Tuesday, April 4, 2017

El Alto Precio de la Igualdad

La igualdad socialista no sólo es utópica sino también perniciosa, tanto en el sentido moral como en el sentido práctico y se gesta en uno de los sentimientos más denigrantes que un ser humano puede experimentar: la envidia. Ésta es motivada por el arribismo profundo de personas con un marcado complejo de inferioridad que, clasistas y empinadas, desprecian el esfuerzo de los demás y lo vuelven inútil.
Si bien la palabra igualdad es neutra, adopta un aire virtuoso y ha logrado convencer a la gente de que, efectivamente, lo es. No obstante, es la validación solapada de comparaciones y envidias que la gente insegura siente por quienes tienen más. Lo sano sería que cada quién fuera tras sus objetivos personales sin mirar qué hace el resto, ni cómo va en su lucha por la consecución de sus objetivos y lo lógico sería seguir el instinto básico de buscar el bienestar y dar lo mejor a los suyos.


La igualdad además no es propia de la naturaleza, por lo tanto debe ser forzada por el Estado. El Estado entra en escena como juez y dictador que decide, cual rey Salomón (aunque sin contar con su sabiduría), qué será igual a qué o en qué consistirá este vago concepto que es la igualdad. El plan inicia con el aspecto material, concretamente, con el dinero: el Estado dice que aumentará los impuestos con el fin de “quitar a los ricos para dar a los pobres”, y con eso se gana la aprobación de la mayoría que obviamente, no es rica. Primero se convence a las personas de que quitarle el dinero a los ricos no es incorrecto ya que no lo han ganado con esfuerzo, ni arriesgando su capital, sino costa de la explotación de sus empleados. Así, el concepto de generar empleos o acordar salarios es cambiado por los conceptos de explotación e injusticia. Ése que antes era el dueño de la empresa donde la persona trabajaba, ahora es simplemente un ladrón-explotador. Y ya sabemos que “ladrón que roba a ladrón…”
El socialista convence a las personas de que hacer una Reforma Tributaria agresiva como la que el actual gobierno propone, no es robar sino “recuperar” lo que previamente se les ha robado a los trabajadores. Así de paso los victimiza y hace sentir pobres criaturas desvalidas que necesitan del Estado protector, cosa que no es real, porque los seres humanos en general son fuertes. Encima lo que el Estado roba no va directamente a los trabajadores sino que toma una comisión del 50% para alimentar (y muy bien) a las estrellas del gobierno.
Ahora, en su dimensión práctica, la lucha por eliminar la desigualdad no sólo desvía la atención de los problemas reales, sino que los agrava al implementar el modelo socialista. El verdadero problema es la erradicación de la pobreza y lograr un mejor pasar para la clase media. En estos últimos 25 años, gracias a una política económica bastante liberal y reconocida a nivel mundial como exitosa, la pobreza bajó de un 45% a un 11,7%. Y esta tendencia continuaba hasta que, sorprendentemente, la Nueva Mayoría cambió el modelo que nos tenía punteros en todas las cifras comparativas con el resto Latinoamérica, por el capricho adolescente de la igualdad. De modo que la Igualdad no sólo es mala valóricamente hablando sino, además, muy dañina en la práctica, puesto que destruye la economía.
Los socialistas quisieron un Estado de Bienestar que es insostenible y, dicho sea de paso, ha fracasado en todo el mundo, al igual que el propio socialismo. Su arribismo infinito pretende imitar las economías del siglo pasado de países nórdicos tan admirados por los progresistas como Suecia o Finlandia, pasando por alto –sea por desconocimiento o de manera intencional– que se hicieron ricos siendo capitalista y que cuando giraron al socialismo dejaron de crecer. Así es, los escandinavos crecieron nada durante el Estado de Bienestar y malgastaron sus recursos hasta que la crisis económica de los 90 los trajo de vuelta a la realidad. En su caso, no crecer no era tan grave porque se trataba de países ricos, pero en el caso de Chile y el Cono Sur, sí es grave, ya que ni siquiera se ha logrado erradicar la pobreza. Aquí sí hay gente pobre que sufre y una clase media que apenas llega a fin de mes. A diferencia del socialismo puro o mixto, las economías libres han sido las más exitosas en la lucha contra la pobreza. Un gran ejemplo de ello es Singapur, cuya economía – la segunda más libre del mundo – hizo que el país pasara del subdesarrollo al desarrollo en menos de cuatro décadas.
El “Coeficinte GIni” expresa la desigualdad en los países. Este índice no habla de pobreza, riqueza, empleo o desarrollo humano, sino de las diferencias comparativas ente los grupos socioeconómicos. En el recuadro podemos ver su evidente inutilidad como dato; aunque claro, sirve a los socialistas en su táctica de generación de descontento y resentimiento social,  justificando así el engrosamiento del Estado, crear nuevas y bondadosas regalías sociales, bonos y, casualmente, inventar algunos cargos públicos muy bien pagados, para asegurar el buen vivir de la gran familia que es la Nueva Mayoría, en el caso de Chile. Ellos sí que lucran con la abultada burocracia estatal y sus numerosos cargos, inventados o no. ¿Pero cómo culparlos si es parte de su naturaleza más cruda, omitir el filtro de la dignidad en pos de la supervivencia?
