Friday, April 28, 2017

¿Revertir el Brexit?

¿Revertir el Brexit?

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Por Álvaro Vargas Llosa
La Primera Ministra británica, Theresa May, ha dado un golpe en la mesa para afirmar su autoridad ante su partido y ante Europa, al convocar elecciones generales anticipadas para el mes de junio. Quiere desembarazarse del grupo de parlamentarios conservadores que la presionan para que la salida de la Unión Europa sea brusca y total, y reducir a la insignificancia a un Partido Laborista dividido en el que un sector hace bulla para lo mismo y otro para lo contrario: la marcha atrás en el “Brexit”.    
Pero ¿qué pretende, en el fondo, May? Dos cosas: afianzar su autoridad, pues asumió el mando sin una elección de por medio a la caída de David Cameron tras la victoria del “Brexit” y, librada de la sombra de duda sobre su legitimidad de cara a la transcendental negociación con Europa, pactar una salida a medias: estar y no estar en Europa.

 
 Esta hamletiana actitud frente al “Brexit” fue siempre su postura. Se la criticó, durante la campaña del referéndum,  por no jugarse a muerte por la salida del Reino Unido. Como euroescéptica moderada, ella quería, y quiere ahora,  unas relaciones con Europa carnales en lo comercial y financiero, y platónicas en otros asuntos, como la inmigración. Los euroescépticos de horca y cuchillo quieren la deseuropeización del Reino Unido, que es distinto.
¿Cómo se logra el objetivo de May? Primero, ampliando su mayoría parlamentaria, hoy exigua, de modo que sume unos 100 parlamentarios enfeudados a ella. Al mismo tiempo, reduciendo al laborismo, liderado por un populista de izquierda, Jeremy Coryn, que los está llevando al descalabro, a dimensiones liliputienses (digamos, a una representación que no abarque más de la cuarta parte del Parlamento). Así, tendría el poder para negociar con Europa una salida dulcificada (tiene dos años de plazo) que garantice relaciones amplias en temas económicos y algún acuerdo migratorio por el cual los eurpeos que ya están en el país puedan quedarse pero se limiten los ingreso futuros. Quizá, incluso, May acepte seguir haciendo una contribución a Europa.
Así, el Reino Unido podría lograr un acuerdo no demasiado distinto del que tienen con Europa tanto Norurga como Suiza, que no pertenecen a la Unión pero se benefician de relaciones económicas intensas. Europa, temerosa de que el ejemplo del “Brexit” cunda, ha rechazado esa posibilidad. Pero, con una Theresa May reforzada y una Unión Europa maltrecha después de las elecciones francesas en las que dos candidaturas antieuropeas podrían pasar a segunda vuelta, y en la que las elecciones alemanas de octubre no permiten augurar nada, probablemente cambiarían los términos de la relación. Londres podría, ante una Europa disminuida, sentarse a una mesa servida para May.
Hay quienes creen que la Primera Ministra juega con fuego: ante los remordimientos de muchos británicos por haber votado a favor del “Brexit”, se podría producir un resultado electoral en el que tanto los conservadores y laboristas antieuropeos (ambos partidos están divididos) quedasen golpeados. Ello sucedería si se produjera un trasvase de votos “tácticos” hacia el tercero en discordio, los liberal-demócratas, partidarios de permanecer en la Unión Europea. Aunque los liberal-demóratas no ganarán, si logran superar ampliamente su techo de 12%, May quedaría muy disminuida ante Europa de cara a su negociación.   
 Por el momento, sin embargo, todo indica que la señora May ha hecho una apuesta inteligentemente arriesgada. Si la gana, la economía, que ya crece más que la de la zona del euro (2% contra 1.7%) se lo agradecerá. La orgullosa libra esterlina, que está en su nivel más alto en seis meses gracias al anuncio de las elecciones anticipadas, también.

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