Sunday, May 21, 2017

Estoy herido pero todavia puedo pelear



Bienvenido a Bancomer. Grupo Elite
Ricardo Valenzuela
Esa bienvenida que el Lic. Sánchez Lugo le daba a Ricardo, le permitiría explorar una rama de la economía que él no conocía; la historia económica de Mexico. La estructura económica de cualquier pais es resultado de su pasado. En México, habia sido una telaraña de fuerzas políticas internas emergiendo contra las olas de influencia extranjera de ideas y aptitudes. La mayoría de ellas, al inicio de nuestra historia, conectadas con España y Francia, y después con los EEUU durante los últimos dos siglos. Cuando Hernán Cortes invadiera Mexico en 1519, descubría una civilización  mostrando un admirable avance que habían mantenido durante 2,000 años. La ciudad de Tenochtitlán era un asentamiento muy elaborado, y sobre ella se construyera después la ciudad de Mexico, tenía una población diez veces mayor que cualquier ciudad española, con excelentes comunicaciones, acueductos y drenaje.

Pero cuando Cortez llegara a Mexico, el sistema económico y político de los aztecas, se había convertido en una Teocracia imperial abusiva y opresiva, organizada de la misma forma que surgiera la Nueva España, en esa abusiva ocupación de los españoles. Las estructuras sociales de los Mexicas era una elite formada por la burocracia y los nobles, que vivian de explotar a sus súbditos y conquistar a otros pueblos. Los sacerdotes y los burócratas moraban en grandes palacios con cientos de sirvientes, a expensas de las villas agrarias comunales. La religión, como el Mexico del siglo 19, era la fuerza cohesiva en la sociedad. El individuo, a menos que fuera parte de la aristocracia sacerdotal o política, no tenia significado alguno


Eran los primeros informes que Ricardo exprimía de la División de Estudios económicos, y le daba una buena visión de la fuente original que heredaba el país para terminar, en estos años 60 a punto de entrar a los 70, en un cascajo habitado por una sociedad explotada, sufriendo todo tipo de carencias, corruptelas, injusticias que le estructuraba una clase política aferrada al poder. Lo que ni los economistas de Bancomer se imaginaban, es lo que le esperaba a Mexico en la década que estaba por iniciarse, que lo cimbraría hasta lo más profundo de sus raíces.

Desde pequeño y antes de tener formación económica, Ricardo  despreciaba el estilo mexicano de gobernar. Tal vez su cercanía a su abuelo materno, quien por ser uno de los grandes ganaderos y terratenientes de Sonora, constantemente se tenía que enfrentar a las agresiones demagógicas y corruptas de estructuras como la Reforma Agraria. Desde muy pequeño el muchacho había sido testigo de los sufrimientos de su abuelo, al verse simplemente despojado de lo que era el fruto de su esfuerzo. El no entendía el por qué el gobierno les arrebataba a unos el patrimonio de una vida de sudor y lagrimas, para dárselo a otros. Ya como estudiante en la facultad de economía del Tec. en Monterrey, había tenido la gran fortuna de conocer a uno de sus mentores; el Dr. Giorgio Berni. Cuando el Dr. Berni le regaló una copia del libro de Von Mises; “La Acción Humana”, al leer esa magna obra, había quedado mas confundido pues no entendía por qué no se aplicaba en ninguna parte del mundo.

Años después entendería y vería muy claramente que en el Tecnológico, mas que aprender liberalismo—que llegaría a ser su religión—los enseñaban a practicar el juego del estabishment, el juego del capitalismo crony, el cepalismo que había controlado a toda América Latina durante tantos años. Con horror comprendería, cómo el rompecabezas mexicano estaba armado de forma similar al mecano; el juego que tanto le gustaba de niño. El Estado, el gobierno era el sol alrededor del cual giraban todos los mexicanos, en una sinfonía de complicidades en la cual cada quien debía de tocar la melodía con las notas que se le entregaban. Ese sistema aniquilaba la iniciativa y creatividad de la sociedad, creando clusters de grupos dependientes del gran poder; el Estado, que como en la época feudal escogía a los ganadores y perdedores, en medio de esa complicidad de los agraciados y la sumisión de un pueblo cada vez más pobre y harapiento.

Finalmente y después de transitar por el largo pasillo, Ricardo llega a la oficina de Enrique Estrada, el responsable del Grupo de Ejecutivos en Desarrollo. Luego de una larga platica introductoria en la que se le informa en que consistirá el entrenamiento de un año, en el cual deba de recorrer todo el banco, financiera, hipotecaria y compañía de seguros, Estrada le notifica que el primer paso del programa será en una sucursal, y normalmente se escoge la que se localice mas cerca del domicilio del entrenado. Le informa que la sucursal asignada, es la que se ubica a solo media cuadra de su apartamento en el corazón de la zona rosa. Ricardo sonríe de satisfacción, pues no sólo es sumamente conveniente y funcional, pero esa oficina del Banco es a la que acuden todas las bellas damas de esa zona de la ciudad, además de innumerables actrices, modelos etc.    

Al día siguiente  se presenta a lo que sería el primer paso de su largo entrenamiento. Lo recibe un hombre maduro identificado como el gerente de la sucursal, para después de leer la carta del departamento de Recursos Humanos, proceder a presentarlo con el resto de los empleados. Siendo esta una oficina de servicio mas que de negocios, el 90% de los elementos que laboraban en ella eran muchachas jóvenes, mismas que con picaras sonrisas daban la bienvenida al nuevo ejecutivo en desarrollo. Las siguientes semanas serían de una gran intensidad, tanto en el aspecto profesional de su entrenamiento que cada día más le gustaba, como en el aspecto de su recepción de parte de todas las mujeres que conformaban el grueso de la oficina. Parejo, empleadas como clientas, de inmediato iniciaron el plan de conquistar el nuevo trofeo ante esa ya famosa complicidad que caracterizaba el muchacho. 

