Monday, May 22, 2017

ESTOY HERIDO PERO TODAVIA PUEDO PELEAR X




¿Estoy perdiendo control con el alcohol?
Ricardo Valenzuela

Sin embargo, en medio de este escenario que tanto le agradaba, había algo que ya lo empezaba a molestar. El apartamento en donde él y sus amigos vivían, se había convertido en el centro de reunión de infinidad de sonorenses en el DF, exatecs de toda la República que se encontraban ya trabajando también en la ciudad y, sobre todo, el centro social y de parranda de ellos y de sus ya muchas amigas que consideraban ese lugar como el “centro de reunión.” Era tal el problema que, en algunas ocasiones había de 8 a 10 gentes pernoctando en el pequeño lugar. Casi no había día en el cual Ricardo no se levantara con el clásico malestar de la cruda, que cada vez lo afectaba con más intensidad. Ese verano, por primera vez en su vida lo atacó un pensamiento; “la posibilidad de que el alcohol empezara a ser un agente verdaderamente negativo en su vida.” Él estaba hasta cierto punto consciente de que el alcohol era “peligro”, pero no quería pensar en ello, el solo considerar dejarlo lo aterraba.


A veces como no queriendo desembarcar en esa playa, recordaba cómo sus borracheras habían siempre sido la fuente de la mayoría de sus problemas. Desde sus pleitos en su época de estudiante cuando rondaba por todos los burdeles de Monterrey, simplemente buscando donde iniciar uno, hasta los repetidos escandallos de los que había sido protagonista en reuniones, bodas, celebraciones. Todos sus amigos sabían de la transformación que él sufría con el alcohol. Los múltiples enfrentamientos con su padre, sin duda tenían en gran parte su origen en eso que a veces pensaba fuera ya una adicción. Sin embargo, la idea de abandonar el alcohol simplemente lo aterrorizaba. Había en esos momentos ya una parte importante de su vida, que en un gran porcentaje dependía del alcohol. A medida de que el tiempo avanzara, tristemente se encontraría entregando su vida entera a esa dependencia.

Cada vez que amanecía sufriendo esas terribles crudas y, siempre, con ese sentimiento de culpa que lo estaba destruyendo, se preguntaba ¿Habré llegado al nivel del alcoholismo? Pero con prisa abandonaba el pensamiento puesto que era horrible enfrentar esa realidad.

Ricardo sospechaba que el tenia una personalidad compulsiva. Todo lo que este joven profesional hacía era así; todo o nada. Lo era con los dulces, sin duda el alcohol, con la ropa, y definitivamente con al sexo que además de proporcionarle los placeres muy especiales de la actividad, era una forma muy efectiva de hacer contrapeso a sus problemas de inseguridades, y una pobre auto estima. Cada conquista de una hermosa mujer, era para él una inyección de cierta seguridad para su deteriorado ego. Sin embargo, en estos momentos el alcohol se había establecido como la prioridad de su compulsión. Había ocasiones en que él y Ernesto tomaban durante todo el fin de semana, a veces sin dormir durante más de 24 horas. Al segundo día caían rendidos para solamente continuar después de unas cuantas horas de sueño. Luego el lunes era para ellos un verdadero calvario al presentarse a trabajar sintiendo que les faltaba aliento, con rudas compulsiones, palpitaciones y un gran sentimiento de culpa. 

Hacia finales del verano recibe una agradable sorpresa, su novia a quien no veía desde Enero cuando abandonó Hermosillo, le había notificado el que lo visitaría por unas semanas aprovechando que ella tenia un grupo grande de parientes con los que se podía hospedar. Como es natural, al recibir la noticia se llenó de alegría pues tenia muchas ganas de verla, pero además, él pensaba que con la presencia de Suzette tendría que bajar el tono a sus escapadas, parrandas y borracheras, que ya en algunas ocasiones—sobre todo los lunes—le preocupaban. No estaba seguro si realmente se quería casar. El anillo de compromiso se lo había dado en una borrachera, para al día siguiente de la cruda pensar y preguntarse; ¿que hice? Pero él racionalizaba sus actos pensando que era una buena muchacha, guapa, inteligente, de buenas familias, amiga de sus hermanas, y además su familia era encantadora y lo hacían sentir parte de ella.   

