Tuesday, May 9, 2017

Carlos Rangel, el profeta olvidado del liberalismo venezolano

By: Contribuyente - 

“Nadie es profeta en su tierra”. Este refrán español es un epitafio adecuado para la vida del gran intelectual liberal clásico venezolano Carlos Rangel. Una figura más bien oscura en el reino del liberalismo, Rangel demostró una muy profunda comprensión en lo que refiere a la política latinoamericana y las causas del subdesarrollo de la región.
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Consistentemente, Carlos Rangel advirtió contra el populismo. (@Cedice)
Carlos Enrique Rangel Guevara nació en Caracas el 17 de septiembre de 1929. Completó su educación primaria y secundaria en la capital venezolana, pero su educación superior fue totalmente en Estados Unidos y Francia. Se graduó en Artes en el Bard College y recibió un Certificado de Estudios en la Sorbona, en Paría. Posteriormente completaría una maestría en la Universidad de Nueva York.
Tras terminar sus studios, Rangel se embarcó en una carrera en la que comenzó trabajando como diplomático en Bruselas, Bélgica, y la República Dominicana. Luego enfocaría sus esfuerzos haría una carrera periodística, como director de la revista Momento y moderador de programas televisivos como “Frente a la Prensa”.



Rangel pasó cerca de 20 años en la televisión, discutiendo sus ideas en asuntos locales e internacionales, con varias figuras, una de las más notables de las cuales fue F.A. Hayek. Desafortunadamente, Rangel se suicidó en 1988; las circunstancias de su muerte todavía permanecen en el misterio.
Uno de los aspectos más pasados por alto de su carrera fue su incursión en el mundo de la escritura. En 1976 publicó Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario  –Mitos y Realidades de América Latina, traducido al inglés como Los Latinoamericanos: Su relación de amor y odio con Estados Unidos, en 1977.
Ese libro fue seguido por El Tercermundismo (1982), traducido al inglés como Third World Ideology and Western Reality: Manufacturing Political Myth, en 1986.
Rangel fue también un respetado columnista a nivel nacional e internacional. Una compilación de sus artículos fue publicada de forma póstuma, en 1988, en un libro intitulado Marx y los socialismos reales y otros ensayos, solo disponible en español.
Sin duda, la Ópera Magna de Rangel fue Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario. Este es, presumiblemente, uno de los secretos mejor guardados del liberalismo; hace un análisis incisivo del porqué del subdesarrollo latinoamericano cuando se le compara con tras regiones. Rangel no se anda con rodeos, diseminando efectivamente “la red de mentiras en la que América Latina se ha encontrado”, y refutando el mito convencional de que el atraso de América Latina es debido mayoritariamente al imperialismo estadounidense en la región.
La mayor fortaleza de Rangel reside en su analisis sociolótico de América Latina, que va más allá de modelos económicos de moda y apoyos políticos a un grupo determinado. Rangel observó en “Del buen salvaje…” que a pesar de haberse liberado del dominio español en el siglo XIX, los vestigios del orden político colonial aún permean en el tejido social de América Latina. Rangel observa, agudamente, que:
El campesino todavía tiene la actitud de un esclavo; aun espera que otros tomen decisiones por él, y reza sólo porque sus nuevos amos sean menos exigentes y mejor intencionados hacia él.
Este es, por lo demás, un análisis profético, dado que los latinoamericanos abrazan a los autoritarios colectivistas aún hoy.
A pesar de las críticas que recibió del status quo, Rangel no era un reaccionario. Un crítico de la izquierda y la derecha, Rangel ambicionó una Venezuela (y una América Latina) que siguieran principios básicos de libertad, como la democracia, el estado de Derecho y el libre comercio.
El amor de Rangel por los principios democráticos no tenía parangón en América Latina. Poderosamente puntualiza la necesidad de la democracia como manera pacífica de transferencia del poder político en Del Buen Salvaje…:
La democracia no es tan poco sofisticada como para exigir que no haya antagonismos sociales o tensiones que escalen hasta una lucha de clases; pero sostiene que siempre puede hallarse una solución que sea aceptable para estos intereses en contienda —o al menos preferible a las alternativas de la guerra civil y la tiranía. Estas soluciones realmente democráticas pueden no ser perfectas o satisfacer completamente a todas las partes, pero tienen el mérito de reducir el odio y la intolerancia como determinantes primarios de las acciones sociales.
Los golpes de Estado, guerras civiles y alzamientos marxistas violentos estuvieron a la orden del día en América Latina durante la vida de Rangel. Una transición pacífica de un Gobierno al siguiente era un fenómeno muy raro en aquellos días en la región.
Al mismo tiempo, Rangel entendía que el camino a la libertad no era fácil. Constantemente advertía sobre los cantos de sirena del populismo y otras ideologías intervencionistas. En el momento en que Rangel publicaba sus trabajos, Venezuela era estable económicamente, de acuerdo con los estándares latinoamericanos (y aún así, con sacudidas institucionales) y, tristemente, la mayoría de los venezolanos no prestó atención a las alertas de Rangel.
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Un escritor dijo, sucintamente, que Rangel había sido “el primer antichavista del mundo”, por su capacidad de prever el ascenso de una figura populista como Hugo Chávez en el futuro cercano de Venezuela. Pero lamentablemente, la historia ha mostrado en numerosas ocasiones que muchos pensadores adelantados a su tiempo están condenados a ser ridiculizados por sus coetáneos. Esta ignorancia premeditada conlleva un costo muy elevado, como han descubierto muchos venezolanos desde que Chávez llegó al poder en 1998.
En tiempos en los que Venezuela experimenta sacudidas económicas de todo tipo y problemas de seguridad pública debido a las políticas socialistas de Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, las ideas revolucionarias de Rangel son tan relevantes como siempre. Afortunadamente, organizaciones como la rama en español del Instituto Cato, “El Cato”, y el think tank venezolano de la libertad económica Cedice han hecho esfuerzos valientes para preservar la obra de Rangel. Ideas tan poderosas no pueden, simplemente, desvanecerse en la oscuridad.
Rangel puede no haber sido bien conocido mientras vivió, pero su legado aún permanece en el orden espontáneo de Internet, una plataforma de la que estaría muy orgulloso si aún viviera. Si el liberalismo clásico tuviera su “Salón de la Fama”, Carlos Rangel merecería, definitivamente, un lugar en él.

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