Friday, April 21, 2017

La descapitalización de Banxico




VISIÓN ECONÓMICA / Salvador Kalifa


La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) utilizó el año pasado más de 70 por ciento del remanente que le transfirió Banco de México (Banxico) para incrementar el gasto público, a pesar de que la prudencia y diversos estudios al respecto aconsejan no enviar al Gobierno, como parte del remanente del banco central, la utilidad cambiaria de papel porque ello puede, además de facilitar un mayor desequilibrio fiscal, vulnerar la solvencia de la institución.

 El nivel de capitalización de un banco central es clave para garantizar su independencia financiera e institucional, así como la calidad de su política monetaria. El manejo actual del remanente de Banxico vulnera esos objetivos.

Los bancos centrales obtienen capital de tres fuentes: el capital autorizado, las utilidades retenidas y la revaluación de sus reservas. Estas últimas juegan un papel muy importante porque consisten en el reconocimiento de las ganancias no realizadas debidas a movimientos del tipo de cambio, y no deberían considerarse a la hora de calcular el remanente distribuible al gobierno.

La mayor parte de la utilidad no realizada no cuenta con el respaldo de activos líquidos que permitan distribuirla sin erosionar la solvencia y liquidez del banco central. Para mantener un nivel adecuado de capital es importante que la política de dividendos asegure que tiene un respaldo de activos líquidos. En caso contrario, la recomendación es no distribuir las utilidades no realizadas.

Es por ello que la mayoría de los especialistas y bancos centrales coinciden en señalar que, para mantener un nivel adecuado de capital, las ganancias no realizadas deben excluirse del cálculo de los dividendos y asignarse a una reserva por revaluación para enfrentar perdidas futuras. Estas pueden presentarse repentinamente con un movimiento del tipo de cambio, lo que contrarrestaría las ganancias distribuidas, afectaría negativamente el capital, y tendría un impacto adverso sobre la independencia financiera del instituto central.

En efecto, los bancos centrales con utilidades distribuibles muy volátiles tienen razones de capital considerablemente menores a las de aquellos con utilidades distribuibles estables y las ganancias no realizadas son, por mucho, el factor de más volatilidad. Un nivel de capital positivo es clave para garantizar que los banqueros centrales independientes siempre se concentren en la estabilidad de precios al tomar decisiones de política monetaria. Esto requiere, por tanto, de reservas suficientes para protegerse contra las pérdidas.

Lo anterior es muy importante, porque los movimientos del tipo de cambio pueden ocasionar pérdidas que desaparecen el capital del banco central. En el caso de Banxico, que en seis de los últimos diez años ha tenido capital negativo, la apreciación del peso en lo que va del 2017 volvió a acabar prácticamente con su capital, lo que no hubiera sucedido si dejaba como reservas, en vez de distribuirlas, las ganancias no realizadas el año pasado.

Así, el mes pasado Banxico envió al gobierno como remanente de operación 321.7 miles de millones de pesos, otra vez casi todo proveniente de utilidades no realizadas por la revaluación de las reservas internacionales. El daño al capital de Banxico ya se dio, pero sería un mayor error del gobierno si vuelve a destinar esos recursos al incremento del gasto público. La política económica sensata, más en las condiciones actuales, es que esos recursos se usen para reducir la deuda pública, sin al mismo tiempo volver a contratarla. Esto, sin embargo, está todavía por verse.

La moraleja de la discusión anterior es que cuando las utilidades del banco central son volátiles se vuelven necesarias reglas de distribución bastante más conservadoras que las utilizadas por el gobierno mexicano y Banxico. Nuestras autoridades harían bien en seguir el ejemplo de Australia, donde la ley que rige a su Banco Central requiere de manera específica la exclusión de las ganancias no realizadas del cálculo de las utilidades que sirven de base para estimar los dividendos que se pagan al Gobierno.

Lo crucial, sin duda, es evitar en lo posible la indisciplina fiscal y los bandazos en el capital de Banxico. Un paso clave en ese sentido es quitarle al Gobierno la tentación de gastarse un dinero que no existe. Para ello debe modificarse el ordenamiento legal que obliga a Banxico a registrar como remanente distribuible las utilidades no realizadas, pues de lo contrario seguiría experimentado un gran riesgo de descapitalización. Y nuestro banco central no está en posición de darse ese lujo, en particular porque es de los que tiene una de las razones de capital más volátiles y bajas entre sus pares.
 

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