En medio de esa reflexión lo atacaría un elemento que a futuro definiría el rumbo de su vida de una forma por demás negativa. Se sentía comprometido, se sentía culpable con el sólo pensamiento de no cumplir con el compromiso que ya había establecido. Sentía que Suzette lo había apoyado en momentos difíciles, lo había consolado en sus tristezas, había sido su refugio siempre que en sus borracheras provocaba algún conflicto, escándalo y, sobre todo, el doloroso enfrentamiento con su padre, que siempre lo hacia sentir como el ser más inmundo e infeliz sobre la faz de la tierra. Su padre, desde que el tenia uso de razón, lo había agredido verbalmente y con ese resultado; Él hacerlo sentir mal: Tonto, irresponsable, flojo, mentiroso, inmerecedor de las cosas que él pretendía, incapaz de lograr sus sueños. Nunca lo agredía físicamente, tampoco lo insultaba, sus agresiones eran más bien desaprobando todo lo que hacía. Eran explosivos reclamos y regaños sin fundamentos, que no los hacía con esa intención, simplemente era un hombre explosivo. Sin embargo, Suzette siempre estaba ahí para consolarlo y animarlo. 

No sabía si realmente estaba enamorado. Él haber crecido en una familia en la cual el amor y sus manifestaciones siempre habían estado ausentes; hacía para él muy difícil el llegar a un diagnostico acertado de sus sentimientos. Desde que él recordaba, su padre y su madre se hablaban con gran solemnidad, nunca se decían algo positivo, por supuesto que jamas se confesaban amor, jamas se dispensaban una caricia. Doña Celia para referirse a su esposo siempre decía “el Licenciado,” o simplemente “Valenzuela.” Ese ambiente había provocado que todos los miembros de la familia fueran muy fríos, y no supieran expresar sus sentimientos. Pero el caso de Ricardo era muy especial, puesto que su padre con su estilo frío, agresivo y acusatorio, a sus hermanas las ignoraba desde siempre, lo cual lo había convertido en el blanco de sus frustraciones y definitivamente de sus agresiones verbales que tanto daño le habían hecho.  

Envuelto en esos pensamientos se dirigía al aeropuerto a recibir a su prometida. Algo más le inquietaba, hacía varios días había tenido un sueño por demás raro. Había soñado que Suzette estaba saliendo con uno de sus viejos pretendientes. Un tipo de Nogales Sonora al que siempre le había gustado la hermosa muchacha. No encontraba explicación para su malestar, finalmente era solo un sueño. Después de estacionar su flamante automóvil ultimo modelo, se introduce a la terminal para dirigirse a la salida de los vuelos internacionales. Se sentía nervioso, molesto, y no sabía el por qué. Luego de esperar varios minutos, finalmente aparece Suzette en la terminal de desahogo de viajeros internacionales. Se dan un abrazo y un beso que a Ricardo le parece frío. Ella se veía cansada, ojerosa, seria y sin duda también molesta por algo. Después de recoger el equipaje, se montan en el auto para iniciar la ruta que los llevaría al norte de la ciudad, en donde se hospedaría ella con sus parientes.

¿Que tienes? Le pregunta Ricardo sin rodeos. Ella le responde; mira ya estoy cansada y harta de esperar, me diste el anillo hace casi un año y ni siquiera hablamos de matrimonio, ya no digamos hacer planes de boda. Continúa; yo estoy allá en Nogales esperando mientras tú te diviertes a lo grande aquí, porque no me vas a decir que te la pasas encerrado. Es rumor general en todo el estado de Sonora que tu y Ernesto son los nuevos play boys de la ciudad de México. Todo mundo los ha visto parrandeando acompañados de bellas mujeres en diferentes lugares como El Caballo Bayo, en bodas, en todos los bares de la zona rosa, y hasta en los periódicos aparecen sus fotos con “amigas.” Esto no me parece justo, yo he estado esperándote durante años, pero no estoy dispuesta a esperarte para siempre. Ricardo un poco sorprendido le revira; “que curioso, hace unos días tuve un sueño en el que te veía saliendo con Elías Saied aun con el anillo de compromiso.”