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El Igualitarismo encuentra su caldo de cultivo cuando los países comienzan a superar la pobreza y la clase media no ha podido “pasar al siguiente nivel”. El socialismo ve en ello una oportunidad de entrar en juego y tomar su tajada. Su acción consiste principalmente en generar descontento, envidia y resentimiento, además de miedo, aspecto que trataremos en otra columna. Por ejemplo, a quien después de mucho esfuerzo logra comprar un auto, la izquierda le hace ver que su auto es chino, mientras que el de su vecino es un Ferrari. El tipo estaba feliz con su auto chino 0 km. pero ya no lo está y de pronto considera que él también debiera tener un Ferrari o bien, como sugiere el socialista, que como mínimo su vecino no debiera tenerlo. Sucede que el que compró el Ferrari es dueño de un banco y quiere abrir una nueva sucursal porque ahora planea comprar un helicóptero y necesita más dinero. La izquierda ya ha sembrado la envidia en su vecino, el dueño del auto chino, y que él ahora quiera un helicóptero (encima del Ferrari) lo indigna de sobremanera. Sin embargo, cuando el dueño del Ferrari planea abrir la nueva sucursal del banco, se da cuenta de que necesita nuevos empleados, pero están todos ocupados porque hay pleno empleo. Entonces ofrece al dueño del auto chino un puesto en su nueva sucursal, por un salario mucho mejor que el que tiene en su actual empleo. De pronto al Sr. Auto Chino ya no le molestan tanto los Ferraris y los helicópteros pero… al Estado sí le molestan, porque se le ha metido la Igualdad entre ceja y ceja. Así, el Estado decide que el dueño del banco es ya lo suficientemente rico y que sería injusto que comprase un helicóptero aunque sea con su inversión y su trabajo. Por la igualdad (o por castigo) sube los impuestos que deberá pagar por abrir la sucursal. Entonces el Sr. Ferrari desiste de abrirla y de comprar el helicóptero: “para qué tanto esfuerzo y molestias si voy a ganar tan poco, mejor viajo en avión”. Tanto los sueños del banquero Ferrari como los de su vecino Auto Chino se ven truncados. El uno queda sin helicóptero, el otro queda sin un trabajo mejor; pero la igualdad ha ganado una pequeña batalla gracias a la intervención del Estado. No se ha ampliado la brecha entre el banquero y el vecino. Todos pierden, sí, pero lo importante para el igualitarismo es lograr que sean todos  iguales (aunque sean iguales de pobres) no su bienestar.
Si todos vestimos igual y viajamos en la misma bicicleta para que nadie se sienta envidioso, como en la China de Mao, una muestra real de igualdad ¿qué sucedería si mi vecina es más bonita que yo? Eso me podría hacer sentir envidia, podría exigir que se le hiciera una cirugía plástica porque su belleza le da ventajas, además de ser un privilegio. ¿Qué pasaría si hubiese un tipo más simpático que tú? Pues deberíamos lobotomizarlo para que pierda la chispa y sea tan aburrido como el ser humano promedio.
La igualdad es un “golazo” ideológico que metieron en la mente de las personas y va a costar mucho que se den cuenta de lo denigrante que es y que atenta contra la libertad, puesto que pone límite o techo a las personas. El Estado no cree en ellas, ni valora el esfuerzo y trabajo, sus ganas de alcanzar sus sueños, lo que hace sus esfuerzos inútiles e innecesarios.
La Igualdad está conduciendo a Chile al desastre con una Reforma Tributaria agresiva que promete regalos pero anula la generación de riquezas. ¿Con qué plata va a dar regalos en los próximos años si recauda cada vez menos impuestos porque desincentiva a las empresas a invertir y crecer? Como consecuencia de la alta carga tributaria la inversión ha bajado y la extranjera ha preferido otros destinos. La eliminación del FUT, que permitía crecer a las empresas a través del ahorro en vez del endeudamiento, podría redundar en el alza de las tasas de interés. También ha aumentado el desempleo, pues las alzas tributarias y la amenaza de la Reforma Laboral, incentiva a las empresas a reducir personal o a estancar proyectos. La baja inversión y empleo, repercute en el estancamiento de los sueldos pues (al haber desempleo) los empleadores no compiten por los trabajadores tentándolos con mejores sueldos; hay trabajadores desempleados de sobra, no hay porqué competir y se paga el mínimo. Todo esto significa un bajo crecimiento para el país, que antes crecía al 6% o 7%. La NM está pasando la aplanadora a todo lo que hizo el régimen anterior en empleo por su capricho infantil de la igualdad. Más aún, está pasando la retroexcavadora (como anunció Quintana) al exitoso modelo liberal que llevó a Chile de la mediocridad al tope de la tabla en Latinoamérica. Sí: ese mismo modelo que redujo en 25 años la pobreza del 45 al 11,7%, está siendo desmantelado.
Mientras los países del primer mundo despiertan, incluidos los ídolos socialistas de la izquierda chilena como Suecia, y reducen sus Estados de Bienestar porque se les acabó la plata para mantenerlos a todos, bajan los impuestos y dan un giro a la derecha, Chile hace todo lo contrario y siguen cayendo enormemente sus expectativas de crecimiento y cifras en general, según el Fondo Monetario Internacional. También hemos caído desde la categoría de un excelente lugar para invertir, a un lugar desfavorable para la inversión. Chile ha cedido la punta latinoamericana a Perú, mientras la República hermana publica en sus diarios: “Debemos aprender del error que está cometiendo Chile”. Así es, los socialistas pretenciosos quisieron disfrazarse de desarrollados y con eso desplazaron 30 años el desarrollo de Chile que se esperaba llegara en 10 ó 15 años. Hemos adquirido el mal del país en “eterno estado de desarrollo”. Un hecho lamentable para los pobres de este país y la clase media que no podrán lograr la añorada tranquilidad económica. Sólo espero que el Estado no engorde tanto y no reparta tantos cargos extraños a la parentela, y así los dineros que han sido ilegítimamente expropiados vía impuestos, al menos lleguen a las personas a quienes están destinados y no se pierda en el caro tamiz de burocracia que la Nueva Mayoría convenientemente ha montado.

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