Thursday, April 6, 2017

¿Deberíamos distribuir la riqueza?

Riqueza
 Henry Hazlitt.
Desde tiempos inmemoriales ha habido reformadores que demandaban que la riqueza y el ingreso deberían ser “distribuidos equitativamente”, o al menos distribuida para reducir las desigualdades más notorias que dichos reformadores veían a su alrededor.
Estas demandas nunca han sido más insistentes de lo que son hoy. Y aun la mayoría están basadas, en primer lugar, en la idea completamente errónea de lo tan “mal distribuida” que esta la riqueza o el ingreso en los EEUU. Un socialista americano, Daniel De León, anunció en una celebrada charla en 1905 que, en promedio, los dueños de las industrias americanas acaparaban el 80% de la riqueza producida en sus fábricas, mientras que los trabajadores solo obtenían el 20%. Su afirmación fue ampliamente aceptada y ejerció gran influencia.



Sin embargo, la verdad, así como la vimos en el capítulo sobre “La distribución del ingreso”, es exactamente lo opuesto. En EEUU el factor trabajo está obteniendo la mayor porción de la producción nacional. En años recientes lo empleados de las corporaciones del país han estado obteniendo siete-octavos del ingreso corporativo disponible para su distribución, y los accionistas menos de un octavo. Más del 70% del ingreso personal del país en 1970 era recibido en la forma de sueldos y salarios. Los ingresos para los negocios y los profesionales sumaron en total menos del 7%, los pagos de intereses solo el 8% y de dividendos solo el 3%.
La verdad parece ser que el ingreso personal en este país ya está distribuido aproximadamente en proporción a la actual contribución de cada persona al resultado productivo medido por su valor de mercado. Algunas personas, por supuesto, heredan ms riqueza que otras, y esto afecta sus ingresos personales totales. El que tan importante es el papel que esto desempeña es estadísticamente difícil de determinar, pero la distribución del ingreso indicada previamente podría indicar que ese papel es menor. Como porcentaje del total de la población, existen hoy unos pocos “ricos ociosos” a pesar de lo visibles que puedan ser algunos playboys en los clubes nocturnos y en los llamativos campos de juego del mundo.
Más aun, el dinero “excedente” simplemente no existe en cantidades suficientes como para aumentar mucho los ingresos de las masas. Los turistas americanos visitando algún atrasado país, pueden ver la pobreza mucho más extendida de lo que hubieran podido imaginar, y observar algunos pocos conduciendo Cadillacs, y de tanto en tanto alguna mansión; y están entonces tentados a pensar que si tan solo la riqueza de esos ricos fuera dividida entre esos pobres, al menos la mitad de los problemas económicos del país estarían resueltos. Lo que esos viajeros casuales persistentemente olvidan es que estos muy ricos pueden constituir solo una persona en cien o incluso una persona en mil, y que la distribución equitativa de esa riqueza entre todos (aun suponiendo que la redistribución forzosa en sí misma no provocara un desincentivo económico) solo se lograría aumentar la riqueza promedio en manos de cada persona por una suma insignificante.
Suponga como ejemplo nuestro propio acaudalado país. En 1968, solo uno en 900 retornos reportaban un ingreso anual de $100.000 o más. De un total de 61 millones de contribuyentes, 383. 000 (o seis decimemos del 1%), pagaban impuestos al ingreso de $50.000 o más. Su ingreso total bruto ajustado llegaba a unos $37 billones, es decir el 6,6% del total bruto de ingresos reportado. De esta suma total ellos pagaban un poco mas de $13 billones, o sea el 36% de su ingreso total, en impuestos. Esto les dejaba con cerca de $24 para ellos mismos.
Suponga que el gobierno se apodera de esta suma en su totalidad y la distribuye entre los 200 millones que son la población total. Esto serían $120 por persona. Como el ingreso per cápita disponible en 1968 era de $2939, esta expropiación habría elevado el ingreso promedio de los destinatarios solo un 4%, hasta $3059 (en ingreso per cápita en realidad aumento de todos modos a $3108 en 1969 y a $3333 en 1970). Por supuesto que si el gobierno hubiera recurrido a semejante expropiación violenta, la misma no hubiera podido haberse repetido después del primer año por la simple razón de que no habría más gente con ingresos de $50.000 o más para poder tomar y distribuir.
