Tuesday, April 4, 2017

ALEJANDRO A. TAGLIAVINI ´Brexit´ o no ´brexit´, esa no es la cuestión



El Reino Unido activó este 29 de marzo el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar las negociaciones del ´Brexit´.

El 23 de junio del 2016, los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea (UE) ‒‘British exit’‒, lo que llevó a la renuncia del entonces primer ministro, David Cameron. Su sucesora fue Theresa May, quien asumió el 13 de julio y aseguró que “vamos a hacer que sea un éxito”, lo que puede ser verdad, ya que después de todo el problema es el sistema, no la forma.
¿Quién tiene razón? Casi la mitad de los británicos se oponen al ‘brexit’, mientras que el nacionalismo escocés le dejó claro a Theresa May que quiere celebrar el nuevo referendo de independencia antes de que, en la primavera del 2019, el Reino Unido quede fuera de la UE. En cualquier caso, muchos creen que los ganadores del rechazo británico a la UE son los partidos de la extrema derecha europea, como el Frente Nacional francés, que lidera Marine Le Pen.

Supuestamente, la líder francesa es antisistema, como Trump. Ambos tienen el mismo mensaje contra las élites políticas y mediáticas, y la misma promesa de endurecer las fronteras para recuperar la soberanía. Son hábiles para captar el humor de las masas, porque está claro que las sociedades occidentales están hartas del sistema, pero al señalar que el mundo ‒como todo en el cosmos‒ evoluciona por lenta maduración y nunca por revoluciones, en realidad están apoyando a quien desde fuera del sistema sostendrá al sistema.

Pero “en realidad, no hay puntos en común” entre Trump y Le Pen, dice Jean-Yves Camus, de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista francés. Trump, aunque no era político, fue el candidato de uno de los dos grandes partidos del sistema, y el Frente Nacional se dice fuera del sistema porque no tiene puntos de encuentro con los otros partidos, pero Le Pen es una política profesional.

Y ambos sintonizan con la Rusia de Vladimir Putin y el cuestionamiento al orden internacional liberal. Es la hora de los Estados nación, de líderes fuertes, dicen, del nacionalismo frente al globalismo… digámoslo claramente, de la demagogia; pues de otro modo no se explica que Putin siga teniendo 80 por ciento de aprobación, sobre todo si se beneficia del aparato de propaganda oficialista.

Sin embargo, Alexei Navalny convocó, días atrás, una gran marcha anticorrupción sin autorización, en la que él y más de 800 personas fueron detenidas en Moscú. Este hecho consiguió romper el tabú de la necesidad de pedir permiso para protestar. Noventa ciudades se movilizaron, desde Kaliningrado hasta Siberia, que son zonas donde la vida transcurre despacio y la gente depende más de ayudas estatales y está controlada por dirigentes que pueden tomar represalias.

Pero el respeto que se tiene hacia Putin no es extensible al gobierno: Es falso que en los pueblos se conformen, la gente está harta de la policía corrupta y del gobierno ineficaz", explicaba un miembro de una familia de los Urales. Esta es la clave: el verdadero sistema del que la gente está harta ‒y que los políticos sostienen, incluso los antisistema‒ es el Estado actual que posee el monopolio de la violencia; la violencia del poder policial con el que los burócratas imponen sus leyes, sus caprichos y sus intereses, y que, como toda violencia, es destructiva y, por tanto, ineficiente.

ALEJANDRO TAGLIAVINI
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, en Oakland, California.

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