Tuesday, May 30, 2017

El vaquero libertario y poeta



Reflexiones libertarias
Ricardo Valenzuela


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Después de un desayuno vaquero con los McKaskel, Vallian se despedía de la pareja de pioneros que finalmente habían localizado la parcela de tierra que el gobierno les asignara, en su plan de asentamientos del oeste de EU. Habían ya iniciado la construcción de su casa en lo que era un paso más hacia la realización de su sueño, un rancho ganadero ubicado en la línea divisoria de Texas y Nuevo Mexico. Era una región especial para la cría de ganado, su lomerío de pastizales se extendía mas allá de lo que la vista pudiera alcanzar. Las lomas se adornaban con bellos encinales, bellotales y, a las orillas de los arroyos, enormes álamos y, poco más arriba, ya en las faldas de la sierra, aparecían hermosos pinos.       

Dirigiendo su caballo hacia el suroeste, Vallian pensaba los McKaskel eran una familia afortunada y no tenía duda serian exitosos en su proyecto. Aun cuando la región en donde se asentaban estaba completamente alejada de la civilización y, se podría decir, una región despoblada en donde la ley era algo totalmente desconocido. Los apaches y comanches fieramente combatían cualquier tipo de asentamientos en lo que ellos consideraban era su tierra. Eran tribus que en los últimos 35 años del siglo 19, se embarcarían en una mortal lucha contra los blancos, tanto americanos como mexicanos, que cobraría miles de vidas en la salvaje región en donde se desarrollaría la vida de Vallian. La región de Sonora, Chihuahua, Nuevo Mexico, Arizona y Texas.


Los apaches habían estado en guerra contra los españoles desde el siglo 16 en que llegaran a Nuevo Mexico. Aun cuando los sacerdotes intentaban convertirlos al cristianismo, los españoles habían sido exageradamente crueles en la lucha contra esos pueblos. Los capturaban para luego venderlos como esclavos, o simplemente enviarlos a Cuba para explotarlos usándolos en la edificación de sus fuertes. El odio y la agresividad de los apaches se habían incrementado a través de los siglos, y en estos momentos ya explotaba. Al arribo de Vallian, el fenómeno era especialmente peligroso debido a la nueva política de exterminio que ahora implementaban los EU, y ante tal cacería, los indios cruzaban la nueva frontera entre EU-Mexico, para llevar a cabo sus correrías y establecer sus asentamientos en el norte de Chihuahua y el noroeste de Sonora. Los ranchos y pueblos de Sonora y Chihuahua vivian en un estado de pánico y de guerra.

Vallian se dirigía a Nuevo Mexico huyendo de las multitudes de inmigrantes, como los McKaskel, que en avalanchas invadían el oeste en busca de las oportunidades que ofrecía una regió virgen, y con la idea de ahorrar un poco más de lo que ya tenía para, sin aceptar alguna ayuda del gobierno puesto él consideraba era una formula de crear dependencia, iniciar su propio proyecto de establecerse como ganadero. Después de todo, el era un vaquero texano que hubiera nacido, crecido y trabajado en ranchos ganaderos de Texas y Oklahoma.

La guerra civil acababa de finalizar y los confederados, perdedores, al mismo ritmo que los norteños desarrollaban su soberbia ante la victoria, incrementaban su resentimiento y deseos de venganza. Vallian tenía claro que el agresor había sido el norte y, sobre todo, la esclavitud no había tenido absolutamente nada que ver en el inicio de hostilidades. Los estados sureños, que conservaban las ideas libertarias de los padres de la patria, eran agredidos por su firme oposición al centralismo que Lincoln establecía, a quien ellos consideraban el Santana americano. Nuevo Mexico estaba ya invadido por los victoriosos norteños y Vallian lo estaba comprobando cuando, por su aspcto tan especial, lo identificaban como rebelde.

En estados como Texas y algunos otros confederados, los perdedores se habían organizado como guerrillas para seguir combatiendo, y así nacían organizaciones como el KKK. Si a ello le sumamos los enfrentamientos entre los mexicanos originales de Texas y Nuevo Mexico, y los inmigrantes anglosajones, Vallien pensaba era un volcán dormido a punto de explotar. Su ideología libertaria lo impulsaba a buscar y vivir en paz, a pesar que, siempre en defensa propia, había tenido que privar de la vida a seres humanos, en especial cuando cabalgara en las filas de los Rangers de Texas. Por ello, cabalgaba hacia el oeste buscando esa paz, su destino y, en especial, su libertad. Siendo un vaquero cuya su enorme pasión por el conocimiento lo llevara a educarse a través de la lectura en el divino concepto de libertad, que hombres como Jefferson, Adams, e inclusive el mismo Jefferson Davis—presidente de los estados confederados—habían estado dispuestos a entregar su vida para lograrla, presentía la suya se asomaba a un futuro de gran incertidumbre.