Todo intento de igualar la riqueza y el ingreso mediante la redistribución forzosa destruirá riqueza e ingresos. Podremos reconocerlo más claramente si comenzamos con un caso extremo. Si el ingreso medio por familia es de $10.000 por año, y decidimos que a todas las familias se les debe garantizar ese ingreso y que no se debe permitir que ninguna a ninguna familia puede tener más que eso, entonces estaríamos destruyendo todos los incentivos económicos para trabajar, ganar, mejorar la habilidad de uno o ahorrar. Aquellos que estaban ganando menos que eso ya no tendrán la necesidad de trabajar para ganarlo; aquellos que estaban ganando más que eso ya no verían el punto en trabajar por un excedente para que sea tomado por otros, o incluso trabajar en lo mas mínimo, ya que su ingreso seria “garantizado” de todos modos. Solo se podría hacer que la gente trabaje de forma coercitiva, la mayoría del trabajo seria trabajo forzado, y muy poco de el seria habilidoso, calificado y eficiente.
Los famosos “instintos de trabajo”, sin recompensas económicas, no servirían de nada para guiar el trabajo hacia una u otra actividad, y no proveerían ningún motivo para continuar trabajando mas allá del punto de fatiga. El trabajo productivo y rentable seria trabajo en el mercado negro. Aquellos que sobrevivan lo harían solo a un nivel próximo a la subsistencia.
Ingreso anual garantizado.
El mismo tipo de resultados pero en grado menos extremos se obtendrán de aplicar medidas redistributivas menos extremas. La medida de este tipo que esta mas de moda hoy en dia es la del Ingreso Anual Garantizado.
Un ingreso mínimo garantizado no tendrá los bastante destructivos efectos sobre los incentivos como lo tendría la imposición de un ingreso igual obligatorio, con el techo hecho idéntico al piso. Al menos la gente que gane ingresos por encima del mínimo garantizado, pese a que serán opresivamente gravados, aun tendrían cierto incentivo para continuar ganando cualquier excedente que se les permita conservar. Pero todos aquellos cuyo ingreso mínimo es garantizado no tendrán ningún incentivo para trabajar si esta ingreso es mayor de lo que estuvieran ganando previamente con su trabajo; y tendrán muy poco estimula para trabajar incluso si previamente estaban ganando, o si son capaces de ganar, solo una suma moderadamente por encima del ingreso garantizado.
Es claramente incorrecto en cuanto a principios permitirle al gobierno tomar forzosamente dinero de la gente que trabaja y dárselo incondicionalmente a otras personas físicamente capacitadas, acepten o no trabajar. Es incorrecto por principios darle dinero a la gente solamente por que vieron que no tenían nada, y especialmente apoyar a esa gente de forma permanente en lugar de meramente de forma temporal ante situaciones de emergencia. Es incorrecto por principios forzar a los trabajadores y productores a mantener a los no trabajadores y no productores.
Esto minaría los incentivos de ambos, trabajadores y no trabajadores. Pone un premio al ocio. Es un requerimiento elemental tanto para el incentivo económico como para la justicia que los hombres que trabajan estén en mejor condición justamente por el hecho de que trabajan, siendo otros factores iguales, que los que no trabajan.
Tenemos que enfrentar el hecho de que existe una cantidad sustancial de personas que preferirían vivir a un nivel próximo a la destitución sin trabajar que vivir confortablemente al costo de aceptar la disciplina de un trabajo regular. Cuanto mayor sea el aumento de la garantía de ingreso mínimo(y una vez que lo adoptemos las presiones políticas para aumentarla serian constantes) , mayor será el número de personas que no verán motivos para trabajar.
“Impuesto Negativo a la Renta”
Tampoco el afamado “Impuesto Negativo a la Renta” (INR) haría mucho para resolver el problema. El INR es meramente un engañoso eufemismo para un reducido ingreso mínimo garantizado. La propuesta es que por cada dólar que un hombre gana para sí mismo, el subsidio que recibe del gobierno se reduce solo 50 centavos, en lugar de ser reducido por la suma total que él gana. En este sentido, se argumenta que su incentivo para producir su propio sustento no es destruido completamente, por cada dólar que gana por si mismo se le permite conservar al menos la mitad (del subsidio).
Esta propuesta tiene cierta plausibilidad. Algunos prominentes economistas la apoyaron. De hecho, el que escribe esgrimió ese argumento hace mas de treinta años, pero lo abandono cuando se le hicieron evidentes sus deficiencias.
Analicemos algunas de ellas:
1. El INR, al desatender la investigación cuidadosa caso por caso, solicitante por solicitantes en cuento a su necesidad y sus recursos que realiza el tradicional sistema de asistencia, podría, como una renta mínima garantizada, abrir paso al fraude gubernamental masivo. También podría, como la renta mínima garantizada, forzar al estado a mantener a una familia está haciendo o no algún esfuerzo para ayudarse a sí misma.
