Tuesday, March 7, 2017

Este no sabe ni quien capó al Apache



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
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Durante años se ha escuchando de la crueldad de los gringos al no permitir que los inmigrantes indocumentados—como llaman los progresistas a los ilegales—libremente continúen ingresando a los EU sin molestias. Los que ya penetraron el país ilegalmente, tampoco sean molestados. Pero desde que Trump apareció en el horizonte político, esas voces de protesta no solo subieron de tono arremetiendo contra el ahora presidente; Se han convertido una secta de encabronados con él, no solo entre “indocumentados”, sino también se ha sumado la nueva capa social y multinacional contra el güero populista.


Algo que especialmente llama mi atención, es que gentes portadoras de admirables intelectos, infinidad de títulos universitarios, reputaciones intachables, pero que radican a miles de Km de la frontera, emerjan como grandes especialistas de la grave problemática migratoria y, en general, de la frontera Mexico—EEUU. Hace unos días, tuve la oportunidad de leer un par de artículos publicados por dos admirados economistas, uno español y el otro argentino. Obviamente su contenido cuajado de furiosos ataques al nuevo presidente de este país, especialmente contra sus políticas migratorias. 

Al ir avanzando en su lectura, llegaba a mi mente el popular dicho vaquero de mi tierra: “Estos no saben ni quien capó al Apache”. Esta expresión se originó en Sonora cuando los Apaches, en sus incursiones a Mexico, atacaban pueblos y ranchos sin misericordia. En cierta ocasión atacaban un rancho en la región del rio de Sonora, pero los moradores estaban preparados y repelían la agresión. Los Apaches se retiraban dejando 8 de sus guerreros muertos. Los vaqueros se aproximan a revisar los cuerpos, cuando uno de ellos reconoce entre los muertos al sanguinario jefe Toribio. Con la furia en el rostro se acerca al muerto para cortarle los testículos, y por varios meses los colgaba como trofeo de la cabeza de su silla.

Este episodio se conoció en todo el norte de Mexico, el vaquero se hizo famoso y era raro que alguien no conociera la historia ni su nombre. Ahí nacía la forma ranchera para, cuando alguien hablaba de un tema que no conocía, se le callaba diciendo: “Este no sabía ni quien capo al apache”.

Estos señores, en sus oficinas a 10,000 Km de distancia, se convierten en expertos de los graves problemas que se viven en la frontera Mexico—EEUU. Yo pienso que para tratar estos temas con responsabilidad, se necesita conocer profundamente esta región fronteriza tan especial.

Yo, como liberal, siempre fui partidario de las fronteras abiertas. Sin embargo, hace algunos años tuve una experiencia que me hizo reflexionar.

Me encontraba en el aeropuerto de mi ciudad natal, Hermosillo Sonora. En esos momentos anuncian el arribo de un vuelo procedente de la ciudad de Mexico. Cuando veo a los pasajeros penetrando la sala, con sorpresa me doy cuenta casi el 100% eran centroamericanos. Pude luego observar cómo, en una operación que pareciera casi militar, formados eran montados en por lo menos 10 camionetas van, para dirigirse al norte. Un buen amigo me acompañaba en el aeropuerto para dirigirnos hacia Arizona y le propongo seguirlos.

Nuestra jornada nos llevó hasta una zona en la región noroeste del estado conocida como Sásabe y, al arribar, no podíamos creer lo que veíamos. Campamentos interminables de infelices seres humanos tratados como animales. Un par de policías que hacían ciertas rondas, nos recomiendan no cruzar a los EEUU por la aduana de Sásabe. ¿Qué es esto? Les pregunto. Me responde uno de ellos; “Pues mire señor, esta es una región controlada por las mafias del narco, aquí no hay ley y a nosotros nos mandan de Caborca para hacernos pendejos. En estos campamentos debe de haber unos 5,000 aspirantes a cruzar. Por aquí pasa droga, mujeres como mercancía, entran armas”.

Es cuando me pregunto a mi mismo ¿Esta es la migración que defendemos?

En esos momentos inicié el proceso de cabalgar, originalmente del concepto de migración abierta, para arribar al de migración legal y ordenada. Yo sí conozco la frontera, nací en ella. Por asuntos de negocios la debo de haber cruzado miles de veces. La he recorrido desde que, asistiendo al Tec de Monterrey, cuatro veces al año la transitábamos partiendo de Monterrey, Laredo, Eagle Pass, Del Rio, El Paso, en Texas. Las Cruces en Nuevo Mexico y Nogales ya para entrar a Sonora. Era un bello recorrido bordeando la frontera, pero hoy día si alguien se atreve a revivirlo, con seguridad antes de llegar a El Paso, seria asaltado o asesinado.   

Durante años he atestiguado la forma en la que, esta región fronteriza se ha ido descomponiendo para, pasar de hermosas ciudades en paz, como los dos Nogales en donde en los años 70, prácticamente el cruce era libre, a una zona como Nogales, Sonora hoy día, en la que da pavor caminar por sus calles tomadas por soldados armados hasta los dientes. La pacifica Ciudad Juárez que visitábamos en nuestros viajes de estudiantes, hasta llegar a convertirse en la ciudad más peligros del mundo. La bella región que corre desde Nogales hasta Agua Prieta, donde recorríamos los hermosos lomeríos de lo que fuera la operación ganadera más importante de Mexico, hasta hoy día que nadie tan siquiera se asoma, pues es controlada por las mafias del narco.

La Tijuana de los años 80 con su bello clima y apéndice de San Diego. A la de nuestro presente invadida de narcos que se enfrentan a balazos en las calles principales. Las turbas de ilegales que, al este de la ciudad en la zona del Florido, al caer la tarde, como la carga de Pancho Villa en Columbus, a la señal de un líder miles invaden el territorio de EEUU ante la mirada de frustración e impotencia de unos cuantos agentes de ICE.

Esto es algo que los analistas a 10,000 Km de distancia no han atestiguado. Pero lo que de seguro si han atestiguado, es un payaso como Vicente Fox golpear una piñata con la esfinge de Trump. Repetir miles de veces su graciosa frase: “We are not going to pay for the fucking wall”. O acudir a un popular programa de TV de EEUU, para hacerle la señal del dedo al presidente Trump.

Seguimos creando pobres, pero la novedad diplomática del gobierno mexicano, es dar órdenes a todos los consulados de asistir legal y económicamente a nuestros “indocumentados” para que, en desafío a los esfuerzos legales de EEUU, ilegalmente permanezcan en el país. Y como sabiamente afirmaba El Churi, mayordomo de los ranchos de mi abuelo, cuando tenía visitas en su casa ya pasada la hora de ir a la cama: “Parece que a estos cabrones vamos a tener que sacarlos como a los jabalines de sus cuevas, echándoles humo con leña de palo verde”.

Aclaro que, aunque voté por Donald Trump, tengo grandes desacuerdos con algunas de sus políticas, en especial sus políticas de comercio internacional. No es el propósito de mi escrito apoyar al presidente, lo que pretendo es expresar mis desacuerdos con estos intelectuales que, a miles de Km de distancia y sin haber vivido esta complicada realidad, desenfundan su feroces críticas, pero es cuando descubrimos que; “Estos no saben ni quien capó al apache”.

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