Después de cabalgar durante varios días, llegaba al bello pueblo de Socorro, Nuevo Mexico, en una región de grandes explotaciones ganaderas que construían una sociedad prospera y, hasta hacía algunos años, libre y en paz. Pero al pasar Nuevo Mexico a ser territorio de los EU, se iniciaba una expansiva ola de inmigrantes anglosajones que de inmediato provocaban enfrentamientos con los mexicanos originales, que en su mayoría eran descendientes de los primeros españoles que arribaran hacía más de 300 años, para fundar los primeros asentamientos. El territorio de Nuevo Mexico, que originalmente incluía Arizona, era la región más abandonada desde la frontera del rio Suchiate hasta Alaska y, por lo mismo, refugio de bandoleros, aventureros y fugitivos de la ley. A pesar del gris panorama que el vaquero encontraba, decide quedarse, cuando menos por un tiempo, en ese bello pueblo.

Después de instalarse en el único hotel de Socorro, Vallian inicia la redacción de una larga carta para Susanna Mc Kaskel, la esposa del pionero que había acompañado hasta su destino. Entre ellos había surgido una extraña relación que, durante los últimos días de aquella jornada, los había convertido en apasionados amantes para enviarlos a un remolino de confusiones que, particularmente al vaquero, le provocara pensar se había enamorado. La carta era melancólica y de nuevo le confesaba sus sentimientos, pero también le decía, en medio de un halo de tristeza, estar consciente de que nunca se volverían a ver. Finalmente, de nuevo les ofrece su ayuda y si algún día lo necesitan, sabrían como contactarlo.

En las siguientes semanas establecería algunos contactos con gentes claves del pueblo, siendo uno de ellos el sheriff, Manuel Santos, quien al estrechar la mano y dar inicio a la conversación, de inmediato lo ubicó como uno de los Rangers de Texas quien se hubiera construido una reputación de hombre valiente, honesto, de una sagaz inteligencia y, sobre todo, muy eficiente en combate ya fuera con sus manos, su cuchillo bowie y, en especial, las armas de fuego. Esa reputación llegaba a oídos de un importante hacendado, no solamente vía el sheriff, también de boca de otro vaquero texano que conociera a Vallien, desde que ambos años atrás, formaran parte de una arriada de ganado de Texas hasta Dodge City en Kansas.

El poderoso ganadero era un mexicano criollo, descendiente de españoles y de nombre Julián de Zamora, hombre ya en sus 60s y propietario de uno de los ranchos más grandes de Nuevo Mexico. Un buen día, Vallien recibe una invitación del hacendado para visitarlo en su rancho. Vallian arribaba al rancho ubicado al norte de Socorro, después de un recorrido de esas interminables lomas en una sucesión de valles y sierras, en donde pastaban miles de reses de muy buena calidad, al famoso rancho, Los Sicomoros. Lo que al vaquero le pareció un pequeño pueblo, el rancho aparecía en medio de un hermoso valle, con una enorme casa estilo colonial español, al fondo unos enormes corrales, almacenes, caballerizas, casas para los vaqueros y sus familias.

Minutos después uno de los empleados lo instalaba en una enorme biblioteca, y dos hermosas muchachas le servían café con unos panecillos. Impresionado se pone de pie, para mirar la cantidad de libros en los estantes. Se sorprende al identificar todos los libros de los grandes liberales como; Adam Smith, John Locke, Tocqueville pero también obras clásicas como Don Quijote de la Mancha, libros de historia. Lo rescata de su admiración la entrada al recinto de un hombre maduro, muy blanco, alto, de apariencia distinguida, y en perfecto ingles le dice. Sr Vallian, gracias por aceptar mi invitación, cuando le tiende la mano. El vaquero responde, gracias por invitarme don Julián. El hacendado, sin perder tiempo le dice; mire Sr Vallian, le confieso que mucho antes de extender esta invitación, recabé toda la información disponible de su persona en Texas, Wyoming, Oklahoma, Nevada, Colorado y realmente es un currículo impresionante.