2. Es cierto que el INR no destruiría los incentivos tan completamente como lo haría una renta mínima garantizada, pero de todas formas lo dañaría seriamente. Resultaría en darle a millones de personas un ingreso mínimo garantizado así estén trabajando o no. Debemos tener en mente que existe un gran número de personas que preferían la casi destitución en el ocio que la confortabilidad al costo de trabajar. Es cierto que bajo el sistema del INR a ellos se les permitiría conservar la mitad de lo que sea que puedan ganar por si mismos por debajo de cerca del doble de la suma del beneficio básico por el INR, pero tenderán a ver esto como un impuesto equivalente al 50% de estos ingresos y muchos consideraran que dichos ingresos no valen la pena.
3. El INR puede resultar ser incluso más costoso para el contribuyente que el ingreso mínimo garantizado. Los defensores de INR, en sus ilustraciones monetarias originales, propusieron que el “punto de freno” de su sistema sería algo similar al nivel e ingreso que constituye el “umbral o línea de pobreza” oficial, el cual es hoy (1972) cerca de $4320 para una familia no-granjera de cuatro integrantes. A este punto no se pagarían beneficios del INR. Si el ingreso de la familia era solo de $3320 , $1000 por debajo de la línea de pobreza, entonces se pagara un beneficio por INR de $500. Y si el ingreso obtenido por esa familia fuera cero, se le pagaría un beneficio de $2160. Pero, por supuesto, si ningún otro subsidio gubernamental fuese pagado a la familia (los defensores originales del INR lo proponían como una sustitución completa de todos los otros pagos por programas de “bienestar”) entonces el gobierno estaría pagando a las familias más pobres la mitad de lo que sus propios administradores oficialmente declaran que es el mínimo con lo que se puede esperar que esas familias pueden vivir razonablemente bien. ¿Cómo podría tal programa ser políticamente defendido?
Tan pronto como el programa de INR entre en la política práctica la presión para hacer los pagos a las familias con ingreso cero al menos iguales a la línea de ingresos oficial de pobreza será irresistible. Si esto significa $4320 para una familia de cuatro, entonces los pagos por el sistema de INR a cada familia deberán hacerse hasta que su ingreso llegue al doble de la línea oficial de pobreza, es decir $8640 para cada familia de cuatro. Y esto implicaría que incluso una familia que ya estuviera ganando muy por encima de dicha línea de pobreza, digamos por ejemplo $8000, aun tendría que ser subsidiada por el gobierno. “Todos deben ser tratados por igual”.
4. Esto sería ruinosamente costoso, pero aun no hemos terminado. Las familias subsidiadas podrían objetar por tener que pagar un 50% de impuesto a sus ingresos por todo lo que puedan ganar por ellos mismos. Por lo que podría permitírseles ganar cierta suma completamente exenta de tales deducciones. (Tales exenciones ya han sido concedidas a las ganancias obtenidas por cuenta propia de los beneficiarios de la Seguridad Social, y exenciones similares ya han sido propuestas en proyectos del Congreso para promulgar el INR). Esto haría al INR aun más aplastantemente costoso para los contribuyentes restantes.
5. Habrían todos los años presiones políticas para incrementar el número de estas ganancias eximidas. De hecho, un “impuesto al ingreso a los pobres” del 50% seria visto como algo indignante. Con el tiempo seguramente se propondría que todos los ingresos ganados por esfuerzo propio de los beneficiarios del subsidio del INR sean exentos de cualquier tipo de deducción compensatoria. Esto significaría que una familia a la que ya se le ha garantizado el ingreso mínimo anual de $4320, estaría obteniendo esta suma integra y, adicionalmente, lo que sea que pueda ganar por su propia cuenta. Pero “todos deben ser tratados por igual”. Por lo tanto no habría ningún “punto de freno”, ni siquiera un “punto de moderación”. Todas las familias –incluidos los Rockefellers, los Fords, los Gettys, y todos los otros millonarios- recibirían integra el ingreso garantizado.
Este desenlace no puede ser descartado como mera fantasía. El principio del subsidio gubernamental a todas las familias, sin importar cuán ricas, ya es aceptado en nuestro propio sistema de Seguridad Social. Y el Senador George McGovern, candidateándose para Presidente en 1972, propuso una dadiva gubernamental de $1000 anuales a todo el mundo, hombre, mujer y niño, sin ningún punto de moderación. Así el INR, como política social, resulta ser solo un punto a medio camino. Cuando su lógica se lleva a cabo sostenida y decididamente, se convierte en un dadiva uniformemente garantizada a los laboriosos y ociosos, a los precavidos austeros y a los imprudentes, a los pobres y a los ricos por igual.
