Monday, April 3, 2017

Bernard Baltic (1936–2008): El benefactor de la libertad

Bernard Baltic (1936–2008): El benefactor de la libertad

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El escritor irlandés Edmund Burke dijo alguna vez: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.
Si existió alguien a quien esas palabras no pueden aplicarse, ese fue Bernie Baltic.
Este ingeniero retirado de Lakewood, Ohio, nos dejó el pasado viernes 28 marzo de 2008 tras padecer una prolongada enfermedad, lo que nos llena de tristeza a todos aquellos cuyas vidas cambiaron debido a su paso por este mundo.
Ni esta bitácora, ni nuestro sitio en español, así como numerosos proyectos en los Estados Unidos y el resto del mundo destinados a difundir su tan amada filosofía de la libertad, existirían sin su desinteresada y generosa colaboración. Su estilo tradicional de confrontar las posturas generalmente aceptadas y su sugerencia de nuevos caminos para promover la causa de la libertad serán extrañados.
Nunca tuve la dicha de conocer a Bernie personalmente, pero así y todo él estuvo allí para darme una mano cuando más la necesitaba. Por todo ello, mi más afectuoso recuerdo en su memoria y la promesa de no defraudarlo en la defensa de los ideales liberales por los que tanto bregó.
Gabriel Gasave

 
Recuerdo de Joseph Bast Presidente de The Heartland Institute Chicago, Illinois
Bernie me envió un correo electrónico en septiembre de 2006, diciendo que estaba siendo sometido a un tratamiento contra la depresión y la ansiedad y pidiéndonos que no lo contactásemos hasta que él se comunicara con nosotros nuevamente Había estado queriendo llamarlo.
Creo que le comenté a comienzos de la semana pasada a Lauren que necesitaba saber de él. Había tenido su tarjeta con su nombre en mi tarjetero durante todo el año pasado, poniéndola cada semana más abajo en mi lista de cosas pendientes. Me apabulla hacerme de tan poco tiempo para seguir en contacto con mis amigos.
Cada año prometo mejorar. Cada año alguno de mis amigos muere sin que yo esté allí o desconociendo que el momento de su muerte se estaba acercando.
 Aquellos que lo conocimos recordamos a Bernie como un inteligente, intransigente y absolutamente acérrimo libertario, y generoso en exceso con su tiempo, consejo y dinero.
Supo del Heartland poco después de nuestra fundación en 1984, se unió a la junta directiva y nos ayudó a iniciar Heartland Ohio. Invirtió incontables horas tratando de ayudar a los directores ejecutivos que reclutábamos para la oficina; mirando hacia atrás, deberíamos habernos esforzado más en reclutar a gente de un calibre más alto para que trabajara con él.
 
 Apoyó a TODOS los “think tanks” libertarios. Su hogar – un enorme departamento con vista al lago Erie – estaba repleto de libros, trabajos sobre política y gacetillas. Se desesperaba por siempre poder leerlos, y era un lector muy meticuloso.
La vez que le pedí que editase algo que yo había escrito, me lo devolvió con correcciones y sugerencias tan detalladas línea por línea que me dejó perplejo. Era tanto un editor como un pensador excelente. Deberíamos haber aprovechado ese talento. Otra oportunidad perdida.

Uno de los reclamos de Bernie en los últimos años fue el de urgir a los grupos libertarios a que evitasen ofrecer plataformas políticas en sus eventos. Se convirtió en la "Regla Bernie Baltic" aquí, aplicada en nuestros beneficios anuales aunque no en los eventos destinados a los funcionarios electos.
El blanco favorito de Bernie en los últimos años fue Kenneth Blackwell, el republicano de Ohio quien, como Secretario de Estado, recurrió a cada triquinuela de los manuales para hacer que los libertarios no concurriesen a votar. Blackwell sabe como brindar un buen discurso a una audiencia libertaria, pero Bernie recopiló un grueso archivo de sus indiscreciones ideológicas y profesionales y se aseguró de que todos las conocieran.
Bernie fue una inspiración, un amigo y un héroe genuino de la libertad. Cambió mi vida y las vidas de muchísimos otros. Ayudó a remover las cadenas de la opresión de millones de personas, aun cuando ellas nunca supieron quién fue su benefactor.
Si tuviésemos mil Bernie Baltics – quizás incluso cien – la libertad estaría en marcha, en vez de al parecer encontrarse agazapada en un rincón.
Dios te bendiga y te de la bienvenida a tu hogar, Bernie.

Joe


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