Pero antes de iniciar nuestra conversación, yo quiero que usted conozca mi historia. Continúa don Julián; yo soy cuarta generación de españoles que arribaron a esta región hace casi 200 años. Los terrenos que configuran este rancho, le fueron concesionados a mi bisabuelo a través de un decreto real emitido por el rey de España. Tengo, tal vez, la operación ganadera más grande de Nuevo Mexico y como están las cosas, después de la guerra con Mexico y la guerra civil, la emergencia de una gran ola de incertidumbre me ha hecho pensar que necesito un anillo profesional de seguridad y gestión y, en estos momentos, creo que usted es el hombre para esta misión. Pero además Sr Vallian, lo que ha estado sucediendo en Mexico desde su independencia. Golpes de estado, pronunciamientos, guerras, invasiones de países extranjeros, importación de un emperador porque consideran ellos no se pueden gobernar, se va convertir en un serio conflicto que también nos afecte a nosotros tan cerca de la frontera.

El vaquero quiso hablar pero el hacendado prosigue, no me diga nada todavía, solo escúcheme. Yo se que usted, como yo, ama la paz, la libertad, la independencia. Y también como yo, se siente mal por el rumbo que está tomando este país bajo el control de malos políticos, y su sueño es establecerse como ganadero propietario de su rancho, sin gobiernos ni parásitos que no le permitan vivir en paz dictándole lo que puede, o no puede hacer. Pues yo estoy seguro que aquí, en Los Sicomoros, puede encontrar todo eso. Sin salir de su sorpresa Vallen pregunta ¿Qué es lo que me está dibujando como algo que puede ser una propuesta? Bien preguntado, responde don Julián, no le estoy ofreciendo un trabajo, le ofrezco que ambos nos embarquemos en una aventura. Una aventura solidaria para restaurar nuestros derechos más sagrados; a la vida, a la libertad y la propiedad, en un país que los ha empezado a olvidar y abandonar, y alguien debe detener el proceso.     

Lo que yo le propongo es una sociedad para eso. Yo estoy dispuesto a venderle uno de mis ranchos para que me lo pague con su trabajo—trabajo que estoy seguro se podrá medir con gran precisión en dólares, en cabezas de ganado en oro o plata—Este será un trabajo duro, una proposición muy ambiciosa, y una responsabilidad muy grande. Yo tengo intereses en Mexico que hay que atender, tengo enemigos que hay que confrontar, políticos con los que hay que lidiar, cuatreros y abigeos a los que hay que colgar, apaches a los que hay que desterrar. Pero, sobre todo, quiero que me ayude a crear, en estos más de 800,000 acres que representa Los Sicomoros, un paraíso de libertad que sea inmune a todas esas amenazas que ambos vemos.

Nuevo Mexico, durante casi tres siglos, fue la zona más libre del mundo porque a los políticos, españoles o americanos, no les interesaba. Pero a medida que su interés empezó a crecer, nuestras libertades, nuestra seguridad y nuestra paz, empezaron a disminuir. Ahora con la derrota de los confederados, yo temo que el proceso se acelere, pues los libertarios del sur, vamos a estar hostigados y atacados por los estatistas del norte, esta lucha no está terminada y va durar muchos años, pero en otros campos de batalla. Y si para detenerlo tengo que edificar un país libre dentro de Nuevo Mexico, lo voy hacer y que no se atreva el rey, los políticos, los apaches o los bandidos, a penetrarlo porque esta será tierra de libertad para hombres que la aman y que la defenderán con su vida.

Porque yo pienso Sr. Vallian, que cuando los hombres son libres, bien nacidos, bien formados y mantienen buenas compañías, nace en ellos el instinto natural que los mueve siempre actuar virtuosamente, con integridad y mantenerse lejos de los vicios que corroen el alma como el odio, la envidia, los celos. Pero esos mismos hombres, cuando a base de opresión, sujeción y falta de libertad, los mantienen en el mundo de las tinieblas que los tiranos construyen, de forma igualmente natural abandonan su noble disposición que antes los inclinaba a la virtud, para convertirse en criminales incontrolados. Y esa no debe ser labor de los gobiernos, debe ser el más sagrado deber de la sociedad civil.

Vallian escuchaba con una gran sorpresa dibujada en su cara. No podía creer lo que estaba escuchando. Un hombre que amaba la libertad tanto como él. Un idealista como él. Un hombre que pareciera haber salido de alguna de las obras clásicas.

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