6- Es desilusionante señalar que (pero debe hacerse) no hay posibilidades desde el punto de vista político que una renta mínima garantizada o un INR llegue a ser promulgado como un sustituto total a toda la existente maraña de programas de bienestar y medidas de asistencia. ¿Podemos imaginar seriamente que los grupos de presión que hoy están obteniendo prestaciones para veteranos, subsidios para granjeros, subsidios de alquiler, pagos por asistencialismo, beneficios de Seguridad Social, cupones para alimentos, Medicare, Medicaid, asistencia por avanzada edad, y así entre otros tantos ejemplos, renunciarían a ellos calmadamente, sin protestas, manifestaciones o disturbios? Lo que es abrumadoramente más probable es que es que los programas de ingreso garantizado o el INR sean simplemente aplicados por encima de, en adición a toda la pila de medidas de “bienestar” acumuladas durante los últimos 30 a 40 años.
Podríamos establecer como ley constante de la política que los sistemas de dadivas estatales tienden a crecer y crecer hasta que ocasionan hiperinflación y finalmente la bancarrota del estado.
“Reforma Agraria”
Tal vez deba dedicar al menos uno o dos párrafos aquí a la tan nombrada “reforma agraria”. Esta parece ser una de las formas más antiguas de dividir forzosamente la riqueza. En el año 133 A.C., por ejemplo, Tiberio Graco logro pasar una ley en Roma que limitaba severamente el número de acres que cualquier individuo podía poseer. La típica “reforma agraria” desde entonces, repetidamente adoptada en atrasados y subdesarrollados países agrícolas, ha consistido en la confiscación de las grandes fincas y en “colectivizarlas” o dividiéndolas en pequeñas parcelas y repartiéndolas entre campesinos. Debido a que siempre hay menos de esas parcelas laborables que familias y a que, pese a que cada parcela debe ser de la misma superficie que las demás, cada una defiere en su naturaleza, fertilidad, ubicación y grado de desarrollo (limpia y despejada o no, clasificada o no, con o son irrigación, caminos, edificaciones, etc.), cada una tiene un valor de mercado diferente. Esta distribución de tierras nunca podrá ser universal y nunca podrá ser “justa”, esta favorecerá inevitablemente a ciertos grupos selectos y a algunos integrantes más que a otros dentro de esos grupos.
Pero, aparte de todo eso, tal medida siempre reduce la eficiencia y la producción. Desde el momento que se hace la propuesta de la toma forzada de las tierras, sus dueños “minan” su fertilidad y se rehúsan a invertir un solo dólar más en ellas, y algunos pueden incluso dejar de cultivarla. No es rentable utilizar equipamiento agrícola moderno en granjas pequeñas y en todo caso es poco probable que sus dueños tengan el capital necesario. La “reforma agraria” es un tipo de medida de empobrecimiento.
El plan de Henry George de un “impuesto único” del 100% a la renta de la tierra también desalentaría la utilización más productiva de las tierras, y de los diferentes sitios, y afectaría adversamente el desarrollo económico. Explicar esto adecuadamente requeriría una exposición tan larga que deberé referirle al lector interesado el excelente análisis al respecto realizado por Rothbard, Kinght, y otros.
Impuestos Progresivos a la Renta
Entre las naciones “avanzadas” de Occidente el método contemporáneo más frecuente de redistribución del ingreso y la riqueza es a través del impuesto progresivo a la renta y los impuestos a la herencia. Estos en la actualidad comúnmente se elevan hasta niveles casi confiscatorios. Una compilación reciente comparando las tasas de impuestos a los ingresos marginales más altos en quince países arrojo los siguientes resultados: Suiza, 8%; Noruega, 50%;Dinamarca, 53%; Alemania Occidental, 55%; Suecia, 65%; Bélgica, 66%; Australia,68%; Austria, 69%; Países Bajos, 71%; Japón, 75%; Francia, 76%; EEUU,77%; Canadá, 82%; Reino Unido,91%; e Italia, 95%.
Dos puntos principales deben señalarse respecto a estas “híper-tasas”: (1) no aumentan mucho los ingresos públicos, pero (2) le hacen daño no solo a los ricos, sino también a los pobre y tiende a hacerlos más pobres.