Responde ella; “pues definitivamente que es curioso, porque anoche cuando estaba empacando me llamó Elías para pedirme que te regresara el anillo y que el se casaba conmigo de inmediato.” Ricardo monta en furia como seguido lo hacia y le responde: “perfecto, regrésate a Nogales y cásate con ese hijo de la chingada, y que seas muy feliz.” Lo único que falta es que mi sueño se haya convertido en realidad.” Suzette al verlo tan furioso retrocede en su actitud y responde: “Pero como crees que yo me voy a fijar en alguien como ese después de estar contigo. Yo te quiero a ti y contigo quiero pasar el resto de mi vida. Ahora, yo no puedo evitar que gente como Elías me llame con esas tonterías.” Pero Ricardo o todavía montado en cólera le repite; “No ya te lo dije, regrésate y cásate con ese pendejo, olvídate de mí, a mi no me vas a chantajear de esta forma, esto se acabó.”         

Enseguida Suzette rompe en llanto y le dice: No pudo creer lo que me dices. Si lo que buscas es un pretexto, no lo busques mas, no lo necesitas, simplemente háblame con la verdad y si no te quieres casar conmigo, solamente dímelo, I am a big girl, no sería el fin del mundo. Ricardo algo desconcertado le responde; mira, estamos muy sensibles los dos en estos momentos, estamos cansados, no creo sea buena idea el resolver nada en este momento. Vamos reencontrandonos los próximos días, vamos hablando, vamos exponiendo nuestros verdaderos sentimientos. Yo siento que este tiempo en que no nos hemos visto, nos ha cambiado a los dos, a mí me ha combiado profundamente. Las experiencias que he vivido en esta ciudad durante los últimos meses, me han dado otra perspectiva de la vida. No hay duda de que soy un hombre diferente.

Durante las siguientes semanas Ricardo y Suzette se hacen inseparables. Eso permite que se aleje de sus amigos y amigas de parranda que durante todo ese tiempo como antes, lo hace sentir bien en compañía de su prometida. Siente que ella es una buena influencia para él. Se siente tranquilo, calmado, no siente ese fuego en el estomago que era clásico todos lo viernes antes de iniciar la parranda del fin de semana. Se divierte haciendo con ella cosas sencillas como ir al cine, ir a comer o cenar, o simplemente caminar por las bellas avenidas de la ciudad. Sin embargo, un viernes después de llevar a Suzette a casa de sus familiares al norte de la ciudad, al llegar al departamento encuentra una fiesta en todo su apogeo. Luego de que una de sus amigas favoritas insistiera, se toma la primera copa de las muchas que tomará el resto del fin de semana.  

Como siempre le sucedía cuando algo lo preocupaba, bebió a su estilo sin límites y de forma compulsiva, como si  el mundo se fuera acabar. Recorrió con el grupo sus guaridas preferidas y ya con muchos tragos en “la panza”, como el mismo describía, sus temores, preocupaciones, inseguridades lo abandonaron, su personalidad introvertida y todos esos rasgos de su personalidad que tanto le molestaban, como por arte de magia lo abandonaban. Se había convertido en el audaz, intrépido, agresivo, asertivo hombre que siempre él había soñado, y que solamente el alcohol era capaz de proporcionarle. En uno de los bares que visitaron como era habitual, un grupo de bellas muchachas inició el coqueteo específicamente con él. Con el valor prestado del alcohol, de inmediato se presentó con ellas. Eran de Tamaulipas, y la más agresiva y bella, de pronto le pide, llévame a oír mariachis. Ricardo y la muchacha partieron hacia lo que seria una noche de locura, de placer y de gran peligro. 

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