Monday, April 24, 2017

MOHAMED FOX




REFLEXIONES Y RECUERDOS LIBERTARIOS
Ricardo Valenzuela
Julio 2, 2002
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Era octubre de 1996 y me encontraba estacionado en el mejor privado de un elegante hotel en la ciudad de León, dando cuenta de mi segundo café. En punto de las 8 de la mañana, irrumpe al recinto como tromba, un grupo encabezado por un hombre impresionante; muy alto, mas alto que yo, de botas e indumentaria vaquera, de un andar firme destilando seguridad. Se dirige a mí y me tiende la mano para luego de aprisionarla con fuerza, decirme; “Mucho gusto Ricardo.” La impresión que me causó a primera vista, fue similar a la forma en que me cautivó la foto de Mohamed Ali, aquel lejano 1964 con su estatura de casi 2 Mts, y su elegante guardia derecha afirmando: “Soy el mejor porque soy el más grande y el más poderoso.”

 
Luego de observar a este interesante personaje por unos segundos y pensar; “parece mi paisano de la zona de Sahuaripa,” le respondo; igualmente señor gobernador. “Que Señor gobernador ni que la chicharra me revira; yo soy Vicente.” Se trataba de Vicente Fox, el recién estrenado Gobernador de Guanajuato. El desayuno planeado para dos horas se alargó a todo el día.

Tuve así la oportunidad de conocer al hombre que me pareció portaba el arsenal completo que requería el líder que durante décadas los mexicanos habíamos esperado. Comprobé con facilidad su clara inteligencia, supe era justo portador de una reputación de hombre íntegro; sin duda un hombre preparado para la tarea monumental en su horizonte. Me di cuenta de su clara visión del México que pretendía construir en convocatoria a todos los mexicanos. Pero lo que más me impresionó, fue esa rara y potente energía que emanaba y contagiaba. Al narrar cómo se le había negado la oportunidad de la gubernatura la primera vez, recordé la famosa expresión de Ingersoll: “La mayor prueba de valor en este mundo, es enfrentar la derrota sin perder el corazón.” Tenía frente a mí un hombre de verdad valiente.

Durante los siguientes tres años, mantuve con él una comunicación fluida y permanente. Me parecía un hombre de ideas con tintes liberales, sin llegar a serlo, y lo entendí, se había educado con Jesuitas. No tengo duda de que algo pude influir en la estructura de sus ideas, sobre todo, cuando con pasión en 1997 se dedicaba mediante publicaciones de prensa a pedir al gobierno una devaluación. “Habla con Roberto Salinas le aconsejé.” A pesar de ciertas diferencias para mi era un liberador, un político que parecía gritar “traigo la sangre caliente”cuando se preparaba para derribar las barreras construidas durante un siglo de peste bubónica Revolucionaria, y esas credenciales eran válidas y suficientes, o que le daban la legitimidad para hacerlo portador del sueño de los mexicanos.

A veces en su personalidad se dibujaba un perfil que a mí especialmente me gustaba—cierto tinte de autocracia y tozudez. Y para la tarea requerida en esta feroz lucha que se aproximaba, esas eran armas no solamente atractivas, pero indispensables. Para enfrentar los a nefastos mercaderes y luego verdaderamente echarlos del templo, se requería un hombre de mano dura y botas altas; un hombre de sangre caliente y emociones frías. Me pareció siempre un hombre sumamente agresivo y algunas gentes, era lo que mas temían; pero yo pensaba: Querer libertad sin agitación, es querer lluvia sin rayos y relámpagos. Es querer el océano sin el rugido de las olas. Su agresividad casi amenazante, se llegó a convertir en la característica que más le admiraban y más gente le atraía y se sumaba a su cruzada.

Hemos atracado en el muelle del segundo aniversario de la histórica expulsión de los mercaderes, y por desgracia, no tenemos mucho que celebrar. La última vez que pude ver al Presidente, fue como candidato en el cierre de su campaña en mi tierra; Sonora. Me identificó en el aeropuerto repleto de gente, me llamó para poner su mano sobre mi hombro y afirmar: “Ahora si llegó la hora de sacar a estos jabalíes de la cueva; con humo si se necesita, pero los sacamos.” Pocos días después celebrara la gran victoria, y esa misma noche, cambiaba el tono de sus mensajes. Ante el asombro de un pueblo en la entrada del callejón de los sueños, desaprecia el hombre templado y agresivo, y del otro lado emergía un nuevo híbrido, una cruza entre Pancho Madero y Jimmy Carter con la rama de olivo en la mano pidiendo disculpas por su mala conducta. 

A dos años de su elección, la imagen de Vicente Fox ya no es la misma; ya no es la del hombre atrabancado que con su sola presencia intimidaba. Ya no es aquel hombre de las palabras fuertes e intenciones claras. Ya no es el hombre que se aprestaba a introducirse a la cueva de los lobos, para sacarlos en medio de sus lloridos. Ahora es un hombre meticuloso, medido y meloso; cauteloso y cautivo; un hombre con un mensaje viejo y problemas nuevos. Un hombre que ante un triste payaso, como es el Subcomandante Marcos, se exhibía de forma patética en su terca intención de “hacerlo su cuate.” Pero; ¿Cuál es el verdadero Vicente Fox? ¿El valiente o el meloso? ¿El atrabancado o el prudente? No lo sabemos, pero los mexicanos ya le exigen descubra su verdadero juego. Los mexicanos quieren saber si sus sueños de cambio se dirigen al naufragio.

Cuando reflexiono sobre la metamorfosis de Fox, viene de nuevo a mi mente la imagen de Mohamed Ali cuando buscando una pelea por el campeonato mundial de peso completo, se dedicó primero a convencer al mundo de que era el iluminado, luego a enfurecer al nuevo campeón Sonny Liston, mediante una gran campaña en la cual lo atacaba con todas las armas que era capaz emanaran de su boca. Fue tal el terremoto que provocó, que preocupado Floyd Patterson lo llamó para prevenirlo de la rabia que había despertado en el campeón, y sobre todo, de su demoledora pegada. Confiesa ahora Mohamed Ali que el día de la pelea le temblaban las piernas del miedo y pensó: “Tengo dos opciones; subir al ring y nadar de muertito, o pelear con el corazón y todo lo que tengo.” El resto es historia de un hombre que decidió pelear y no solo vencer al temible campeón, venció al gobierno de los EU cuando lo quisieron obligar a ir a una guerra, con la que no estaba de acuerdo en contra como el dijo: de gente que no conocía. 

Uno de los gritos de campaña de Fox robado del Maquio era: Si me detengo empújenme. ¿Te tiemblan las piernas Vicente? Pues solo tienes las mismas dos opciones de Mohamed Ali; Nadar de muertito y pasar a la historia como la gran desilusión de los mexicanos. O ya subir al ring y pelear con el corazón en la mano, pero además con el de todos los mexicanos que todavía creemos en ti. Es tu decisión y ya no tienes mucho tiempo, pues el “Oso Feo” se prepara para dar el zarpazo mortal. “Aquí no es el te cabresteas o te ahorcas.” Aquí es te testereas y revientas la piola; o se rompe el corazón y los sueños de los mexicanos.

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