Todo el ingreso recaudado por el personal del impuesto a la renta de 1968 con sus tasas variando entre el 14 y el 70%, más un porcentaje de recargo, hubiera sido recaudado, con las mismas exenciones y deducciones, por un impuesto fijo del 21,8%. Si todas las tasas de impuestos superiores al 50% hubieran sido reducidas a ese nivel, la perdida no hubiera llegado a ser tanto como el costo de mantener al estado por un día entero. En Gran Bretaña en el año fiscal 1964-65, el ingreso fiscal por todas las sobretasas de impuestos (variables entre el 46,25% y el 96,25%) fue menos del 6% de todo el ingreso obtenido por el impuesto a la renta y apenas un 2% del ingreso fiscal total. En Suecia, en 1963, las tasas entre el 45 y el 65% recaudaron solo el 1% del total recaudado a nivel nacional por el impuesto a la renta. Y así fue en muchos otros casos. Las grandes masas de la población están aceptando pagar tasas de impuestos a la renta mucho más altas de las que estarían dispuestos a tolerar si no fuera porque tienen la ilusión de que los más ricos están pagando la mayor parte de la cuenta.
Un efecto de que el estado se apodere de porcentajes tan altos de las ganancias más altas es el de reducir o eliminar los incentivos para crear esas ganancias en primer lugar. Es muy difícil estimar este efecto en términos cuantitativos, porque estaríamos comparando realidades meramente con un “podría ser” y un “pudo haber sido”. En marzo de 1947, National City Bank, basado en reportes de la Oficina de Rentas Internas, la ilustrativa tabla presentada debajo:
Promedio de 1926-28 (en millones) Promedio de 1942 (en millones)
Ingreso nacional $77000 $122000
Ingresos mayores a $300000:
– Monto total $1669 $376
– Pagos en impuestos $281 $292
– Máxima tasa impositiva aplicable 25% 88%
– Numero de retornos 2276 654
En otras palabras, durante el mismo periodo en el cual el ingreso nacional total aumento un 58%, el total de ingresos mayores a $300000 cayó un 77%. Si el agregado de todos esos ingresos mayores a $300000 hubiera aumentado en forma proporcional al ingreso nacional total recaudado, hubiera sumado un total de $2644 millones, lo cual es siete veces mayor que lo que realmente fue.
Una gran cantidad de análisis estadísticos de este tipo pueden ser realizados y ser muy instructivos, no solo sobre los EEUU, sino que también en base a las declaraciones de impuestos a la renta en muchos países extranjeros.
Pero el todo el efecto de los impuestos a las rentas personales y corporativas no se limitan a reducir los incentivos para crear nuevas ganancias, sino que también necesita ser considerado su efecto al absorber la fuente de fondos para nuevo capital y nueva inversión. Muchos de estos fondos que la estructura tributaria actual toma para financiar gastos gubernamentales presentes son precisamente aquellos que hubieran ido principalmente a destinarse a la inversión, es decir a mejorar la maquinaria productiva y en nuevas plantas industriales para aumentar la productividad per cápita, lo cual a su vez es la única forma continua y permanente de incrementar los salarios y el total del ingreso y la riqueza nacional. En el largo plazo las altas tasas de impuestos personales y corporativos a la renta dañan al pobre más que al rico.
Igualdad de una vez por todas.
Una propuesta socialista que ha sido planteada frecuentemente una o dos generaciones atrás pero de la que no se oye mucho hoy por hoy (cuando el énfasis es puesto en tratar de legislar formas permanentes de redistribución del ingreso), es la de la que la riqueza de un país debe ser distribuida igualmente, “de una vez por todas”, y así darle a todos un mismo punto de partida. Pero Irving Fisher señalo en respuesta a esto que esa igualdad no podría perdurar. No es meramente que todos continuarían ganando diferentes ingresos como resultado de sus diferencias en habilidades, esfuerzos o suerte, sino que las diferencias en el ahorro pronto restablecerían las desigualdades. La sociedad aun estaría dividida entre “gastadores” y “ahorradores”. Un hombre puede rápidamente endeudarse para gastar en lujos y e placeres inmediatos, mientras que otro podría ahorrar e invertir ingreso presente para obtener mayores ingresos futuros. Se requiere solo un grado muy pequeño de variación en la relación entre ahorros y gastos para conducir, en términos comparativos, a la riqueza o a la pobreza, aun en una sola generación.
Incluso los comunistas han aprendido que la riqueza no se puede crear mediante atractivos eslóganes y sueños utópicos. Tan es así que una figura nada menor como es Leonid I. Brezhnev, Primer Secretario del Partido Comunista Soviético, recientemente dijo en el Congreso del Partido en Moscú: “Uno solo puede distribuir y consumir lo que ya ha sido producido; esto es una verdad elemental”. Lo que los comunistas aun tienen que aprender es que las instituciones del capitalismo, de la propiedad privada, de los mercados libres tienden a maximizar la producción, mientras que la dictadura económica y la redistribución forzada solo la desincentivan, reducen y perjudican.

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