Monday, April 3, 2017

Ideología III Cleveland, Wilson, Roosevelt



Reflexiones libertarias
Ricardo Valenzuela
 
La guerra entre neoconservadores y liberales estaba declarada, y se encontraban en el campo de batalla de la segunda mitad de un siglo 19 de grandes cambios, y que finalmente se vertía a favor de los conservadores. Los liberales se habían sumergido en un periodo en el cual perdían su arrojo, para luego iniciar una ruta de pasividad y abandono de la fiereza requerida, para continuar la batalla contra el conservadurismo estatista hasta la victoria. Se conformaban con las pírricas victorias logradas, mientras perdían su fervor por aquel cambio total dotado con la pureza de sus principios.

 
Fue cuando se abriera campo para el socialismo que, ante la oportunidad, de inmediato ganara gran popularidad. Sería también oportunidad para los nuevos corporativistas, para usurpar los términos “liberal y progresista”, cuando una buena parte del partido Demócrata, adoptara un venenoso potaje de ideas mercantilistas y socialistas. Los liberales de origen le cedían al estado el poder para iniciar guerras, controlar la educación, controlar igual banca y dinero etc. En pocas palabras—le cedían al Estado el dominio sobre los instrumentos claves del poder. Ya no serían hostiles ante el poder ejecutivo y la burocracia, ahora le daban la bienvenida al renovado y creciente centralismo del poder ejecutivo, y se sumaban a una oligarquía de la burocracia ya atrincherada.

Hubo dos motivos que provocaran este desenlace. Primero, los liberales abandonaban la filosofía de los derechos naturales, para montarse en la ola del utilitarismo tecnocrático. En lugar de la búsqueda de libertad como el camino ideal, si no el único, para lograr lo debido y lo justo, se enganchaban a ese utilitarismo que consideraba la libertad, solo como un camino más para lograr un vagamente definido objetivo de bienestar general, o, del bien común. Con ello se perdía la pureza de la verdadera filosofía liberal y el objetivo fundamental de un verdadero cambio radical.

El segundo fue que los liberales en ese proceso perdían la urgencia para provocar los cambios. Ese gran deseo que ardía en sus interiores para, de inmediato, abolir todo lo diabólico que había encadenado a los pueblos durante siglos. Perdían aquella obsesión para eliminar, lo más rápido posible, lo injusto y lo erróneo, contagiados por el clásico estilo de reforma gradual de los utilitarios. Habiendo iniciado como feroces revolucionarios blandiendo todo lo que era opuesto al conservadurismo, los liberales pasaban ahora a ser la imagen de lo que tanto habían combatido.

En EU los abanderados del liberalismo habían sido los miembros del partido Demócrata, que se le conocía como el partido de la libertad. Eran los opositores de la prohibición, de las leyes azules de los domingos, el sistema de educación compulsiva. Eran también los campeones del libre comercio, monedas duras, separación de la economía del Estado, de una mínima intervención del gobierno, de un poder federal casi inexistente. Era el partido de la paz, del antimilitarismo, antiimperialismo. Pero todos esos principios serían abandonados cuando el partido fuera capturado por las fuerzas de William Bryan en 1896, y el tiro de gracia se lo darían con la presidencia de Wilson dos décadas después. Ahí fallecía el sueño de Jefferson.

William Jennings Bryan era considerado el gran populista de EU y sería candidato a la presidencia 3 veces. En el primer intento en 1896, Bryan furiosamente enfrentó a los llamados “Bourbon Demócratas”, quienes  representaban el clásico liberalismo Laissez-faire. Ellos habían sido el gran soporte de Grover Clevaland, al que llevaran a la presidencia en dos ocasiones (1885-1889) (1893-1897) como miembro distinguido de su grupo, los Bourbon. Ellos seguían apoyando a Cleveland, el gran libertario, para su candidatura en un tercer partido, pero el rechazaba la invitación. Sorpresivamente, Bryan les arrebataba la nominación a los Bourbon Demócratas, llevándolos al marchitamiento de su grupo.

Y fue en aquellos momentos de la historia, cuando emergiera la gran confusión ideológica que nos inmoviliza hasta hoy día.

Curiosamente, en los primeros intentos de Bryan para lograr su candidatura, jamás se había identificado como populista. El se dio cuenta que el proteccionismo no funcionaba. Entendía que privaba a los miembros de la capa más baja de la sociedad de productos de buena calidad, y de precios mejores que lo producido en el país. Con la fiereza perdida de los liberales de origen, el criticaba la influencia del cronismo en el mercado. Arremetía en contra de las “románticas” relaciones entre el gobierno y las grandes empresas cobijadas como Trusts y afirmaba:

“Nuestro sistema está viciado. Los negocios no se deberían formar y operar a base de legislación, deben de prosperar por sus propios meritos no sus relaciones. De esa forma podemos purificar la política, y tendremos menos fluctuaciones en las condiciones de las empresas y, atendiendo el mercado, lograr una distribución más justa del flujo producido por sus tareas”.

Habiendo Bryan logrado la candidatura demócrata, los grandes capitales de Rockefeller, JP Morgan, Rothschild y Carnegie, se volcaban apoyando al candidato republicano, William McKinley, para elevarlo a la presidencia en 1900. A modo de protección, esos grandes capitales imponían la candidatura de Teodoro Roosevelt para ocupar la vicepresidencia, considerando era una garantía especial. McKinley sería asesinado en 1901, abriendo una gran avenida para quien luego bautizaran como Bully Boy (chamaco abusón). Roosevelt asumía la presidencia de los EU y, para sorpresa de muchos, iniciaba un proceso calificado como verdaderamente progresista—ya en el significado moderno—atacando a quienes lo habían llevado a la vicepresidencia, los grandes capitales.

El panorama político de EU se tornaba realmente confuso. Estaba reciente la última administración de Grover Cleveland (demócrata) considerado como el libertario más grande que haya ocupado la Presidencia. Sería remplazado por un republicano con ciertos tintes liberales, McKinley, quien hubiera vencido a un demócrata populista clásico, Bryan, llevando como compañero de fórmula a un republicano populista moderno, Teodoro Roosevelt.

Después Wilson, quien originalmente fuera miembro de los Bourbon Democrats, pero como presidente actuara como un Fidel Castro, y FD Roosevelt, un socialista miembro de la realeza de Nueva York quien, aprovechando las barrabasadas del presidente Hoover, republicano que le precedía, iniciara una agresiva segunda ronda de socialismo.  Ambos demócratas, se encargaban de clavar los últimos remaches al ataúd del liberalismo, para la emergencia del partido Demócrata estatista, proteccionista, y con ciertos tintes socialistas. Y un partido Republicano de apariencia tan similar, que hasta la fecha muchos los confunden, y un pueblo estadounidense cada día más harto del menú.

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