El segundo día en la oficina de Bancomer de la zona rosa, a través del ventanal identifica a una hermosa mujer de Monterrey que él conocía muy bien. Se trataba de Aida Cortez, una ex reina del Tecnológico y ex miss Nuevo León. Sale apurado a saludarla y cuando ella lo ve, se le ilumina la cara con una gran sonrisa y casi grita; Chero. Se dan un abrazo y Ricardo, antes de que ella pudiera reaccionar, le da un beso en la boca. Aida finge evitarlo pero luego le corresponde apasionadamente. Pregunta ella ¿Qué andas haciendo por aquí? Yo te ubicaba en tu rancho trabajando de vaquero.

Ricardo le hace una reseña rápida de cómo había llegado al DF. Aida siempre había gritado por todo Monterrey que estaba enamorada de él. Sin embargo, con las diferentes conquistas, entre ellas la de la Chata Garza T que tanto lo acaparó, nunca había estado disponible en aquella época de estudiante. Pero ahí estaba frente a ella. Cambiaron datos y quedaron de verse ese fin de semana. Al despedirse ella le dice; "espero que ahora si me cumplas, porque la última vez en Monterrey, te quedaste botado en el asiento trasero del carro".

Durante un mes recorrió los diferentes departamentos de la sucursal asignada. Desde cartera, mostrador múltiple, análisis de crédito, cajas, contraloría, subgerencia, y finalmente la gerencia. Durante la mañana trabajaba arduamente tratando de absorber toda la información que se le proporcionaba en cantidades exageradas, al tiempo que tomaba notas de todo. El personal de la oficina, pero en especial el gerente, se impresionaban de la manera tan natural de Ricardo para establecer contacto con todo tipo de gente. Al terminar el día y al cierre de la oficina, procedía a resumir las notas de todo lo transcurrido durante la jornada de trabajo, y pasarlas a un diario. Normalmente a eso de las 3 de la tarde, se retiraba a comer a los diferentes restaurantes de la zona rosa y siempre acompañado de alguna de las bellas empleadas, o hermosas clientes. El resto de la tarde era de simplemente desarrollar el papel que tanto le gustaba, el de la parranda y cacería de bellas mujeres.

Ese mismo mes, armado con la nueva seguridad que la había proporcionado el resultado de los exámenes de inteligencia servidos por los dos bancos, se enlista en el programa de Maestría en Administración de la UNAM, en donde para, su sorpresa, fácilmente pasa los exámenes de admisión. Logra convencer a Hector Dávila, uno de sus compañeros de apartamento, para que también se enliste y juntos inician el programa que se extendía de las 6.00 PM hasta las 10.00 PM, diariamente en las instalaciones de la facultad de administración de la propia Universidad. Ricardo y Héctor hacían el diario recorrido por toda la avenida Insurgentes desde la zona rosa, hasta el campus universitario en el sur de la ciudad. Sin embargo, el recorrido aunque largo, era agradable y les daba la oportunidad de comentar los temas estudiados.  Ricardo y El Chapo, como cariñosamente llamaban sus amigos a Héctor, construirían una gran amistad ya iniciada en Monterrey, que perduraría toda la vida.

Al final del primer mes del entrenamiento y ya encausado en el programa de maestría de la Universidad, Ricardo se sentía totalmente realizado, tal vez por primera vez en su vida. Estaba totalmente convencido de que su futuro era la banca, sin duda también era su vocación. Ese sentimiento de bienestar era complementado con las cartas que muy seguido recibía de su novia Suzette, a través de las cuales le dada ánimos y fortaleza para seguir adelante con sus planes. Por primera vez en su vida no se sentía perdido. Poco a poco iba aclarando sus prioridades; sabía que la banca era una de sus pasiones, ahora entendía que la economía era otra de ellas, y siempre supo que los ranchos ganaderos eran su primer amor. Constantemente recordaba los momentos felices de su niñez y adolescencia en el rancho de su abuelo.

Pero en ese océano de parabienes, sin embargo, había algo que le incomodaba. Sentía cierta frustración de que la oportunidad que en un momento dado su primo Arcadio le había ofrecido para trabajar en el Banco Ganadero, no se hubiera materializado. Ese había sido su sueño desde que muy pequeño y de la mano de su abuelo iba a ese banco. Cuando su primo nunca lo volvió a llamar como le había prometido, realmente se sintió decepcionado y muy frustrado. Ahora, tal vez impulsado por esos sentimientos, todas las mañanas al despertar, hacia algo que después descubriría era una de las técnicas más poderosas para programar nuestro subconsciente. Cada mañana se visualizaba tomando posesión como Director General del Banco Ganadero, el banco de su abuelo. Lo hacia con una gran intensidad, pasión y disciplina. Ese ejercicio años después lo dejaría atónito.

Los siguientes meses transcurren con una velocidad extraordinaria. Entre su intensivo entrenamiento, el programa de maestría y sus infinitas parrandas, no le queda tiempo ni siquiera para su pasatiempo favorito; la lectura. Sin embargo, se las agencia para por lo menos una vez al mes darse una escapada a sus librerías preferidas; las del Fondo de Cultura Económica. Sin darse cuenta, el verano llega con todo su esplendor de una ciudad de México que en esa época solamente contaba con tal vez 5 millones de habitantes, sin los problemas de trafico de hoy día, y definitivamente sin los efectos del smog y el crimen, que en estos momentos ya lo hacen realmente insoportable. En el mes de Julio su programa de entrenamiento lo lleva a la División Internacional del banco, y es ahí en donde descubre algo que lo apasionaría también por el resto de su vida; los servicios financieros internacionales. 



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