema. La fórmula es muy simple: decir la verdad. Así ganaron candidatos como Margareth Thatcher y Ronald Reagan, entre otros. Y se me acabó el espacio; así que será hasta la semana próxima, si Dios quiere.

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