Thursday, April 6, 2017

Un triunfo de Piñera no será un triunfo para la Derecha


Al leer el título de esta columna, uno puede pensar que voy a escribir sobre las diferencias entre Piñera y la gente que conforma su conglomerado, eso no es el caso, la Derecha chilena ha demostrado en los últimos años no tener tantos problemas de cohesión para enfrentarse a sus objetivos como los tiene la izquierda, el problema no es si hay cohesión, el problema es cómo y en torno a qué.
La visión que hace falta en la Derecha siempre ha sido, ya no es novedad, el mirar a largo plazo, es por eso que un nuevo triunfo de Piñera en las urnas será sin duda un nuevo triunfo personal para él, pero para la Derecha –y para Chile- no más que un respiro de 4 años ante la nefasta retroexcavadora de las reformas de Bachelet, dejando un escenario cadavérico para el 2022 si es que para ese año la Derecha no se reinyecta ideas y estrategia, pero por sobre todo VIDA.



En otro artículo escribí sobre el fenómeno de transmutación cultural de la derecha en Chile en sinónimo de mal de males, al punto que por definirse de Derecha públicamente tenga uno prácticamente que pedir perdón (no en vano ahora se prefiere decir “centroderecha”), fenómeno que se agravó por la abulia intelectual de la Derecha política, que se transmitió de forma flagrante en sus propios votantes, un sector en decadencia que grita “viva Chile y Pinochet” más como un manifiesto infantil de desprecio a la izquierda que por convicción en sus ideas.
Esta abulia viene dada desde las agónicas elites de la Derecha política, cuyo único objetivo ideológico es aferrarse a ciertos bastiones de conservadurismo sobre la sexualidad de los ciudadanos que cada vez pierden más y más relevancia cultural y muy tibiamente defender el modelo de libertad económica legado por Pinochet y algunos presidentes de la Concertación en los 90s.
Esta defensa tibia al modelo económico fue producto de la demonización cultural del capitalismo que la izquierda ha fabricado por años, poniendo el discurso de la desigualdad en un altar al que le reza hasta la UDI, por esto fueron surgiendo nuevas fachadas “más sociales” para RN o la UDI o la fragmentación en “derechas renovadas” con tendencia a la buena onda, a un camino de centro, pero que ideológicamente sólo se dedican a responder a la agenda política que la izquierda le presenta, incluso abanderándose por códigos políticos deconstructivos del neomarxismo –véase a Felipe Kast y su video del 8 de marzo de 2017.
Esta abulia ideológica sería causa de uno de los peores escenarios que podría tener la Derecha DURANTE un segundo gobierno de Sebastián Piñera, enfrentarse a una izquierda mucho más sólida y radical que la va a estar observando desde la oposición, y es que cuando un país va en decadencia la oposición siempre genera simpatía, y en Chile las condiciones culturales de fobia al capitalismo y a la Derecha que creó la izquierda especialmente entre las generaciones más jóvenes sólo pueden permitir que después de un gobierno tan evidentemente catastrófico como el segundo de Bachelet una generación mucho más adulta al borde de la extinción pueda erigir a un gobernante de derecha por sólo un período, pero no dos, como le pasó a la Derecha el 2014.
¿Por qué? Porque el chileno promedio quiere reformas de izquierda y se niega a creer lo catastróficas que son en la praxis hasta que las ve, por eso intentan enmendar el camino con un candidato que vuelva a poner cierto orden, que es lo único que puede ofrecer la Derecha actual, mientras la izquierda aprovecha de refrescarse y promete volver con reformas aún más agresivas y un mensaje de “ahora sí” que embrutece a las masas, que es lo más probable que ocurra con la jovial oligarquía abajista del Frente Amplio cual flautista de Hamelin guiando a los Millenials a una súper retroexcavadora, aprovechándose de la pasividad de la Derecha y del simbólico Presidente Sebastián Piñera, hombre de paja que encarnará todas las maldades del capitalismo y los políticos seniles y corruptos.
Desde un punto de vista estratégico, es válido aprovechar la burbuja de tiempo que sería un segundo gobierno de Piñera para que la Derecha no se duerma en los laureles y se active, se repliegue ideológicamente CON O SIN el Gobierno, que dejen de hacer en municipios, ministerios e instituciones de todo tipo cualquier política inventada por la Nueva Mayoría, que deje el populismo y la corrección política y planifique realmente, con inteligencia un modelo de país por construir, en resumen que se haga un autoexamen de urgencia y edifique una épica real.
Quizás sería sano que actúe incluso como oposición-aliado, esa figura que ha ocupado el Frente Amplio con tanta efectividad respecto de la Nueva Mayoría.
Ya he dicho cuál es el problema de cómo se cohesiona la derecha, y de forma muy breve y en consecuencia diré cuál es el problema de en torno a qué se cohesiona.
Eventualmente, el 2022, por todo lo que ya he dicho, lo que representa Sebastián Piñera como figura pública va a pesarle a la Derecha, incluso si está reformada y rejuvenecida hasta los dientes, sin embargo es entendible que sólo Sebastián Piñera pueda reunir a la Derecha oxidada de hoy, es su único ex presidente desde la democracia, es su único winner, y si no fuera por su abulia ideológica hace rato hubiesen germinado más líderes, y es que están como la Concertación el 2013, al borde de la putrefacción en la forma de un mamarracho como lo es la Nueva Mayoría.

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