Tuesday, April 4, 2017

Dolarización, el Consenso de Ecuador

Dolarización, el Consenso de Ecuador

Gabriela Calderón de Burgos explica que uno de los pocos consensos en Ecuador en aspectos relacionados a la política pública es aquel en torno a la dolarización.
En casi todos los aspectos de políticas públicas, Ecuador realmente es un país dividido. También lo es culturalmente, pues aunque tenemos la fortuna de ser un país diverso, todavía no hay un consenso alrededor de ciertas reglas que nos permitan convivir de manera armoniosa con quienes piensan distinto o eligen diferentes estilos de vida. No obstante, los ecuatorianos compartimos un consenso en torno a la dolarización.
Desde enero de 2000 nuestro país ha tenido gobiernos muy diferentes, pero ninguno de ellos se atrevió a tocar la dolarización pues sería irse en contra de uno de los consensos más sólidos en la sociedad ecuatoriana.



En enero de 2015, la última encuesta que he visto al respecto, 85% de la población respaldaba la dolarización. Esto es, luego de 15 años de vigencia y aún estando a vísperas de una profunda recesión, una mayoría abrumadora de los ecuatorianos respaldaban la dolarización. ¿A qué se debe esto?
La dolarización es el triunfo de la mayoría de los ecuatorianos por sobre una clase política que estaba mal acostumbrada a manipular la moneda nacional para beneficio propio y de sus allegados. La crisis de 1999 no se explica sin un banco central capaz de emprender una orgía de emisión monetaria, como lo hizo a fines de 1990, conforme los ciudadanos, en aras de defender su patrimonio, retiraban depósitos del sistema, reflejando así su profunda desconfianza del Banco Central del Ecuador (BCE). Esto derivó en un círculo vicioso en el que el BCE, sabiendo que ningún banco de reserva fraccional resiste una corrida sostenida y en nombre de defender a los depositantes, emitía más sucres para que los bancos puedan atender las demandas de retiros de sus clientes. Pero mientras más emitía el BCE, más se devaluaba el sucre, más subía la inflación y más personas formaban colas en los bancos para retirar depósitos.
Aunque se la menciona normalmente como una reforma del ámbito económico, la dolarización resultó ser también una profunda reforma política: rompiendo por primera vez en más de 70 años el nefasto vínculo entre los políticos y los banqueros del país. Quienes dicen combatir el poder excesivo de la banca, mientras se quejan de la dolarización y expresan nostalgia por el sucre, no están haciendo otra cosa que rendir tributo a esa alianza que tanto reniegan del pasado. Por supuesto que dirán, o incluso creerán, que estando ellos a cargo “esta vez, será diferente”. Pero la literatura acerca de la política económica —que versa sobre el riesgo moral, que deriva en crisis sistémicas— y nuestra propia experiencia nos enseñan que mejor estamos con una moneda que no pueden manipular nuestros políticos. Los bancos se han vuelto más conservadores sin un prestamista de última instancia y los políticos se han visto obligados a transparentar el costo real del gasto público, teniendo que financiarlo únicamente vía incrementos de impuestos o del endeudamiento público.
Ojalá este consenso alrededor de la dolarización, quizás el único resquicio de Estado de Derecho en nuestro país —pues el dólar es el mismo para todos—, se logre extender a otras áreas de la política pública, derivando en un país con un mayor grado de igualdad ante la ley, separación de poderes, todo lo cual permitirá una sociedad de personas libres y prósperas.

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